Velen ante los falsos maestros…

Hoy Jesús ora al Padre por sus discípulos y por todos los cristianos que vendrían después de ellos, ora especialmente por la unidad entre ellos, porque como dice en otro pasaje, ésta será motivo para que el mundo crea, nos habla de estar en el mundo, sin identificarnos con él, con las propuestas y soluciones individualistas y hedonistas, entre otras, que nos hace contrarias al amor oblativo y entrega hacia los demás, sin olvidar la moral individual que nos presenta la Palabra de Dios revelada, y ora también al Padre que nos aparte del Maligno, no del mal como un ente abstracto, sino de la acción del Diablo en la vida del hombre, debido a la cual nos alejamos tanto de la verdad, de la Palabra de Dios, que llega el momento en el que la misma conciencia queda tan oscurecida que pierde el sentido de pecado y de estar obrando bajo su influencia. Y para que nos mantengamos unidos y en la verdad, Jesús nos vuelve a remitir, no a palabras envolventes y seductoras de hombres, sino a la Palabra del Padre, a Jesús mismo que es uno e indivisible en la Trinidad para ejemplo nuestro.

Redundando más en esta palabra, la primera lectura también nos invita a velar, es decir, a tener todos los sentidos afinados especialmente el del espíritu, pidiendo a Dios capacidad de discernimiento -que solo se puede lograr mediante la oración y vida de gracia- para que no nos dejemos arrastrar por otros que, en el mismo nombre de Jesús, enseñaran doctrina falsa. Por eso dice así San Pablo apóstol de Cristo en dicha lectura: «Velen por ustedes, y por todo el rebaño sobre el cual el Espíritu Santo los ha constituido guardianes para apacentar a la Iglesia de Dios, que él adquirió al precio de su propia sangre.
Yo sé que después de mi partida se introducirán entre ustedes lobos rapaces que no perdonarán al rebaño.
Y aun de entre ustedes mismos, surgirán hombres que tratarán de arrastrar a los discípulos con doctrinas perniciosas»

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-06-01

Mi alma proclama la grandeza del Señor

A esta fiesta yo le añadiría otro título que sería María modelo de Evangelización. Y es que María, tanto de palabra como de obra, proclama la grandeza del Señor. De obras porque en lugar de estar volcada sobre sí misma, preocupada por su estado de gestación o por que dirán los vecinos cuando la vean embaraza sin estar casada (motivo de dilapidación en ese tiempo) no duda en ir a visitar a su parienta Isabel también embarazada de más tiempo para socorrerla en dicho trance. María, sin victimizarse y hacer alarde de los kilómetros recorridos a pie, o del sacrificio de dejar las tareas de su casa, se entrega, muy por el contrario y sin falsa humildad, a la segunda evangelización, que es a proclamar de palabras ante Isabel, las proezas que el Señor ha hecho en ella por haberla elegido como madre del Salvador, el Hijo de Dios altísimo.
De esta manera, María, nos da una gran lección, porque si bien la primera evangelización se debe hacer con buenas obras, entre ella la más importante de todas la de llevar una coherencia de vida entre la Palabra de Dios (en la que decimos creer) y el modo de proceder en el día a día en todos los ámbitos de la vida, también como vemos, no se reserva para sí el gozo de haber encontrado el favor de Dios y, desbordada de agradecimiento, confirma de palabras lo que ya el Espíritu Santo mismo se había encargado de revelar a Isabel.
Hoy María, con sus palabras, se convierte en la primera Evangelizadora de la nueva Alianza, al hacer saber que el Salvador prometido desde antiguo por los profetas ya ha llegado al mundo y, al mismo tiempo, por darnos a conocer de paso y resumidamente la hacción del Todopoderoso, de Dios, ante el hombre, la misma que acompañará a su hijo Jesucristo, que es la Buena Noticia de vida y esperanza para la humanidad, el que inaugurará la única y verdadera nueva era para el hombre. Lo demás es todo repetir lo mismo (nada nuevo hay bajo el sol) con diferentes apariencias.
Hoy, por tanto, María ha de ser tomada como modelo de evagelización, que no cae en el activismo del filántropo, ni en la soberbia del que se siente elegido y por ello superior esperando que los demás se echen a sus pies y reconozcan sus obras. Hoy María, sin falsa humildad, proclama la grandeza de Dios, las proezas que este ha hecho en su vida, así como nosotros por su ejemplo, estamos llamados a proclamar con la vida y pero también con palabras, el amor y los favores de Dios para con nosotros.

Evangelio según San Lucas 1,39-56. Festividad de la Visitación de María.

María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá.
Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo,
exclamó: «¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?
Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno.
Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor».
María dijo entonces: «Mi alma proclama la grandeza del Señor,
y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador,
porque él miró con bondad la pequeñez de su servidora.
En adelante todas las generaciones me llamarán feliz».
Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas:
¡su Nombre es santo!
Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen.
Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.
Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos
y despidió a los ricos con las manos vacías.
Socorrió a Israel, su servidor,
acordándose de su misericordia,
como lo había prometido a nuestros padres,
en favor de Abraham y de su descendencia para siempre».
María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.

¿Armarse para la paz…?

Evangelio según San Juan 16,29-33.

Los discípulos le dijeron a Jesús: «Por fin hablas claro y sin parábolas.
Ahora conocemos que tú lo sabes todo y no hace falta hacerte preguntas. Por eso creemos que tú has salido de Dios».
Jesús les respondió: «¿Ahora creen?
Se acerca la hora, y ya ha llegado, en que ustedes se dispersarán cada uno por su lado, y me dejarán solo. Pero no, no estoy solo, porque el Padre está conmigo.
Les digo esto para que encuentren la paz en mí. En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo».

Hoy tomo el comentario al Evangelio de San Tito Brandsma porque después casi de un siglo que pronunció la conferencia que más abajo dejaré sobre «Paz y amor por la paz» el hombre sigue buscando obscenamente, como en su época, la paz armándose para la guerra e invirtiendo cada día más en armamento. Jesús nos trae otra clase de paz, que llega a poner, si es necesario, la otra mejilla como él mismo hizo con su vida. Y es que el mundo no acaba de entender que la violencia engendra más violencia y que un animal herido de muerte es capaz de cualquier cosa (a buen entendedor pocas palabras😉).

San Tito Brandsma (1881-1942)
carmelita holandés, mártir

Conferencia «Paz y amor por la paz» del 11/11/1931

«En el mundo, tendréis luchas, pero tened confianza: yo he vencido al mundo»
Aunque amemos la paz y tengamos esperanza en el fondo del corazón de que nuestra acción en favor de la paz no será inútil, ni vosotros ni yo podremos eludir las presiones de este tiempo.
Esto significa que no podemos liberarnos de la duda de que, según las leyes de la historia, algo pueda cambiar: una guerra sucede a otra guerra, y cada vez, esto es un golpe mortal para la causa de la paz. Vivimos todavía demasiado bajo la influencia de los que afirman que los que quieren la paz deben armarse para vencer la guerra…
Es notable de comprobar que en el curso de los siglos, brotan constantemente héroes de paz, predicadores del mensaje de paz… Encontramos a estos mensajeros, estos apóstoles de la paz en todo tiempo y en todo lugar. Y en nuestros días, por suerte, no carecemos de eso. Pero ningún mensajero de la paz, ha encontrado un eco más vasto que aquel al que llamamos el Rey de la paz (Is 9,5). Permitidme recordaros quién es este mensajero. El día de Pascua, parecía que los apóstoles habían perdido toda esperanza desde la muerte de Cristo en la cruz. Mientras que a los ojos del mundo la misión de Cristo había terminado, había fracasado, era incomprendida, él apareció en medio de sus apóstoles reunidos en el Cenáculo por temor a los enemigos, y, en lugar de declaraciones belicosas contra sus adversarios, ellos escuchan decir: «Os dejo mi paz, os doy mi paz. No os la doy como la da el mundo» (Jn 14,27)…
Querría repetir esta palabra, hacerla resonar en el mundo entero, sin preocuparme de quién la escuchará. Querría repetirla tan a menudo que, aunque la neguemos, lográramos escucharla hasta que todos nosotros la hayamos oído y comprendido.

Vuestra alegría será perfecta…

En el evangelio de hoy Jesús nos dice que todo lo que pidamos al Padre en su nombre el nos lo concederá, otro Evangelista puntualiza que con fe, en cualquier caso esa es la experiencia de los santos y de los apóstoles que en su Nombre sanaron heridas mortales, resucitaron muertos como Pedro y dice la escritura que incluso sacaban a los enfermos a la calle para que la misma sombra por donde pasaban los discípulos les tocase. Esa experiencia también la hemos tenido nosotros en propia persona, porque muchas de nuestras oraciones han sido escuchadas e incluso hemos recibido favores de Dios por la intercesión de otras personas.
Hoy también Jesús, en este evangelio, pareciendo que contradice la lectura de ayer, dice que nuestra alegría será perfecta, pero no, no es contradicción ya que a la alegría que se refiere Jesús no es la alegría que pueden darnos las personas, tener las necesidades cubiertas, etc, porque como sabemos el mismo Jesús no escapó de su condición humana y por eso lloró la muerte de su amigo Lázaro, sintió tristeza que le hizo sudar sangre por la visión de todos los pecados cometidos por la humanidad y paso hambre, incomprensión y abandono por parte de la mayoría de sus discípulos e incluso por los doce, que en un momento dado lo dejan solo. De la alegría perfecta que habla Jesús, es la alegría colmada que el solo puede dar, porque sabemos que sólo en el encontramos sentido a la vida, a las tribulaciones, a la soledad, al rechazo. Solo en el encontramos la puerta donde toda sinrazón tiene un encaje porque sabemos que nada sucede, ni siquiera el movimiento de una hoja sin que él lo permita. Estamos en las mejores manos y sabiendo como María (anawin, pobre de Dios, sin derecho ante Él) que todo le pertenece, la vida, la muerte, el día, la noche, el firmamento y nuestro pobre corazón, nada nos puede arrebatar que nos haga caer porque todo lo recibimos como regalo y todo le pertenece . Como dijo Job, después de quedarse sin nada, incluso sin los hijos: «Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allí. El Señor me lo dio y el Señor me lo quitó: ¡bendito sea el nombre del Señor!».

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-05-28

«Nadie os quitará vuestra alegría»

«Nadie os quitará vuestra alegría»

Según el comentario que de este evangelio hace S. Agustín. Esa alegría que nadie nos arrebatará (recordemos que la lectura de la palabra siempre es actual) no se refiere a las primeras apariciones que Jesús hizo de si mismo a los discípulos poco después de resucitar, sino al gozo Eterno de ver a Dios cara a cara y conocerlo como él nos conoce, ahora, después de esta vida; a ese tiempo que se adentra en la Eternidad del que el mismo Pablo luego de sus experiencias místicas dijo: COSAS QUE OJO NO VIO, NI OÍDO OYÓ, NI HAN ENTRADO AL CORAZÓN DEL HOMBRE, SON LAS COSAS QUE DIOS HA PREPARADO PARA LOS QUE LE AMAN.
Pues sí, comparto esta visión de S. Agustín del Evangelio de hoy, porque aunque Jesús nos da y nos deja su paz -es una experiencia que podemos sopesar cuando comparamos nuestra vida antes y después de la conversión- no sucede en la misma medida con el gozo y la alegría.
De este modo, aún cuando tengamos pequeños momentos de gozo en la oración, nos duele en el alma (y mucho) observar, si no caemos en el auto engaño y observamos detenidamente la realidad del mundo, cómo este -por los intereses personales, cada uno a su nivel y en su grado de responsabilidad- se va adentrando cada vez más en el poder de las tinieblas, en el mal, en una espiral que no tiene fin. Algunos confían en el hombre, y así van de decepción en decepción, hasta que se vuelven a ilusionar con otro político o con otro líder mundial. Nosotros sabemos, en cambio, que cuanto más el hombre se aleja de Dios, más deviene éste en atropellos contra sus mismos congéneres. De esta guisa, aunque aparentemente en ciertas sociedades occidentales parezca que todo funcione, porque se oculte la decadencia humana, cuando no su degradación de tras de ciertos espejismo de bienestar y felicidad. Aberraciones que nisiquiera los pueblos más primitivos han llevado a cabo, a las que algunas de ellas nosotros mismos nos hemos asomado, sin querer, yendo de enlace en enlace o de clic en clic en la web.

Sí, todo lo anterior produce dolor, aunque no desesperanza al cristiano, porque en cualquier caso sabemos que Dios conduce la historia a pesar de la ceguera del hombre y de su empecinamiento por ejercer una libertad mal entendida, creyendo que la medida de todas las cosas (incluso el bien y del mal) es él mismo hombre. No sabemos si tendremos que soportar una nueva guerra mundial, como ha pasado otras peces para que el hombre vuelva por sus propios fueros a Dios o, en cambio, sea Dios mismo el que intervenga para que todo esto revierta con un punto y aparte, un comenzar de nuevo o un punto y final. Lo cierto es que parece que estamos tocando techo, que no se acaba un mal cuando llega otro, y siendo esto malo, como ya dije anteriormente, lo peor está tras bastidores, aquello que los medios ni se atreven a mostrar…, todo derivado del egoísmo y la degradación moral en la que ha caído la civilización occidental “democrática». La película parece que está llegando a su fin porque la realidad, que antes veíamos lejana, ya está tocando a la puerta, no obstante nosotros, por la misericordia de Dios, tenemos la entereza y la paz del que se sabe a salvo, y de este modo tenemos la certeza que tanto en la abundancia como en la escasez; así como en los contratiempos, siempre, Él, está con nosotros. Y a pesar que muchos ahora se alegren (como dice el evangelio hoy) y vivan como si estuviesen a salvos de todo -sin mirar para los lados-, nos traten con desdén e incluso lleguen un día a perseguirnos, al final la victoria será de nuestro Señor y de esta manera recordaremos lo que ya está escrito en la Palabra, en el Salmo 126:

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía soñar: la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares. Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos».
El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres. Que el Señor cambie nuestra suerte,
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas, cosechan entre cantares. Al ir, iba llorando, llevando la semilla; al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-05-27

Id y predicar por todo el mundo…

En la despedida que hoy nos presenta el Evangelio de Jesús junto a sus discípulos, antes de irse al Padre, les deja muy claro a éstos, cual es su testamento; es decir, su última voluntad para con ellos. De esa forma Jesús acentúa aún más para que vino al mundo, pues su mandato final es como una continuación de su misma misión, la conversión del hombre para el perdón de los pecados. De esta manera, podemos decir que Jesús nos purifica, nos perdona y nos da la vida de la gracia para poder tener una vida en paz aquí, y un futuro prometedor, después, junto a él. Pero este es un regalo que hay que desenvolver, lo que quiere decir que para poder disfrutar de él es necesaria nuestra colaboración, nuestra buena disposición, de un empeño firme por dejar el hombre de pecado, que solo vive para si mismo, olvidándose de la ley de Dios y de los mandatos de Jesús. La tarea por tanto que nos encomienda, como amigos y como discípulos suyos que somos también, es la de anunciar el Evangelio, en su Nombre, para que aquellos que lo escuchen se conviertan y sus pecados sean perdonados.
Aunque bien está recordar que la tarea comienza por nosotros mismos.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-05-26

Al Dios desconocido…

El sermón de S. Pablo ante los atenienses de la primera lectura de hoy, lo podría repetir el apóstol, casi íntegro, para la gran mayoría de nuestros coetáneos del presente siglo; algunos de los cuales dicen creer en un Dios indefinido (tal vez huyendo de todo compromiso) y por ello cuando se les pregunta dicen que algo tiene que haber, sin llegar a definir que es ese algo. Otros en cambio, han sustituido los Ídolos -dioses mitológicos- estatuas que poblaban los templos de las antiguas civilizaciones, por otras formas de idolatrías o cultos, unas veces hechuras de manos humanas como el culto al dinero, al poder y al propio cuerpo humano y otras hechuras de sus elucubraciones, de su pensamiento humano, envueltas de misterios y ritos iniciáticos en los cuales algunos pocos privilegiados tienen la sabiduría y el conocimiento que se les niega al resto de la humanidad y, por ende, el derecho a controlarlos y someterlos, estos son los principios de la Nueva Era. Otros incluso por el deseo de novedad se adentran en dar culto a Dioses de otras religiones muy alejadas de nuestra cultura como el induismo mediante posturas y prácticas de yoga y la propia filosofía que encierran esas religiones orientales, que no son más que el culto que daban a la naturaleza o a la creación, en sus diversas manifestaciones (lo que hoy se denomina como panteísmo), pueblos prejudaicos e indígenas animistas por su desconocimiento de la ciencia. Pues sí, como dijimos al principio, para todos estos creyentes de verdades no reveladas por Dios mismo, o para aquellos que solo creen en lo que se puede medir, pesar, comprar y vender, encaja muy bien el discurso de Pablo de la primera lectura de hoy que a continuación os dejo.

Libro de los Hechos de los Apóstoles 17,15.22-34.18,1.

Los que acompañaban a Pablo lo condujeron hasta Atenas, y luego volvieron con la orden de que Silas y Timoteo se reunieran con él lo más pronto posible.
Pablo, de pie, en medio del Aréopago, dijo: Atenienses, veo que ustedes son, desde todo punto de vista, los más religiosos de todos los hombres.
En efecto, mientras me paseaba mirando los monumentos sagrados que ustedes tienen, encontré entre otras cosas un altar con esta inscripción: ‘Al dios desconocido’. Ahora, yo vengo a anunciarles eso que ustedes adoran sin conocer.
El Dios que ha hecho el mundo y todo lo que hay en él no habita en templos hechos por manos de hombre, porque es el Señor del cielo y de la tierra.
Tampoco puede ser servido por manos humanas como si tuviera necesidad de algo, ya que él da a todos la vida, el aliento y todas las cosas.
El hizo salir de un solo principio a todo el género humano para que habite sobre toda la tierra, y señaló de antemano a cada pueblo sus épocas y sus fronteras,
para que ellos busquen a Dios, aunque sea a tientas, y puedan encontrarlo. Porque en realidad, él no está lejos de cada uno de nosotros.
En efecto, en él vivimos, nos movemos y existimos, como muy bien lo dijeron algunos poetas de ustedes: ‘Nosotros somos también de su raza’.
Y si nosotros somos de la raza de Dios, no debemos creer que la divinidad es semejante al oro, la plata o la piedra, trabajados por el arte y el genio del hombre.
Pero ha llegado el momento en que Dios, pasando por alto el tiempo de la ignorancia, manda a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan.
Porque él ha establecido un día para juzgar al universo con justicia, por medio de un Hombre que él ha destinado y acreditado delante de todos, haciéndolo resucitar de entre los muertos».
Al oír las palabras «resurrección de los muertos«, unos se burlaban y otros decían: «Otro día te oiremos hablar sobre esto».
Así fue cómo Pablo se alejó de ellos.
Sin embargo, algunos lo siguieron y abrazaron la fe. Entre ellos, estaban Dionisio el Areopagita, una mujer llamada Dámaris y algunos otros.
Después de esto, Pablo dejó Atenas y fue a Corinto.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-05-25

Justicia, Juicio y Pecado

«Les conviene que yo me vaya al Padre» dice Jesús en el Evangelio de hoy, y así fue, una vez que Jesucristo ascendió al cielo junto al padre y en vio al Espíritu Santo.
Con la venida del Espíritu Santo, en Pentecostés, los apóstoles perdieron el miedo, conocieron el sentido profundo de las escrituras, cual fue la misión de Jesús, el ministerio que recibieron de él, y la Iglesia creció exponencialmente en poco tiempo a pesar de la persecución que se desató contra ella.
Por otro lado Jesús dice que el Espíritu Santo probará donde está el pecado, cierto es que cuanto más se acerca uno a Jesús más consciente lo hace El Espíritu Santo de sus pecados, pues como ya dijimos en otra ocasión, la luz de Dios es incompatible con la oscuridad en la que cae el hombre a causa del pecado.
También el Espíritu probará dónde está la Justicia, la justicia está en que por orden del Padre y con el poder del E. Santo Jesucristo Resucitó de entre los muertos. De esta manera se hizo justicia al Santo, al Inocente, al que se entregó a la muerte para que el resto de la humanidad tuviese vida abundante y participase finalmente de su misma gloria en el Paraíso junto al Padre.
Y el Juicio es que el príncipe de este mundo ya ha sido vencido, Jesús venció al Demonio superando todas las pruebas que éste le puso, y lo venció definitivamente en la cruz porque fue obediente al Padre hasta derramar su última gota de sangre, devolviendo al hombre su filiación con el Padre y la vida de la Gracia, lo que ya el mismo Satanás se encargó de destruir con la herida del pecado original en toda la humanidad.
Satanás ya ha sido vencido y su acción queda baldía en todo aquel que se convierte al Evangelio. Como sabemos también por las escrituras este mundo pasará, y con la segunda venida de Jesús se inaugurará una nueva etapa donde Satanás dejará de ejercer toda influencia sobre el hombre, porque será Jesús el que ocupé el Señorio definitivo de todo cuanto existe.

(Daniel 7:14)
Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran. Su dominio es un dominio eterno que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-05-24

Los que le den muerte pensaran que dan tributo a Dios.

Evangelio según San Juan 15,26-27.16,1-4a.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«Cuando venga el Paráclito que yo les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad que proviene del Padre, él dará testimonio de mí.
Y ustedes también dan testimonio, porque están conmigo desde el principio.
Les he dicho esto para que no se escandalicen.
Serán echados de las sinagogas, más aún, llegará la hora en que los mismos que les den muerte pensarán que tributan culto a Dios.
Y los tratarán así porque no han conocido ni al Padre ni a mí.
Les he advertido esto para que cuando llegue esa hora, recuerden que ya lo había dicho.»

Hoy os paso el comentario de San Pedro Crisólogo, que me pareció interesante (c. 406-450)
obispo de Ravenna, doctor de la Iglesia

Sermón 108; PL 52, 499

Ofrecer un sacrificio a Dios

“Os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo” (Rm 12,1). Por este ruego el Apóstol promueve a todos los hombres a la altísima dignidad del sacerdocio… El hombre no ha de buscar fuera de sí qué ofrecer a Dios, sino que aporta consigo, en su misma persona, lo que ha de sacrificar a Dios… Os exhorto —dice—, por la misericordia de Dios. Este sacrificio, hermanos, es semejante al de Cristo, quien inmoló su cuerpo vivo por la vida del mundo: él hizo realmente de su cuerpo una hostia viva, ya que murió y ahora vive. Esta víctima admirable pagó su tributo a la muerte, pero permanece viva, después de haber castigado a la muerte …Por esta razón, los mártires nacen al morir, su fin significa el principio, al matarlos se les dio la vida, y ahora brillan en el cielo, cuando se pensaba haberlos suprimido en la tierra.

Es lo que había cantado el profeta: No quisiste sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo (Heb 10, 5). Sé, pues, oh hombre, sacrificio y sacerdote para Dios; no pierdas lo que te ha sido dado por el poder de Dios; revístete de la vestidura de santidad, cíñete el cíngulo de la castidad; sea Cristo el casco de protección para tu cabeza; que la cruz se mantenga en tu frente como una defensa; pon sobre tu pecho el misterio del conocimiento de Dios; haz que arda continuamente el incienso aromático de tu oración; empuña la espada del Espíritu; haz de tu corazón un altar; y así, puesta en Dios tu con-fianza, lleva tu cuerpo al sacrificio.

Ofrece tu fe para castigar la incredulidad; ofrece tu ayuno para poner fin a la voracidad; ofrece tu castidad para que muera la sensualidad; sé ferviente para que cese la maledicencia; haz obras de misericordia para poner fin a la avaricia; y para suprimir la tontería, ofrece tu santidad. Así tu vida se convertirá en tu ofrenda si no ha sido herida por el pecado. Tu cuerpo vive, sí, vive, cada vez que matando el mal en ti, ofreces a Dios virtudes vivas.

¡ No se inquieten ni teman !

Evangelio según San Juan 14,23-29.

Jesús le respondió: «El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él.
El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió.
Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes.
Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.»
Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡ No se inquieten ni teman !
Me han oído decir: «Me voy y volveré a ustedes’. Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo.
Les he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean.

Comentario: Santa Teresa de Ávila (1515-1582)
carmelita descalza y doctora de la Iglesia

Relaciones, 46 y 48

«El que me ama… y vendremos a él y haremos morada en él»
Estaba una vez recogida con esta compañía que traigo siempre en el alma y parecióme estar Dios de manera en ella, que me acordé cuando san Pedro dijo: «Tú eres Cristo, hijo de Dios vivo» (Mt 16,16); porque así estaba Dios vivo en mi alma. Esto no es como otras visiones, porque lleva fuerza con la fe; de manera que no se puede dudar que está la Trinidad por presencia y por potencia y esencia en nuestras almas. Es cosa de grandísimo provecho entender esta verdad. Y como estaba espantada de ver tanta majestad en cosa tan baja como mi alma, entendí: «No es baja, hija mía, pues está echa a mi imagen» (Gn 1,27).

Estando una vez con esta presencia de las tres Personas que traigo en el alma, era con tanta luz que no se puede dudar el estar allí Dios vivo y verdadero... Yo estaba pensando cuán recio era el vivir que nos privaba de no estar así siempre en aquella admirable compañía, y... díjome el Señor: «Piensa, hija, cómo después de acabada no me puedes servir en lo que ahora, y come por Mí y duerme por Mí, y todo lo que hicieres sea por Mí, como si no lo vivieses tú ya, sino Yo, que esto es lo que dice san Pablo» (Gal 2,20).

Dichosos vosotros cuando os persigan y calumnien por mi causa.

Evangelio según San Juan 15,18-21

La lectura de hoy me retrotrae a aquellos otros versículos en gálatas 1,10 que dicen: «Porque ¿busco ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O me esfuerzo por agradar a los hombres? Si yo todavía estuviera tratando de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo.» O aquellos otros que nos dicen: no pueden servir a dos señores… No pueden servir a Dios y a las riquezas. El seguimiento de Cristo trae consecuencias, porque un siervo no es más que su Señor, y así como recibiremos bendiciones y consolación del Padre como las recibió su hijo también tendremos que enfrentar crítica y hasta persecución como su hijo, no a causa de nuestra vanidad y doctrina, sino como consecuencia de predicar la misma palabra de Cristo y vivir coherente a ella en todo los ambientes y ámbitos de la vida en los que Dios nos ponga.
Pero como decía también Pablo en todo ello saldremos vencedores porque ninguna tribulación podrá separarnos de su amor, del amor de Dios, a lo que cabría añadir que a cambio en este camino recuperamos la Libertad y la Vida. La libertad porque ya no somos esclavos del pecado y del mundo y la Vida porque solo la vida en Cristo, puede llenar nuestro vacíos (la búsqueda de sentido), y cicatrizar nuestras heridas.

Así pues, abramos los ojos, la mente y el corazón: las riquezas pasarán, las amistades pasarán, la familia pasará, el mundo pasará, solo Dios y su Palabra permanecerá eternamente y nos acompañará con gozo, en la tribulación, la enfermedad, el tránsito de la muerte a la vida eterna y para siempre en el más allá.

Para finalizar tendríamos que volver a la pregunta del principio, no para castigarnos sino para volver al camino:
¿busco ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O me esfuerzo por agradar a los hombres? Si yo todavía estuviera tratando de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo.»

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-05-21

Ya no os llamo siervos, sino amigos.

Evangelio según San Juan 15,12-17

No se porque, a día de hoy, muchas personas, incluso dentro de la iglesia, tienen la imagen de Dios, como un Dios severo y de castigo, el cual nos hace pagar por cada uno de nuestros pecados. Es obvio que la oscuridad y la luz son incompatibles, porque está última deja de existir cuando queda iluminada por la luz, y así el que muere en tinieblas de pecado, en oscuridad total, habiendo rechazado a Jesús en vida también lo rechazará más allá de esta, de tal manera que viéndose a sí mismo iluminado por la luz de Dios, su conciencia, se resista a ver su inmundicia y muera (por eso el antiguo testamento nos recuerda que si alguien veía el rostro de Dios moría y el mismo Dios le dice a Moisés cuando esté le pide ver su gloria lo siguiente: Voy a hacer pasar toda mi bondad delante de ti… Pero te aclaro que no podrás ver mi rostro, porque ningún hombre podrá verme y seguir viviendo (Éxodo 33, 19-20).

De lo comentado se desprende, que el Juicio principal es la misma separación de Dios que por voluntad propia nosotros buscamos aquí y más allá de esta vida porque seremos lo que somos y nos llevaremos lo que guardamos en la mochila del alma. Dicho lo anterior, Jesús nos revela en este evangelio su cercanía, su amistad, nos dice que ya no somos siervos sino amigos, por tanto no es el Dios del látigo o el castigo, ese Dios con el cual nuestros propios Padres (por su ignorancia) en épocas anteriores nos amenazaban para que dejáramos de molestarles portandonos bien. El mismo Jesús en otra parte del Evangelio nos dice que su Padre deja salir el sol sobre buenos y malos y deja caer la lluvia sobre justos e injustos Mateo 5, 45. Así pues debemos, de una vez por todas, rechazar esa imagen de un Dios vengativo que al estilo del karma en la religión Hindú nos hace pagar por nuestros pecados. Si por algo Jesús dió la vida fue, precisamente, para perdonar nuestros pecados y liberarnos al mismo tiempo del poder del mal y el maligno sobre nosotros. Una vez arrepentidos de corazón y confesados nuestros pecados, no tenemos que tener más remordimiento (más pendiente como dicen los mexicanos) porque Dios los lavó con su sangre y quedan borrados para siempre de su corazón y por eso podemos ser nacidos de nuevo. Jesús no es vengativo, no nos castiga, por el contrario ha venido a darnos vida, vida en abundancia, la vida del cielo. Dios es un Dios de amor, nos lo muestra nuevamente la Palabra de hoy, y si algo pagamos en vida es las propias consecuencia de nuestras decisiones erróneas sin tener en cuenta la palabra de vida de Dios. Para poner un ejemplo: si alguien bebé alcohol más de la cuenta día tras día, lo más seguro es que termine con una cirrosis hepática, pero esto será la consecuencia de nuestros actos, no un castigo de Dios, ya que la naturaleza humana tiene sus limitaciones. En otras ocasiones tendremos que pagar por las decisiones erróneas de otros (no como castigo de Dios) pero en cualquier caso podemos ser auxiliados por el Padre, pues también es palabra de Dios lo que hoy Jesús nos dice casi al final del Evangelio: Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá.

Oración: Estás con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. Estás con nosotros omnipotencia divina con nuestra fragilidad. Estás con nosotros amor infinito que nos acompañas en todos nuestros pasos. Estás con nosotros protección soberana y garantía de éxito en las tentaciones. Estás con nosotros fuerza que sostiene nuestra vacilante generosidad. Estás con nosotros en nuestras luchas y fracasos, en nuestras dificultades y pruebas. Estás con nosotros en nuestras decisiones y ansiedades para devolvernos el coraje. Estás con nosotros en las tristezas para comunicarnos el entusiasmo de tu alegría. Estás con nosotros en la soledad como compañero que nunca falla. Estás con nosotros en nuestra misión apostólica para guiarnos y sostenernos. Estás con nosotros para conducirnos al Padre por el camino de la sabiduría y de la eternidad. Amén

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-05-20

Para que vuestro gozo sea perfecto…

Jesús en el evangelio de hoy vuelve a recordarnos lo importante de cumplir sus mandamientos, porque de ello se deriva su gozo y también el nuestro. Jesús sabe cómo hombre que una de las cosas que más paz deja al ser humano es cumplir con la tarea asignada y si se hace bien, mejor aún. Pero como Dios también conoce que deberes son necesarios que llevemos a término para que ese gozo sea perfecto y no una brisa pasajera.

De tal modo que, como decíamos también ayer… para conocer sus mandatos hay que estar muy atentos a su Palabra y retenerla para luego poder actuar según su voluntad; voluntad que sin abolir la antigua ley por la que comienza a preguntar al Joven Rico (los diez mandamientos) nos lleva aún más lejos, entre otras cosas a amar al enemigo, y a desapropiarnos de todo lo que nos impida acercanos a Dios y estar disponibles para su misión. Desapropiarnos entre otras cosas del hombre viejo que fuimos antes de nuestro encuentro con Jesús, porque en el Espíritu Santo recibimos la gracia para que se forje el nuevo hombre en nosotros a imagen de Jesús a la que estamos impelidos por el precio de su sangre. De esta manera pués, sigamos cada día atentos al Evangelio para que nuestro gozo sea colmado desde la transformación que el Espíritu Santo nos da por medio de la oración y los sacramentos, para pasar luego a acción evangelizadora de palabra pero también con nuestro ejemplo y con obras de amor y caridad.

Oración: CONVERSIÓN TOTAL.

Sé que algo me estás pidiendo, Señor Jesús.
Tantas puertas abiertas de un solo golpe. El panorama de mi vida ante mis ojos: no como en un sueño. Se que algo esperas de mí, Señor, aquí estoy, al pie de la muralla: todo está abierto sólo hay un camino libre, abierto al infinito, el absoluto. Pero yo no he cambiado, a pesar de todo. Tendré que tomar contacto contigo, Señor; Buscare tu compañía, aún por largo tiempo. Para morir, pero entonces enteramente. Como esos heridos que sufren, Señor; te pido que acabes conmigo. Estoy cansado de no ser tuyo, de no ser Tu.


https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-05-19

Porque separados de mí, nada pueden hacer

Evangelio según San Juan 15,1-8.

En el evangelio de hoy Jesús nos compara con los sarmientos de una vid, que separados de él quedan estériles, se secan y solo sirven para ser arrojados al fuego. Jesús también nos da a conocer que por la palabra anunciada por él estamos purificados, Jesús es la misma palabra de Dios hecho hombre, el nos ha purificado de todo pecado mediante su sacrificio en la cruz, pero para permanecer en ese estado de gracia, necesitamos arraigarnos en él, seguir unidos a él como el sarmiento a la vid y así recibir vida en abundancia, la misma vida de Cristo que nunca se apaga y salta hasta la vida eterna. Jesús es la Palabra de Dios, y sin retener su palabra en nuestros corazones y llevarla a la práctica nos secamos y no podemos dar los frutos que como hijos de Dios se espera que demos (Es como si al ir a recoger los frutos del almendro nos encontrásemos con espinas).

Así, pues, es necesario, una vez que hemos conocido a Jesús, permanecer firmemente unidos a Él, para que no volvamos a la tristeza y desesperanza de los que viven al margen de la Palabra de Jesús y podamos, así dar frutos de vida eterna para Dios y los hermanos.

Oración: Viniste como amigo

Llegaste a mí, humilde y discretamente, para ofrecerme tu amistad.

Me elevaste a tu nivel, abajándote Tú al mío, y deseas un trato familiar, pleno de abandono.

Permaneces en mí misteriosamente, como un amigo siempre presente, dándoseme siempre, y colmando por completo todas mis aspiraciones.

Al entregártenos, poseemos contigo toda la creación, pues, todo el universo te pertenece.

Para que nuestra amistad sea perfecta, tú me asocias a tus sufrimientos y alegrías, compartes conmigo tus esperanzas, tus proyectos, tu vida.

Me invitas a colaborar en tu obra redentora, a trabajar contigo con todas mis fuerzas.

Quieres que nuestra amistad sea fecunda y productiva, para mí mismo y para los demás.

Dios amigo del hombre,
Creador amigo de la creatura, Santo amigo del pecador.

Eres el Amigo ideal, que nunca falla en su fidelidad y nunca se rehúsa a sí mismo.

Al ofrecimiento de tan magnífica amistad, quisiera corresponder
como Tú lo esperas y mereces, procediendo siempre como tu amigo. Amén.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-05-18

Mi paz os dejo

Jesús dijo a sus discípulos:
«Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡ No se inquieten ni teman !
Me han oído decir: ‘Me voy y volveré a ustedes’. Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo.
Les he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean.
Ya no hablaré mucho más con ustedes, porque está por llegar el Príncipe de este mundo: él nada puede hacer contra mí,
pero es necesario que el mundo sepa que yo amo al Padre y obro como él me ha ordenado.»

Jesús ha venido al mundo para librar al hombre de su ignorancia, y de este modo darnos la paz que nos deja el actuar desde su voluntad que solo busca el bien y nuestra entrada en la gloria eterna.

Anteriormente a Jesús la influencia del mal (a causa de la desobediencia de nuestros primeros padres) tenía menos consecuencia para la vida de las personas porque actuaban desde la cultura sin ser de todo responsables de sus actos, es por eso que algunos teólogos dicen que Jesús descendió al infierno antes de volver al Padre, para darle una última oportunidad a todo aquel que lo aceptase como Señor y Salvador de su vida, como hijo de Dios.

Desde que Jesús regreso al Padre ya no es así para todo aquel que ha oído hablar de Jesús y ha rechazado entrar en el camino que él ha venido a darnos para nuestra paz, aquí y ahora, y nuestra felicidad eterna más allá de esta vida.

Es por eso que la furia del príncipe de este mundo (Satanás) es la de robarnos la paz que Jesús da y, por ende, poner todas las trampas posibles para que la salvación que Jesús nos ofrece, mediante su sacrificio en la cruz, no pueda alcanzarnos por nuestra oposición y rechazo.

Ahora somos plenamente responsables de nuestros actos, porque como dice la Palabra «a todo el mundo alcanza su pregón», ya no solo por las obras de la creación, sino por los medios de comunicación globales de los que disponemos, y porque muchos, como bautizados, tenemos el deber de indagar y formarnos en la fe recibida.

Mi paz os dejo, dice Jesús en el evangelio de hoy, no la paz superficial que da el mundo, que puede impedir una guerra, pero que nos roba por otro lado la paz interior por el desamor, la ambición a cualquier precio, el desarraigo de las familias, los traumas psicológicos a posteriori por los abortos provocados, los suicidios masivos por depresiones, el acoso y derribo de los más débiles (bullying, violaciones), los asesinatos de mujeres que no cesan, el reclamo publicitario sin escrúpulos de los medios de comunicación a la pornografía, a la violencia y a juego, etc.

Jesús nos da su paz gratuitamente, hasta el punto de haber dado su vida por ti y por mí, mientras el príncipe de este mundo nos da destellos de felicidad efímeros que poco después nos dejan vacíos, insatisfechos, perturbados, encadenados y sin medios y fuerzas para cicatrizar las heridas que nos dejó el mundo por la misma influencia del príncipe de este mundo.

Mi paz os dejo, dice Jesús, adentrémonos pués, de lleno, en buscar a Jesús, en abrirle nuestra alma, para recibir la paz que sólo él puede dar de modo definitivo para gozo y felicidad nuestra y la de nuestro entorno.

Oración: INSTRUMENTOS DE TU PAZ

Hazme un instrumento de tu paz; donde haya odio lleve yo amor, donde haya injuria, tu perdón, Señor donde haya duda, fe en ti.

Maestro ayúdame a nunca buscar querer ser consolado cómo consolar; ser comprendido como comprender, ser amado como yo amar.

Hazme un instrumento de tu Paz que lleve tu esperanza por doquier, donde haya oscuridad, lleve tu luz, donde haya pena tu gozo Señor.

Hazme un instrumento de tu paz; es perdonando que nos das perdón, es dando a todos que Tú te nos das; muriendo es que volvemos a nacer.

Iremos a él y habitaremos en él.

En el evangelio de hoy Jesús nos llama a ser fieles a sus palabras, como el mismo lo fue a la voluntad y a la palabra del Padre, condición necesaria para que Jesús y el Padre puedan morar en nosotros y de este modo se cumpla el Salmo 82 donde dice: que por ser hijos del Altísimo, somos Dioses (en el sentido de poder participar de su justicia, amor y sabiduría).
Dios, por tanto quiere manifestarse en una unidad de amor y acción en nuestros corazones, en nuestras vidas. Y así será, por tanto, en la medida que seamos fieles a las Palabras y mandatos que de Él recibimos cada día en el Evangelio; Evangelio que recibimos por la predicación y enseñanzas de los apóstoles que, posteriormente, fueron puestas por escrito y que como S. Pablo nos recuerda, hemos de guardar celosamente, no prestando oídos a nadie que venga ha enseñarnos una Palabra diferente, aunque de un ángel mismo se tratara (ya sabemos que el demonio tiene la capacidad para disfrazarse de ángel de luz, por eso se le conoce también como el padre de la mentira)

Oración: buenos días Señor, gracias por un día más de vida, de amor, de esperanza, de gloria, de resurrección y perdón. Por tu palabra de hoy, nos das a conocer que antes que manifestarte al mundo con prodigios y portentos, quieres hacerte presente en nuestro corazón y ser uno con cada uno de nosotros, tú eres el Dios de la relación, de la intimidad; el que nos guías internamente, nos acompaña; el que nos das a conocer por el Espíritu Santo, que, realmente, solo tú tienes palabras verdaderas, de vida Eterna, que se cumplen en nosotros. Y que como el agua cala y empapa la tierra, haciéndola dar buenos frutos, así mismo son los que reciben tu Palabra, la acogen gozosos en su corazón y la realizan en ellos en obediencia.
Gracias Espíritu Santo, por enseñarnos tantas cosas, y te pedimos un poco avergonzados que te tengamos más presente en nuestra camino de fe. Gracias.


https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-05-16

Sin amor es difícil agradar a Dios y reproducir su imagen


San Matías, apóstol, Fiesta

Evangelio según San Juan 15,9-17.

Jesús dijo a sus discípulos:
«Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor.
Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.»
Este es mi mandamiento: Amense los unos a los otros, como yo los he amado.
No hay amor más grande que dar la vida por los amigos.
Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando.
Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre.
No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá.
Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros

Comentario: hoy solo voy apuntulizar una cosa porque el evangelio es bastante elocuente por si mismo. Sólo quería decir que tal vez uno de los motivos por el cual no consigamos los favores que pidamos al Padre en el nombre de Jesús sea, precisamente, por no cumplir el mandamiento de su Hijo, que como hemos podido observar hoy en el Evangelio dice así: Amense los unos a los otros, como yo los he amado.
De tal manera que deberíamos revisarnos cada día sobre el amor: ¿No le hablo a alguien? ¿Guardo rencor y no perdonó? ¿Deseo mal a alguien? ¿Hablo mal del prójimo, critico, insulto? ¿Hiero al prójimo con mis palabras? ¿Socorro al necesitado, al pobre, al que está solo, visitó a mis padres, abuelos, tios, vecinos enfermos, etc? ¿Valoro al que se esfuerza y hace bien su trabajo? ¿Corrijo para humillar o para ayudar?
Por lo comentado, antes que pedir al Padre por nuestras necesidades personales y familiares, pidámosle pués que nos conceda la gracia de poder amar con su mismo amor, y perdón por nuestras faltas de caridad

Oración:
LA GRACIA DEL AMOR FRATERNO.

Señor Jesús,
fue tu Gran Sueño: que fuéramos uno como el Padre y Tú, y que nuestra unidad se consumara en vuestra unidad.

Fue tu Gran Mandamiento, Testamento final y bandera distintiva para tus seguidores: que nos amáramos como Tú nos habías amado; y Tú nos amaste como e lPadre te había amado a Ti. Esa fue la fuente, la medida y el modelo.

Con los Doce formaste una familia itinerante. Fuiste con ellos sincero y veraz, exigente y comprensivo, y, sobre todo, muy paciente. Igual que en una familia, los alertaste ante los peligros, los estimulaste ante las dificultades, celebraste sus éxitos, les lavaste los pies, les serviste en la mesa. Nos diste, primero, el ejemplo y, después, nosdejaste el precepto: amaos como os amé.

En la nueva familia o fraternidad que hoy formamos en tu nombre, te acogemos como Don del Padre y te integramos como Hermano nuestro, Señor Jesús, Tú serás, pues, nuestra fuerza aglutinante y nuestra alegría.

Si Tú no estás vivo entre nosotros, esta comunidad se vendrá al suelo como una construcción artificial.

Tú te repites y revives en cada miembro, y por esta razón nos esforzaremos por respetarnos unos a otros como lo haríamos contigo; y tu presencia nos cuestionará cuando la unidad y la paz sean amenazadas en nuestro hogar. Te pedimos, pues, el favor de que permanezcas muy vivo en cada uno de nuestros corazones.

Derriba en nosotros las altas murallas levantadas por el egoísmo, el orgullo y la vanidad. Aleja de nuestras puertas las envidias que obstruyen y destruyen la unidad. Líbranos de las inhibiciones. Calma los impulsos agresivos. Purifica las fuentes originales. Y que lleguemos a sentir como Tú sentías, y amar como Tú amabas. Tú serás nuestro modelo y nuestro guía, oh Señor Jesús.

Danos la gracia del amor fraterno: que una corriente sensible, cálida y profunda corra en nuestras relaciones; que nos comprendamos y nos perdonemos; nos estimulemos y nos celebremos como hijos de una misma madre; que no haya en nuestro camino obstáculos, reticencias ni bloqueos, antes bien, seamos abiertos y leales, sinceros y afectuosos y así crezca la confianza como un árbol frondoso que cubra con su sombra, a todos los hermanos de la casa, Señor Jesucristo.

Así lograremos un hogar cálido y feliz que se levantará, cual ciudad en la montaña, como señal profética de que tu Gran Sueño se cumple, y de que Tú mismo, Señor Jesús, estás vivo entre nosotros.

Así sea.

No se inquieten por nada

Jesús dijo a sus discípulos:
«No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí.»

Así comienza el Evangelio de hoy. En él, Jesús invita a sus discípulos, -antes de su partida de este mundo para irse junto al Padre- a la serenidad, a no inquietarse. Y posteriormente, empieza a dar la explicación. No se deben inquietar, porque aunque se vaya y sus discípulos no puedan gozar más de su presencia física, él sabe que su misión no ha terminado de todo y que les acompañará siempre, primero enviándoles el Espíritu Santo y después, como dice en el Evangelio de hoy preparándoles una morada o «habitación» en el cielo. Esa morada que prepara para que gozemos de su presencia en el cielo, no es ni más ni menos, que todas las llamadas a la conversión que nos hace cada día, todas las situaciones y personas que pone en nuestro camino para que reflexionemos y nos edifiquemos en su amor. Jesús nos está preparando esa morada para que su corazón y el nuestro puedan latir en armonía más allá de esta vida, ya sin miedos, sin complejos, sin dolor, sin resentimientos, sin detenerse en el mal, sin dudas. Jesús nos está preparando un sitio con los santos y los ángeles en el cielo, su tarea no terminó con su partida, y por eso ya empezamos a recibir las primicias de su trabajo en nosotros aquí y ahora en la tierra. Y esto sucede cuando realmente, decidimos llegar al Padre, a Dios, a través de Jesús, único camino, verdad y vida que nos lleva a la salvación; palabras, por cierto, con las que cierra Jesús este Evangelio de hoy.

Oración: Acto de Abandono

En tus manos, oh Dios, me abandono,
modela esta arcilla,
como hace con el barro el alfarero.
Dale forma, y después, si así lo quieres
hazla pedazos.
Manda, ordena ¿Que quieres
que yo haga?
¿ Que quieres que yo no haga?.

Elogiado y humillado, perseguido,
incomprendido y calumniado,
consolado, dolorido, inútil para todo,
solo me queda decir a ejemplo de tu madre:
» Hágase en mí según tu Palabra».

Dáme el amor por excelencia,
el amor de la cruz;
no una cruz heróica que pudiera satisfacer
mi amor propio;
sino aquellas cruces humildes y vulgares
que llevo con repugnancia.
Las que encuentro
cada día en la contradicción,
en el olvido, el fracaso, en los falsos
juiciso en la indiferencia,
en el rechazo y el menosprecio de los demás,
en el malestar y en la enfermedad,
en las limitaciones intelectuales
y en la aridez, en el silencio del corazón.

Solamente entonces Tú sabrás que te amo,
aunque yo mismo no lo sepa,
pero eso basta. Amén.
P. I G L

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-05-13

La gracia de la humildad

«Ustedes serán felices si, sabiendo estas cosas, las practican.»
Jesús en el Evangelio de hoy nos invita no solo a conocer su Palabra, palabra que viene y recibe del Padre, como nos hace saber en muchas ocasiones, sino a practicarla.
De este modo pues, hoy nos invita, a ser felices de dos modos, en primer lugar con humildad, reconociendo que el siervo no es más que su señor. Nosotros los cristianos sabemos quién es nuestro Señor, de tal manera que llamamos Señor a Jesús como Verbo Encarnado y como Dios, y por lo mismo llegamos a comprender por este evangelio que tenemos el deber de ser humildes servidores sujetándonos a las palabras y mandamientos de Jesús (como él mismo se sometió a lo que había oído del Padre y a su Voluntad) sin añadir ni quitar nada que pueda contradecir dicha Palabra o ponerla en duda.
Y en segundo lugar nos llama a ser felices estando sujetos también a aquel que nos envía, en ocasiones oímos la voz muy clara del Señor que nos ha llamado a una misión y otras veces esa voz nos llega por medio de la Iglesia, en la que Jesús mismo delegó el poder de atar y desatar.
De tal modo que en esto consiste la felicidad, en ser humildes servidores que no actúan por iniciativa propia, sino como servidores y enviados de aquél -Jesús- que conoce al Padre Eterno; y, por ende, sabe lo que nos conviene, edifica y nos salva.

Oración: buenos días Jesús mío, Señor mío y Dios mío. En el día de hoy te pido que me des la gracia de la humildad y por eso compartiré con mis hermanos está hermosa oración del Padre Ignacio Larranaga :

Señor Jesús, manso y humilde.

Desde el polvo me sube y me domina esta
sed insaciable de estima, esta apremiante
necesidad de que todos me quieran. Mi
corazón está amasado de delirios imposibles.

Necesito redención.
Misericordia, Dios mío.
No acierto a perdonar,
el rencor me quema,
las críticas me lastiman,
los fracasos me hunden,
las rivalidades me asustan.

Mi corazón es soberbio. Dame la gracia de la
humildad, mi Señor, manso y humilde de corazón.

No sé de dónde me vienen estos locos deseos de
imponer mi voluntad, eliminar al rival, dar curso
a la venganza. Hago lo que no quiero.
ten piedad, Señor, y dame la gracia de la humildad.

Gruesas cadenas amarran mi corazón: este corazón
echa raíces, sujeta y apropia cuanto soy y hago,
y cuanto me rodea. Y de esas apropiaciones me
nace tanto susto y tanto miedo, ¡infeliz de mí,
propietario de mí mismo! ¿ Quién romperá mis
cadenas? ¡Tú gracia mi Señor pobre y humilde. Dame la gracia de la humildad.
La gracia de perdonar de corazón.
La gracia de aceptar la crítica y la contradicción,
ó al menos de dudar de mí mismo cuando me corrijan.
Dame la gracia de hacer tranquilamente la autocrítica.

La gracia de mantenerme sereno en los desprecios,
olvidos e indiferencias; de sentirme verdaderamente
feliz en el silencio y el anonimato; de no fomentar
autosatisfacción de los sentimientos, palabras y
hechos.

Abre, Señor, espacios libres dentro de mí para que
los puedas ocupar Tú y mis hermanos.

En fin, mi Señor Jesucristo; dame la gracia de ir
adquiriendo paulatinamente un corazón desprendido
y vacío como el tuyo; un corazón manso, paciente y
benigno. Cristo Jesús, manso y humilde de corazón,
haz mi corazón semejante al tuyo. Amén

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-05-12