Yo te ensalzo Padre por la obra de tu creación, por su variedad multiforme en su abanico de colores, aromas y formas; por el rumor del viento, el canto de las aves con sus vuelos acrobáticos, la anchura del universo inconmensurable y su sinfonía de equilibrios interplanetarios; por la naturaleza, germinadora, infatigable, de vida; por la algarabía e inocencia de los niños. Yo te alabo, por los regalos de cada día: el pan, los amigos, la salud. Por tantos hermanos entregados a tu causa, sin esperar otra recompensa, que no es poca, que Tú mismo. Alabado seas Padre por tu hijo Jesucristo que nos hizo a todos los hombres herederos de tu reino y tus promesas de vida: Él fue golpeado, azotado, traicionado, abandonado, acusado con mentiras y calumnias; para llevarnos a una vida nueva abundante de paz, salud y vida para los que en Él creemos. Si padre renuncio, por amor a tu hijo, a los ídolos de barros que antes adoré: al dinero, la lujuria, al hedonismo, la mentira, la cobardía. Sólo deseo tenerte a ti por el único y verdadero Dios que puede salvarme. Gracias por que cada instante de mi palpitar, Tú lo sostienes con tus manos poderosas; aún sabiendo que sólo soy polvo y ceniza. Abro la boca y me puedes hacer callar al instante, los ojos y cegarme como a Pablo, respirar y quedarme sin aliento. Todo, todo te pertenece, porque Tú lo creaste de la nada por amor. No hay minuto o segundo que no sea tuyo: Un secuestro y ya no estoy, un tsunami y desaparezco, un terremoto y quedo engullido, un atropello y herido mortal, un simple ruido atronador para hacerme desfallecer. TIENEN OJOS Y NO VEN, OÍDOS Y NO ESCUCHAN… PORQUE SU CORAZÓN SE HA VUELTO INSENSIBLE (Mateo 13, 14-16). Muchas veces te preguntas porqué te pasa esto y aquello, pero pocas veces te pones a confrontar tu vida, con las enseñanzas del evangelio, donde se encuentran todas las respuestas a tus porqués. Que pases buen dia hermano.
Los niños son alegres, viven sin recelos, no se cierran sobre sí mismos porque creen que aún lo desconocen todo. De hay su gran capacidad para el asombro y para interiorizar lo que se les dice. No hacen interpretaciones sobre el ser o actuar de los demás porque creen en la bondad del ser humano y por lo mismo no buscan el lado negativo de los otros. Viven el presente sin agitarse ante el porvenir, no se agobian por el paso de las horas y el tiempo; para ellos el estrés no existe porque viven intensamente el presente y su cabeza queda vacía de todo lo demás (aunque terminen cansados hasta la extenuación con sus juegos, ellos no se quejan porque no viven vueltos sobre si mismos); no se detienen en las meteduras de pata, porque perciben que su padre derrocha en ellos el mismo amor que el día anterior. No tienen miedo, su padre es el mejor, el mas fuerte, el mas sabio y los sacará de cualquier apuro. Piden y lloran por lo que desean, incansablemente, a su padre porque confían que él se lo dará todo. Se echan a dormir, con toda tranquilidad y confianza, en los brazos de su padre porque allí se sienten invulnerables; ellos están seguros de que el padre no los dejará caer antes que lleguen al suelo. Si el padre lo contraria, el niño lo olvida pronto, sabe que el padre tendrá sus motivos para hacerlo. Se arriesgan: corren delante del padre y se meten por cualquier recoveco porque conocen, de antemano, que el padre no les pierde de vista. Al final del día queda tranquilo, está confiado que su padre no le abandonará nunca. Así, hermano, actúa nuestro padre Del Cielo con nosotros, aunque nosotros, a diferencia del niño pequeño, hemos dejado sus brazos para entregarnos en manos de nuestra inteligencia, nuestro dinero, nuestra ciencia, nuestros placeres y nuestros engaños. No obstante, hemos de saber que este Padre, Inteligencia, Espíritu Celestial, supera a todos los padres: Él es Eterno y no solo parece perfecto sino que lo Es; ademas tanto apuesta por tí que a dado su vida a cambio de la tuya, esperando que regreses a sus brazos para devolverte la libertad (la que tu mal vendiste) con su Palabra. Todo gratuito, Él no lleva en cuenta tus deserciones y tus entuertos; Él sólo desea regalarte su paz aquí en la tierra y su Inmortalidad más allá de tu muerte física.
Mateo 18, 2-3: Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: «Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos.

Hoy Señor, Rey de reyes, vengo a ti, pobre, como siempre, mendigando tu amor, tus señales, que confirmes mi tarea: Unas veces encuentro respuestas, muchas otras silencio, creo que el silencio viene envuelto en falta de fe, porque a poco que estoy atento, se que tú me respondes de una y mil maneras. Gracias Señor.
Hace pocos días te pedía me dijeses como ves Tú a las personas, para poder amarlas, yo, como tú las amas. Me respondías en el silencio, que nos ves a todos como niños pequeñitos, puros, limpios, porque así nos has creado; que la maldad es fruto directo o indirecto de las insidias de satanás en nuestras vidas, de su astucia para hacerse con nuestra voluntad. Por eso pides que estemos atentos a tu Palabra de vida, para que podamos vivir en la verdad, primera; con el espíritu puro y libre conque nos creaste en un primer momento. Señor como podré agradecer que me hayas llevado al conocimiento de esa verdad que eres tu mismo, me gustaría expresar con palabras este sentimiento que quiere salir de mi, para decir al mundo ¡despierta! que eres libre, rompe las cadenas de tu pecado, sal de tus miedos, eleva tu alma a Dios, y Él vendrá en tu auxilio. En realidad ya vino, dio su vida por ti y por mi, y espera que te rindas, que reconozcas qué, en Él reside toda verdad y todo poder. Cuanto amor hermano, Dios, sin necesitarnos, a dado su vida para que seamos libres; libre del egoísmo que nos ciega, libre de la lujuria que nos encadena, libres del orgullo que nos roba la convivencia y las amistades, libres de nuestra sabiduría interesada que nos lleva a tregiversar tus palabras, a malos caminos y nos enfrenta a nuestros mayores; libres del temor, porque en el que todo lo puede, Csto, encuentro la paz ¡Hermano despierta! confiesa tu pecado aún estás a tiempo, un cielo te espera y comienza ya aquí en la tierra. ¡oh! Papaito Dios cuanto bien me has hecho, a mi, gran pecador, soberbio, orgulloso, engreído, prepotente, impuro, criticón, incondescendiente, malpensado. Señor pecador soy, limpia mi alma, purifica mi mente, enséñame amar, alíneame con tu corazón. Pecador e indigno era, cuando Tú ¡oh Dios mio! me miraste. A pesar de mi vanidad e indefensión me mostraste tu misterio y tu corazón. ¡Oh señor que no me separe de ti! ¡no me dejes tropezar !Dios mio! no quiero ofenderte, ni a ti ni a mis hermanos. Reconstruye mi casa -nuestra casa- porque así tu hijo, derramando su sangre, lo ha querido. Dame la gracia de amar Padre como tu mismo Amas. GRACIAS SEÑOR, INDIGNO SOY. Buenas noches

SIN EL DERECHO A LA VIDA, QUE ES EL PRIMERO DE TODOS LOS DERECHOS NO EXISTIRÍA NINGÚN OTRO DERECHO. VIVE Y DEJA VIVIR. MUJER LLEVAS EN TU SENO UN TESORO QUE SOLO LE PERTENECE A DIOS Y A SI MISMO, PUES ÉL LO HIZO LIBRE.
Rema mar adentro y experimenta que eres una gota de agua en la inmensidad del océano, rema mar adentro y prueba tu inconsistencia y tu vulnerabilidad sobre unos maderos bien enlazados en la noche calma, de estrellas sostenidas, en las manos del amado que las diseñó para tu admiración y deleite. Rema mar adentro en las aguas bravas de la tempestad, para que sientas tu pequeñez y el miedo de que todo se puede hundir en un instante, menos el amor de aquel que puede calmar tu tempestad interior y la cloaca de tu pasado; de mi pasado. Rema mar adentro para arrojarte en las aguas de Dios. Hazte gota salada en el mar de Dios; balanceate en él, surca por sus profundidades entre esculpidos corales de espontánea belleza anárquica. Adéntrate entre fiordos, acantilados y cuevas. Déjate llevar del Mar que es Dios y se tú la gota acariciada por la suave brisa en su superficie de una mañana con cielo despejado y cigüeña rasgando el tenue sol que se despereza en su zenit anaranjado. Se por un instante la minúscula partícula que salte alegre y juguetona en el mar embravecido y soberano del Creador. Y verás, con tus propios ojos, que las aguas ya no te producirán terror; no te anegarán; no te quedaran sin aire, sin respiración. Adéntrate hermano, suéltate al brazo paternal del océano que todo lo suaviza, todo lo llena de puentes de arcoiris. Se gota, no quieras ser roca estática, piedra insensible varada por el orgullo, nave arrastrada por cualquier viento que se pierde en el vació de sus bodegas agostadas por el tiempo y el hambre del hombre insustancial que todo lo devora menos el silencio de su soledad. No tengas miedo de ser lo que eres, de tu destino primero. Purifícate en el mar de Dios, vuélvete al amor que te engendró y que después te rescató por tu indolencia. Retorna al mar, que el mar se volverá nube y la nube te soltará de su aterciopelada mano como renovada gota enérgica que alimenta plantas, sacia la sed de animales y vigoriza las células de los hombres, tus semejantes. Tú, hermano, eres agua, yo soy agua: algunos sabios dicen que en un ochenta por ciento, pero sobretodo eres mar, hijo del mar, hijo de Dios y hermano del hijo del hombre.
Un abrazo donde quieras que estés; y ten, siempre, presente que en la tormenta el agua no se estremece, simplemente salta por encima de ella para quedar iluminada de colores.
Buenos días hermanos comencemos el año con el mejor de todos los propósitos: no juzgar al hermano. Al hacerlo levantamos muros de incomunicación. El que mata a una persona acaba con su cuerpo; el que juzga, en cambio, da muerte en vida a una persona haciendo de ella un cadáver viviente. Es más Jesús nos dice unas palabras muy duras en el evangelio de Mateo 7, 1-5 a este respecto: «No juzguéis para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis, seréis juzgados; y con la medida con que midáis, se os medirá. ¿Y por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano, y no te das cuenta de la viga que está en tu propio ojo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad para sacar la mota del ojo de tu hermano. No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las huellen con sus patas, y volviéndose os despedacen».
Si el gusanito creyera
que, por salvar al gusano
como si fuese su hermano
gusano el hombre si hiciera,
¿Qué criatura no reiría
semejante tontería?
¿Y es que se puede creer,
sin que ya nadie se asombre,
que por salvar a los hombres
Dios hombre llegó a ser?
En la humana gusanera
un Dios se dejó caer…
O está loco quién lo cree
o Dios es loco en primera.
Locura en verdad divina
de las que no tienen cura.
¿Quién entiende o se imagina
ser Creador hecho criatura?
Es que Dios se ha trastornado
con la locura peor.
Es que Dios se ha enamorado:
una locura de amor.
Autor desconocido.
Estaban el abuelo y su nieto en el campo en una bella tarde otoñal.
De repente, el abuelo dice: “En unos minutos pasará por aquí un carro, verás que está casi vacío”. El nieto mira al abuelo, contempla al camino cercano, y no entiende lo que le anuncia el señor.
Entonces afirma: “Pero abu querido, no hay nada de nada por ningún lado, ¿no lo ves? Hasta donde alcanzo a ver, estamos solitos en el campo.”
Abuelo dice: “Ten paciencia hijito, tu ves ahora, pero yo atiendo a lo que vendrá también.”
Pasaron unos escasos minutos, el nieto se impacientaba más y más.
Cuando desde la curva del camino surge como mágicamente una carreta lenta, tirada por un viejo y gastado equino. Su paso cansino estaba acompañado de un ruido impresionante, que con cada metro crecía y atronaba el ambiente. Al estar a poca distancia el sonido se había vuelto ensordecedor.
El niño quiso comentar algo a su abuelo, pero casi que ni se podía a causa de la carreta aburrida y molesta.
Con gestos el anciano pide al niño observar el interior de la carreta y descubren que como había anunciado el abuelo estaba casi vacío, tan sólo habitado por un par de latas y algunas cosillas insignificantes más.
Pobremente pero atronadoramente el carro al fin pasó.
Al rato volvió la calma, el silencio constructor nuevamente al ambiente familiar.
El niño estaba maravillado con el poder mágico de su abuelo y se lo hizo saber.
Pero el sabio con humildad le dijo: “No hijito mío, no es magia, solamente prestar atención a lo que se ve, pero también a las otras informaciones que están a nuestro alcance. Yo aprendí que cuando el carro está más vacío y menos ordenado, más ruido y molestias causa a los demás. Así, cuando sentí el ruido lejano de latas chocando, comprendí que pronto pasaría una carreta casi vacía por aquí.”
Sabias palabras del maestro: Cuando más vacío estás de contenido, y menos orden interno tienes, más ruido haces, más molestas, más palabras altisonantes y huecas empleas (a veces), más te quejas, más agredes gratuitamente, más exiges sin bases, más aportas al caos y la destrucción.
No te amilanes hermano ante aquellos que buscan llamar la atención de todo el mundo, probablemente sean bastante menos de lo que dicen ser. Solo que necesitan ocultar que su carro está vacío.
Yo, por mi parte, traté de llenar el mio de muchas cosas que, por su inconsistencia, se caían antes o después del mismo: política, deporte, pareja, filosofía, sexo, trabajo. Finalmente reconocí a alguien en el camino al que ya había invitado en alguna ocasión a subir a mi carro. Él me dijo: puedo llenar tu carro. Contesté ¿de qué señor? Él respondió: abraza tu cruz ella llenará tu carro y tú caminarás silencioso, en paz y satisfecho. Luego añadí: señor dame una prueba. No una, hasta por tres veces medió el mismo mensaje, desde su cielo, años después de apearse de mi carro: ¡abraza tu cruz!… Y, sucedió, al abrazar mi cruz, mi carro comenzó a caminar silencioso, alegre y esperanzado en aquel que tras la aceptación de su, propia, cruz resucitó, perdonó al mundo su pecado y lo liberó de sus cadenas. Ahora soy libre hermano ¡Alabado sea Dios en el que todo lo puedo!
Una de las cosas que recuerdo de mi mamá es que, cuando hacía cosas que ya la sacaban de sí, me solía recordar: “mirá que Dios castiga sin mostrar la vara…”. No sé si le hice caso alguna vez luego de que su reto terminara de esa manera… pero creo que es un refrán interesante para que reflexionar sobre este tema. Y, a pesar de su simplicidad, tiene varias aristas que nos ayudarán.
Comencemos por la negativa: la imagen de Dios que te deja esta expresión. Parecería que nuestro Señor es alguien celoso y malicioso, que está esperando que pises el palito para caerte con todo el poder de su fuerza. Y es la imagen que solemos tener cuando frente a alguna calamidad, nos preguntamos: “¿qué hice para que Dios me castigara de esta manera?”. Pero nuestro Dios no es Alguien que está atento a nuestras faltas… para destrozarnos. Al contrario, es el Misericordioso Padre que entregó a su Hijo para que, desde el amor crucificado, nos regalara la presencia viva del Espíritu Santo (Jn 3,17).
Una respuesta…
Entonces… ¿debemos afirmar rotundamente que Dios no castiga y se olvida de todo? Sí y no.
Sí, en el sentido que en su misericordia está atento a perdonar a quién reconoce su falta y desea convertirse (a esto le decimos sacramento de la confesión).
Pero también debemos decir que no a esa pregunta si a partir de ella pensamos que a Él le da igual la bondad que la maldad. Dios se toma todo en serio, y su seriedad llega hasta la sangre derramada (como ya dijimos). Por eso nos ha enseñado un camino de vida para que encontremos la plenitud y la felicidad: y ese camino es ley que debemos cumplir.
Ahora bien, Dios no necesita intervenir “directamente” para que llegue a nosotros su “castigo” en este mundo. Simplemente nos llega como consecuencia del incumplimiento de sus leyes. No tenemos mucho espacio para explayarnos, así que simplemente nos quedamos con un ejemplo. El creador ha puesto su ley en el orden del universo. Cuando hacemos destrozos en el medioambiente… se recalienta el planeta, vienen sequías o inundaciones… Y si… tenía razón mi mamá al firmar que Dios no necesitaba mostrar su vara para hacernos dar cuenta de las cosas malas que desataban nuestras malas acciones.
Más complejo es el tema de nuestras maldades y vicios, pero el resultado es siempre el mismo: con el correr del tiempo la maldad que desatamos en esta vida se vuelve contra nosotros mismos.
¿Eso es todo?
No. No olvidemos que Dios es misericordioso, lento a la ira y presto a perdonar… mientras dura nuestra existencia en la tierra. Cuando la muerte nos llame al encuentro, entonces su misericordia toma el nombre de justicia. San Pablo nos advierte que vendrán las consecuencias:
“por tu obstinación en no querer arrepentirte, vas acumulando ira para el día de la ira, cuando se manifiesten los justos juicios de Dios” (Rom 2,5).
Y si, aunque parece estar “pasado de moda” hablar sobre él, no debemos olvidar que el infierno existe. Eso sí, el infierno no es un “castigo” de Dios… es simplemente la consecuencia de no vivir de acuerdo a sus leyes: yo lo elijo y me lo gano.
Sacado del blog del Padre Fabián. http://padrefabian.com.ar/dios-castiga/
Oración sacerdotal:
1 Así habló Jesús, y alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti.
2 Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado.
3 Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo.
4 Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar.
5 Ahora, Padre, glorifícale tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese.
Hace cosa de unos días un amigo me pidió que hiciese una meditación, puesta por escrito, sobre un pasaje bíblico, puesto que deseaba mostrarme en esa Palabra, algo que anteriormente él ya había descubierto. Después de hacer una lectura pausada y con tiempo me quedé gratamente sorprendido de la cantidad de revelaciones que te puede dar Dios a través de su Palabra.
Así, pues, no hacen falta muchos conocimientos teológicos para saber, que es lo que Dios quiere comunicarnos en las Escrituras, pues como todo padre que se precie, lo que desea, por encima de todo, es hacerse entender de su hijo, y por eso le explica con claridad como debe cruzar una calle, o como conducir la bicicleta por la ciudad, entre otras observaciones para que el niño pueda desenvolverse en la vida. Reconozco que puede haber pasajes o libros difíciles de interpretar en la biblia, el mismo apóstol Pedro dice: Que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada (2 Pedro 1, 20). Si esto sucede con las profecías, no pasaría lo mismo en cambio con el resto, de ahí que Juan diga por otro lado: Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe… (1 Juan 27). De esta manera, por lo general, está todo meridianamente claro, un Dios todo bondad y justicia, que desea, sobre todo, que renunciemos al pecado, para que podamos tocar y vivir el regalo de la salvación, no creo que luego, por otro lado, nos lo complique, sobre manera, cuando desea indicarnos el camino para llegar a este cometido por medio de su Palabra. Fue por esto que S. Francisco de Asís llegó donde llegó; es decir, a la perfecta sabiduría que consiste en amar a Dios y al prójimo con entera libertad, a partir de la lectura de una biblia que le regaló su madre. Por lo ya expuesto, creo que en el presente se abusa de la exégesis, con lo cual en ocasiones da la impresión que las cartas de los apóstoles y de los evangelistas no fuesen referencia de lo que ellos mismos habían visto y palpado en presencia de Jesús, sino de lo que cualquiera pueda imaginar conjeturando y asociando la cultura y la ciencia actual, con realidades espirituales y experienciales de los discípulos de Jesús.
Lo que descubro principalmente en ese Dios Padre que nos muestra Jesús, es que desea una fe incondicional y es, precisamente, a los que creen conocer a Dios, a los que se les oculta la Salvación por falta de fe: su misma sabiduría les oscurece el entendimiento y la razón; (Lucas 8, 10) “para que viendo no vean y oyendo no entiendan” ¿Cómo van a esperar estos sabios de las Escrituras, que su Dios hable en el lenguaje del pueblo; en el lenguaje de los pastores, de los labradores, de los pescadores, de las amas de casa? ¿Cómo van a esperar los eruditos que no sean ellos los primeros (ya que han dedicado muchas horas al estudio de la biblia o al estudio de los que otros habían creído descubrir en ella) a los que Dios revele los misterios de su Reino, los misterios de Dios?
Dios, por otra parte, evita descubrir todos y por completo los misterios en Él escondidos, a excepción de muy pocas personas en la historia de la salvación. Como dije antes, Dios quiere y desea una fe absoluta, y no conozco a nadie que haya tenido una experiencia mística de parte de Dios, que no haya cambiado radicalmente su vida por muy pecador que fuese ésta persona anteriormente a esa experiencia. ¿Pero esto tiene un valor, por parte de la persona? me temo que no; no demasiado y me explico: ¿Creen que muchos hijos (incluyéndome a mí mismo cuando he sido joven) no hubiésemos cambiado nuestras reticencias, críticas, falta de atención, ayuda, cariño… hacia nuestros padres si ellos, en su momento, nos hubiesen podido mostrar directamente cuánto amor se escondía en su corazón; cuáles eran sus sentimientos, cuáles sus traumas, de que deseaban protegernos cuando nos corregían, sus desvelos: cuantas noches de insomnio preocupados por nuestros problemas buscando el mejor de los consejos para que pudiésemos salir de ellos?
Amor es adherirse a una persona, confiar en su palabra, darle margen, esperar en ella, sentir desde su dolor y su alegría… sin tener todas las cartas boca arriba sobre ésta ¿Tiene algún mérito que sigas a una persona, a tu padre, a un amigo, a Dios, por consiguiente, cuando sabes de antemano que posee en sí misma? ¿ o que, por otro lado, si te separas de ella vas a carecer de todos sus bienes; en el caso de Dios bienes infinitos? Pues me temo que no, esto equivaldría a estoy contigo por interés, no por amor.
Dice San Pablo que tuvo varias revelaciones por parte de Dios: (1 Corintios 2,9) Antes bien, como está escrito: cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman.
Por tanto, de todo lo comentado con anterioridad se infiere, que el amor más genuino, es el que espera todas las promesas de Dios, sin haberlas visto o, ni tan siquiera, atisbado. Por eso la fe es el binomio del amor, de aquel que cree sin ver y espera en la Palabra sobre toda palabra, la de Dios.
Apocalipsis 21,9b-14.
Luego se acercó uno de los siete Angeles que tenían las siete copas llenas de las siete últimas plagas, y me dijo: «Ven que te mostraré a la novia, a la esposa del Cordero».
Me llevó en espíritu a una montaña de enorme altura, y me mostró la Ciudad santa, Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios.
La gloria de Dios estaba en ella y resplandecía como la más preciosa de las perlas, como una piedra de jaspe cristalino.
Estaba rodeada por una muralla de gran altura que tenía doce puertas: sobre ellas había doce ángeles y estaban escritos los nombres de las doce tribus de Israel.
Tres puertas miraban al este, otras tres al norte, tres al sur, y tres al oeste.
La muralla de la Ciudad se asentaba sobre doce cimientos, y cada uno de ellos tenía el nombre de uno de los doce Apóstoles del Cordero.
Salmo 145(144),10-11.12-13ab.17-18.
-Que todas tus obras te den gracias, Señor,
y tus fieles te bendigan;
que anuncien la gloria de tu reino
y proclamen tu poder.
-Así manifestarán a los hombres tu fuerza
y el glorioso esplendor de tu reino:
tu reino es un reino eterno,
y tu dominio permanece para siempre.
-El Señor es justo en todos sus caminos
y bondadoso en todas sus acciones;
está cerca de aquellos que lo invocan,
de aquellos que lo invocan de verdad.
Evangelio según San Juan 1,45-51.
Felipe encontró a Natanael y le dijo: «Hemos hallado a aquel de quien se habla en la Ley de Moisés y en los Profetas. Es Jesús, el hijo de José de Nazaret».
Natanael le preguntó: «¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?». «Ven y verás», le dijo Felipe.
Al ver llegar a Natanael, Jesús dijo: «Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez».
«¿De dónde me conoces?», le preguntó Natanael. Jesús le respondió: «Yo te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera».
Natanael le respondió: «Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».
Jesús continuó: «Porque te dije: ‘Te vi debajo de la higuera’, crees . Verás cosas más grandes todavía».
Y agregó: «Les aseguro que verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»
Comentario:Ayer como hoy nos hablan las lecturas, acerca de la Iglesia -que somos todos los cristianos- como la esposa del Cordero de Cristo. Jesús se hace uno con nosotros cuando asimilamos su carne en nuestra carne a través de la eucaristía y se hace espíritu con nosotros cuando nos desvela quien es (su amor) en su Palabra. Pero para que esta unión sea completa la novia la Iglesia, es decir cada uno de los bautizados en particular, le debemos dar un «si quiero» a Jesús por respuesta. Este sí, conlleva que por nuestra parte como novia desposada estemos dispuestos a ser uno con Él, es decir identificarnos con Él en pensamientos y obras: guardando su palabra, asimilándola, y finalmente haciéndola vida en nosotros. ¿Estas dispuesto en el día de hoy a ponerle la alianza a Cristo sellando con Él, el sí de formar una sola carne en espíritu y verdad? Él, ya, la selló con nosotros en la cruz para la eternidad.
Don Miguel vivía en la ciudad y tenía un almacén. Don Justino vivía en una finca y elaboraba una harina de mandioca muy apreciada. Un día los dos se pusieron de acuerdo para intercambiar sus productos. Justino proveería de harina a Miguel, mientras que Miguel le daría sal a cambio.
Así sería el acuerdo: un kilo de harina por un kilo de sal. Todo fue bien durante algún tiempo. Un día al comerciante empezó a desconfiar: será verdad que esta harina pesa un kilo? Tiene volumen, pero peso, yo no sé. Para salir de dudas, puso la harina en la balanza. De hecho, la balanza (verificada por el inspector pocos días antes)
Apenas marcaba 800 gramos. No lo pensó dos veces. Corrió hasta el comisario. Al día siguiente, el campesino fue llamado a presentarse en la delegación para explicar el caso. Un poco avergonzado, habló: Señor comisario, nunca he tenido intención de engañar a nadie, ni siquiera a un tonto. Dios lo sabe. Nuestro trato era cambiar un kilo de harina por un kilo de sal, pero yo no tengo balanza en mi casa. Por eso inventé una balanza de tipo casero. En esa balanza campesina, el contrapeso de la harina era el mismo paquete de sal que me mandaba el comerciante…. Porque yo pensaba que la sal pesaba un kilo completo.
El comisario se volvió hacia el comerciante y le dijo: Ahora saque usted mismo sus conclusiones. Yo ya saqué las mías…
Autor Desconocido.
Seamos coherentes, si pedimos amor, comprensión, afecto, solidaridad, escucha, perdón, tolerancia, atención, consideración, libertad, compañía, etc; demos lo mismo. Y si somos incapaces de dar, al menos guardemos silencio para no romper la armonía.
De cualquier modo, si deseas hacer lo correcto, da sin pedir, porque amar consiste en eso; lo demás es un intercambio de intereses.
Este cuento o relato se puede aplicar a todas las parcelas en las que interactúa el ser humano; la familia, el trabajo, la amistad, la fe, e incluso la política: No puedo exigir justicia si yo no la practico.
SALMO 127: Canto de peregrinación. De Salomón.
01_ Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los albañiles; si el Señor no custodia la ciudad en vano vigila el centinela.
02_ Es inútil que ustedes madruguen; es inútil que velen hasta muy tarde y se desvivan por ganar el pan: ¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
03_ Los hijos son un regalo del Señor, el fruto del vientre es una recompensa;
04_ como flechas en la mano de un guerrero son los hijos de la juventud.
05_ ¡Feliz el hombre que llena con ellos su aljaba! No será humillado al discutir con sus enemigos en la puerta de la ciudad.
¿Dónde está oh muerte, dónde tu victoria? ¿Esta en la droga que ofusca la conciencia? ¿En el alcohol, liquido elemento nocivo para el cuerpo? ¿Acaso en el deleite sensual, que te va encadenando poco a poco en placeres efímeros y primarios, por el que muchos hombres han puesto en juego su familia, su fortuna y otros llegaron incluso al asesinato o la apostasía? ¿Tal vez ¡oh muerte oh pecado! está tu victoria en el dinero? vil metal, nunca mejor dicho, por el que muchos explotan a sus hermanos, contaminan el medio ambiente, prostituyen a sus mujeres y a sus hijas, extorsionan y esclavizan a sus ancianos, desatienden a los hijos, hacen saltar por los aires su corazón en un infarto o defraudan el futuro de su país escondiendo sus riquezas? ¿Dónde ¡oh muerte oh pecado! proclamas tu victoriosa? ¿Quizás en el poder? ¿tan insegura eres muerte, que necesitas dominar para sentirte alguien, para que no te dejen sola, para esconder tu verdadera personalidad, débil e insegura de ser amada por ti misma? ¿Puede muerte que tu victoria esté en consultar los arcanos, en la brujearía, en el tarot, en técnicas ocultistas de sanación, por las que muchos han sido engañadas, dirigidos, manipulados, empobrecidos y finalmente poseídos? ¿Por qué ¡oh muerte! no dejas que Dios sea Dios, que gobierne él? ¿está en la venganza, gusano que corroe el alma y no la deja en paz porque se alimenta de si misma? ¿Esta, tu victoria, en los juegos de azar?¿Donde oh muerte, oh pecado, has ganado alguna batalla? Creo que, únicamente, en la guerra. Allá te jactabas de haber encontrado lo que buscabas: sangre, llanto, estupor, miedo, y sobretodo a ti misma; más muerte. ¡Hombre despierta! Que la muerte siempre viene disfrazada cual seductora sirena: brillante y voluptuosa en principio; vacía, vengativa, ruinosa y sanguinaria, poco tiempo después. Muerte o pecado, definitivamente, estás al desnudo y sin otra recompensa, que tu verdadera morada: la tumba abierta.
Pensamiento para hoy: «Un hombre no es totalmente libre hasta que deja de odiar a su enemigo, entonces es cuando, éste, dejará de haber significado algo importante en su vida».
Si hace tiempo que no lo haces te invito a orar:
Señor haz que yo sepa apreciar tu misericordia y tu bondad todos los días de mi vida, que pueda ver en los acontecimientos, diarios, como extiendes tu protección, tu amor y tu bondad sobre mi y mis hermanos. Que recuerde siempre cual fue la mano que me saco de la esclavitud del pecado y de la red donde me tenían atrapado mis enemigos, que recuerde el abismo a donde fuiste a rescatarme y no me olvide que me llevaste a tierra firme a precio de sangre, de la tuya. Señor hazme uno contigo, estoy llamando a tu puerta, la arena del desierto se me ha pegado por todas partes y me pesa como una losa; la sequedad a la que fue expuesta mi alma me impide derramar lágrimas por ti y mis hermanos. Quiero llorar por ti, morir de vergüenza por mi dureza de corazón y la de mis hermanos, permítemelo Señor. Enternece y ablanda mi corazón: podría estar llorando el resto de mi mida y aún así no pagar todo el bien que me has hecho. Déjame pasar a tu morada para que el corazón vuelva a circular al ardor de tu presencia. Hazme no estar pendiente del milagro para darte gracias en todo momento; para alabarte y reconocerte, también, en los momentos de agitación y contrariedad. ¡Oh Padre eterno! envía luz y entrañas de misericordia, sobre todos los que tenemos el corazón encallecido, para que seamos signo de ti entre los incrédulos y, especialmente, sobre los despreciados del mundo; tus predilectos: haz que sus llantos sean los míos, sus angustias las mías y sus pobrezas mis desvelos. ¿Señor que será de tu cruz, sino me hago uno contigo? ¿dónde quedará tanta vigilia por los montes, dónde tamaño desprecio, dónde tanta soledad, dónde tanto dolor, dónde inconmensurable traición; y, luego, donde perdón tan sublime y misericordia tan infinita? Acaba ya para siempre con mi afán de ser estimado por todos, mi orgullo, mi ira, mis miedos. Y hazme, a cambio, gozar por un instante con las delicias de tu amor en tu presencia, para de esta manera poder ver al hermano como tú lo ves, en su anchura y profundidad, y no bajo el prisma y el tamiz de mis propias debilidades; hazme puro para que saque lo mejor de cada cual y de cada situación. ¡Dios mio cuanto te anhelo!
A causa de los medios de comunicación laicistas que contaminan y envenenan el alma del hombre, en unas ocasiones y, en otras, a causa de los ataques, directos, de los enemigos de la religión para imponer sus propios criterios –siempre fundamentados en su ínfima ciencia, en su filosofía, en su teología o en satisfacer sus apetitos carnales-; muchos de los miembros de la iglesia han sucumbido y han optado por los valores del mundo: unas veces por que ellos mismos están sometidos a la tiranía del pecado y, otras, a causa de una caridad mal entendida. Se juega a ser padrecitos, cuando en realidad la paternidad requiere: compasión y misericordia, sí; pero, también, autoridad y límites. A estas alturas deberíamos tener, todos, las ideas bastantes claras. Y para el que no las tenga, intentaré en la medida de lo posible clarificarlas:
A los laicos decirles que con Dios no se mercadea. No podemos comprar la voluntad de Dios, con velas al santo, con novenas, con el rezo de una estampilla, con una oración en cadena. Ni tan siquiera, podemos comprarlo rezando el rosario o yendo a misa una vez a la semana, si vivimos, luego, el resto de la misma con criterios no evangélicos, es decir, desentendiéndonos de las obligaciones para con la sociedad, para con los hermanos y, finalmente, escondiendo a Dios en la cartera hasta que pase el monaguillo el cepillo en la misa el día de guardar.
¿Qué buscas, hermano, cuando te acercas a la casa del Señor? Haz por una vez en tu vida un acto de sinceridad contigo mismo, tengamos el suficiente temor de Dios para hacerlo, no por su celo o ira, sino por su magnanimidad: ¿Te acercas a la Casa del Señor buscando amistades para mitigar tu soledad? ¿Te acercas a la casa del señor para adquirir conocimientos acerca de Dios y luego pavonearte de ello ante los demás, engordando tu ego? ¿Te acercas a la casa del Señor en busca del amuleto que te salve de todos tus males? ¿Te acercas a la casa del señor para alcanzar reconocimiento social? ¿Te diriges a la casa del señor para ocultar tu doble moral o, tal vez, para servirte de su buena imagen? ¿No será por este cura, en concreto, al que idolatras, por lo que te mantienes en la casa de Dios? ¿O te diriges, finalmente, a la Casa del Señor, para conocer la voluntad de Dios y con humildad, tal y como hizo María, decirle: “He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra”. Es decir, hágase en mí conforme a tu deseo, tu voluntad, tu pensamiento, tu conocimiento; no en una actitud de escucha pasiva, sino de obediencia que me lleva a la acción.
Hermano Dios es un dios «celoso», que no admite competidores Dice la Biblia; como, también, nos dice que no admite medias tintas: «porque no eres ni frío ni caliente te vomito». Ni tan siquiera, Dios, da respuestas siempre a los que siguen su voluntad; porque bien dice la Palabra que “sus caminos no son nuestros caminos y sus pensamientos, igualmente, tampoco coinciden con los nuestros». Por tanto Dios nos hablará, de una forma u otra, cuando estemos lo suficientemente preparados para poder dar credibilidad a lo que nos esté diciendo; y nos ayudará, igualmente, en la medida de nuestra fe. Pero, del mismo modo, bajo su criterio que puede no coincidir con el nuestro. Queridos hermanos, en resumen, a Dios no se le compra. Ha sido Él, por el contrario, el que nos ha comprado a precio de sangre para que podamos ser otro Cristo, no como Él, sino en Él.
Hermanos, que no seamos como el pueblo de Israelita, que anduvo cuarenta años, perdido, dando vueltas por el desierto sin encontrar la tierra prometida a la que, muchos, ni siquiera pudieron entrar porque dudaron de la palabra de Dios. No seamos como ese pueblo que tenía a Dios de su parte pero al que no pudieron conocer debido a que confiaron más en su propia fuerza y sabiduría; cuando no, en otros ídolos hechos del mismo barro que ellos. Y aunque hayas buscado a Dios de forma interesada, no importa, hasta de eso se vale Dios, para darse a conocer, lo importante es que salgas de ti mismo, para dejarte transformar por su Palabra, por la buena nueva del evangelio.
A los pastores, lo que ya decía anteriormente: dejad de ser padrecitos para ser pastores, la gente no es tonta y sabe lo que va buscando, y no siempre se acercan a la iglesia, como dije anteriormente, para buscar a Dios, porque si así fuese, los que estamos dentro de ella, ya, habríamos puesto el mundo del revés, como lo hicieron los doce apóstoles en su día, puesto que el Espíritu Santo es el mismo entonces que ahora ¿o piensan que ya no es el mismo? Tenemos, hermanos, obligación de acoger a todo el mundo en la Iglesia, pero no tenemos necesidad de llenar las iglesias, a cualquier precio, para satisfacer los egos de cada cual (entre otros, el reconocimiento público de sus errores o elección de vida personal) a costa de menoscabar la Palabra de Dios y la unidad de la Iglesia, «representante de Cristo en la tierra» ¿o lo dudan?
De siempre, por otra parte, ha habido en los templos personas -incluso de misa diaria- que no han tomado la comunión y nadie las ha señalado o las ha discriminado por eso. No es necesario llenar las iglesias a cualquier costo, para echar el sermón, quedar muy mono, porque me ha escuchado mucha gente, y si te vi no me acuerdo, hasta la semana que viene. Querido pastor, querido hermano, enséñennos, más bien, que la salvación consiste en la comunión de espíritu, es decir, en hacerse uno con Cristo en pensar, en sentir y en obrar. Y, entonces, Dios mismo morará en nosotros:
1 Corintios 3, 16 ¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él, porque el templo de Dios es santo, y eso es lo que vosotros sois”. Parece que en Europa se ha dejado de pecar: a pocos sacerdotes se les ve en el confesionario y no pocas personas se acercan, en cambio, a comulgar. Yo me pregunto ¿no estarán o estaremos comiendo nuestra propia condenación como se nos dice en 1 Corintios 11:27-29? No mis queridos pastores, no os dejéis engañar por vuestros conocimientos filosóficos y teológicos, vosotros deberíais saber mejor que nadie que esto, de la salvación y de la gracia, no va de conceptos y palabras, sino de corazón, de entrega y de echar horas ante el sagrario. Conceptos y palabras, por otra parte, por las que se nos cuelan los demonios ¿o es que se exterminaron todos los que existían, cuando Jesucristo los precipitó por un acantilado dentro de una manada de cerdos? Palabras, por otro lado, con las que justifican que unidad y uniformidad no es lo mismo ¡pues claro que no es lo mismo! no todos son consagrados, no todos sanan, no todos profetizan, no todos hablan en lenguas. Pero sí que la Palabra de Dios -¿o dudan que sea palabra de Dios?- nos insta a la unidad de pensamiento y no a la diversidad o «des-uniformidad» ¿o no fue este acaso el motivo, el de guardar y preservar la unidad, por el que nacieron los concilios y el magisterio de la iglesia?
Sí, si veo muy bien que se recoja el pensar del pueblo, y se exponga allí donde proceda ¿o se han olvidado, ya, que la iglesia es jerárquica y no un patio de recreo? ¿No sabíais todas estas cosas al poco de entrar en el seminario? ¿O es que, acaso, no fuisteis libres a la hora de profesar los votos?: «Ustedes deben considerar ansiosamente una y otra vez qué clase de carga es esta que están tomando sobre ustedes por su propia voluntad. Hasta aquí ustedes son libres. Aún pueden, si lo desean, regresar a las metas y deseos del mundo”.
¿Qué es eso, entonces, de opinar en público o en privado? No en boca de pocos, de ustedes, consagrados, he oído estas palabras: “la iglesia dice, pero yo opino”. Te guste o no, tú no puedes opinar por tu cuenta, hiciste un voto de obediencia, y tu sitio para dar tu opinión es el obispado o en los cauces que la misma iglesia tiene al uso para ello.
Otra cosa bien distinta es que el pastor en su oficio de guía espiritual y bajo la dirección de las Escrituras y la iluminación de la Iglesia y a través de la obra del Espíritu Santo en su misma persona, ante un caso particular de una persona concreta, intente gradualmente -sin que la letra mate al espíritu y la vida que hay en ella- mostrar la Verdad Evangélica a la persona, una Verdad que no es relativa, porque entonces dejaría de ser Verdad; Mateo 24, 35: “Cielo y tierra pasará más mi palabra no pasara”.
¿Qué es fuerte lo que digo? Más fuerte eran las palabras de Jesús a sus contemporáneos cuando los tildaba de sepulcros blanqueados o cuando le dijo a su discípulo Pedro: “Apártate de mí satanás”. Siendo qué, Pedro, buscaba, aunque fuese con criterios del mundo, el bien de Jesús, al que sin duda alguna amaba.
Seguro que pensareis que yo no soy Jesús para hablar de este modo. Y así es, pero como ocultar esto que corroe mis entrañas, esto que siento necesidad de decir porque es una verdad que no es mía; una verdad que yo mismo aprendí de ustedes, pastores, en mi casa que es la vuestra, la Iglesia.
Por cierto, no hace mucho escuché una premonición -no digo profecía porque esto más bien corresponde a la iglesia dilucidarlo- en la que se decía, que los protestantes terminarían adoptando los criterios católicos y los católicos los protestantes. Por lo que he ido observando y escuchando en algunos sacerdotes católicos de un tiempo a esta parte; esto es ya, en el presente, una realidad en su pensamiento. El relativismo en el que nada el mundo, parece que también ha tomado asiento en, no pocos, miembros de la Iglesia.
Después de esta disertación, hermanos, no me cabe otra cosa que decirles, y lo digo con el corazón por delante, que me considero el más pecador de entre todos los que puedan leer este artículo; pero por esto mismo, le pido al Señor, que, por más grave que sea mi pecado, me dé la valentía suficiente de reconocerlo ante Él y no justificarme arrastrando a otros tras de mí. Porque, solamente, el que reconoce su enfermedad puede curarse; solo el que reconoce su pecado y no justifica su delito puede alcanzar el perdón y la misericordia de Dios; solo el que reconoce, finalmente, que nada es y nada puede sin la Gracia del Espíritu Santo, puede comenzar una vida nueva en Él.
Filipenses 2, 1-21
1. Si la exhortación en nombre de Cristo tiene algún valor, si algo vale el consuelo que brota del amor o la comunión en el Espíritu, o la ternura y la compasión,
2. les ruego que hagan perfecta mi alegría, permaneciendo bien unidos. Tengan un mismo amor, un mismo corazón un mismo pensamiento.
No hagan nada por rivalidad o vanagloria, y que la humildad los lleve a estimar a los otros como superiores a ustedes mismos.
4. Que cada uno busque no solamente su propio interés, sino también el de los demás.
5. Tengan entre ustedes los mismos sentimientos de Cristo Jesús.
6. Él, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente:
7. al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz.
9. Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre,
10. para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos,
11. y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: «Jesucristo es el Señor».
12. Por eso, queridos míos, ustedes que siempre me han obedecido: trabajen por su salvación con temor y temblor, no solamente cuando estoy entre ustedes, sino mucho más ahora que estoy ausente.
13. Porque Dios es el que produce en ustedes el querer y el hacer, conforme a su designio de amor.
14. Procedan en todo sin murmuraciones ni discusiones
15. así serán irreprochables y puros, hijos de Dios sin mancha, en medio de una generación extraviada y pervertida, dentro de la cual ustedes brillan como haces de luz en el mundo,
16. mostrándole la Palabra de Vida. De esa manera, el Día de Cristo yo podré gloriarme de no haber trabajado ni sufrido en vano.
17. Y aunque mi sangre debiera derramarse como libación sobre el sacrificio y la ofrenda sagrada, que es la fe de ustedes, yo me siento dichoso y comparto su alegría.
18. También ustedes siéntanse dichosos y alégrense conmigo.
19. Espero, con la ayuda del Señor Jesús, enviarles muy pronto a Timoteo para tener noticias de ustedes y experimentar yo mismo un alivio.
20. Porque no encuentro a otro, que tome tan a pecho como él los asuntos de ustedes.
21. Todos los demás buscan sus propios intereses y no los de Cristo Jesús.
Recuerdo un día, antes de entrar a la catequesis de los niños, que hubo uno de ellos, que se anticipó al resto llegando antes de hora. Momento que aproveché, solo como estaba, para hacerle esta reflexión; máxime siendo, como era el crío, un tanto díscolo. Mirándole a los ojos le dije: ¿sabes que al final de tu vida solo te van a examinar de una cosa? No recuerdo si me contestó o no, solamente conservo la imagen del chaval con sus ojos abiertos, de par en par, y su cuerpo, ligeramente inclinado, en posición receptiva como tierra reseca esperando agua de otoño. Seguidamente le espeté: sí, exclusivamente, te van a poner un examen, el examen del amor. En el que te dirán ¿has amado mucho a todas las personas que pasaron por tu lado o, solamente, estuvieron ahí para aprovecharte de ellas?. Si amigito, le dije, si apruebas ese examen gozaras en la eternidad y estarás junto al Señor. Del mismo modo que, hora, si apruebas las asignaturas del cole, te servirá para ganar el sustento cuando un día te hagas hombre y te independices de tus padres.
Este preámbulo viene a colación de una lectura Bíblica, que minutos antes hacia, en la que S. Pablo nos comenta, que la más excelsa de todas las virtudes es la caridad, entendida esta como amor. Ahora yo me pregunto ¿entendemos realmente que es Amar? Amar, no es tan fácil como pueda parecer a primera vista, ya que la mayoría de las veces que creemos amar a los semejantes, solo nos amamos a nosotros mismos a nuestro egoísmo camuflado de bondad. Ya que amar para que te amen, es buscarse a uno mismo; amar por la recompensa es, igualmente, buscar una satisfacción de si mismo para resarcirse del sacrificio anterior, a mar para que te vean y te elogien, es vanidad. Tampoco es amar, dar una limosna para limpiar la conciencia, cuando no te privas de nada y cerca de ti hay personas que no tiene para comer. Por eso dice S. Pablo, que si no tenemos amor -amor que brota del del corazón- sin esperar, por ello, recompensa alguna, somos como campana hueca: ruidosa y vacía por dentro. Y sigue diciéndonos el apóstol: «Podemos hablar lenguas, poseer todos los conocimientos del mundo, e incluso el don de curar, sanar y hacer milagros; y aún así, de nada nos valdría si no tenemos amor».
¿Que es amar por tanto? Amar es dar sin esperar, regar para que alguien pueda apagar su sed, creer sin ver, otorgar confianza para que el otro pueda confiar en si mismo, alentar para que todos lleguen a su meta; amar es, también, hacerse creíble por las obras, honrar a los padres, saber callar a tiempo, amar es compadecerse y escuchar, amar es devolver bien por mal, amar es no escandalizar a pesar que creamos que nos asiste la razón; amar son muchas cosas, todas en una, que se resumen en obediencia a aquel que es Amor, Dios mismo, que sabe que nos conviene.
Aunque si de verdad deseamos aprender a amar, miremos a Cristo, clavado en la cruz, ocupando el lugar que nosotros hubiésemos merecidos a causa de nuestros pecados. Y como Dios es justo y alguien tenia que pagar por ello, lo hizo aquel que únicamente podía detener su ira y ponerse a la altura de semejante ofensa, su propio hijo. Al que muriendo por ti y por mí para que tú y yo podamos vivir eternamente, se le otorgo vida junto al Padre después de su muerte.
Esta noche tuve un sueño con el que Dios parecía quererme comunicar algo y, de hecho, me comunicaba algo; porque a fin de cuentas, todo lo que acontece, es porque él lo permite y muy pocas o ninguna porque se decida a coartar nuestra libertad o a vengarse de nuestros enemigos. El Padre que se nos muestra en el evangelio es aquél que permite a Judas, en el ejercicio de su libre voluntad, que traicione a su hijo. Del mismo modo que es el Padre Eterno, él que deja caer la lluvia sobre justos e injustos o brillar el sol sobre malos y buenos, como nos lo revela Jesucristo con su predicación en Mateo 5, 45. Así de consecuente es Dios con sus propias leyes: Él es, por antonomasia, el Dios de la PALABRA que cumple su PALABRA.
En el sueño aparecía, el que suscribe, duchándose para salir de casa a altas horas de la noche; cuando de repente hubo un apagón que dejó a oscuras toda la estancia. Como pude, a tientas, terminé de ducharme y fui encontrando, poco a poco, la indumentaria para poder salir a la calle, aún, a pesar que ya me había percatado que el apagón era general y la noche profunda y oscura: noche de luna nueva. Obstinado, no obstante, en mi idea de salir -para finiquitar unos asuntos pendientes y sin contar con luz en el móvil, al que se le había acabado la batería- no tardé mucho tiempo en atravesar el umbral de la puerta. Medio a tientas, flanquee algunas calles, con ayuda de algunas velas que desde los ventanales, parpadeaban cual antorchas; pero que se fueron difuminando a medida que los vecinos, poco a poco, se iban entregando al confort de sus lechos. De esta guisa, casi sin darme cuenta -noche que era cerrada también en nubes- me quedé por completo a oscuras, desorientado y completamente perdido; aunque no, por ello, dejaba de andar; por momentos, hasta a gatas.
El sueño, como la mayoría de ellos, quedó inconcluso; aunque, pronto, pude encontrar su significado; que, por cierto, estaba relacionado con la charla que mantuvimos, por la tarde, un grupo de amigos, correligionarios, en un café.
Vienen días en la vida del cristiano oscuros, de apagón de todos los interruptores, donde te sientes un naufrago a la deriva que no avanzas; donde el mundo te ve un extraño, un paria; un rebelde sin causa, al que su propio Dios parece haber soltado de de la mano. No obstante -y ante la ceguera espiritual de no poder ver en esos momentos, el mucho amor que Dios tuvo para conmigo cuando era un muerto en vida consumido por el pecado- y a pesar de la seguridad que te brinda la casa del Padre, aún a oscuras, decides arrojarte a la calle buscando tu propia luz: una luz hecha de un Dios a tu medida, de la luz inconsistente y frágil, que desprenden velas efímeras, que no tardarán mucho en apagarse: las velas de los otros.
Eso era lo que me estaba diciendo el sueño: Dios y los acontecimientos, en ocasiones, nos ponen a prueba, porque necesitamos madurar y avanzar en nuestra fe. Pero como niños pataleamos, porque deseamos estar, continuamente, en los brazos que nos da la seguridad de nuestro padre o nuestra madre: no queremos estar solos en ningún momento; no queremos tropezar, por consiguiente, no podemos aprender a andar, madurar y ser responsables, de este modo, de nuestra propia historia.
Oración: Padre Celestial, haznos conscientes, por el poder de tu Santo Espíritu, de aceptar el fracaso y las contrariedades de la vida; danos templanza para no castigarnos, a nosotros mismos, aceptando luces de muerte: la lujuria, el placer, la compañía interesada y egoísta de los otros, la inhibición a la responsabilidad de tomar la rienda de nuestra vida y, especialmente, de los falsos maestros, que disfrazados de corderos mansos, nos prometen paraísos terrenales. ¡Bendito seas Padre Eterno, porque has estado y sigues estando -aunque en muchas ocasiones no te sienta cercano- grande y poderoso para conmigo¡ ¡Alabado seas mi Señor¡ ¡Hazme, Dios mio, por tu S. Espíritu humilde y confiado como la Virgen María¡
Dice el Papa Francisco que menguar al hermano no le hace a uno ser mejor de lo que es. Hay personas que por sus conocimientos causan admiración en los demás, y otras, en cambio, causan rechazo; ya que, a causa de su baja autoestima, tratan de demostrar su valía menoscabando la imagen de los otros. Esto, como bien dice el Papa, no te hace mejor ante los ojos de Dios, sino que es causa, por otro lado, de rechazo: es decir lo contrario de lo que buscas. Y, lo peor de todo, es que crea malestar en la comunión de los santos y deteriora el cuerpo místico de Jesús, que es su Iglesia, por dañar la imagen del prójimo y sembrar conflicto. Menoscabar el prestigio de los otros, es una practica habitual, entre miembros de grupos humanos muy diversos, cuya causa reside, unas veces, en los celos y la envidia y, otras, en el afán de dominio, en la vanidad e incluso en la baja autoestima. Aspectos, todos, de la personalidad que, aunque difíciles de controlar, pueden mejorar con una buena dosis de autocrítica diaria, más una conciencia, plena, de saberse necesario pero no imprescindible: hay un dicho que nos recuerda, qué, «de imprescindibles está el cementerio lleno». Esto anterior, sumado a una autoestima suficiente -solo alcanzable en la consciencia de que el valor de la persona reside en ella misma (por ser imagen de Dios), y no en sus añadidos, a saber: dinero, fama, conocimientos, poder, prestigio, posición- darán como fruto una convivencia en paz y harmoniosa, para que muchas empresas y grupos humanos, de cualquier índole, no se vean abocados al fracaso.
Para concluir te haré reflexionar con estas preguntas: A que profesor recuerdas con especial agrado ¿al que te hizo avanzar en tus estudios o al que más conocimientos poseía? y de entre todos tus amigos ¿al que te protegió y estuvo contigo en un momento difícil, o al fanfarrón de turno, que escurría el bulto ante las dificultades?
La verdadera sabiduría consiste: primero en analizarte colocándote frente a tu propio espejo sin máscaras; segundo aceptar esa realidad que tu eres con tu pasado y con tus limitaciones; tercero intentar mejorar lo que puedas de tu personalidad sin violencias y castigos a ti mismo, esto solo empeora tu carácter y las relaciones con los otros; cuarto adécuate a la realidad que te ha tocado vivir, siempre y cuando no se pueda mejorar o no haya otra salida: lamentarse sólo crea desasosiego en tu alma y rechazo por parte de los que conviven contigo. Por último, aprecia y explora al máximo las virtudes y dones que tienes (no importa si son muchos o pocos, no olvides nunca que eres un pequeño engranaje, en la rueda del mundo, de suma importancia), ello te hará valioso ante Dios y, también, ante los hombres; aunque estos, unas veces por orgullo y otras por timidez, no quieran o no puedan poner en alza tu trabajo y dedicación.
Citando a Santa Teresa de Jesús, en su quinto centenario, recordaré unos de sus dichos más celebres: «también entre los pucheros anda el Señor». Muy pronto se dio cuenta Teresa, que, lo importante no es la capacidad, sino la entrega, es decir, hacer las cosas desde el corazón, amando; destino, fin y meta para el que fuimos creados.




