1. ¡Qué grande es la fuerza del amor¡ ¡Dios mío, gracias!
2. El sectario sigue a su dirigente(es) como oveja mansa y no como hombre libre capaz de razonar por si mismo y de tomar sus propias decisiones. ¡Ojo! los hay en todos los colectivos humanos ya sean de carácter ideológico, profesional o religioso.
3. ¿hay mayor cordura que ser consciente de la manipulación y el adoctrinamiento de los gobiernos y los medios de comunicación?
4. Siempre que el materialismo gana posiciones el hombre las pierde. El mayor de los materialismo radica en las ideologías que explican al hombre y a la historia en clave economía.
5. Si no atisbo la brisa en la superficie de mi epidermis, despiértame no sea que mi ausencia pueda herirte.
6. Te quiero es fácil decir desde la lejanía o cuando todo funciona, no pasa lo mismo en la proximidad y en los malos tiempos, el orgullo nos cierra las puertas como el Covid 19, nos aísla y hasta puede matarnos.
7. Cuando retorne a ti no sé que pasará, aunque me invade la certeza que no me rechazarás por haber sido yo.
8. Nunca estuviste a mi alcance para abrasarme en ti, pero cuando llegues a mi lado no te aprisionaré, dejaré volar tus alas al impulso de tu corazón para que, cuando sientas desaliento, pueda insuflar de renovada esperanza tu amor.
9. ¡Cuánto por conocer y cuan poco el tiempo de la prueba y del aprendizaje¡ ¡Tantas las ganas de Ser y tantos los sentimientos de rechazo…! Que cuando busco siempre encuentro una voz musitando en lo más profundo de mi corazón: no te detengas, el camino no se anda mirando lo perdido si no atendiendo a lo ganado.
10. La discriminación llega más veces por el corporativismo (militante o no) que intenta conservar sus privilegios, que por el choque en la convivencia real y diaria con el diferente. El corporativismo militante y ciego en diferentes ideologías no es más que un subterfugio donde muchos enmascaran su inseguridad e insustancialidad; también un modo de marcar diferencia para sentirse mejor que el resto. Aunque ya sabemos que uno solo es bueno: escrito está.
11. Cansada y apesadumbrada mi alma se desgasta, al querer discernir lo humano y lo divino, viendo que el alcance es ínfimo; pero no importa puesto que una sonrisa cómplice tuya me envuelve en esta hora.
12. Reclamos de pájaros inundan la alcoba sombría de mi corazón, la vida fluye a cada suspiro pujando por abrirse camino con voracidad de felino hambriento. No importa lo aprisa que corran las primaveras y los otoños porque yo sé que llegará tu respuesta; ya está llegando, ya llegó. Gracias ¿Quién como tú Señor?
13. Prefiero correr el riesgo a equivocarme y tener malos gobernantes, malos escritores e ineptos zapateros cada uno de ellos con sus propios principios y servidumbres; a tener gobernantes, escritores y zapateros superdotados comiendo todos ellos de un mismo pesebre y siervos de una misma moneda, sea esta del signo que sea. La política se corrompe, en primer lugar, cuando se subencionan los medios de comunicación directa o indirectamente.
14. La libertad es un derecho que corresponde a todos por igual; no a aquellos iluminados paternalistas que solo creen en la infancia eterna del pueblo. Muchas veces he intentado explicarme ese afán de dominio que unos hombres quieren ejercer sobre otros, pero nunca encuentro la respuesta: para mí simplemente es inconcebible. Según algunos psicólogos corresponde a complejos de inferioridad e inseguridad. De ahí se deriva que intenten dominar y controlar al resto de congéneres, para que nadie pueda refutar o poner en evidencia, sus argumentos.
Hace unos años atrás -bastantes- escribí estas líneas que me brotaban del corazón, para una revista. Hoy, por casualidad, he tropezado con ellas y os las muestro de nuevo un tanto retocadas. La decisión que tomé por entonces fue la correcta y ya está dando sus frutos, no los voy a describir porque los frutos caen por su propio peso y, en el suelo, hablan por sí mismos: llegó la hora de la cosecha, el hortelano hizo su cometido y el árbol le fue agradecido. ¡A Dios sea la gloria!
La noche va extendiendo su amplia sombra, sobre la superficie del globo translúcido de nuestro planeta Tierra, atrapando a muchos de sus inquilinos en un sueño atormentado de pasiones insatisfechas y dudas que les paralizan como en una película de terror. Sin embargo, la noche es finita como todo lo demás, y el día la va destronando de su asiento para que en una inspiración y henchir de alvéolos pulmonares nos percatemos que, con el alba, el mundo se renueva o muere, al igual que nosotros mismos nos abrimos a la vida o nos entregamos a la muerte bajando los brazos en el abandono. ¡No, no hay que resignarse al fatalismo, aunque exista en todo hombre una cierta atracción hacia la decadencia: es decir hacia el abismo y la oscuridad, en otros tiempos sedecía hacía el pecado, aunque todos estos vocablos son necesarios por complementarse.
En ese vértigo estaba cuando una esperanza, una luz, brilló y sigue alumbrando mí horizonte. Le hablé siendo niño, en el momento que, derramando lágrimas amargas de dolor, imploré ayuda a esa luz -que era Jesús- y me escuchó. Sin embargo yo por aquellas fechas, aún, no lo conocía.
¡Sí, me acercaré de nuevo a Él, como antaño, al igual que lo hizo el hijo pródigo. Mientras tanto reflexionaba de esta manera: el hombre es el único animal capaz de cambiar su historia, y por eso mismo, voy a ser parte activa de este mundo; quiero implicarme en él para no sentir la noche desgarrando -con su pesadez aplastante- mi alma en jirones de soledad, miedos y recuerdos inconfesables.
¡No, no puedo esperar que el mundo cambie para entregarme al Amor y a la Vida, porque yo también soy mundo! Por ende, voy a ser transparente, regaré de vida y fecundidad una tierra prestada que otro ocupará cuando la Eternidad forme parte de mi definitiva existencia. Al mismo tiempo voy a huir de toda comparación, porque la comparación traumatiza y asfixia: cada cual tiene su propio ritmo y, por cierto, yo tengo el mío; lento pero ascendente.
Para finalizar, mi último propósito para esta nueva e inédita etapa la centraré en la búsqueda de mi libertad, la libertad que Dios me dio entre seguir mi propio parecer, o elegir mi verdadera y genuina identidad; la de aceptar que soy su hijo y, como tal, conocerle y amarle como Él me conoce y me ama. Creo que no hay otro camino más eficaz, para que se plasme en mí su propio sello (el sello del Espíritu Santo), que el de buscar la intimidad con Dios a través de la oración y el consejo de la Palabra en mi corazón. Ese fue el camino que el mismo Jesús nos mostró, cuando se apartaba en solitario a orar, buscando la intimidad con el Padre, para conocer su voluntad y, por otro lado, se dirigía a las sinagogas, a escuchar la Tanaj de manos de los maestros de la ley.
Sí, Jesús mío y Dios mío ¿para que me voy a engañar? yo sé que solo Tú tienes palabras de Vida; palabras Eternas.
No es lo mismo saber que conocer, aunque en español esta palabra en muchas ocasiones la utilicemos indistintamente.
Saber se refiere principalmente al almacenamiento de datos en la memoria del celebro que se aprende conceptualmente al leer algo, al escuchar algo, al ver algo, sin necesidad que ello implique a la persona por completo. La RAE lo define en primer lugar como tener noticia del algo o conocimiento de algo, también como estar instruido en algo.
Por conocer, en cambio, se entiende a un saber que además de ser conceptual comprende una relación más estrecha con el objeto o la persona materia de mi estudio o conocimiento, de ahí que la RAE lo define de este otro modo. Conocer: Averiguar por el ejercicio de las facultades intelectuales la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas.
Hablando en el plano material yo puedo saber que existe Honolulu, pero no conocer dicho lugar por no haber estado allí, puedo saber que tengo unos parientes en México, incluso sus nombres, porque me lo dijeron mis abuelos, pero no conocerlos, etc.
La biblia también nos viene a decir que hay un tipo mas completo y genuino que el simple saber de la existencia de algo o de alguien, un conocimiento que implica relación, intimidad y plenitud. (Génesis 4, 1): Y el hombre conoció a Eva, su mujer, y ella concibió y dio a luz a Caín, y dijo: He adquirido varón con la ayuda del SEÑOR. Por contraposición podemos ver este otro pasaje (1 Reyes 1, 4): Y la joven era hermosa; y ella abrigaba al Rey, y le servia, pero el rey nunca la conoció.
Pasando del plano material, al espiritual y siguiendo con esta disertación entre saber y conocer, podríamos decir que los católicos, en su gran mayoría (no voy a entrar a valorar otras religiones porque no las conozco, algunas incluso, no tienen nada que ver con el Dios de la Revelación) nos hemos quedado en el aprendizaje de un Dios conceptual o teórico, por medio de la catequesis, de los sermones, de prácticas religiosas rutinarias, recibidas de los antepasados; lo cual nunca está demás, para saber que la fe, no es un puro fideísmo; es decir creer por creer, sino que tiene un fundamento y una base sólida. Pero, en cambio, tal vez por ignorancia, por confundir saber con conocer, hemos prescindido de una relación intima con Dios, que es a fin de cuentas el conocimiento más perfecto de Dios, de las personas y de las cosas, entendiendo por íntimo, un comunicarse de persona a persona, de tú a tú, y si se trata de objeto, como ya se dijo de atrapar o aprehender sus cualidades.
Me diréis y cómo se puede además de saber de Dios, conocer a Dios, pues es muy fácil y, de algún modo, se ha dicho muchas veces, pero parece que miles de años de tradición no son fáciles de cambiar en un espacio de corto de tiempo. Tan fácil… que es una práctica que llevamos a cabo, casi a diario, con las personas, o con algunas muy concretas; a saber, con la mujer, con los hijos, con los amigos, con los compañeros de trabajo. Para conocer a alguien, hay que tratarlo, escucharlo, ponerse en su lugar, empatizar con él: llorar y reír con él si es necesario, bailar con él, etc. Para tratar de conocer a Dios, intimar con Él, pasa un tanto de lo mismo. No se puede conocer a Dios, solamente por lo que otros te hayan hablado de Dios, que siempre será un conocimiento limitado por sus propias carencias humanas, o su cosmovisión del mundo, y que igualmente, pueda tratarse de un saber intelectual acerca de Dios. Para conocer a Dios, por tanto, hay que conocerlo no sólo por intermediarios, sino personalmente. Y que debo hacer para conocerlos personalmente, pues bastante simple, hay que ir donde Él se encuentra personalmente. A Dios lo encontramos de “rodillas” en el sagrario, Él está allí en persona, tan real como el Dios que anduvo en palestina y que se dejó clavar en la cruz, para rescatarnos a ti y a mí de la misera de nuestro pecado; está deseando recibirnos en su casa, como tú a tu mejor amigo en la tuya, para un intercambio de interioridades, de afectos, de emociones, de sentimientos, de corazones. A Dios también se le encuentra personalmente, en la eucaristía, nos lo dice el mismo Jesús: (Juan 6, 56) quien come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. A Dios se le encuentra en su Palabra, en la meditación y en el estudio de biblia, no como el que oye llover un domingo en misa en medio de toses para cumplir con un precepto, porque al amigo se le conoce escuchándolo, dedicándole tiempo, y abriéndole las puertas de tu corazón, y el corazón de Jesús está en su Palabra: Jesús mismo nos dice que de la abundancia del corazón habla la boca. Y donde encontrar un corazón más abundante que el suyo; en la meditación de su Palabra, en el silencio e intimidad de nuestra casa; con tiempo y dedicación. Mi Palabra no vuelve a mí de vacío, eso se nos dice en (Isaías 55, 10-11); Porque como descienden de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelven allá sino que riegan la tierra, haciéndola producir y germinar, dando semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía sin haber realizado lo que deseo, y logrado el propósito para el cual la envié. A Dios se le encuentra en el sacramento de confesión, como el amigo que le pides perdón por tus faltas para con él, así el mismo Jesús te perdona, por medio del sacerdote, de ese pecado al cual has renunciado de por vida y al que no quieres volver nunca más. Búscalo en el confesionario, y si no lo encuentras, búscalo en la sacristía (no te avergüences) porque como dice la Palabra (la palabra de Dios permanece por la Eternidad, aunque el sacerdote no se ponga a confesar sigue en vigor) no sea que vayas a comer tu propia condenación (1 Corintios 11, 27): Por lo tanto, cualquiera que coma el pan o beba de la copa del Señor de manera indigna será culpable de pecar contra el cuerpo y la sangre del Señor.
Por estas vías llegarás al conocimiento de Dios y por añadidura al mandamiento del amor. El prescindir de una de ellas, te apartará del conocimiento de Dios y no se puede amar, lo que no se conoce. La desidia y la omisión es otra forma de pecado, quizás de las mayores porque te incapacita para obrar correctamente en la voluntad de Dios.
Resumiendo: 1. Estudiar e interiorizar la Palabra 2. buscar el trato intimo con Dios en la oración fundamentalmente en el sagrario 3. frecuentar la eucaristía y el sacramento de la reconciliación. 4 Si aún quieres llegar más lejos, ayunar y estar vigilante, para que no te den gato por libre.
¡Que no te lo cuenten, mantén una relación íntima con el Dios revelado en las Sagradas Escrituras y participa de su gracia, especialmente, en la eucaristía!
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La segunda lectura y el evangelio de hoy, son muy exigentes; tanto, como para pensar, bien, que nos traemos entre manos aquellos que nos decimos seguidores de Jesús y, al mismo tiempo, hacer una parada -en seco- para cambiar el rumbo de nuestra historia en el camino de la fe. Sería muy importante hacer esa parada, porque nos suele suceder, que, no pocas veces, a la vuelta de la esquina, otras incluso antes, estamos olvidando todos los buenos deseos e intenciones de amar con que se nos arengó en la homilía dominical.
La segunda lectura nos recuerda que la mayoría de los que salieron de Egipto, gracias a la protección de Dios, no entrarían en la tierra prometida pese a que estaba destinada por el mismo Dios para ellos. Y esto porque siguieron, antes, los deseos de su corazón que el compromiso de obediencia que habían adquirido ante Moisés con Dios. Pero, es más, en esta lectura, S. Pablo nos advierte, que aquello que le sucedió al pueblo hebreo es un ejemplo de lo que nos va a pasar a nosotros si, al igual que el pueblo del antiguo testamento, seguimos en desobediencia dejándonos arrastrar por los malos deseos del corazón: Todo esto les sucedió simbólicamente, y está escrito para que nos sirva de lección a los que vivimos en el tiempo final. Por eso, el que se cree muy seguro, ¡cuídese de no caer!
El evangelio es más de lo mismo, habla metafóricamente de arrancar de raíz la higuera que no de frutos. habría que preguntarse, entonces, si yo estoy dando frutos; frutos de amor, de comprensión, de paciencia, de perdón, de justificar y no criticar, de humildad, de no imponer mi criterio, de no sobresalir, etc. A pesar de estas lecturas tan exigente, que nos hablan de cambio y las consecuencias de no decidirse a trabajar en ello, no hay que desanimarse, sino más bien todo lo contrario, porque en otra parte de los evangelios, los discípulos le preguntan a Jesús: si estas son las exigencias de seguir a Dios, ¿Quién podrá salvarse? A lo que Jesús añade: Lo que para el hombre es imposible para Dios es posible. Y así es, Dios por medio de los sacramentos, es decir la vida de gracia santificante; y, también, por su Palabra y por la oración, nos va a ayudar a hacer posible esa determinación que hemos de tener para obedecer sus mandamientos y atender las obras de misericordia. Del mismo modo, Jesús, en el Evangelio de hoy, mediante una parábola, nos ofrece una nueva oportunidad: demos un año más a la higuera, a ver si, labrándola, sus raíces acogen ese abono de estiércol y agua, que, simbólicamente, representa la Palabra de Dios y la Eucaristía. Que así sea hermanos, atrapemos esa oportunidad, porque el tiempo se acorta y no sabemos ni el día ni a la hora que nos puede llamar el Señor.
Pd. Clika en el enlace que aparece a continuación, sobre los libros pequeñitos que aparecen en la margen izquierda; cada uno de ellos nos llevaran a una de las lecturas del dia: https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/
La lectura y el evangelio, nos traen hoy una gran lección, en primer lugar, que nuestra vida, si nos hemos doblegado a la voluntad de Dios, no está en manos de los que nos quieren anular o aniquilar, sino en las mismas manos de Dios; que, por lo general, siempre tiene un destino más alto sobre sus hijos que aquel que nosotros mismos hubiésemos podido imaginar en principio. En segundo lugar, nos invita a echar una mirada en nuestro interior; a salir de nuestra miopía, para no dejarnos conducir por los sentimientos de contrariedad, envidia o venganza, y a abrazar el consejo, por otra parte, de la persona enviada de Dios, en este caso a Jesús, el enviado del Padre, que antes de ser un impedimento u amenaza para nuestras vidas, es todo lo contrario, nuestra tabla de salvación. Así vemos que tanto José como Jesucristo, no mueren, ni se desesperan en la adversidad, cuando sus enemigos planean acabar con sus vidas (con Jesús lo intentaron en varias ocasiones y no lo consiguieron hasta que llegó la hora destinada por el Padre; y con José, pasa igualmente).
El que conoce la historia completa de José, sabe el paralelismo que su vida, en el plano terrenal, guarda con la vida de Jesús, en el espiritual. José termino convirtiéndose en la segunda personalidad más importante del Imperio Egipcio y antes de vengarse de la traición de sus hermanos, terminó siendo su tabla de salvación cuando, a causa de una gran sequía que asoló Israel y no tenían recursos con que alimentarse, recurrieron a las provisiones de Egipto,; por consiguiente a José. Jesús, sometiendo su voluntad a la del Padre, de igual modo, no tomó venganza sobre los que acabaron con su vida (Padre perdónalos porque no saben lo que hacen)y finalmente se convirtió en tabla de salvación para la eternidad, para todo aquel que quiera subirse a ella.
Esto -como toda palabra de Dios- nos trae una enseñanza y un modelo al que seguir e imitar: 1.confiar en los planes de Dios sobre mi vida, aunque los desconozca (fe) sin temer las acechanzas y zancadillas de las personas y sin desesperarme ante las adversidades del camino 2. Aceptar al enviado de Dios aunque su mensaje me incomode (a José no solo lo rechazaron por ser el preferido de su padre, sino porque era especial y Dios se manifestaba en él a través de sueños) 3. Al desamor y a la traición responder con amor, tal y como hizo José con sus hermanos y Jesús -que es nuestro modelo por antonomasia- con aquellos que, incluso, estaban acabando con su vida.
Estas tres actitudes ante los acontecimientos nos traen paz, gozo y salvación ¿Te apuntas a la Vida?
Te dejo un enlace para que puedas ir a las lecturas de hoy. Cuando abras el enlace, en su margen izquierda verás la imagen de tres libros en pequeño para que clikes encima. Cada uno de ellos corresponde a una lectura: https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2019-03-22
Cuando alguien hablando de Dios te incomode con sus palabras, has de tener en cuenta que tal vez no sean sus palabras las que te molesten, sino la luz de tu conciencia. Entonces, con humildad, reconoce tu pobreza ante el Señor y pídele fuerzas para seguir en obediencia por el camino trazado por él; y éste, el Señor, que te ama hasta el punto de haber entregado su vida para que tú salves la tuya; es decir, con locura, atenderá tu petición. El juicio de cualquier manera ha de venir, más pronto que tarde, mates al profeta o lo pongas contra las cuerdas desprestigiando su integridad y enseñanza. Y no sólo el juicio, sino tu propia decadencia y la de la comunidad si no atiendes al grito de alarma del enviado de Dios.
Primera lectura de hoy del Libro de Jeremías (18,18-20):
Ellos dijeron: «¡Vengan, tramemos un plan contra Jeremías, porque no le faltará la instrucción al sacerdote, ni el consejo al sabio, ni la palabra al profeta! Vengan, inventemos algún cargo contra él, y no prestemos atención a sus palabras».
¡Préstame atención, Señor, y oye la voz de los que me acusan!
¿Acaso se devuelve mal por bien para que me hayan cavado una fosa? Recuerda que yo me presenté delante de ti para hablar en favor de ellos, para apartar de ellos tu furor.
Para orar con el salmo 31 (30)
Sácame de la red que me han tendido,
porque tú eres mi refugio.
Yo pongo mi vida en tus manos:
tú me rescatarás, Señor, Dios fiel.
Oigo los rumores de la gente
y amenazas por todas partes,
mientras se confabulan contra mí
y traman quitarme la vida.
Pero yo confío en ti, Señor,
y te digo: «Tú eres mi Dios,
mi destino está en tus manos.»
Líbrame del poder de mis enemigos
y de aquellos que me persiguen.
Anoche, leyendo en el libro Conversión Permanente, del Padre Ignacio Larrañaga, editado para los guías de Talleres de Oración y Vida, se me invitaba al examen de conciencia y a la autocrítica. Creo que el evangelio de hoy invita a lo mismo, a revisar nuestra conciencia y a ver donde estamos parado -sin avanzar- a causa del autoengaño o las justificaciones, que, a fin de cuentas, es lo mismo.
Así es, muchas veces intento sustituir la voluntad de Dios, por mi propia voluntad; muchas veces caigo en la tiranía de mis pasiones y pereza espiritual, para sustituirla por ritos, rezos, misas, confesiones, rosarios, ayunos, hiperactividad, etc. Y no es que todo esto sea malo, al contrario, por medio de los sacramentos hallamos el camino de la gracia …y si no fuese por ellos, seguramente, hace ya mucho tiempo que hubiese desistido del Camino de la Salvación, del camino de la Vida.
El problema estriba cuando convertimos todas estas prácticas en rutinarias, en prácticas farisaicas sin buscar la santificación personal por medio de ellas. No se trata, como ya he dicho en otras ocasiones, de estar a buenas con Dios: como si a Dios se le pudiese comprar, al estilo humano, con dádivas externas vacías de contenido; en este caso de corazón, de alma. Pobres de nosotros… la medida de Dios es infinita y su voluntad perfecta, ni por mil vidas que viviésemos se puede comprar o sustituir su voluntad sobre nosotros, con una vida de prácticas religiosas o buenas acciones si, anteriormente, no buscamos la santificación personal, profundizando en el contenido de esas mismas prácticas y tratando, por otro lado, de establecer un trato intimo con Dios –un trato, profundo, pausado, dialogado, reflexivo, interiorizado, entregado, rendido, confiado a su voluntad– a través de su Palabra y de la oración.
De cualquier modo, hemos de tener en cuenta, que una cosa es estar de acuerdo con lo anteriormente expuesto -inteligible, pienso, para casi todo el mundo- y otra, como solemos decir popularmente, ponerse manos a la obra. No podemos conocer a Dios, si anteriormente no nos detenemos, en seco y con tiempo, a meditar cada día en las Escrituras (no vale el que otro lo haga por ti, ya que la palabra toca el corazón de cada persona de un modo diferente, pues como sabemos, por propia experiencia, la misma es viva y eficaz), y no podemos, por lo mismo, amar a Aquel que no conocemos.
Lo ya comentado, llevarlo a término, no es difícil ni imposible si comparamos el tiempo que dedicamos al móvil o al ocio, con el tiempo que dedicamos a nuestra salvación; es decir, a lo más grande y definitivo que nos puede suceder en esta vida terrenal, y en la futura junto a Dios. Si fuésemos lo suficientemente conscientes de esto, haríamos de nuestras vidas una oración constante, una búsqueda permanente de la presencia de Dios.
Oración: Hoy Señor siento un gozo inefable, me gustaría traspasar el corazón de cada ser humano para que entendiese el amor con que tú nos miras (del polvo y la nada me hiciste; del polvo y la nada viniste, y vienes a rescatarnos, con nuestro permiso), la esperanza que has puesto en cada uno de nosotros, la estela que vas marcando para que, ninguno se pierda ¿Cómo vas a olvidarnos, como no vas a intentar rescatarnos, una y mil veces, si nos has comprado a precio de sangre, de la Tuya: a precio de herida, de humillación, de desprecio?
¡Despierta hermano…! el mundo nos tiene sumido en una quimera; engañados con deseos imprescindibles, con vienes igualmente irrenunciables, con ideales inviables porque no tienen en cuenta la naturaleza caída del hombre y a Aquel que lo puede liberar de su propia naturaleza; en definitiva, con cadenas y Dioses falsos que coartan nuestra libertad, para ser la mejor versión que Dios ideó para cada uno de nosotros. Hombres que viven para amar y dan la vida por el amor primero, único y verdadero que es Jesucristo. Hombres que, por la acción del Espíritu Santo en sus vidas, llegan ellos mismos a transformarse en amor, en pan, a semejanza de su maestro, el Mesías, el Salvador.
¿Porqué decimos Cristo sí Iglesia no o, por otro lado, es más importante obedecer a Jesús que a la Iglesia, si ambos no se contraponen, ni están en litigio, sino que buscan y persiguen el mismo fin y les asiste el mismo Espíritu? Hay varias razones que motivan a tomar esta posición: en lo que se refiere a Cristo, porque hemos fabricado en el pensamiento un Dios que se acomoda a mi ideología y a mis intereses personales, un Cristo subordinado a mi concepción de Dios, del mundo o a mi forma de vivir. En cuanto al rechazo hacia la Iglesia se debe unas veces a los escándalos que provocan algunos de sus miembros, otras porque estorba a los intereses de poder de los políticos (la iglesia en su labor profética incomoda); y por último a la mala imagen que de ella presentan novelistas y periodistas con diversos fines, normalmente ideológicos y económicos: el morbo vende. En cuanto a los escándalos habría que decir que algunas personas se han infiltrado en la Iglesia para tener una tapadera, debido a su buena imagen, donde encubrir sus debilidades, y otros en cambio, no siendo malo esto que voy a subrayar, un lugar donde buscar refugio para aliviar su soledad, su angustia, o el milagro para sanar de su enfermedad. En definitiva, muchos nos hemos aproximado a Jesús y a su Iglesia de forma interesada, algo que forma parte de la condición humana, lo malo es cuando nos quedamos estancados ahí, y después de conocer a Jesús, por medio de la Iglesia, no optamos por el cambio y renovación de vida que nos pide y nos ofrece Jesucristo a través de su palabra y de su esposa, que es la Iglesia.
Ahora bien, yo me pregunto ¿porque decimos Jesús sí iglesia no, cuando el mensaje de Jesús y de la Palabra Revela por Dios en la Biblia es, si cabe, aún más radical que el de la misma Iglesia, la cual como bien sabemos su única misión es ayudar a vivir el evangelio de Cristo en comunidad, a conservar la tradición de los apóstoles y de la iglesia a través de los siglos y, por último, fijar la doctrina aclarando las Escrituras cuando estas se mal interpreten intencionadamente o no?
Con un poco de lógica, no es difícil de adivinar la antedicha consigna: Jesús no está ahora entre nosotros, se ha ido junto al Padre Eterno para que la Salvación y el Reino que él nos trajo (paz, amor, justicia, verdad y vida), mediante su Palabra y su sacrificio en la cruz, sea parte también del proyecto del hombre, no como una imposición de Dios, sino como una tarea a realizar y una conquista de cada individuo (asistido por el Espíritu Santo) que se adhiere, libremente, al proyecto de Dios que culminará en la Eternidad en toda su plenitud. Como decía san Agustín: Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti; es decir, en contra de tu voluntad. Pero como Jesús se ha ido y hace las cosas, por lo general, de modo natural -contando con el hombre y respetando su libre albedrío (no a lo Harry Potter)- va a respetar esa libertad que nos ha dado, para que hagamos incluso, muy a su pesar, un uso sesgado, partidista e interesado (muchas veces mediante el auto-engaño) de su Palabra. Muy al contrario, de lo comentado, es lo que sucede con la Iglesia, que al acompañarnos en nuestro devenir cotidiano a lo largo de los siglos, puede por cercanía -porque así se le ha conferido- sentar doctrina y llamarnos a obediencia. Por tanto, Dios se vale del mismo orden natural del mundo y de las reglas de los hombres, para que no erramos en el camino que nos conduce a la Plenitud de Vida que nos propone. De este modo queda explicado, porqué muchos dicen Iglesia no o la Iglesia en parte, mientras que aprobamos a Jesús «siempre». A Jesucristo “lo puedo manejar a mi antojo” interpretando las escrituras a conveniencia. Lo que yo veo aquí es falta de fe o ignorancia; puesto que si bien Jesús no va a aparecer para amonestarte en persona, si que habrá un Juicio particular y con consecuencias, atendiendo a la misma palabra de Dios, después de la muerte.
Pero este poder que tiene la iglesia de discernir, corregir, rectificar, fundamentar, disciplinar y apartar, estaría fuera de lugar si se lo hubiese dado ella así misma, que no es el caso. Es un poder que le ha dado Jesucristo a Pedro como fundamento y a sus apóstoles; el cual, además se ha ido transfiriendo de generación en generación, en la historia de la iglesia, hasta nuestros días a sus sucesores. En las escrituras se pone de manifiesto en varias ocasiones lo ya comentado: en una de ellas Jesús delega en Pedro su misma autoridad diciéndole: (Mateo 16, 18-19) Ahora yo te digo: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo». Jesús no delega condicionalmente, y además lo hace con solemnidad y énfasis, colocándose a sí mismo en primera persona (Ahora yo te digo).
Por otro lado, sabemos, también por las Escrituras, que la Iglesia es presentada en varios pasajes como la Esposa del Cordero, es decir la Esposa de Jesús, ¿y que nos dice S. Pablo de esta esposa en Efesios (5, 31-32) comparándola a un matrimonio? «Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; más yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia». Si forman un solo cuerpo ¿cómo podemos nosotros, pobres mortales, dividir ese cuerpo y otorgar más crédito a uno que a otro, si es el mismo Jesús, quien la guía, la purifica, la alimenta, y ha delegado en ella su misma autoridad?
Para hacer más énfasis en lo que acabo de decir y con mucha más documentación les dejo a continuación el siguiente enlace, donde se pone de relieve el celo de la Iglesia por el rebaño de Cristo, personificado en la persona del padre Luis Toro, nombrado por el Papa Francisco Apóstol de la Misericordia. El celo no solo por el rebaño en general, sino por cada persona en particular, como aquí manifiesta el padre ante un joven mormón, con mucho dolor de su parte, para que no se pierda en el engaño de una secta sin fundamento y en la trampa de la individualidad de los sentimientos personales (el suicidio también es un sentimiento). El video no tiene desperdicio de principio a fin, dura tres horas, por eso te recomiendo, o bien que te tomes tu tiempo, o que lo veas por etapas. En él se ve una demostración, más, de como las puertas del Infierno no prevalecerán sobre la Iglesia, la iglesia católica, la única fundada por Cristo.
San Agustín de Hipona lo dice de otra manera, con una experiencia mucho más real y viva de Dios que yo: Tarde te amé, belleza tan antigua y tan nueva…
Como a Dios no se le puede engañar, y si uno lo hace con los hombres, a quienes nos engañamos es, ante todo, a nosotros mismos; porque la verdad siempre termina por abrirse paso. Tengo que decir, que tarde empecé a conocer a Dios, porque a mar, lo que se dice amar a Dios, es una palabra que, hoy por hoy, aún me queda demasiado grande. Alguno se extrañará de que diga esto, porque todo el que me conoce sabe que Dios, de un modo u otro, siempre estuvo en mi pensamiento. Pues bien, no se equivocan, porque realmente es cierto; sin embargo, una cosa es tener a Dios en el pensamiento y otra muy distinta, ser un verdadero discípulo de Jesús y, sobre todo, amarlo. Pienso que un discípulo que decide seguir a su maestro o guía, si lo hace, es porque cree que le puede ayudar a alcanzar el objetivo que busca. El discípulo, para serlo, antes que plantearse amar a su maestro (en el buen sentido del término, entiéndase…) lo que procura con denuedo, además de aprender las lecciones teóricas, es obedecer en todo a su gurú e imitarlo para alcanzar cuanto antes las metas anheladas, que suelen coincidir con la misma perfección del maestro. Lo de la empatía y el cariño vendrá después, si tiene que venir, caso de que haya una relación de complicidad.
Más adelante se comprenderá porqué he escrito el preámbulo anterior. Ahora, Dios mediante, voy a contar algo que durante la oración me quitaba el sosiego esta tarde: pues bien, estaba yo cavilando sobre lo siguiente, sobre que fuerza mayor había estado afectando mi vida para que hubiese tenido que afrontar tantas y tantas adversidades como me han ido llegando a través de los años (ya sé que cada uno tiene las suyas, pero a mí, como es natural, me duelen las mías) y porqué aún, a día de hoy, sigo con tantas incertidumbres en mi vida de cristiano.
Al igual que en otras ocasiones fui a indagar en la Biblia, para ver si el Espíritu Santo tenía a bien aclararme dicha situación, eligiendo una página al azar en la misma; sin embargo, está vez, a diferencia de otras, no hubo respuesta ya que me la tenía reservada para más adelante. Así sucedió, horas más tardes, cuando me dirigí a leer la lectura de la Palabra del día; allí el Señor me abrió los ojos para rebelarme a qué se debía que mi trayectoria por la vida, sobre todo en algunas etapas (bastantes prolongadas, por cierto), hubiese sido cuasi de pesadilla. La Palabra de Dios, hablándome en positivo, porque no enumeraba mis pecados sino lo que había dejado de hacer bien, me estaba poniendo de manifiesto, lo que ya comentaba al principio de este artículo, que había sido un mal discípulo, un discípulo indisciplinado; un discípulo que había seguido mi propio consejo o, cuando menos, el consejo de mi Maestro a medias. En esa lectura se hallaba el quid para que, aún en el presente, no desaparezcan de todo mis miedos y complejos, a pesar de haber dado un salto cualitativo en el seguimiento de Jesús.
La lectura que corrió el velo de mi desinteligencia y desasosiego, la que ha dado argumento para este artículo, fue la de Isaías (48,17-19): Esto dice el Señor, tu libertador, el Santo de Israel: «Yo, el Señor, tu Dios, te instruyo por tu bien, te marco el camino a seguir. Si hubieras atendido a mis mandatos, tu bienestar sería como un río, tu justicia como las olas del mar, tu descendencia como la arena, como sus granos, el fruto de tus entrañas; tu nombre no habría sido aniquilado, ni eliminado de mi presencia».
Pd: Sabemos, no obstante, que Jesucristo después de Isaías, por su sangre, selló un nuevo pacto con el hombre, para que retomara en cualquier momento, por la misma obediencia, el camino de la libertad, del amor, de la paz y de la justicia.
Oración: Señor por esta palabra que hoy me das, me comprometo estar más comprometido con tu Palabra para indagar en ella tu voluntad divina, siempre perfecta y eficaz. Deseo amarte como tú mereces Señor aunque lo haga un poco tarde. Y, desde el fondo de mi corazón, ya casi me surgen las palabras de San Agustín, pero aún no me atrevo a pronunciarlas.
Esta es una forma nueva y diferente de acceder al evangelio a través de reflexiones en audio, acompañadas de música relajante que te llevarán a meditar la palabra en silencio, con más profundidad y con menos distraciones.
Para acceder al audio pulsa en el enlace que aparece a continuación y seguidamente en la fecha del dia. http://rezandovoy.org/
Hace unos días una amiga, me pedía que escribiese algo sobre el adviento y la navidad, pues bien, voy a intentarlo. Para empezar, diré que no soy muy dado, pese a ser católico, a profundizar en los tiempos litúrgicos que va marcando la iglesia; aunque no por ello dudo de que tengan su importancia para madurar en la fe o como catequesis. Esto se debe, sobre todo, a que el llamado de Jesucristo, en mí, lo entiendo como algo permanente que empieza al levantarme y termina, también, en el lecho con el descanso nocturno. De esta manera, la relación con Dios, no es un apéndice más en las varias tareas o facetas que tengo que desempeñar en el día a día, sino que es mi vida misma; es decir, el sentido de mi vida, el impulso para empezar cada mañana; mi meta, mi esperanza de felicidad eterna; al mismo tiempo, que se convierte en mi trabajo para dar a conocer esta esperanza y este gozo, que es Jesús, a las personas; es el aire que respiro, es mi salud y mi resistencia en la enfermedad. Él está presente en los días aciagos y en los días radiantes; en mis batallas para conocer que espera de mí. Él, también, por medio de su Palabra, es la fuente en la cual descifro su modo de concebir este mundo -que es el suyo- y cómo lo dirige a través del Espíritu Santo.
De lo dicho anteriormente se deprende, que la venida de Jesús la espero a cada instante, mi tarea es tener la tierra (mi alma) siempre removida para que cuando Él quiera plante su semilla y, ésta, de fruto en su momento. Cómo dice S. Pablo (Romanos 9, 16) la cuestión no está en el querer y o el correr (el hacer) mío, porque entonces me apropiaría la obra de redención de Jesús, y la verdad es, que el pecado nos separa y nos aleja tanto de Dios, que tras la caída de nuestros primeros padres, hemos sido redimidos por pura misericordia de Dios, ya que como se nos dice en la mismas Escrituras: La paga del pecado es la muerte (Satanás lo tiene bien claro, a él no se le ha dado una segunda oportunidad como al hombre). Sí hermanos, espero al Señor en este momento y siempre, siendo consciente de que es Jesús, el que se hace el encontradizo y determina el momento de su llegada a mi corazón. María, la virgen, estaba preparada para aceptar la llegada de Jesús a sus entrañas y a su vida, pero no sabía cuando vendría y si sería ella la elegida. Por lo tanto, lo importante de la navidad no es buscar a Jesús, porque es posible que lo busquemos con conceptos erróneos humanos y equivocados, lo importante para recibir a Jesús -que llega siempre- es tener un corazón receptivo; un corazón pobre, humilde, necesitado y obediente. Un corazón de niño, que cada vez que escucha la Palabra de Dios, lo hace no solo con los oídos, sino con los ojos, el semblante, con todo su cuerpo; y, como María, le da vuelta a esa palabra en sus entrañas par descifrar su misterio. El misterio de un Dios, todopoderoso e inconmensurable, que se hace esclavo y siervo de la voluntad del Padre, un Dios que se deja triturar por amor y para dar vida abundante a aquel, que la quiera recibir.
Que significa para un creyente tener dignidad o ser digno. Parece que el centurión del evangelio que pide a Jesús sanidad para su sirviente, tenía bastante más claro que muchos fariseos -que ponían la dignidad de la persona en el cumplimiento de la ley- que es ser digno delante de Jesús. De algún modo el centurión intuyó -por el poder de sanación de Jesús, por lo que había oído hablar de Él, y por lo que llegó a captar en ese bis a bis que tuvieron de palabras cuando se encontraron- que él, frente a Jesús, era un ser insignificante. El centurión que ostentaba un rango ya de por sí relevante dentro del imperio romano y que, a su vez, velaba por que se cumplieran las leyes romanas dentro de los territorios conquistados, como era Palestina; no vio en Jesús un súbdito, un lacayo al cual ordenar imperativamente o coercitivamente la sanación de su sirviente. Con sus palabras (Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará) el centurión desvela su rico mundo interior, él se da cuenta que su poder terrenal actúa en un plano inferior al poder sobrenatural de Jesús, y por eso mismo se siente pobre e indigno de que tal personaje, Jesús, visite su casa. El centurión que es capaz de hacer “comer tierra” a sus subordinados, se siente nada, ante a aquel personaje que curaba a los enfermos e incluso resucitaba a los muertos.
Pero esta lectura del evangelio, como toda Palabra de Dios, es tan actual hoy como ayer, y muchas veces son los más alejados o los más sencillos, los que dan lecciones de fe y esperanza a los teólogos o a los más entendidos, contaminados por la lectura al entrar en contacto con filosofías y antropologías que no tienen en cuenta a Dios.
Así es y me explico: no en pocas ocasiones he leído o escuchado de articulistas y predicadores dentro de la iglesia, también fuera por supuesto (porque como acabo de decir esto viene por una contaminación de filosofías materialistas y escépticas), expresar que la persona pierde su dignidad cuando pierde su trabajo, cuando es explotado, cuando está postrado por una grave enfermedad, cuando es maltratado, cuando no alcanza cierto nivel de renta, etc. Pues bien, frente a este pensamiento ¿alguien podría decir que Jesús perdió su dignidad, cuando fue despreciado por sus parientes y por su pueblo? ¿cuándo fue torturado hasta la extenuación? ¿cuándo tuvo que pagar tributo ante un imperio que tenia sometido a su pueblo? En ningún momento Jesús perdió su dignidad, sino más bien todo lo contrario, ya que la supo mantener, en esos momentos, en los niveles más sublimes que se pueden esperar de cualquier ser humano. Jesús sabía donde residía la dignidad humana, no en circunstancias externas y pasajeras que no depende de la propia persona que la sufre, sino en el interior del hombre. El hombre es Imagen de Dios, y el hombre pierde su dignidad cuando desea conscientemente ocupar el lugar de Dios y decide por sí mismo que hace a un hombre digno o no. ¿Qué persona es la que pierde su dignidad, aquella que se queda sin trabajo (que tiene a Dios por baluarte y defensa) o aquella que despide al trabajador para aumentar la cuenta de resultados a fin de año? ¿Quién es la persona indigna aquel que explota a su prójimo, o aquella que aguanta el chaparrón porque sabe que sus hijos tienen que comer todos los días y a pesar de ello cumple en su trabajo? ¿Quién es la persona indigna, el pobre que está en la calle tirado, o la persona que se dirige al supermercado a llenar el carro de la compra y pasa a su lado con la mayor de las indiferencias?
El hombre pierde su dignidad, cuando pierde la imagen de Dios en él. Qué hacer entonces para no perder la imagen de Dios en nosotros que, como ya hemos dicho, no consiste en algo externo a la persona. Lo que debemos hacer es atender a la revelación, a las Escrituras, allí se nos da a conocer quién es Dios y cómo actúa Dios en la segunda persona de la Trinidad, para que copiemos su imagen en nosotros, oscurecida por el pecado original. La dignidad reside en la persona cuando, al igual que Jesús, obedecemos al Padre, del cual procede todo menos el pecado, y damos la vida, literalmente, por nuestros hermanos. «Un mandamiento nuevo os doy, dice Jesús, que os améis unos a otros como yo os he amado»; es decir, renunciar a mí mismo, como el grano de trigo que se pudre en tierra para dar fruto y renacer, después, en nueva vida y para dar vida; en el caso del hombre con la misma identidad de Cristo: por eso muchos santos hasta recibieron los estigmas de cristo, e incluso la incorruptibilidad de su cuerpo o parte de él. Oración: Señor que no olvidemos nunca que el protagonista de la historia eres tú, y que el hombre, por sus propios medios, olvidando tu imagen y su destino, es lo que es (egoísmo)y vuelve a donde lo tomaste antes de darle tu aliento de vida: al polvo de la tierra. Y tomando la palabra Jesús, les enseñaba diciendo: Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados.Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa.Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.
Pd. El cardenal, Van Thuan, hoy en proceso de beatificación, no se sintió indigno por su encarcelamiento injusto durante 13 años, sino más bien, todo lo contrario, dignificó su persona aceptando la situación por la que Dios había permitido que pasara derrochando amor a sus carceleros y no renegando de Dios. https://es.aleteia.org/2017/05/04/el-cardenal-van-thuan-mas-cerca-de-los-altares/
Uno de los principios más importantes que te ayudarán a salir de tu adicción se puede identificar con estas alegorías: quitarse la máscara, dejar el traje, arrancar de raíz, soltar por la borda, enterrar el cadáver.
Me explico: sabemos que todas las adicciones o la mayoría de ellas van ligadas en buena medida a una huida de la realidad, a un trauma, a una carencia afectiva o a una mimetización de un rol familiar.
También es conocido, que hasta los 13 o 14 años son pocas las personas que se han iniciado en el consumo de sustancias adictivas. Lo cual quiere decir, que si hasta los trece o catorce años hemos podido vivir sin ellas y enfrentar muchas contrariedades, pataletas, desencuentros y que, a su vez, hay muchas personas que siguen enfrentando los problemas (la gran mayoría), después de esa edad, sin necesidad de agarrarse a la muleta del alcohol, de las drogas, del juego, y de otras prácticas igualmente adictivas, …del mismo modo también, la persona que deja la adicción podrá afrontar los problemas y vivir la vida con las capacidades naturales que Dios le otorgó, principalmente la inteligencia, además de la familia -pilar fundamental- y los verdaderos amigos que, como todos sabemos, son contados pero que siempre están ahí para apoyarnos. Sin olvidar que la terapia en la mayoría de los casos resulta de gran ayuda, como otros apoyos para el proceso de desintoxicación, especialmente los medicamentos. De este modo pues, si hubo vida antes de ser adicto hay vida después de serlo, la misma, solo que ahora eres dueño y señor para decidir en cada momento lo que te apetece hacer.
En todo ese proceso de dejar las adicciones, por lo general, se da un autoengaño en el individuo -unas veces inconscientemente y otras solapadamente- que consiste en dejar la adicción, pero sin radicalidad; es decir, postergando la vuelta a la bebida, al tabaco, al sexo compulsivo, a la cocaína, al juego, etc., mientras intenta recuperar lo que las mismas drogas o los malos hábitos le robaron en su día: a unos la familia, a otros la salud, a otros el trabajo, a otros la libertad para dedicarse a tareas más nobles, a otros la pareja, etc.
El problema estriba, entonces, en que muchos adictos no son conscientes de que, por encima de su creencia de poder controlar su adicción -ahora que se sienten fuertes al haber recuperado su posición inicial después de un tiempo de abstinencia- está la huella que su conducta aditiva dejó en su cuerpo y en su cerebro; en el cuerpo, en todas sus células que reconocen la sustancia y no necesitan adaptarse a la misma -poco a poco- como cuando se comenzó a consumir o a «disfrutar», y en el cerebro porque aquel hábito de conducta se memorizó en sus neuronas y se activa con la asociación de situaciones y circunstancias medioambientales que acompañaban a la conducta aditiva, por ejemplo: un olor, un sonido, un problema, un relax, una amistad, unas imágenes, un recuerdo, un conflicto, un lugar, etc., etc.
¿Cómo prepararse, pues, para no recaer en la adicción con la trampa del autoengaño diciéndose reiteradamente a uno mí mismo: hasta que esté mejor, hasta que recupere mi trabajo, a mi familia, a mis amistades, etc,? Tengo que decir, a mi pesar, que hay muy pocos caminos, uno de ellos consiste en cortar de raíz, que también se dice de otra manera cortar por lo sano, como se hace con la mala hierba para que no vuelva a desarrollarse, o como se hace con un tumor para que no se extienda por todo el cuerpo es decir: tengo que mentalizarme en dejar de por vida (para siempre) la sustancia o la conducta que me doblega (y no, hasta que… o voy a dejarlo por un tiempo, a ver que pasa) así sea que el mundo se me venga encima como, por otra parte, le puede pasar a cualquier persona que no es adicta. No tengo otra solución que cortar de raíz, o cortar el tronco con el hacha, desde su nacimiento -sin autoengaños- aquel habito que me esclaviza por mucho que me duela.
Poniendo un ejemplo aún más gráfico diremos, que hay que soltar y soltar para siempre algo de lo que me he apropiado como si fuese yo mismo. El alcohol, la droga, el juego, el sexo, como cualquier otra sustancia o habito, lo podemos comparar con una máscara, un traje, un amuleto (aunque como dice el refrán los ejemplos son siempre odiosos) el cual decidí probarme un día y con el cual, días después me identifiqué, como si fuese parte de mi mismo -como una coraza- para no tener que afrontar mis propias carencias, complejos o vacíos afectivos.
No obstante, el adicto tiene la gran suerte y posibilidad de soltar y dejar esa sustancia con la cual no nació, que le esclaviza y que además disminuye sus capacidades: una máscara, un traje, un amuleto de quita y pon que lo anula.
Imprescindible para la vida es el corazón, el cerebro y las cualidades morales y actitudes físicas que me definen como ser único y genuino dentro del universo de la creación. Ahora bien, hay dos maneras de soltar la máscara o el traje de la adicción: una, la de dejar el traje en el armario, con lo cual cabe la posibilidad de retomarlo en un momento de debilidad (es más, el subconsciente sabe que cuenta con él y me crea ansiedad porque lo tengo a mi alcance) (hasta que… o para recuperar lo perdido); y la otra posibilidad es la de tirarlo a la basura como lo que es; algo que no forma parte de mí, que me estorba, que me esclaviza, que no me identifica como persona, que me aísla; y que visto con cierto distanciamiento, observo que en si mismo, independientemente de las circunstancias que me rodeen -ya sea millonario o no tenga compromiso de vida con nadie- anula otras capacidades de mi personalidad al estar siempre ocupado en dar satisfacción a mi cuerpo o conducta adictiva.
De lo ya comentado se infiere que debo desprenderme de ese lastre, de esa máscara, de ese traje, para no tocarlo más, sin posibilidad de retorno; es decir, sabiendo que lo he dejado para siempre. Y lo que se suelta para siempre trae paz a mi vida, porque lo saco del pensamiento como algo que ya no me pertenece y no forma parte de mí.
La biblia, para la persona creyente lo de soltar o dejar, lo define de una manera muy gráfica, llamativa e incluso más radical. Lo define con estas palabras: «si tu ojo te escandaliza, sácatelo, si tu mano te escandaliza córtatela», lo cual quiere decir que no se puede ser condescendiente con las ataduras, y los vicios, sino que hay que cortarlos de raíz. No literalmente tal y como describe la Escritura -sacándote el ojo- pero sí con firme decisión, porque de lo contrario pasa igual que con aquella persona que se acerca al perro encadenado, que de tanto acercarse para burlar al animal, confiando en la cadena y en sus posibilidades propias para huir, termina siendo devorado. A demás, has de ser consciente en que esa decisión firme –de para siempre- nadie la puede tomar por ti, o te salvas tu mismo, o te condenas tu mismo, el mundo ofrece muchas posibilidades, no te dejes llevar por la corriente que te lleva al precipicio: el que te matas eres tú, no busques otros culpables fuera de ti.
¿Que cuesta? ¡pues claro…! como todo lo valioso, hay personas que dedican buena parte de su vida a sacarse una carrera, unas oposiciones, a lograr unas metas deportivas. Del mismo modo, dejar la adicción para siempre es sacrificado en principio, pero no lleva tanto tiempo y a cambio te reporta el beneficio más valioso de todos, el control de tu vida; tu libertad, tu salud física y mental; la vida misma.
Esa determinación o decisión, de para siempre, consistirá en algunos casos en soltar amistades, otras dejar de frecuentar ciertas zonas, puede que sea necesario hasta que tengas que cambiar de ciudad o de trabajo, pero benditos cambios o desprendimientos si con ellos salvas tu vida y la de las personas que te importan.
Para reforzar la enseñanza ver el siguiente enlace:
Tratando de dar una explicación a las palabras de Jesús entre la reverencia de María echada a los pies del Señor y el trabajo denodado de Marta por tener todo bien dispuesto a la hora de servir la comida.
Lo mismo que hizo Marta para el Señor: tener todo listo para que se sintiese bien atendido Jesús y sus discípulos, se suele hacer con cualquier otra persona, un amigo, un familiar, un invitado, etc.
Cierto es que el Señor no menosprecia el trabajo y la dedicación de Marta, no le dice que esté haciendo mal, sino que su hermana a elegido la mejor parte. ¿Y porque le dice esto Jesús a Marta? porque Él sabe delante de quien está postrada María; delante del hijo de Dios creador de todo cuanto existe y, por tanto, al que se le debe todo el honor, la honra y la gloria. Es muy digna y encomiable la tarea de Marta, enmarcada dentro de una cultura, como la semita, de acoger al forastero o al que está de paso, pero la cultura atiende, por lo general, las realidades terrenas y pasajeras, porque este mundo -si realmente creemos en la palabra de Dios- pasará y detrás de él se inaugurará un cielo nuevo y una tierra nueva. Con estas palabras lo que Jesús da a entender a la humanidad (ya que la palabra de Dios es hoy tan actual y viva como en su momento) es que el Reino de Dios que viene a traernos a la tierra, parte de Él y se dirige a Él como principio y fin. Ese Reino de paz y Justicia; de vida, amor (fraternidad) y verdad, que nos muestra con sus palabras y con su ejemplo, y que busca la dignidad del hombre, no se debe a los méritos del hombre o a una dignidad que el hombre se haya dado a sí mismo, sino que esta dignidad le viene de Dios. De ahí que el salmo ocho en el versículo seis proclame, loando a Dios, en referencia al hombre: «Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos, todo lo sometiste bajo sus pies». Por tanto, el Reino de Dios lo trae Jesús con su persona, lo proclama Jesús con sus palabras (con todas); lo certifica con la nueva alianza sellada con su sangre, por la que se nos perdonan nuestros pecados; lo dirige Jesús por la obra del Espíritu Santo, y lo concluye el Padre, cuando determine la segunda venida de su Hijo; de la cual, ni siquiera el mismo Jesús conoce el día ni la hora. Por tanto, hemos de bajarnos del caballo o de la burra, para tener bien presente, que nosotros somos colaboradores en construir el Reino de Dios, que el Reino de Dios existe desde siempre y para siempre -en el hombre, en su corazón porque somos templos del Espíritu Santo- y en la concreción de las realidades temporales dejándonos guiar por el Espíritu Santo para colaborar en la economía de la salvación, porque de lo contrario construiremos cualquier cosa menos el Reino De Dios; por lo general, nuestro propio paraíso aquí en la tierra. El hombre no puede dar lo que no tiene y si primero no transforma su corazón -no nace de nuevo- tal y como le dice Jesús a Nicodemo, no podrá afectar la vida de los demás. ¿Y como nace uno de nuevo? Siendo siervo, siervo de Dios como María (he aquí la esclava del Señor hágase en mi según tu palabra) siervo como Jesús (no he venido a cumplir mi voluntad, si no la de mi Padre que está en los cielos), renunciando, por tanto, a uno mismo para entrar en la voluntad de Dios, porque en esa renuncia encontramos la paz interior y la liberación de todas nuestras servidumbres y ataduras. Aunque lo ideal seria que esa renuncia fuese por amor y no por interés, y no es para menos después de que Jesús diese la vida por nosotros con dolores de espanto, y con temores y angustias insondables, por las que llegó a sentirse abandonado hasta de su mismísimo Padre. ¡A precio de Sangre nos compró para hacernos herederos de su Reino!
P.D. Tener caridad, ser justo, buscar la fraternidad, todo esto lo puede hacer un ateo, pero traer el Reino de Dios a la tierra, sólo lo puede hacer el Espíritu Santo en nosotros y con nosotros.
Hoy como ayer uno de los mayores pecados del hombre es el orgullo y la vanidad, creer que tiene el conocimiento de Dios y situarse por encima incluso de la revelación traída por Jesús. En nombre de Dios mataron a Jesucristo aquellos que pensaban tenían el don de interpretar las escrituras, en nombre de Dios, se levantaron muchas herejías a lo largo de la historia de la iglesia, en nombre de Jesucristo y de los mismos apóstoles nos revela San Pablo, que algunos cristianos, ya en la Iglesia primitiva, enseñaban doctrinas falsas; y en nombre de Dios, igualmente, este mismo apóstol profetiza, que habrá quienes asesinen a los seguidores de Cristo; algo que, por cierto, ya está sucediendo. En nombre de Dios, de la investigación y del estudio, algunos, también en nuestro tiempo, siguen tergiversando las escrituras o adulterando, para sorpresa del rebaño de Dios, el mismo mensaje de Jesús: unas veces extrapolando el modo de razonar del hombre al de Dios, y otras, en aras a una concepción de Dios, una ideología religiosa, una teología, una estrategia psicológica, un sentirse identificado con un grupo para no quedar aislado, y en ocasiones, también, como un modo de autoengaño para justificar las propias tendencias de la carne, enseñando medias verdades y ocultando otras al más puro estilo de los políticos de nuestro tiempo. Como vemos, el hombre es un producto de su época y los cristianos con los consagrados a la cabeza, que no deberían ser del mundo tal y como enseña su maestro, hemos sido igualmente contaminados de la cultura de nuestro tiempo, para no ser menos que la mayoría o, como hemos señalado antes, por otros muy diversos motivos. Esta influencia, en el caso de los consagrados y de los catequistas es, aún, más grave porque no se representan a sí mismos si no a la Iglesia; no a la iglesia que les gustaría en su ideario imaginario, sino con aquella que confiesan en el credo y que conocían ya antes de que se comprometiesen unos y consagrasen e hiciesen profesión de votos otros. En ocasiones, me temo que ni siquiera esta relación íntima con Dios es suficiente, para que salgan de esa dicotomía, a la que nos están llevando también a la feligresía, entre la revelación dada por Jesucristo y acogida por la Iglesia -que se sitúa en muchas ocasiones más allá de la lógica humana; en el misterio y en lo sobre natural- y la búsqueda insaciable, a veces rayana en el absurdo, por dar una explicación materialista (cientificista) y racional a algo tan inconmensurable como es el mundo espiritual y sus manifestaciones. Búsqueda, por otra parte, frontalmente opuesta a la vida del creyente, con Abrahán a la cabeza, que siempre ha caminado más por fe, que por demostraciones veladas del misterio y de las promesas. Sí hermano, el hombre es, por lo general, el producto de la cultura de su tiempo (a diferencia de la palabra de Dios que es inmutable) y por eso muchos, también en la Iglesia, en mayor o menor grado, nos hemos contaminado con el relativismo, el buenismo y lo correctamente político para no herir sensibilidades y no entrar en conflicto con el mundo y con la propia conciencia. Pero tal renuncia y deriva de la fuente doctrinal y de las escrituras hacia el relativismo moral, no puede salirnos gratuita (del mismo modo que sucede con todo aquello que se aparta de la voluntad de Dios) tras él hemos sido arrojados, al igual que Jean Paul Sartre, a la nada y al vacío más absoluto. Así pasa, porque en el todo vale copiado del mundo, al final lo que no vale es nada: cuando todo se mueve (todos los fundamentos y dogmas del cristianismo son ahora cuestionados) al final sin suelo firme donde apoyarte, o te caes o desiste de andar el Camino, para aferrarte a otros itinerarios que ofrece el mundo más seductores, tal y como pueden ser el materialismo o, bien, los totalitarismos con sus afirmaciones inmutables pseudoreligiosas. Para reseñar algunos dogmas cuestionados, sin entrar en todos y sin analizar en detalle, diremos que es el mismo evangelio que enseña Jesús el que se pone en entredicho: el demonio es poco menos que una figura literaria, los ángeles tampoco existen con identidad propia porque son una representación de Dios, el infierno si existe llega a ser menos que el purgatorio ¡vamos, como un tostarse, a pleno sol, dos días de playa!, los demonios que Jesús expulsaba eran locos (locos que reconocían al hijo de Dios, ¿qué extraño no?), el sacramento de la confesión denostado y un paripé para los más incautos, ya que se da la comunión, a sabiendas y consentidamente (no todos), a personas que viven en pecado públicamente; la Gracia un regalo sin propósito que no debe mover la voluntad del hombre a la conversión, ya que de lo contrario no sería regalo (mezclando don, con la percepción que tenemos de regalo humano); en definitiva que Jesús era masoquista y se puso a ocupar el lugar nuestro en una cruz, pagando por nuestros pecados, para que cada uno se quedase como está, el fornicario fornicando, el ladrón robando, el calumniador calumniando, etc, etc. Dirán que soy un exagerado, pero he escuchado un predicador (y hay muchos que se identifican con este sentir, no voy a dar nombres) en la que se nos decía a los feligreses, en plena cuaresma, que él no venía a hablarnos de conversión -que hasta ahí puede ser razonable siempre que tuviese algo nuevo y provechoso que comunicarnos- para continuar, y esta fue mi sorpresa, diciendo una y otra vez hasta la saciedad, que Dios no nos pide nada (quedémonos pues, si Dios no nos pide nada, contemplando el cielo a ver si nos cae algo de lo alto). No sé como se puede interpretar así la biblia cuando las primeras palabras que el evangelista Marcos pone en boca de Jesús de forma imperativa, ya incluso al comienzo de su Evangelio, son las siguientes: (Marcos 1, 15) «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos (otros traductores sustituyen por: Renuncien a su mal camino) y creed la Buena Noticia. También en Marcos 2, 17 podemos encontrar: Jesús los oyó y les dijo: «No es la gente sana la que necesita médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores. Es tan obvio que Dios llama a un movimiento de nuestra voluntad, que me apena tener que hacer esta reflexión; sin embargo, estas cosas están sucediendo y hay que darlas a conocer a pesar de que se digan con buena intención, pero ya conocemos lo que dice el refrán a cerca de los bien intencionados. Dios, por tanto, no usa una varita mágica, a especie de Ada Madrina, para cambiar al hombre sin que este ponga de su parte y colabore con la gracia de Dios para que esta produzca su efecto en el caminar diario. ¿Qué sucedería entonces, si no caminasen en fe y obediencia, con todas aquellas personas que no han sido arrebatados de modo espectacular por el Espíritu Santo o no han tenido un encuentro profundo con Dios?
Creo que me he desviado un poco del tema con el que inicié esta reflexión, pero en cualquier caso lo que quería expresar es que no podemos encerrar a Dios en nuestros esquemas mentales y parámetros psicológicos, porque de hacerlo corremos el gran peligro de fabricar un Dios a nuestra medida, un ídolo falso, que a través de la imagen que ha creado de Dios, se de culto a sí mismo. Tal postura dicta mucho de la humildad y obediencia de los santos y del mismo Jesús, que nos revela, entre otras cosas, que ha venido a cumplir la voluntad del Padre la cual, como sabemos, no siempre llegó a coincidir con la suya. Por otro lado, atendiendo a las mismas escrituras deducimos, que el conocimiento de Dios no es alcanzable por el esfuerzo del hombre, aunque este pueda, eso sí, mover la voluntad de Dios; de hecho, hay personas que han leído la biblia o se han puesto a estudiarla y no llegan más allá de ver en esta una obra puramente literaria. Para confirmar lo anterior miremos en (Isaías 55, 8-9) donde se nos revela que el pensamiento del hombre no es el pensamiento de Dios, y (Mt 11, 27) por otra parte, que “nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiere revelárselo”; por lo general a aquellos que se hacen como niños, que aceptan el misterio de Dios, como la Virgen María, escape éste o no de su condicionado y finito entendimiento. Ahora vemos como a través de un espejo decía S. Pablo, y eso ¡ojo! que tuvo revelaciones directas de Dios; y San Juan de la Cruz en su libro “Subida al Monte Carmelo”: “Solo empiezan a tener sabiduría de Dios, quienes dan de mano a su saber, como si fuesen niños ignorantes, y sirven a Dios con amor”. Pues sí hermanitos, hoy se cuestionan muchos dogmas de la Iglesia y enseñanzas bíblicas, mientras que son los ateos, los que ponen un poco de luz, paradójicamente, a lo que perdimos por el camino. Sin más os dejo este enlace para que lo confirméis: La lucida teología del ateo
Pd. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (lucas 18, 8). Puedo aseverar, que cuando me vino este versículo al pensamiento anoche y lo agregué al articulo editado y publicado horas antes, aún no sabía que coincidía con el final del evangelio de hoy 17/11/2018. !Las cosas del Espíritu…¡
No es lo mismo temor de Dios que temer a Dios. Hay muchas personas que temen a Dios, pero no tienen temor de Dios. De este modo viven un cristianismo mediocre y tibio que rehuye del compromiso, porque piensan que Dios es un tirano y les va a coartar su libertad y el disfrute de los placeres de la vida. Han malinterpretado el mensaje, concibiendo más bien a Dios como un aguafiestas, un ser despiadado, que los oprime, antes que como a un libertador que los sana y rompe las cadenas que les impiden realizar el proyecto para el que fueron concebidos. Se han quedado en el Dios del NO, no hagas esto, no hagas lo otro, etc. Sin embargo, el Dios que nos revela Jesús, es el Dios del sí: si puedes cantar, si puedes bailar (como David), si puedes gozar de tus sentidos: de una bruma suspendida en el horizonte, de un sol crepuscular sobre el océano, de una buena charla de sobremesa con la familia, de la sonrisa de un niño, de la caricia de un anciano, de la lectura de un buen libro, de la complicidad y carcajada con un amigo.
Nuestro Dios (el único que existe) no es el Dios de la negación, aquel que te lee la cartilla a cada tropiezo, sino el Dios que te da la mano para levantarte, el que te señala y alumbra el camino para que no te desvíes por la vereda que desemboca en el lodazal; el que te dice que sí, que puedes, porque no cuentas con tus solas fuerzas, sino con las suyas: Yo Soy, un Dios de poder, él único que existe, el Dios que está por encima de la enfermedad, del pecado y de la muerte. No soy un Dios teoría, soy tu hermano, tu papá, tu fortaleza (es hora de que te lo creas y no de que lo repitas como una lección aprendida de memoria, sin más), porque hoy como ayer yo cumplo mis promesas; estoy aquí para darte vida, curar tus heridas y restaurar lo que hay roto dentro de ti; para sacarte de tu ceguera espiritual, tus miedos, tus hábitos nocivos; para darte luz en la lucha con el tentador, con el seductor, con el engañador, con el padre de la mentira, con el que te dice a cada instante: no, tú no puedes; eres débil, cobarde, un fracasado, estás solo; Dios es una ficción, no hay otra vida, aquí se acaba todo; el fracaso es tu meta, y el placer tu destino y tu Dios. A lo único que puedes aspirar es a vengarte, son todos iguales: ladrones, mentirosos, lujuriosos ¿para que luchar contra corriente si solo intentan quitarte lo que es tuyo? haz tú lo mismo, la santidad es para meapilas, el mundo no tiene remedio. Y así, mentira tras mentira, el engañador, el diablo, te va debilitando, quiere que pierdas la fe, que no alcances la vida eterna, que seas como él, un fracasado. El más grande de los fracasados, porque teniéndolo todo, lo perdió todo por vanidad, por vileza, por creerse más que Dios, por rebeldía y por poder. ¡Sí, despierta! el enemigo del alma y de la vida, no quiere que salgas de tu pecado, que cantes ¡Victoria al Rey de Reyes! que tu jubilo sea gritar por las plazas ¡El Señor, el Dios de Abrahán, el Dios de Jacob y de Moisés; el Dios de Israel y de la Iglesia; es el mismo que ha cortado las cadenas que me ataban al pecado, y me esclavizaban, arrastrándome día y noche por el lodo!
El mentiroso quiere, por tanto, que sigas de rodillas ante tus miedos, tus vicios y flaquezas. Prefiere verte prisionero como él; condenado para siempre, sin salida; cercado por el fuego que no se puede atravesar.
Jesucristo, sin embargo, es la salida, El me cura, me sana; abre un horizonte donde la esperanza, la paz, el amor y la eternidad están presentes en una mesa inagotable. Miles de hombres, millones, así lo han experimentado a lo largo de la historia (muchos de ellos lo han contado). Él es, alcohol que cauteriza, pero al mismo tiempo bálsamo que regenera: estás ante el Dios de la Creación para el cual nada es imposible, el Dios que hizo caminar sobre el agua a Pedro; un Dios personal, real y resucitado. Te dice, estoy contigo y para siempre, mis noes son síes: si a la vida, al amor, a la misericordia, a la verdad, al compartir y repartir, a la libertad de anteponer el Amor a la tiranía del cuerpo y a las insidias del que busca tu perdición. No estas solo, te repite otra vez: Yo me voy al Padre pero os dejo otro Consolador, el Espíritu Santo que realizará la obra en ti, cuando tú, desde tu libertad confíes en mí y renuncies al pecado. Ahora es el momento de que pases de tener miedo a Dios, al temor de Dios, que es vislumbrar su grandeza y anonadarse ante ella, sabiendo que quien dirige el mundo es El, y no tú. Lo cual quiere decir, que Dios puede suspender en cualquier momento las leyes de la naturaleza, porque Jesús ya venció al pecado al que estaba sometida la naturaleza por entero. Y de este modo la higuera dará su fruto fuera de tiempo, el meteorito será desviado si sus hijos se lo piden y confían; el fuego, desolador, apagado por la lluvia del creador, la enfermedad no tiene la última palabra, ni la muerte. Dios así ya lo ha confirmado en la vida de multitud de personas que han decidido seguirle a lo largo de los siglos. Milagro hay todos los días, y el mayor de ellos es que sigamos vivos a pesar de nuestra incredulidad y ceguera para no ver a Dios en la creación y en la buena noticia que nos trajo Jesús y no sigue regalando con su Palabra: que estamos salvados y redimidos en Él, si renunciamos a satanás y al pecado y aceptamos, al mismo tiempo, que Jesús es el camino y la puerta de la vida, de la libertad, de la única salvación posible. Temor de Dios es saber reconocer que frente a Él, al poder infinito de Dios, su bondad y su sabiduría, somos polvo y nada.
¡Bendito sea el Dios que me Salva! ¡Gloria a su nombre Santo!
Dos breves reflexiones -en este caso, por cierto, no son mías- que nos pueden guiar como pautas de vida: 1.- Los ríos no beben su propia agua; los árboles no comen sus propios frutos. El sol no brilla para sí mismo; y las flores no esparcen su fragancia para si mismas. Vivir para los otros es una regla de la naturaleza.
La vida es buena cuando tú estás feliz; pero la vida es mucho mejor cuando los otros son felices por causa tuya»!!!
2.- Una joven conducía junto con su padre y se toparon con una tormenta. La joven le preguntó a su padre: ¿Qué debo hacer?
Su Padre le contestó: «Sigue conduciendo».
Los carros empezaron a orillarse, la tormenta estaba empeorando.
Qué debo hacer papá? -«Sigue conduciendo», respondió su Padre.
Más adelante, un trailer también se estaba orillando.
Ella le dijo: «Papá, debo detenerme? Es terrible y todo el mundo se está deteniendo!»
Su Padre le dijo: «¡No, sigue conduciendo!»
Ahora la tormenta era más fuerte, pero ella obedeció a su papá, y pronto pudo ver un claro más adelante. Después de un par de kilómetros volvió a estar en una zona tranquila, calmada y con sol.
Su padre le dijo: «Ahora puedes parar y salir.»
Ella dijo: «¿Pero por qué ahora?»
Él le dijo: «Cuando salgas, mira atrás, todas las personas que se rindieron todavía están en la tormenta, tú no te rendiste y tu tormenta ha quedado atrás.
Si estás pasando por «tiempos difíciles», recuerda que -aunque todos los demás, incluso los más fuertes, se detengan o se den por vencidos- debes seguir adelante, porque pronto tu tormenta terminará y el Sol brillará y resplandecerá sobre ti de nuevo. Isaías 60, 1-3: ¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz y la gloria del Señor brilla sobre ti!. Porque las tinieblas cubren la tierra y una densa oscuridad, a las naciones, pero sobre ti brillará el Señor y su gloria aparecerá sobre ti. Las naciones caminarán a tu luz y los reyes, al esplendor de tu aurora.
En resumen: 1. –El hombre, junto al resto de la naturaleza, fue concebido y creado para salir de sí y donar su ser a semejanza de Dios que,sin hacerle falta nada, quiso hacernos partícipes, en parte, de su propia esencia, al momento de comunicarnos la vida (la existencia). Por tanto,tu alma no descansará, hasta que este principio no se haga realidad en tu vida. Hoy, es el mejor momento para empezar, el mañana no existe, porque el mañana solo le pertenece a Dios. 2.-El logro y la gloria está en vencer los obstáculos del camino y en llegar a la meta. Tenemos un gran enemigo que desea que no se cumplan los planes de Dios en nosotros. Ese enemigo se llama Satanás, y se sirve de las personas, de los elementos y de nuestra mente (con gran capacidad de autoengaño) para que desistas en el propósito.
Conclusión: ¡Nunca te rindas! porque el sol brilla con más luz después de cada tormenta. Y, sobre todo, porque tenemos un garante que nos cuida en medio de las tinieblas y las piedras del camino: Jesús ya venció, al miedo, a la enfermedad y a la muerte. Él vela por ti, como también lo hacen sus ángeles. La fórmula no secreta; que así lo creas.
¡Ay de aquellos que dicen servir a Dios y reinan con su propio criterio por encima de su palabra (de la palabra de Dios) y sus dictados! ¡Más les valdría no haber nacido! Aún estáis a tiempo, clamad a Dios para que os aumente la fe (nos) y así poder vivir de su gracia. Deja que Dios sea Dios. Tú eres el rey poderoso que ama la justicia, tú has establecido lo que es recto.
En ocasiones me pregunto Padre Eterno, porque no se cumplen en mí las promesas que espero de ti, cierto es papá que ya me has agasajado con grandes bendiciones incluso más de lo que podía esperar en principio, sin embargo, hace tiempo que espero otras de ti, y no acaban de realizarse o van por un camino demasiado lento. Así te pido, en numerosas ocasiones, que me saques de esta sequedad espiritual y que me des la llenura del Espíritu, que acabes de arrojar lejos de mí ciertos miedos o que me permitas conocer con más nitidez hacia donde he de dirigirme en tu seguimiento. Hoy por fin, como otras tantas veces, me has hablado por medio de tu palabra, abriendo la biblia al azar, y me has susurrado que antes de pedir la promesa (el Espíritu Santo) he de pedir fe y perseverar, porque Dios no falta a su juramento (Hebreos 6, 12) «Así, en lugar de dejarse estar perezosamente, imitarán el ejemplo de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas… Y por su paciencia, Abraham vio la realización de esta promesa».
Así es, sabemos por la biblia que Abraham primero creyó la promesa y se puso a los 75 años rumbo a un mundo desconocido (FE) y con 100 alcanzó la promesa del hijo, que Dios dijo le daría por medio de su esposa que, como sabemos, era estéril (perseverancia). Luego Señor, me revelas en el mismo capítulo, que tú no faltas a tus promesas, que las cumples siempre, cuando se dan los requisitos ya señalados, aunque en otras ocasiones sea, según tu inerrante parecer, de modo inmediato. (Hebreos 17-19) «Por eso Dios, queriendo dar a los herederos de la promesa una prueba más clara de que su decisión era irrevocable, la garantizó con un juramento. De esa manera, hay dos realidades irrevocables –la promesa y el juramento– en las que Dios no puede engañarnos. Y gracias a ellas, nosotros, los que acudimos a él, nos sentimos poderosamente estimulados para aferrarnos a la esperanza que se nos ofrece. Esta esperanza que nosotros tenemos, es como un ancla del alma, sólida y firme, que penetra más allá del velo».
Ahora Padre mío quedo tranquilo ya que es un consuelo saber que la promesa llegará porque tu amor permanece inalterable para siempre, como me has demostrado en tantas ocasiones y lo acabas de hacer en este momento. ¡Bendita sea tu Santísima Trinidad! con el regalo del Espíritu Santo que viene siempre a aleccionarnos y a confortarnos. ¡A ti toda la gloria Señor ahora y por siempre!
Dios, con este modo de hacer suyo, nos va puliendo; no se trata de que quiera probarnos, al estilo humano, para ver cómo reaccionamos cuando no nos dá lo que le pedimos: Dios es omnisciente y conoce el fondo de nuestro corazón; y, por esto mismo, sabe que es lo que nos conviene para perfeccionarnos; para hacernos cada día más semejantes a Él. De lo contrario ¿qué sería de nosotros si alcanzásemos todas las promesas al momento? ¿pensaríamos que son dones de Dios? seguramente nos inflaríamos, como pavos reales, de orgullo creyendo que aún, pecadores y miserables, nos las merecemos o que incluso nos pertenecen.
Buenas noches Padre amado, buenas noches hermanos, Dios bendiga vuestras vidas.
P. D. Según algunos estudiosos de la biblia, dicen que esta contiene hasta 3000 promesas de Dios.