Bailando sobre la cuerda floja

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Hablar de la muerte, se ha convertido casi en un tema tabú, en los últimas décadas, muy poca gente quieren abordar este asunto y sin embargo es el hecho más trascendente de nuestra vida personal y, en general, en la de todos los seres humanos. Es el único evento no programado (con excepción de los suicidios) e inmutable de nuestra historia, todo lo demás -desde la concepción hasta la muerte- está sujeto a cambio y en alguna medida, aunque no siempre, podemos ser agentes de ese mismo cambio con el poder de nuestra voluntad.

Así es, cuanto mayor me voy haciendo más consciente soy de esta realidad (supongo que será igual para todos), incluso tenemos un refrán muy descriptivo para definirlo que a menudo nos lo recuerda: el hombre propone, pero Dios dispone.

Todo lo que nos es desconocido, nos produce inseguridad y miedo, especialmente la muerte porque nadie ha regresado de allí. Y si alguien ha vuelto, casos hay de personas que dicen haber pasado por esa experiencia, ninguna de ellas puede aportar pruebas o demostrarlo con hechos; es cuestión de fe, creerlas o no. El caso es que volvieron en su mismo cuerpo para morir de nuevo. No sólo da respeto o miedo pensar en la muerte porque, a ciencia cierta, no sabemos que existe del otro lado, sino porque a ojo vista, podemos constatar que, la persona una vez que fallece, su cuerpo se corrompe (exceptuando los cuerpos de algunos santos) sin que quede rastro de él en muy pocos años. Por lo comentado se deduce que, dejar la existencia, o al menos la única existencia que conocemos, no es agradable; a nadie le gusta desaparecer sin más. Ni le gusta desaparecer, ni tampoco que mueran aquellas personas a las que se les ama; sobre todo si son padres, hijos o es el cónyuge el que deja la existencia. Este mal encaje de la muerte, muchas veces no se trata de otra cosa, que de un miedo solapado a la soledad, a quedarse sin un pilar de apoyo, y, en última instancia, a la proyección de uno mismo en otro: se pierde algo, cuando pensamos que es de nuestra propiedad, por un lado, o cuando sabemos que una persona o varías, entorno a las cuales hemos asentado nuestro proyecto de vida, nos ha dejado para siempre.

Por lo ya expuesto, nos resulta penoso confrontar el tema de la muerte: ni anteriormente a que se produzca la nuestra propia, ni siquiera, cuando se sufre la de un ser querido. La muerte nos coloca ante un misterio que nos sobrepasa; y es que la vida no nos pertenece; ni nos pertenece antes de nacer, ni cuando se agota o se nos escapa poco después de salir del vientre materno, que es la única vida que conocemos por ahora. Partiendo de esta premisa -que la vida no la controlamos- se nos deberían encender con ello, también, otras alarmas; a saber, que la vida de los hijos no es patrimonio, como dice la Ministra Española María Isabel Celaá, del Estado, ni tan siquiera lo es de los padres, ya que las personas no son sujetos de posesión de nadie, sino todo lo contrario, libres: todos y cada uno somos una realidad única, genuina e irrepetible, que por compartir un mismo código genético -el genoma humano- nos iguala y nos incapacita, a su vez, para que nadie esté por encima de nadie, y mucho menos para decidir sobre el destino, la vida o la muerte de los otros. Los creyentes además de compartir esta evidencia científica que pone en un mismo nivel a todos los seres humanos, tenemos la certeza de la fe, que nos dice que por el hecho de tener un padre en común -Dios creador de cuanto existe- igualmente nadie está por encima de nadie, y mucho menos para decidir sobre una vida que no le pertenece, o para aferrarse a ella como parte de su propiedad.

Teniendo en cuenta las premisas anteriores -que la vida no nos pertenece- nos podríamos ahorrar muchos disgustos, ya que uno tendría que ver la vida y a las personas, ante todo, como un “regalo”, una oportunidad para desarrollar todo el potencial humano (que es mucho), tanto el de los demás como el nuestro, a su más alto nivel, sobre todo si tenemos en cuenta que fuimos creados a imagen de Dios. Nadie añora, ni sufre por lo que no le pertenece, por lo que no es de su propiedad (de hacerlo sufriría en vano e inútilmente); ante la muerte uno no pierde nada, suelta donde estuvo antes algo que no es suyo. Estamos de acuerdo que entre las personas se desarrollan vínculos afectivos, pero para evitar la frustración y caer en depresión no hay bálsamo que calme más una pérdida, que aceptar las leyes de la naturaleza (una razón tienen cuando están ahí) y junto a ellas poner el fundamento de nuestro ser, no en las personas y en las cosas, sino en aquel que nos dió el ser, y que conoce en plenitud nuestro cimientos, a saber, Dios mismo. Para hacer más llevadera nuestra pérdida (la de un ser querido) siempre resulta imprescindible, salir de nosotros mismos, del circulo viciado y vicioso de nuestros pensamientos, para mirarnos en el escaparate del vecino. También hay pérdidas semejantes a la de un fallecimiento, cuando un hijo, esposo-a, hermano, amigo, etc., desaparecen de nuestro lado, sin querer saber nada de nosotros, y no tardamos tanto en sobreponernos porque, como ya hemos dicho, nadie es dueño de nadie.

Ante la muerte, por consiguiente, no hay que buscar culpables, no hay muertes prematuras, porque la vida es el preludio de la muerte, y la muerte -para los cristianos- la antesala de la vida más genuina; a saber, la Eternidad para la que fuimos creados (a esto me refería con tener claro dónde está el fundamento de nuestro ser y existencia, para no entrar en depresión). En ningún lugar está escrito el derecho a vivir tantos o cuantos años en la vida material; y mucho menos que las personas nos pertenecen para nuestro gozo y disfrute mientras nosotros vivamos: ¿dónde quedó patentado ese derecho de disfrute de un ser humano como objeto de posesión? ¿dónde el culpable de una pérdida, cuando nadie nos dió billete para permanecer en este planeta Tierra por x años? Aquí no hay salvoconductos, ni normas establecidas, ni dinero que compre a la parca; o aceptas esta realidad, o te amargas buscando motivos y responsabilidades que nunca llegarás a entender porque escapan de toda lógica humana. La muerte es una realidad en nuestra vida, la realidad más incontestable, como lo son muchas de sus causas: los terremotos, los accidentes laborales y de tráfico, los asesinatos, los tsunamis, las gripes, las pandemias, el cáncer, los aludes, huracanes, el vecino psicópata, y hasta las tejas y cornisas asesinas de toda la vida.

Me vuelvo a repetir, considera tu vida y la de los demás como un regalo que hay que apreciar mientras dure, y cuando este se desvanezca, conserva de él los mejores recuerdos, dando gracias, porque te tocó a ti esa lotería. Seríamos más felices si en lugar de añorar la pérdida o nuestra propia partida de este mundo, que se escapa a nuestro conocimiento y voluntad, comenzásemos a disfrutar y agradecer las cosas sencillas que están a nuestro alcance y que nos depara la vida cotidiana (el agua, no sabe igual, para una persona que recorre 15 kilómetros en proveerse de ella, que para aquel que la puede tomar del grifo en cada momento, no digamos la escuela, el hospital, etc.), ahora con el coronavirus nos haremos más consciente de ello: de la libertad de salir a la calle en cualquier momento y disfrutar de las bondades que nos regala la naturaleza, así como también del regocijo de disfrutar de una amistosa y sosegada charla con un amigo o conocido en la terraza de un bar.

Como persona de fe voy a ir, aún, un poco más lejos con el tema de la muerte. La Palabra de Dios nos revela en la Biblia, que la tierra es solo un lugar de paso, al menos la tierra tal y como la conocemos hasta la próxima venida de Cristo. En cualquier caso, no conozco a ninguna persona humana que en el presente siglo o en el anterior haya pasado de los 150 años. Podremos intentar construir un paraíso aquí en la tierra, que difícil lo veo, puesto que si no hemos hecho caso a Jesús, hijo de Dios, que dió hasta su última gota de sangre para que nosotros dejásemos nuestro egoísmo atrás, difícilmente lo va a conseguir la última Coca-Cola del desierto; es decir, el último filósofo de moda, el último teologillo agnóstico, el último pseudocientífico espiritista de la Nueva-Era, o el último político totalitarista, encantador de masas, que aparezca haciendo prodigios por ahí; ni siquiera una confabulación de todos juntos a la vez.

Conocemos también, por las Escrituras, que el príncipe de este mundo, de este mundo material, es el Diablo, y está intentando, como muchos otros congéneres, hacernos ver que con la muerte se acaba todo, se acaba nuestra esperanza, esa esperanza de alcanzar el Reino de Dios en su plenitud después de esta vida; de gozar de la felicidad de la que aquí nunca gozaremos, junto con los santos, junto a los ángeles, en la compañía de la Santísima Trinidad y la Virgen María para siempre.

A los cristianos, o al menos a los cristianos acomodados de occidente, nos pasa muchas veces como a los gourmets, que disfrutan más por el hecho de saborear un menú nuevo, que degustando uno bueno ya conocido. Nos hemos acostumbrado, no todo el mundo, desde luego, a escuchar la palabra de Dios como el que oye llover, (inconscientemente decimos: esta música ya me suena). Pero resulta que la palabra de Dios no es cualquier cosa, es la cosa más novedosa, y excelente que pueda existir (en realidad no habría palabras para describirla). Se describe en las Sagradas Escrituras, a la Palabra de Dios como vida abundante, lo que desde luego no es, es circo y pandereta. Esta vida abundante, es la preparación y entrada (el cheque) para la otra vida; para participar de la vida Eterna junto a Dios. Pero el que quiere esa entrada tiene que pagar como en el circo, con la diferencia de que allí, nadie entra con papeleta de acompañante, ni por recomendación de Sacerdote. La Palabra de Dios sólo se convierte en vida abundante, cuando como el sibarita con la comida, se le dedica su tiempo, degustándola; o mejor, aún, como cuando, María la madre de Dios, la meditaba en su corazón para ponerse al servicio de lo que Dios quería comunicarle con esa palabra. Para ella la Palabra, cada vez que la escuchaba, era una lluvia que regaba su corazón haciéndolo cada día más humilde y dependiente de Aquel que sabía era su dueño. Y la música que acompañaba a esa lluvia de la Palabras le decía siempre que se derramaba, que la vida es Dios y que Dios es la vida.

En muchas ocasiones se nos habla de la muerte en la biblia, Jesús mismo habla de la muerte, y le da un valor primordial en su predicación, incluso su vida terrena está, desde un principio, orientada como meta a ese desenlace final, preconizada incluso por los profetas: (Isaías 53, 4-54) Ciertamente El llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores; con todo, nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido. Mas Él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre Él, y por sus heridas hemos sido sanados.…

Dicen que el que avisa no es traidor, Jesús pagó un alto precio por nuestros pecados, con su vida, y nos avisa, (precisamente porque es compasivo y misericordioso) en su predicación de las consecuencias de no estar preparados -vigilantes- para el día en que nos sorprenda la muerte. De la necesidad de tener, no sólo encendida la lámpara, sino una previsión de aceite para cuando esta se consuma. Así es, hay que tener encendida la llama del amor a Dios y al prójimo, no del amor humano, que busca su propio interés, sino del amor Divino que da la vida por el prójimo; por la mujer, por los hijos, también por el compañero, como el padre Maximiliano Kolbe, que se ofreció a morir, en lugar de un padre de familia en Auschwitz, o la de tantos religiosos y seglares que dan a diario su vida para ayudar en las necesidades perentorias de sus hermanos, pero también para salvar sus almas. La recarga del aceite, entre otras herramientas espirituales -como la oración y el ayuno- es la misma Palabra de Dios. Con las Escrituras, con la memoria que Jesús guardaba en su corazón y en su mente de la Torah fue como enfrentó en su vida personal las tentaciones de Satanás, el cual, como león rugiente anda buscando a quien devorar (1 Pedro 5, 8). Tanto celo guarda en su tarea de destruir, matar, y condenar al fuego del infierno el Diablo, que ni siquiera reparó en tentar, en la sequedad del desierto material y espiritual, al mismo Jesucristo.

No es para pasar por alto, como el que oye llover, las advertencias de Jesús sobre el infierno o sobre quedar fuera del Reino de Dios, por no estar vigilantes y preparados cuando llegue nuestra muerte, esto no es baladí: Jesús no miente, la Eternidad es para siempre y la muerte de Dios en la cruz, no tiene precio. Más bien es como para despertar de nuestra tibieza y mediocridad espiritual, no para temblar de miedo, pero si para ser prudentes, sensatos como aquellas doncellas que aguardaban al novio sin miedo, en mitad de la noche, con la lámpara encendida y el combustible necesario para la espera. Fiel, el novio, vino cuando menos se le esperaba y las doncellas no prudentes, aquellas que fueron a buscar aceite, se les cerró la puerta, porque su momento también se les había pasado. Nos encontraremos con Jesús -Justo Juez- el día de nuestra muerte, que como ya dijimos en un principio, puede ser ahora, esta noche, o mañana, no serias el primero -pensando que eso es para más tarde- al que le cayó de repente cuando menos lo esperaba.

Vivimos en la cuerda floja constantemente, en más de una ocasión las fuerzas del mal nos oprimen, nos engañan, y nos insinúan que no merece la pena seguir en el combate de la fe; guardando las enseñanzas de Dios; manteniendo la lámpara encendida del amor y la fidelidad a sus mandamientos. Satanás, es tan malo, que nos hace ver de los demás, de nosotros mismos y de la vida, los aspecto negativos; nos roba la esperanza en un Dios leal y cercano, en el cual y con el cual lo podemos todo. Que no sea, entonces, para nosotros, la Palabra de Dios como un libro de literatura, porque no lo es; la muerte de Jesús clavado en una cruz no es literatura, la sangre de un inocente no tiene precio, y menos si ese inocente es Dios mismo. Y el que no pueda vivir desde el amor, que es a lo que nos invita Jesús, que viva al menos desde el temor, porque la vida terrena pasa pronto (para algunos está pasando en este momento) y la Eternidad es para Siempre. Como repetía muchas veces mi amiga Elisa Vivas: Tú decides, ante ti hay dos caminos, el ancho y el estrecho. Conociendo, además, que el estrecho -que es el que nos conduce a Dios- es, aunque un tanto hostil, transitable. (Mateo 11,28-30) En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

(Efesios 5:15-16) Así que tengan cuidado de su manera de vivir. No vivan como necios sino como sabios, aprovechando al máximo cada momento oportuno, porque los días son malos.

Aborto y Masonería: muerte, satanismo y política sistemática de la Mentira

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¿Quien maneja los hilos de la historia desde hace varios siglos, los políticos o una elite mundial a los que estos obedecen ciegamente desde dentro de la masonería?
Sobre esta cuestión se ha vertido mucha tinta, y parece bastante verosímil -por el mismo testimonio de ex-masones- que no son los políticos elegidos por el pueblo en «democracia» los que rigen los destinos de la tierra, sino una elite mundial, a través de la masonería que coloca en los gobiernos nacionales y organismos internacionales a sus peones: políticos y altos funcionarios. Así queda de manifiesto en este articulo extraído de Infovaticana, como en algunos libros escritos por ex-masones y, también, vídeos que se pueden encontrar en youtube donde estos dan su testimonio de como funcionan las logias a través de su propia experiencia personal. Tampoco es de extrañar de una institución de puertas cerradas que se rige por el secretismo y la adhesión incondicional de sus miembros.
http://www.infocatolica.com/blog/caritas.php/1807021250-211-aborto-y-masoneria-muerte?fbclid=IwAR0mytQG8kQdPjTXvuPFYUritxwgHAgxXfhweVfXH1W8zrG9-B9RF_5_Oe8

La gravedad de mentir.

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Apoyándome en las Escrituras, retoco unas de las entradas que ya tenía escritas en mi blog, motivado por el engaño que han sufrido los españoles (al menos los que le votaron) a manos del presidente de España y del conjunto de diputados del PSOE que, con su apoyo o con su silencio, han contribuido al fraude de las promesas electorales más importantes de Pedro Sánchez tan sólo tres días después de concluir el proceso electoral.

Ex 23, 7: Aléjate de la mentira. No harás morir al inocente ni al justo, porque yo no perdonaré al culpable.
Proverbios 12, 22: Los labios mentirosos son abominables para el Señor, pero los que practican la verdad gozan de su favor.
1 Juan 2:3-4; Si alguien dice: «Yo lo conozco», pero no guarda sus mandatos, ése es un mentiroso y la verdad no está en él. Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos.

Mentir es uno de los pecados más graves, a los ojos de Dios. Sabemos por propia experiencia, el dolor que causa el sabernos engañados o traicionados, de igual modo lo inferimos por los pasajes bíblicos que he mostrado anteriormente (de facto, no mentirás, forma parte de uno de los diez mandamientos dados por Dios a Moisés). Y debe ser así porque a diferencia de otros pecados, que se quedan en uno mismo -aunque todos afectan al cuerpo místico de Cristo- este, en concreto, no solo afecta a la persona que miente al perder su credibilidad, sino que atenta también, de lleno, contra la buena fe de la persona engañada y, por consiguiente, a la inocencia de esta. En ocasiones la persona mentirosa daña no solo a un individuo (que no es poco, ya que por mentir a alguien se ha llegado a acabar con el equilibrio emocional de esta persona) sino que puede afectar a multitudes.

Así sucede, cuanto el mentiroso es un político, un eclesiástico, un profesor, un futbolista, un pastor, etc., al que siguen multitudes (especialmente ahora con las redes sociales) ya que no solo queda afectada la credibilidad del mentiroso -en quien sus seguidores habían depositado su confianza- sino que, al mismo tiempo, queda gravemente dañado el grupo al que pertenece y representa. De hecho, no pocas personas abandonan las instituciones cuando algunos de sus cargos más relevantes mienten reiteradamente, o sus soflamas no están en consonancia con su estilo de vida. Y no solo eso, sino lo que arrastra parejo a dicha incoherencia, pues la persona defraudada, si carece de fuertes convicciones (las cuales solo pueden sostenerse en el tiempo cuando tenemos un sentido trascendente de la vida, especialmente si creemos en el Dios de la Revelación), termina imitando la conducta del mentiroso y, por ende, afectando este ciudadano de a pie, del mismo modo que su líder, al conjunto de personas con las que interactúa en su cotidianidad; es decir, al final la mentira termina siendo un virus social que va colonizando a toda la población sembrando la desconfianza de todos contra todos. Esto se observa, especialmente, en los países desarrollados donde los valores morales, se han ido sustituyendo (a traves de los medios de comunicación) por los materiales, principalmente el dinero y el afán de poder a toda costa. Y una de sus armas más letales para alcanzar dichos objetivos -como venimos comentando- es la mentira. 

La desconfianza que crea la mentira es letal, por que se extiende como pólvora al conjunto de la población. Si eres un poco observador, se puede advertir en el rostro tenso y la mirada rígida -en ocasiones casi desafiante- que muestran muchas personas con las que a diario nos cruzamos por la calle. Hoy no solo se miente, sino que hemos llegado a una degradación moral tal, que se aplaude incluso la mentira y al mentiroso con un eufemismo que tiene el nombre de post verdad. De este modo, ya no interesa para nada la coherencia y la verdad (sustituida, en el presente, por el interés personal o corporativista).

De esta manera, la verdad que nos edifica como personas y como sociedad se niega, cuando no interesa a los poderes públicos o a determinados lobbies, rechazando los datos que aporta la ciencia, la tradición, la ley natural, el sentido común, e incluso la historia, la cual ha quedado relegada como un instrumento más de la política ya que se reinterpreta, de un tiempo a esta parte, en clave ideológica.

Si nos interesamos por algo, como ya mencioné, es por el bienestar económico, en una huida constante -en el fragor de esa búsqueda de riqueza- de nuestro vacío interior existencial. Ya lo dice la Biblia: «No solo de pan vive el hombre» y muchos experimentan o hemos experimentado, mejor dicho,  en nuestra vida cotidiana este gran axioma como infalible; económicamente hemos estado bien pero por dentro estábamos rotos o viviendo una vida de conflictos interminables. 

En conclusión, deberíamos plantearnos seriamente, como individuos, como padres, como educadores y, más aún, como creyentes: si realmente merece la pena tener cinco o diez euros más en la cartera a primeros de mes, que es lo que nos prometen los políticos (que al final también es un engaño porque nos lo sacan por otro lado: las cuentas son las cuentas), o aspirar y luchar por una sociedad sana, impregnada de valores, que aspire a algo más que a tener resueltas todas sus funciones vegetativas.

Pero este verdadero nuevo orden de valores, solo lo puede dar la esperanza, la creencia en un Dios que se sitúa más allá de este mundo y que nos promete entrar en su gozo, siempre y cuando nos empeñamos, en el presente (en la vida terrenal), en construir -con su ayuda y sus enseñanzas- las realidades de lo que tendremos definitivamente y en abundancia después de la muerte: un Reino de paz, justicia, amor, caridad, comunidad, y gozo. No es imposible y está a nuestro alcance, lo conocemos por el ejemplo y vida de los santos, (no eran superhombres, sino personas de carne y hueso, como los demás, qué, en su empeño de seguir el evangelio, a Jesús, transformaron su entorno y, en ocasiones, hasta el rumbo de la historia). 

Por eso me dirijo, ahora, especialmente a mis hermanos de credo: la pérdida de la fe en las promesas que nos comunica la Palabra de Dios, y en aceptar sus enseñanzas tal cual, ha llevado a muchos a una doctrina lait, acomodaticia, de moral de situación, relativista, y a un buenismo paternalista (de superioridad moral), de connivencia con los pecados sociales e individuales, que me ha planteado, en más de una ocasión, varios interrogantes y dudas, llegando a la conclusión de que este grado de corrupción e inmoralidad al que asistimos, no  sólo se debe a los Poderes públicos, sino también, aunque en menor medida, a las instituciones y las personas que, por varias décadas, tal vez generaciones, han estado al cargo de la educación de niños, jóvenes y personas adultas.

Si mi reflexión no está desenfocada, creo que nos hemos quedado en la superficie del Evangelio, sin plantar cara a esos poderes públicos (incluidos los medios de comunicación de masas), antes bien, nos hemos impregnado de los mismos en el cumplimiento de unas normas doctrinales, no por el espíritu que esas normas encierran, sino para tranquilizar nuestras conciencias, como si pudiésemos comprar a Dios. No obstante, hay que decir, en honor a la verdad, que en países que no hay libertad y en los que el estado lo impregna todo, las sociedades están aún mucho peor; viviendo si horizonte, sin futuro, sin moral, y sin resolver tan siquiera las necesidades básicas, que era el motivo por el cual ellos enarbolaban la bandera del poder único y totalitario.

Hagamos, pues, un mea culpa, empecemos de nuevo (con lo poco que nos queda) y démosle la importancia y el valor que tiene, en sí mismo, a lo sagrado. Y,  después, en manos de quién lo ponemos para transmitirlo. Aunque por otra parte, yo me pregunto: ¿Cómo le vamos a dar ese valor si no conocemos las Escrituras, y cómo influenciará un cambio en mi vida y, por extensión, en la sociedad, si no la medito, y cómo la voy a meditar, si no le dedico tiempo y me recojo en oración como Jesús y María?

Para concluir vuelvo a la Palabra de Dios (Mateo 4,4) Jesús le respondió: —Escrito está: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”

 

Metanoia

 Que, jamás se transformen en rutinarios tus amaneceres y la suave caricia de los rayos de sol en un atardecer de invierno; ni el canto de los pajaritos, ni el juego de los niños, ni el abrazo de un anciano, ni la caricia de un padre, ni la ternura de una madre: cada uno de ellos regalos de Dios, el creador de todas las cosas.

Que tengas por tarea rescatar lo positivo de cada persona que se cruce en tu camino; especialmente apoyando y reconociendo sus virtudes. En la Biblia se nos dice que ellas fueron hechas a Imagen de Dios y, siempre, tendrán la oportunidad de rechazar la oscuridad, para que vuelva a brillar el rostro de Dios en ellas. Como sabemos los Dones de Dios son irrevocables: grandes pecadores se convirtieron y otros incluso llegaron a la santidad

No te olvides, así mismo, de saborear la comida detenidamente, aunque «solo» se trate de pan y agua. Compórtate con generosidad, siempre, porque el vínculo de hermandad que Jesús, nos regaló (haciéndonos a cada uno hijos predilectos del Padre Eterno) es más fuerte que los vínculos de sangre: <<Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre>> (Lc 8,21).

Para seguir ensanchando el corazón, te pediría, encarecidamente, que encuentres algún momento durante la jornada, aunque sea corto y breve, para elevar tu mirada hacia lo alto y agradecer a Dios, por el milagro de la vida, el amor, la familia, la amistad; y tantos y tantos otros como la belleza, la poesía, la inocencia de un niño, la generosidad y el afecto de los humildes, de los limpios de corazón. Y por encima de todo, el amor con que nuestro Padre celestial, nos ha atraído hacia su hijo, dándonos a conocer y saborear el misterio de su Salvación.

También, para con tus hermanos, los hombres, no te avergüences de expresar el amor que sientes por ellos (no hay mayor regalo). No esperes que se mueran para resaltar sus virtudes, reconocer la ayuda que te prestaron y decirles que les quieres.

No alimentes tu rencor de conjeturas y malos pensamientos (la vida ya te ha demostrado en más de una ocasión, que estabas equivocado) de cualquier modo las personas pueden cambiar, las piedras, no. En cambio cuando te asalten las dudas, cuando las tinieblas pueblen tu mente y el recelo no te deje vivir, sal a pasear y, sin engañarte, mira en el fondo de tu corazón y descubrirás que no eres tan diferente a ellos <<El que esté libre de pecado que tire la primera piedra>>. Ya, disipados los rencores mira de nuevo fuera de ti: descubrirás que hay un bello atardecer donde extasiarse y que tú conciencia, ahora,  respira libre.

Que llegues cansado y satisfecho al anochecer por la tarea realizada, que no siempre sale bien, y hay que aceptarlo (soy limitado). Y que tu sueño lo entregues  en manos de Dios, porque solamente el Omnipotente, puede convertir tu debilidad en fortaleza en el nuevo amanecer. Ya nos lo dice en Joel 3,10: <<diga el débil: Fuerte soy. Y en Salmos 9,12 << Diré yo al SEÑOR: Refugio mío y fortaleza mía, mi Dios, en quien confío. …>>. O en Proverbios 29:25  <<El temor al hombre es un lazo, pero el que confía en el SEÑOR estará seguro.>>

Pon tu vida en el trabajo, pero no confundas tu trabajo con tu vida (un día te puede faltar tu trabajo o tu salud y de no haber puesto en práctica este consejo serás víctima de la depresión y la ansiedad) porque además se te han encomendado otras tareas: ejercer de padre, esposa, hijo, compañera, hermano, amigo, guia, educador, etc. Ni tampoco confundas el valor de las personas con su dinero y sus conocimientos, porque de ser así las conviertes en trastos de usar y tirar (y, como bien sabes, las heridas del alma son más difíciles de cicatrizar que las del corazón: en ocasiones llevan a algunas personas a la muerte).

Otro consejo -si me lo aceptas- querido amigo, es que no te creas más que nadie, porque, todos fuimos creados del mismo lodo. Y solamente, como se nos recuerda en las Escrituras, uno solo hay bueno y sabio, a saber, Dios mismo.

Además, no te olvides, ni por un instante, que cada segundo de vida es un regalo, un obsequio de nuestro Padre Eterno, que puede suspenderse en un abrir y cerrar de ojos. Si fuésemos realmente consciente de esto, bailaríamos y cantaríamos de alegría, sin dar importancia a cosas pasajeras que hoy son pero que mañana ni siquiera permanecen en el recuerdo. Tenemos que entrar en el misterio de Dios, con un sí confiado, (el mismo Fiat de la Virgen María) como un pequeñísimo homenaje a su Amor que nos acoge, nos abraza y nos bendice, gratuitamente.

Feliz aquel que tiene como propósito de vida amar como Jesús nos amo y nos ama; dando la vida por salvar la de todos.

Dios pasa, ahí va.

Buenos días. Feliz Navidad. Dios viene al mundo para traernos una esperanza realizable. Una esperanza de amor, paz, convivencia y Eternidad. Con sólo nuestras fuerzas es imposible. Pero lo que para nosotros es imposible, Jesús nos dice que Él lo hace factible por nuestra conversión: deseo sincero y empeño de renunciar al pecado y a la vida anterior dirigida por el ego. Dios nace, camina entre nosotros y se ofrece así mismo te para hacer el camino junto a ti, un año más, hasta que alcances la Meta. No dejes pasar esta oportunidad porque puede ser la última (no sabemos el Día ni la hora y los tiempos no son los más propicios). Lo que sí sabemos, de todos los que se han convertido a Dios en Espíritu y Verdad -y han renovado sus vidas en Cristo- es que ninguno de ellos se ha arrepentido. Por tanto no tengas miedo y suelta tus apegos y esclavitudes terrenales. Haz un examen sincero, de conciencia, de todos esos apegos: a las personas, al victimismo, al dinero, a la mentira, a la comodidad, a la propia imagen, al afan de protagonismo, al vicio… etc. Como dice el cardenal Sarah: cierra todas las puertas para dejar solo abierta la puerta de Dios. Un beso en Cristo 😘. Dios te bendiga. Nos vemos pronto, por aquí o en el cielo.

¡Que vacío tan grande vivir sin Esperanza, aferrado solamente a las realidades terrenales pasajeras…!

Pd. Gran lección para los que rigen los destinos de la tierra y para nosotros mismos la que nos muestra el vídeo de la entrada.

El Amor es la locura de Dios.

Buen dia Jesús mío y Dios mío. Ayúdame en este día, y siempre, a aceptar la contradicción: la limitación propia y ajena. Ayúdame a amar a los que no te aman; a los que han levantado un muro ante ti y ante tus profetas, ya que tú -en tu infinito amor- los hicistes libres y no esclavos: semejantes a tí. Abre los ojos de mi entendimiento y mi corazón, para depositar mi anhelo de conversión y cambio en la acción del E. Santo y no en la lógica de mi razón oscurecida por el pecado y por mi ego. Ante la presunción, Señor, hazme recordar, siempre, el abismo de donde me rescataste; y ante la tentación de bajar los brazos y los imposibles, creer en tu palabra (para Dios todo es posible). Por esto, para no desmayar y ser grato a tus ojos, te pido que aumentes mi fe y mi esperanza, aquella que no pueden dar los hombres, por su propia inconsistencia y condición limitada.

¡Alabado seas Padre por tu amor! ¡Gracias a tu amor soy libre y por tanto persona; responsable de mi voluntad y de mis actos! ¡Bendito seas Dios mio, por despojarte de tu condición para hacerte siervo: obediente al Padre y esclavo de la voluntad de los hombres; aquellos que te asesinaron porque tus palabras, les devolvía la imagen, como un espejo, de su propia iniquidad. Sin embargo, el hombre, no aprendió la lección, se repite en la historia con los mismos actos. Pasó, también, con el protomártir Esteban, cuyos asesinos se tapaban los oídos para no escucharle, y sigue pasando hoy cuando la gran mayoría de los hombres no quieren saber de moral y ascesis, y otros tantos de los que te siguen, acomodan tu Palabra a sus miedos, o a la tiranía de su lógica personal y de su concupiscencia.

Un abrazo Señor ¡Que tu nacimiento, niño Jesús llene nuesta vida de renovada esperanza! Porque sé que para muchos hombres y mujeres de buena voluntad; esta venida al mundo, no ha sido en vano. ¡Ven con poder Espíritu Santo e introdúcenos en la Verdad, en el  Misterio de lo que aún no entendemos, con un nuevo Pentecostés que nos saque de la comodidad y de los miedos!

Lectura del día.  Hechos de los apóstoles (6,8-10;7,54-60):

En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba. Oyendo estas palabras, se recomían por dentro y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo: «Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios.»

Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos, dejando sus capas a los pies de un joven llamado Saulo, se pusieron también a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: «Señor Jesús, recibe mi espíritu.»

Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado.»

Y, con estas palabras, expiró.

Sal 30,3cd-4.6 y Sab 16bc-17

R/.A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu

Sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirigeme y guíame. R/.

A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás.
Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría.
Te has fijado en mi aflicción. R/.

Líbrame de los enemigos que me persiguen;
haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia. R/.

No es ciencia ficción

Pongo este título -No es ciencia ficción- al comentario de la primera lectura de hoy, porque es realmente lo que pienso acerca de lo que se describe en la misma. El Reino de paz, amor, justicia y vida, que Jesús vino a traernos no es sólo para después de la muerte, en la Eternidad. Ese Reino lo tenemos ya, y no se ha hecho efectivo porque el hombre mayoritariamente, de nuevo, como en el paraíso, no ha tenido en cuenta la palabra de Dios; en nuestro caso la palabra de Jesús y su poder. ¡Ni ha tenido en cuenta su Palabra, ni las consecuencias que se derivan de la desobediencia (temor de Dios), a pesar de que tenemos el precedente de Adán y Eva; del pueblo Israelita, en su travesía por el desierto; e incluso en la primera comunidad cristiana, en el matrimonio Ananías y Safira cuando murieron, repentinamente, después de que fuese puesta al descubierto la doblez de su corazón!. En los hechos de los apóstoles descubrimos también que la profecía de Isaías se cumple (primera lectura de hoy) cuando el apóstol Pablo, después de un naufragio del que salió ileso, es mordido por una víbora sin que el efecto del veneno le causase daño alguno (lo que nos recuerda al niño de pecho retozando junto al escondrijo de la serpiente) o las sanaciones que se daban, solamente con que la sombra del apóstol Pedro pasase sobre los enfermos; de igual modo vemos, en el momento presente, por el testimonio de muchas personas, la libertad y la paz que ha traído a sus vidas el abrazar la fe en Jesucristo y vivir en obediencia: sin doblez de corazón. Pero si interesante y esperanzadora es la segunda parte de esta lectura, más incluso, para mí, es la primera, donde se nos dice que no Juzgará por las apariencias, ya lo sabemos por el encuentro de Jesús con la mujer adúltera, la samaritana, etc. ¿Qué pasaría si no juzgásemos a las personas, como Jesús, por las apariencias, por las etiquetas, o por su historia pasada? ¿o si hiciésemos justicia a los sencillos y humildes, como el mismo Jesús hizo ante la humillación del Centurión que le pedía sanidad para su criado?

Pues aquí está, ante nosotros, esta lectura tan esclarecedora de lo que nos estamos perdiendo (lo que se está perdiendo la humanidad), por rechazar de nuevo, la Palabra de Dios, Jesús, y todo aquello que vino a inaugurar, con su evangelio; con su muerte y resurrección (un Reino que nunca tendrá fin, de Amor, Paz, Vida y Justicia.

Sí, efectivamente, haríamos mucho bien: se iría materializando ese Reinado de Dios en la Tierra, de paz, vida y justicia, si no hiciésemos el vacío al humilde, al sencillo, al indefenso, mirándolo desde nuestra “altura”, o desde la cultura del descarte (aborto, eutanasia, etc) que tanto nos recuerda, ahora, el Papa Francisco. Del igual modo, pasaría con el pobre, nadie tendría que pasar necesidad, si no estuviésemos tan apegados, a los bienes que Dios pone en nuestras manos y desde los cuales un día seremos, también, juzgados.

Que Dios te bendiga hoy y siempre, un abrazo desde el corazón de hermano en Jesucristo

Lectura del libro de Isaías (11,1-10):

Aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé,
y de su raíz florecerá un vástago.
Sobre él se posará el espíritu del Señor:
espíritu de sabiduría y entendimiento,
espíritu de consejo y fortaleza,
espíritu de ciencia y temor del Señor.
Le inspirará el temor del Señor.
No juzgará por apariencias
ni sentenciará de oídas;
juzgará a los pobres con justicia,
sentenciará con rectitud a los sencillos de la tierra;
pero golpeará al violento con la vara de su boca,
y con el soplo de sus labios hará morir al malvado.
La justicia será ceñidor de su cintura,
y la lealtad, cinturón de sus caderas.
Habitará el lobo con el cordero,
el leopardo se tumbará con el cabrito,
el ternero y el león pacerán juntos:
un muchacho será su pastor.
La vaca pastará con el oso,
sus crías se tumbarán juntas;
el león como el buey, comerá paja.
El niño de pecho retozará junto al escondrijo de la serpiente,
y el recién destetado extiende la mano
hacia la madriguera del áspid.
Nadie causará daño ni estrago
por todo mi monte santo:
porque está lleno el país del conocimiento del Señor,
como las aguas colman el mar.
Aquel día, la raíz de Jesé
será elevada como enseña de los pueblos:
se volverán hacia ella las naciones
y será gloriosa su morada.

¡Oh Cruz Gloriosa!

Interesante el comentario de Benedicto XVI a la memoria del apóstol Andrés. La cruz que es rechazada por el mundo, es precisamente la que nos acerca a Cristo y desde la cual expandimos su misma Luz. Cuando aceptamos las consecuencias de nuestros pecados o la de los hermanos, abrazamos nuestra condición limitada y la justicia que se deriva de nuestra desobediencia. En la cruz Jesús borró nuestros pecados, pero pagó un gran precio por ello con su propia vida. Con la aceptación de nuestras cruces, fruto del propio pecado, y del ajeno, asumimos nuestros errores y apagamos la honda expansiva del de los hermanos. Esta es la única manera de parar el mal que hay en el mundo,  entonando el mea culpa, el Yo Pecador… desde un corazón sincero y, realmente, arrepentido que asume su historia con sus consecuencias: la Cruz que detiene y vence el mal. Cuando nos venga la tentación y la desolación, acordemonos de Jesús lacerado en esa cruz aceptando y asumiendo (deteniendo) en sí, la sinrazón del género humano atentando contra la vida de un inocente. Hay tantos inocentes hoy, crucificados, por los que dar la vida y no relajarse ante las tentaciones, y las contrariedades de la vida… ¡Cuantas injusticia Padre…! Cuánta víctimas de aborto, de divorcio, de abusos, de malos tratos, de falsas denuncias, de políticos que facilitan la propagación del vicio entre la juventud, llámese casas de apuestas; de medios de comunicación sin escrúpulos, manipuladores de la verdad y agentes del mal para subvertir los auténticos valores de la sociedad, etc, etc.

¡Espíritu Santo, haz que que venga pronto tu Reino de Paz, Amor y justicia, para que sean liberados todos los inocentes que seguimos crucificando cada día con nuestro egoísmo!

Busca en el calendario de la página las lecturas del día 30 de Noviembre, sábado. https://evangeliodeldia.org/SP/gospel

Habla, pueblo habla

Nos jugamos mucho en estas elecciones y no solo en lo económico que, como vemos, mes a mes, la economía se contrae, el paro va en aumento y todas las previsiones de los expertos reducen el crecimiento de nuestro PIB con respecto a años anteriores. Sin embargo, sigue el derroche de dinero para aumentar el clientelismo de diversos colectivos, entre ellos el feminista y LGTB; y, además  amordazándose a los sindicatos afines a la ideología de Pedro Sánchez, regándolos con subvenciones millonarias procedente de los impuestos de todos los españoles. Por otro lado, se sigue subvencionando a los partidos políticos, algunos de los cuales se dedican a abrir heridas del pasado, para dividir a los españoles y mantenerlos entretenidos con mitos o leyendas ocultando los hechos reales del pasado.   

Pero como decía, anteriormente, nos jugamos mucho más que lo económico, están en juego nuestras libertades, y la defensa de la vida, el cerco cada día es más fuerte contra todos aquellos que se salgan del Pensamiento Único, es decir de las leyes que establecen ciertos gobiernos, presionados por organismos internacionales, por lobbies de poder y medios de comunicación que viven de explotar el morbo, para hacer aflorar, con ello, los instintos más primarios y bajos del ser humano. De igual modo, la libertad de conciencia y deontológica cada día está más amenazada para profesionales no solo con el aborto, sino con la introducción, ahora, en el programa electoral del PSOE, de una ley para legalizar la eutanasia: no solo representa una amenaza para los profesionales sino para todas aquellas personas que se les convenza de que son un estorbo, por su edad o su enfermedad para la sociedad (en algunos países, ni siquiera forma parte ya de una decisión del paciente o de sus familiares, sino de un Juez o un tribunal, que al más puro estilo nazi decide, motu proprio, quien es acto para vivir y quien no). La amenaza para la libertad de expresión viene igualmente con el nuevo delito de odio, una caza de brujas, que se ha introducido ya en muchas autonomías, para que nadie pueda opinar, ni siquiera con argumentos científicos, en contra de la Ideología de Género. Delito sin embargo que no puede servir cuando se trata de atacar al varón, blanco, hetero-patriarcal, bla, bla…, incluso suprimir este delito para cuando el ataque sea contra la iglesia o contra algún miembro de la misma, como también propone algún partido de la izquierda; es decir la ley del embudo. Ahora bien, yo me pregunto: cuando no existe incitación al odio, cuando no existe agresión física, ni insulto, contra una persona o un determinado colectivo, supongamos el feminista, sino que se trata de contrastar evidencias, argumentos científicos y de sentido común, contra una determinada proposición ideología ¿cuál es la vara de medir, entonces, del odio, si este, como el amor, es una cualidad interna del alma, invisible a los “rayos x”; a los ojos del hombre?. Por cierto, yo he conocido a algunos adúlteros, que eran super cariñosos y amabilísimos con sus mujeres, y nadie podría sospechar, ni siquiera sus propias mujeres, su doble juego ¿Como se puede medir, vuelvo a repetir, el odio o el amor, dónde está el baremo, quien fue el mesías que lo inventó? ¿Se puede decir que usted odia a su padre, a su madre, o a su hijo, porque no le concede, o no está de acuerdo con él en todo lo que propone? ¿de igual manera se puede decir que usted odia a un colectivo, minoritario, porque no está de acuerdo en todo lo que este le proponga no solo para él sino para toda la sociedad y en su modo de contradecir la pura realidad empírica?

Pues sí, estas son las propuestas de la mayoría del arco de partidos políticos en España, que nos proponen leyes restrictivas contra la libertad de expresión -con multas y con cárcel- contra aquellos que se manifiestan pacíficamente ante una clínica abortiva, por ejemplo; o contra aquellos, otros, que opinan y argumentan contra leyes que atentan contra la integridad moral de sus hijos en los colegios, por la introducción de la Ideología de Género, por ejemplo; o por la discriminación del hombre frente a la mujer -la presunción de inocencia- ante cualquier acusación sin pruebas de un delito de violencia de “genero”. Y la última que viene, si gana la Izquierda, en la que solo se podrán contar del Franquismo, lo malo, obviando la propia historia, y hecha a la medida de personas que ni siquiera vivieron en ese periodo histórico porque aún no habían nacido.  Así, pues, si no estamos asistiendo a una dictadura, en cubierta, que alguien me lo explique. Y podría seguir hablando de los medios de comunicación, subvencionados directa e indirectamente por los gobiernos autonómicos, o de las últimas declaraciones de Pedro Sánchez, donde el subconsciente le jugó una mala pasada y puso contra las cuerdas al poder judicial, diciendo que dependía del gobierno, etc, etc, etc. El problema es que esto no tiene visos de solución, porque la mayoría de partidos están conformes y satisfechos con esta dictadura, real y mediática, con apariencia de democracia, porque piensan que es suficiente con pedir nuestro voto cada cuatro años (últimamente cada 6 meses) sin contar luego con la ciudadanía entre elección y elección.

Esto es lo que tenemos, el peligro está ahí y esconder la cabeza como el avestruz, no quita para que te pase por encima la apisonadora.

Lo ideal seria no votar, hasta que nos dotásemos de una democracia, donde el pueblo eligiese directamente a sus representantes y, por otra parte, fuese el mismo pueblo el que propusiese las leyes de las que desea dotarse. Pero, no obstante, considero que no votar o dar tu voto a aquellos que, claramente, quieren coartar y restringir tus libertades, es contribuir a un panorama muy poco halagüeño, sobre todo, por lo que estamos viendo en Latinoamérica; es decir, que el gobierno de izquierda que va entrando últimamente en esos países, no sale, luego, ni a tiros, por más que lleve al país a la miseria. Y dice el refrán que «Cuando las barbas de tu vecino veas afeitar, pon las tuyas a remojar»

https://es.wikipedia.org/wiki/Movimiento_Ciudadano_hacia_la_Rep%C3%BAblica_Constitucional

 

¿Miedo a la vejez de tus padres?

Para los que apoyan directamente o indirectamente la eutanasia. Para aquellos que un día sustituirán el deber y el amor por un rato de placer, de ocio, o para heredar -convenciendo a sus padres, dependientes, que pidan la eutanasia- les recomiendo que lean estas palabras surgidas de un corazón agradecido:

“Hay una ruptura en la historia de la familia, donde las edades se acumulan y se superponen y el orden natural no tiene sentido: es cuando el hijo se convierte en el padre de su padre”.

Es cuando el padre se hace mayor y comienza a trotar como si estuviera dentro de la niebla. Lento, lento, impreciso.
Es cuando uno de los padres que te tomó con fuerza de la mano cuando eras pequeño ya no quiere estar solo.
Es cuando el padre, una vez firme e insuperable, se debilita y toma aliento dos veces antes de levantarse de su lugar.

Es cuando el padre, que en otro tiempo había mandado y ordenado, hoy solo suspira, solo gime, y busca dónde está la puerta y la ventana -todo corredor ahora está lejos.
Es cuando uno de los padres, antes dispuesto y trabajador, fracasa en ponerse su propia ropa y no recuerda tomar sus medicamentos.

Y nosotros, como hijos, no haremos otra cosa sino aceptar que somos responsables de esa vida.
Aquella vida que nos engendró depende de nuestra vida para morir en paz.

Todo hijo es el padre de la muerte de su padre. Tal vez la vejez del padre y de la madre es curiosamente el último embarazo.
Nuestra última enseñanza. Una oportunidad para devolver los cuidados y el amor que nos han dado por décadas.

Y así como adaptamos nuestra casa para cuidar de nuestros bebés, bloqueando tomas de luz y poniendo corralitos, ahora vamos a cambiar la distribución de los muebles para nuestros padres.

La primera transformación ocurre en el cuarto de baño. Seremos los padres de nuestros padres los que ahora pondremos una barra en el baño.
La barra es emblemática. La barra es simbólica. La barra es inaugurar el “destemplamiento de las aguas”.
Porque la ducha, simple y refrescante, ahora es una tempestad para los viejos pies de nuestros protectores.
No podemos dejarlos ningún momento.

La casa de quien cuida de sus padres tendrá abrazaderas por las paredes. Y nuestros brazos se extenderán en forma de barandillas.

Envejecer es caminar sosteniéndose de los objetos, envejecer es incluso subir escaleras sin escalones. Seremos extraños en nuestra propia casa. Observaremos cada detalle con miedo y desconocimiento, con duda y preocupación.

Seremos arquitectos, diseñadores, ingenieros frustrados. ¿Cómo no previmos que nuestros padres se enfermarían y necesitarían de nosotros?
Nos lamentaremos de los sofás, las estatuas y la escalera de caracol. Lamentaremos todos los obstáculos y la alfombra.

Feliz el hijo que es el padre de su padre antes de su muerte, y pobre del hijo que aparece sólo en el funeral y no se despide un poco cada día.
Mi amigo Joseph Klein acompañó a su padre hasta sus últimos minutos.

En el hospital, la enfermera hacía la maniobra para moverlo de la cama a la camilla, tratando de cambiar las sábanas cuando Joe gritó desde su asiento: Deja que te ayude. Reunió fuerzas y tomó por primera vez a su padre en su regazo. Colocó la cara de su padre contra su pecho.

Acomodó en sus hombros a su padre consumido por el cáncer: pequeño, arrugado, frágil, tembloroso. Se quedó abrazándolo por un buen tiempo, el tiempo equivalente a su infancia, el tiempo equivalente a su adolescencia, un buen tiempo, un tiempo interminable.
Meciendo a su padre de un lado al otro. Acariciando a su padre. Calmando él a su padre. Y decía en voz baja:

– ¡Estoy aquí, estoy aquí, papá! “Lo que un padre quiere oír al final de su vida es que su hijo está ahí”.

Carlos Fuentes.

Donde está mi tesoro, allí está mi corazón

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En la primera lectura y en el salmo, se nos habla de asegurar la Vida Eterna, y no la terrena, con las ganancias materiales, porque esta es la raíz de todos los males: incluso de la pérdida de la fe. Nos habla también de armonizar la piedad con la sana doctrina traída por Jesucristo. Como dice en otra parte del Evangelio: no podemos servir a Dios y al dinero. Servir al dinero es someterse en muchos casos a la inmoralidad del que te paga (bien al político que encumbras, bien al empresario privado que te contrata). Servir al dinero, por otra parte, nos recuerda la lectura, que nos acarrea grandes males ya en esta vida (lo vemos, especialmente, en la división que trae a las familias, en los negocios y a la hora de heredar), pero también nos condena para siempre, en la eternidad, a permanecer en oscuridad, lejos del Amado, según la Palabra de Dios. Por último, el Evangelio y una hermosa catequesis de S. Juan Pablo II como comentario, nos recuerda la dignidad de la mujer y su colaboración con el hombre, para la introducción y posterior evangelización del mundo. Esta lectura me traslada a mi, personalmente, a la armonía de la familia de Nazaret donde todos (Jesús, José y María, con su fe, su amor y voluntad) en estrecha unidad, alumbraron al nuevo hombre que quedaría, posteriormente, redimido por la Sangre de Cristo en la cruz, para vivir en el amor y de la Gracia. ¡Alabado sea Dios por siempre que nos da su gozosa serenidad!
Seguir las lecturas en el siguiente enlace: https://evangeliodeldia.org/SP/gospel

No eres ni un número, ni una etiqueta.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel

Comentario a las lecturas de hoy:
En la primera lectura el apóstol pone en alza el ser Joven (la juventud es una etapa de la vida en la que se puede amar y servir a Dios, con tanta entrega o más que cualquier otra), invita igualmente el apóstol al discípulo joven a vivir en valores morales, aquellos que emanan del evangelio, y a vivir coherentemente la Fe, porque es el único modo de que otros se conviertan y se salven. En el salmo, que va en consonancia con la 1 lectura, el salmista nos recuerda, que los preceptos de Dios son Eternos y Perfectos, y el hombre o mujer que los acoge en su corazón para hacerlos suyos, es una persona que se hace sabía (sabía porque Dios es Conocimiento Perfecto que es el que los proclama y, por tanto, conoce lo que nos conviene) termina el salmista diciendo que el que teme al Señor (es decir el que le da crédito a sus palabras y vive conforme a su voluntad) ese es un hombre prudente: esta persona es, por tanto, lo contrario a una persona temeraria (imprudente) que vive según sus propios criterios o bajo los criterios de otro humano semejante a el. El evangelio me habla, te habla, del amor que Dios nos tiene. No eres un número más para Dios, entre muchas otras personas, no le importa la etiqueta con que te haya bautizado el mundo, él sabe de tus luchas, soledades, anhelos. También conoce tus miserias, tus limitaciones, tus tropiezos, y a pesar de todo ello, te levanta, te valora, no mira la etiqueta para tirarte a la basura o darte de lado. El rompe moldes, rompe esa etiqueta y te dice al corazón, te amo hijito mio, hijita mía, el mundo no te conoce yo sí, porque te cree de la nada, te di un pedacito de mi corazón, estás diseñado para amar y para amarte (así que perdónate como yo te perdono) y comienza a andar de nuevo, que yo estaré a tu lado todos los días de tu vida, dándote mi Gracia, para que alcances, con ella y con tu entrega, el ideal conque yo te diseñé: alcanzar la vida eterna y ser la imagen visible de mi mismo, del AMOR; de Dios Padre, Hijo y E. Santiago.
Sigue el enlace arriba en azul para ver las lecturas.

Pd. Que Dios te bendiga y que tengas un día en paz.

Solo Tú tienes palabras de Vida

Señor hoy muchos hombres quieren poner tus mandamientos a precio de saldo, sin embargo, en la primera lectura Tú nos recuerdas que tus mandamientos no son superiorres a nuestras fuerzas y que están al alcance nuestro: en mi boca y en mi corazón. Te pido Señor que nunca, nuca, yo engañe a mi corazón y que mi boca no sirva de instrumento para predicar palabras de hombres o sugerencias del Diablo. Los hombres son como veletas, ninguno más grande a otro, porque todos participan de la misma naturaleza y, por cuánto, todos, también, pecaron y no están exentos de error. Señor tú Palabra es mi pilar y mi fundamento, la roca y el, único, refugio donde estoy a salvo (así, lo he experimentado en mi vida). Qué yo te siga conociendo y amando más cada día, para no defraudar las expectativas que tú pusiste en mi, dando tu sangre y tu vida a cambio de la mía.

¡Aún, Señor, me siento débil y temeroso como un niño, pero seguiré asido de tu mano confiando en tí…! ¡Bendito seas Señor por enamorarme tanto! A ti la honra y la gloria por siempre! Amén.

A la memoria de mi Padre

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Para mí, papá, fuiste un gran hombre, un hombre bueno, y por eso no me hubiera atrevido a exigirte más de lo que a cualquier otro señor eminente de tu tiempo. Naciste ocho años después de que comenzase a rodar el siglo XX. Yo vine al mundo cuando tú tenías cincuenta y tres años cumplidos. No obstante, a pesar de tu edad avanzada, nunca eché de menos un padre joven. A esa edad trabajabas como uno de treinta, me dabas tu protección y, aunque no fuiste especialmente afectuoso, jamás pusiste tu mano sobre mí para castigarme. Tampoco es que te hiciese falta, ya que tu modo de imponer respeto consistía en saber estar en tu lugar en todo momento.

Por aquellas fechas muchos trabajos del campo se hacían a mano, así, pues, papá, a pesar de que tenías las tuyas bien curtidas, se te agrietaban con surcos semejantes a los que hacían las rejas de tu arado, en tierra firme, con el rigor de las temperaturas invernales. Aquellas manos, padre, solamente me las mostraste en una ocasión; no para buscar mi compasión, sino para que supiese la dureza que comportaba el trabajo a la intemperie. Ese era tu habitual modo de proceder, ya que raramente nos hablabas de tus preocupaciones, de tus luchas y fatigas. Sí, padre, déjame que lo cuente: yo te observaba y, en tu determinación recia, descubrí que tenías corazón de niño, un corazón sensible que hizo que aflorasen, en más de una ocasión, lágrimas a tu rostro; especialmente en las bodas de mis hermanos. Ni que decir tiene que respetabas a mi madre y que de tu boca raramente salió un improperio que te afeara. Recuerdo con nostalgia mis vacaciones, porque aprovechabas ese periodo de mi vida para llevarme contigo al trabajo. Me despertabas de madrugada para salir de casa, montados a lomo de mula, antes de que apuntase el alba: yo iba sentado a horcajadas delante de ti y, en el trayecto que había hasta llegar a la finca, aprovechabas para cantarme, al oído, uno de los milagros que Dios tuvo a bien concederle a San Antonio de Padua siendo aún niño.

El canto relataba un hecho insólito, sucedió mientras el padre de Antoñito asistía a la misa dominical matutina en su ciudad. Antes de dirigirse a la celebración su padre le encargó que protegiese el huerto familiar del ataque de las aves. Antoñito, obediente a su padre, en lugar de espantar a los pajarillos, se puso a hablar con ellos, invitándolos a recogerse en una nave que había, en el mismo huerto, hasta que finalizase la misa. Así lo hicieron las aves que, escuchando atentamente sus indicaciones, le obedecieron. Cuando llegó el padre de la celebración dominical, sin dar crédito a lo que veían sus ojos, rápidamente se dirigió al pueblo para dar cuenta al obispo; el cual, a su vez, animó al resto de paisanos para ir a presenciar tan insólito suceso. Los lugareños al oír la noticia -aunque quedaron un tanto perplejos- siguieron al padre y al obispo para verificar lo que había pasado in situ, donde contemplaron, efectivamente, a los pajarillos que aún estaban parados en la nave, inquietos, esperando a que Antoñito les diese la orden de batir sus alas para reemprender el vuelo. Sí, papá, acuérdate, me gustaba de tal manera aquella canción que te la hacía repetir, una y mil veces, hasta que llegábamos a la finca, si es que íbamos de camino, o hasta entrar en casa en el trayecto de vuelta.

Para terminar con la evocación de lo que fue la personalidad de mi padre quiero hacer mención, entre otras virtudes, al buen humor que destilaba: siempre que salía de casa para el trabajo iba canturreando y, no solo eso, ya que una de sus aficiones preferidas consistía en alegrar la vida de las personas con sus ocurrencias y sus chistes. De este modo sacaba punta a cualquier acontecimiento cotidiano que se prestase para ello: se trataba, por lo general, de un chascarrillo sano, con el cual arrancaba la sonrisa a todos los amigos que pasaban por casa. Por lo ya comentado sobre él, por su estoicismo, por su paciencia y por otras cualidades que le hacían brillar con luz propia, tengo que concluir diciendo que, por encima de todo, fue un hombre bueno y sencillo, que pasó por la vida haciendo favores sin desear mal a nadie: un señor que respetaba y se hacía respetar, un hombre que se conformó con lo que le ofrecía su entorno y que, por lo mismo, necesitó tan pocos accesorios y bienes para vivir, que los únicos objetos personales que le encontré en su mesilla de noche cuando falleció fueron, a saber, un reloj de cubierta de plástico, una petaca en la que guardaba algunos documentos sin importancia y el equivalente, dentro de la misma, de lo que vendrían a ser hoy unos doce euros; monedas que iba juntando, poco a poco, no para sus gastos sino para convidar a los nietos por su cumpleaños. Con esas pequeñeces, con su buen talante, con ver a sus hijos felices, con llevar el sustento diario a casa y poco más, se daba por satisfecho.

De tal modo su aquiescencia constituyó uno de los principales motores de su vida, que nunca le vi lamentarse por no haber alcanzado una posición social relevante en su entorno; aunque no le faltase inteligencia para ello. Es más, en muchas ocasiones, me relataba la historia de un hijo que, a modo de cuento de la lechera (especulando en su imaginación), iba exponiendo ante su papá, uno por uno, los logros que alcanzaría a medida que se hiciese mayor. Al glosario del mozalbete el padre contestaba a cada uno de los logros que el hijo le mostraba: ¿y después qué más conseguirás hijo mío? así una y otra vez ¿y después qué otro logro más, hijo mío? hasta conducir al hijo a sus últimos días, frete a la vejez, en el precipicio de la muerte. Entonces mi padre, al llegar a ese punto del relato, callaba con la intención de hacerme meditar sobre la ambición desmedida. Ahora se lo agradezco, porque no he llegado a tener éxito en la vida, ni a triunfar tal y como lo entiende el mundo actual; sin embargo, no me he frustrado por ello y he podido saborear el éxito que para Dios y para mi padre eran suficientes: dormir en el lecho, al caer la noche, con la certidumbre de estar en paz conmigo mismo y de no haber pisoteado a nadie por el camino; al menos, no, conscientemente.

La Esperanza (hermosa compañera)

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Gracias Señor porque en la segunda lectura de este Domingo -festividad de la Santísima Trinidad- una vez más, Tú nos das la promesa en la esperanza. Y de este modo conocemos que nuestra lucha, nuestro esfuerzo, nuestra fidelidad, en tu amor, será recompensado. Así es, pues ya, de un modo u otro, Tú nos haces experimentar las primicias de ese Amor=Gozo. Gracias Señor, porque la Esperanza permanece firme, en todo lo alto, sabiendo además, como nos reveló San Pablo en otra de sus Cartas, que las tribulaciones de este mundo no son nada en comparación con la retribución que espera a los que te aman, a los que te amamos, una vez hayamos partido de este destierro. que es, como sabemos, el mundo material. ¡Bendito seas Señor por confirmarnos, un día más, en la fe; por henchir nuestro corazón de tu amor -de tu amor inconmensurable de Padre- ante la insignificancia de nuestras pobrezas y limitaciones! ¡A tí y solo a tí sea la gloria!

 

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel

Milagro Eucarístico

MILAGRO o, al menos, hecho sin posible explicación humana.
Enviado por el Padre Justo Lofeudo, Misionero de la Sagrada Eucaristía. Como se puede ver el video es real. Lo envió después de verificarlo. Fue el sábado pasado 8 de junio en la Catedral de Resistencia (Chaco. Argentina) en la capilla de adoración perpetua. Los fogonazos de luz intermitentes son parecidos a los del milagro del sol en Fatima y en otros lugares con apariciones Marianas. Muchas señales nos está enviando el Señor en los úlmos años. Es posible que su venida cada vez esté más cerca y nos esté llamando, con ello, la atención de que se nos acababa el tiempo para el arrepentimiento y la conversión.  El video habla por si solo de la presencia de Jesús vivo en el Eucaristia.

LA PEDAGOGÍA DE DIOS

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No decaigas ante la opresión y las pruebas, no desandes el camino ya recorrido. Dios tiene su pedagogía y ésta, como Él mismo, es perfecta. También a ti te invita, en este pasaje bíblico, a pasar de la angustia a un lugar espacioso y sin estrechez, donde tu mesa, bien servida, estará llena de manjares (de las delicias de Dios). Siguel el enlace:

http://www.vatican.va/archive/ESL0506/__PLC.HTM?fbclid=IwAR0lvQ7VhhZny7KkmNgjxULMV1B0a8PdBP5kHRlxd4Xc7c1KnJQMtdJ6CHI

Dando vida a los pensamientos

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Difícil es vivir sin autoengañarse; mecanismo de autodefensa que nos hace la vida más cómoda, pero, a la vez, menos comprometida y genuina.

Cuanto más descubro el mundo y sus mecanismos más pequeño me reconozco en él. Como dice el Padre Ignacio Larrañaga: Todo seguirá igual después de mi muerte.

No hay nada que haga madurar más deprisa que el dolor y nada menos inmovilista que nadar contra corriente. Hoy la corriente de la cultura global es torrencial y muy pocos se deciden a cuestionarla y mucho menos a combatirla.

Puedo proponer un modelo de sociedad, pero teniendo siempre presente (por aquello de la imposición en que incurren todos los gobiernos sin contar con el pueblo) que la persona no es una rata de laboratorio con la que se deba experimentar. El hombre se cimenta en cinco pilares básicos: la familia, la moral, la tradición, la libertad y la historia. Cuando se prescinde o anula uno de ellos la sociedad se desmorona por vivir ajena a la realidad de sí misma: algo en lo que incurren todas las ideologías.

Las personas cambian los sistemas de gobierno, por el contrario, se perpetúan. Por tanto, si me dan la posibilidad de elegir prefiero hacerlo entre personas, que no entre sistemas; esto siempre y cuando ¡claro está! que yo tenga la posibilidad de elegir personalmente a quien desee que me represente, y no a quien me impongan unas listas cerradas.

No al paternalismo y a la compasión para con los desheredados, no sea que vayamos a fomentar la mendicidad y el pesebrismo. Démosle, por el contrario -si realmente es cierto que creemos en la igualdad entre personas- lo que les pertenece por justicia y derecho. Estamos en campaña y no hace mucho se presentó por estos lares un gobernante a prometernos más subsidios, en lugar de prometer fomentar el empleo. Mientras tanto, la región se despuebla, por falta de oportunidades, de su valor más preciado; a saber, la juventud.

No te prometo nada, Señor, solo autenticidad a cada paso del camino recorrido, porque como dijo el Gran Poeta «Caminante no hay camino, se hace camino al andar» y mi única pretensión seria, que al final del recorrido del mío, encuentre tu mano extendida para salvar el precipicio del absurdo aparente de la vida.

Hoy he contemplado un paisaje que cualquier pintor lo hubiese querido retener en su memoria plástica, para inmortalizarse en él. En aquel éxtasis de placer y gratitud, escuche una voz interior que me decía: no te diluyas en mí, tu misión consiste en ser testigo del Sueño de su Creador, para que tanta belleza y tanto amor no se precipiten en el vertedero del olvido de las prisas de los hombres y mujeres de este siglo.

Un psiquiatra, no recuerdo ahora quien, sentenció: “buscamos lo auténtico, pero cuando lo encontramos lo rechazamos por su envoltorio” ¿Es posible que esto mismo nos haya pasado con Jesús? Él entró en la historia de la humanidad como uno más entre los pobres, entre los humildes; sin obstentación y sin ambiciones personales de poder.

Prefiero asirme a Dios antes que a la nada y al sentido común antes que a la tiranía alienante de la moda y del sistema cerrado de las Ideologías.

Etiquetar a una persona o a un grupo de personas es destruirlo, al final las palabras son espíritu y el espíritu es vida. Uno termina por creerse lo que dicen de él y con eso lo cercenan e incluso lo matan. Si Jesús hubiese mirado la etiqueta que arrastraba la mujer adúltera, y no a su corazón, esta nunca habría cambiado de vida. Y ello, simplemente, porque los “buenos” hubiesen terminado con su vida.

No te etiquetes a ti mismo como bueno o de estar en el grupo de los buenos, porque como dice Jesús: Uno solo es bueno, Dios. Y si Uno solo es bueno… solo éste, también, conoce que es lo que conviene y lo que no conviene. Cuando uno se cree bueno, también se cree con derecho a decidir sobre la vida y a la muerte de los demás. Los políticos deben creerse, en su inmensa mayoría, estar en el grupo de los buenos, ellos han decidido ya por Dios, quien debe vivir y quien no.

El amor da vida, el egoísmo asesina.

Sigue el enlace: El amor que se escribe con mayúscula, el amor verdadero no busca su propio interés.

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