¡Tarde me hallé, tarde te encontré, Señor¡

La Palabra

San Agustín de Hipona lo dice de otra manera, con una experiencia mucho más real y viva de Dios que yo: Tarde te amé, belleza tan antigua y tan nueva…

Como a Dios no se le puede engañar, y si uno lo hace con los hombres, a quienes nos engañamos es, ante todo, a nosotros mismos; porque la verdad siempre termina por abrirse paso. Tengo que decir, que tarde empecé a conocer a Dios, porque a mar, lo que se dice amar a Dios, es una palabra que, hoy por hoy, aún me queda demasiado grande. Alguno se extrañará de que diga esto, porque todo el que me conoce sabe que Dios, de un modo u otro, siempre estuvo en mi pensamiento. Pues bien, no se equivocan, porque realmente es cierto; sin embargo, una cosa es tener a Dios en el pensamiento y otra muy distinta, ser un verdadero discípulo de Jesús y, sobre todo, amarlo. Pienso que un discípulo que decide seguir a su maestro o guía, si lo hace, es porque cree que le puede ayudar a alcanzar el objetivo que busca. El discípulo, para serlo, antes que plantearse amar a su maestro (en el buen sentido del término, entiéndase…) lo que procura con denuedo, además de aprender las lecciones teóricas, es obedecer en todo a su gurú e imitarlo para alcanzar cuanto antes las metas anheladas, que suelen coincidir con la misma perfección del maestro. Lo de la empatía y el cariño vendrá después, si tiene que venir, caso de que haya una relación de complicidad.

Más adelante se comprenderá porqué he escrito el preámbulo anterior. Ahora, Dios mediante, voy a contar algo que durante la oración me quitaba el sosiego esta tarde: pues bien, estaba yo cavilando sobre lo siguiente, sobre que fuerza mayor había estado afectando mi vida para que hubiese tenido que afrontar tantas y tantas adversidades como me han ido llegando a través de los años (ya sé que cada uno tiene las suyas, pero a mí, como es natural, me duelen las mías) y porqué aún, a día de hoy, sigo con tantas incertidumbres en mi vida de cristiano.

Al igual que en otras ocasiones fui a indagar en la Biblia, para ver si el Espíritu Santo tenía a bien aclararme dicha situación, eligiendo una página al azar en la misma; sin embargo, está vez, a diferencia de otras, no hubo respuesta ya que me la tenía reservada para más adelante. Así sucedió, horas más tardes, cuando me dirigí a leer la lectura de la Palabra del día; allí el Señor me abrió los ojos para rebelarme a qué se debía que mi trayectoria por la vida, sobre todo en algunas etapas (bastantes prolongadas, por cierto), hubiese sido cuasi de pesadilla. La Palabra de Dios, hablándome en positivo, porque no enumeraba mis pecados sino lo que había dejado de hacer bien, me estaba poniendo de manifiesto, lo que ya comentaba al principio de este artículo, que había sido un mal discípulo, un discípulo indisciplinado; un discípulo que había seguido mi propio consejo o, cuando menos, el consejo de mi Maestro a medias. En esa lectura se hallaba el quid para que, aún en el presente, no desaparezcan de todo mis miedos y complejos, a pesar de haber dado un salto cualitativo en el seguimiento de Jesús.

La lectura que corrió el velo de mi desinteligencia y desasosiego, la que ha dado argumento para este artículo, fue la de Isaías (48,17-19): Esto dice el Señor, tu libertador, el Santo de Israel: «Yo, el Señor, tu Dios, te instruyo por tu bien, te marco el camino a seguir. Si hubieras atendido a mis mandatos, tu bienestar sería como un río, tu justicia como las olas del mar, tu descendencia como la arena, como sus granos, el fruto de tus entrañas; tu nombre no habría sido aniquilado, ni eliminado de mi presencia».

Pd: Sabemos, no obstante, que Jesucristo después de Isaías, por su sangre, selló un nuevo pacto con el hombre, para que retomara en cualquier momento, por la misma obediencia, el camino de la libertad, del amor, de la paz y de la justicia.

Oración: Señor por esta palabra que hoy me das, me comprometo estar más comprometido con tu Palabra para indagar en ella tu voluntad divina, siempre perfecta y eficaz. Deseo amarte como tú mereces Señor aunque lo haga un poco tarde. Y, desde el fondo de mi corazón, ya casi me surgen las palabras de San Agustín, pero aún no me atrevo a pronunciarlas.

Evangelio de hoy -gracias a la constancia salvarán sus vidas-

http://www.rezandovoy.org/reproductor/adulta/110

Esta es una forma nueva y diferente de acceder al evangelio a través de reflexiones en audio, acompañadas de música relajante que te llevarán a meditar la palabra en silencio, con más profundidad y con menos distraciones.

Para acceder al audio pulsa en el enlace que aparece a continuación y seguidamente en la fecha del dia. http://rezandovoy.org/

¿Cómo espero a Jesús?

pastoresHace unos días una amiga, me pedía que escribiese algo sobre el adviento y la navidad, pues bien, voy a intentarlo. Para empezar, diré que no soy muy dado, pese a ser católico, a profundizar en los tiempos litúrgicos que va marcando la iglesia; aunque no por ello dudo de que tengan su importancia para madurar en la fe o como catequesis. Esto se debe, sobre todo, a que el llamado de Jesucristo, en mí, lo entiendo como algo permanente que empieza al levantarme y termina, también, en el lecho con el descanso nocturno. De esta manera, la relación con Dios, no es un apéndice más en las varias tareas o facetas que tengo que desempeñar en el día a día, sino que es mi vida misma; es decir, el sentido de mi vida, el impulso para empezar cada mañana; mi meta, mi esperanza de felicidad eterna; al mismo tiempo, que se convierte en mi trabajo para dar a conocer esta esperanza y este gozo, que es Jesús, a las personas; es el aire que respiro, es mi salud y mi resistencia en la enfermedad. Él está presente en los días aciagos y en los días radiantes; en mis batallas para conocer que espera de mí. Él, también, por medio de su Palabra, es la fuente en la cual descifro su modo de concebir este mundo -que es el suyo- y cómo lo dirige a través del Espíritu Santo.
De lo dicho anteriormente se deprende, que la venida de Jesús la espero a cada instante, mi tarea es tener la tierra (mi alma) siempre removida para que cuando Él quiera plante su semilla y, ésta, de fruto en su momento. Cómo dice S. Pablo (Romanos 9, 16) la cuestión no está en el querer y o el correr (el hacer) mío, porque entonces me apropiaría la obra de redención de Jesús, y la verdad es, que el pecado nos separa y nos aleja tanto de Dios, que tras la caída de nuestros primeros padres, hemos sido redimidos por pura misericordia de Dios, ya que como se nos dice en la mismas Escrituras: La paga del pecado es la muerte (Satanás lo tiene bien claro, a él no se le ha dado una segunda oportunidad como al hombre). Sí hermanos, espero al Señor en este momento y siempre, siendo consciente de que es Jesús, el que se hace el encontradizo y determina el momento de su llegada a mi corazón. María, la virgen, estaba preparada para aceptar la llegada de Jesús a sus entrañas y a su vida, pero no sabía cuando vendría y si sería ella la elegida. Por lo tanto, lo importante de la navidad no es buscar a Jesús, porque es posible que lo busquemos con conceptos erróneos humanos y equivocados, lo importante para recibir a Jesús -que llega siempre- es tener un corazón receptivo; un corazón pobre, humilde, necesitado y obediente. Un corazón de niño, que cada vez que escucha la Palabra de Dios, lo hace no solo con los oídos, sino con los ojos, el semblante, con todo su cuerpo; y, como María, le da vuelta a esa palabra en sus entrañas par descifrar su misterio. El misterio de un Dios, todopoderoso e inconmensurable, que se hace esclavo y siervo de la voluntad del Padre, un Dios que se deja triturar por amor y para dar vida abundante a aquel, que la quiera recibir.

 

¿Te consideras una persona digna?

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Que significa para un creyente tener dignidad o ser digno. Parece que el centurión del evangelio que pide a Jesús sanidad para su sirviente, tenía bastante más claro que muchos fariseos -que ponían la dignidad de la persona en el cumplimiento de la ley- que es ser digno delante de Jesús. De algún modo el centurión intuyó -por el poder de sanación de Jesús, por lo que había oído hablar de Él, y por lo que llegó a captar en ese bis a bis que tuvieron de palabras cuando se encontraron- que él, frente a Jesús, era un ser insignificante. El centurión que ostentaba un rango ya de por sí relevante dentro del imperio romano y que, a su vez, velaba por que se cumplieran las leyes romanas dentro de los territorios conquistados, como era Palestina; no vio en Jesús un súbdito, un lacayo al cual ordenar imperativamente o coercitivamente la sanación de su sirviente. Con sus palabras (Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará) el centurión desvela su rico mundo interior, él se da cuenta que su poder terrenal actúa en un plano inferior al poder sobrenatural de Jesús, y por eso mismo se siente pobre e indigno de que tal personaje, Jesús, visite su casa. El centurión que es capaz de hacer “comer tierra” a sus subordinados, se siente nada, ante a aquel personaje que curaba a los enfermos e incluso resucitaba a los muertos.
Pero esta lectura del evangelio, como toda Palabra de Dios, es tan actual hoy como ayer, y muchas veces son los más alejados o los más sencillos, los que dan lecciones de fe y esperanza a los teólogos o a los más entendidos, contaminados por la lectura al entrar en contacto con filosofías y antropologías que no tienen en cuenta a Dios.
Así es y me explico: no en pocas ocasiones he leído o escuchado de articulistas y predicadores dentro de la iglesia, también fuera por supuesto (porque como acabo de decir esto viene por una contaminación de filosofías materialistas y escépticas), expresar que la persona pierde su dignidad cuando pierde su trabajo, cuando es explotado, cuando está postrado por una grave enfermedad, cuando es maltratado, cuando no alcanza cierto nivel de renta, etc. Pues bien, frente a este pensamiento ¿alguien podría decir que Jesús perdió su dignidad, cuando fue despreciado por sus parientes y por su pueblo? ¿cuándo fue torturado hasta la extenuación? ¿cuándo tuvo que pagar tributo ante un imperio que tenia sometido a su pueblo? En ningún momento Jesús perdió su dignidad, sino más bien todo lo contrario, ya que la supo mantener, en esos momentos, en los niveles más sublimes que se pueden esperar de cualquier ser humano. Jesús sabía donde residía la dignidad humana, no en circunstancias externas y pasajeras que no depende de la propia persona que la sufre, sino en el interior del hombre. El hombre es Imagen de Dios, y el hombre pierde su dignidad cuando desea conscientemente ocupar el lugar de Dios y decide por sí mismo que hace a un hombre digno o no. ¿Qué persona es la que pierde su dignidad, aquella que se queda sin trabajo (que tiene a Dios por baluarte y defensa) o aquella que despide al trabajador para aumentar la cuenta de resultados a fin de año? ¿Quién es la persona indigna aquel que explota a su prójimo, o aquella que aguanta el chaparrón porque sabe que sus hijos tienen que comer todos los días y a pesar de ello cumple en su trabajo? ¿Quién es la persona indigna, el pobre que está en la calle tirado, o la persona que se dirige al supermercado a llenar el carro de la compra y pasa a su lado con la mayor de las indiferencias?
El hombre pierde su dignidad, cuando pierde la imagen de Dios en él. Qué hacer entonces para no perder la imagen de Dios en nosotros que, como ya hemos dicho, no consiste en algo externo a la persona. Lo que debemos hacer es atender a la revelación, a las Escrituras, allí se nos da a conocer quién es Dios y cómo actúa Dios en la segunda persona de la Trinidad, para que copiemos su imagen en nosotros, oscurecida por el pecado original. La dignidad reside en la persona cuando, al igual que Jesús, obedecemos al Padre, del cual procede todo menos el pecado, y damos la vida, literalmente, por nuestros hermanos. «Un mandamiento nuevo os doy, dice Jesús, que os améis unos a otros como yo os he amado»; es decir, renunciar a mí mismo, como el grano de trigo que se pudre en tierra para dar fruto y renacer, después, en nueva vida y para dar vida; en el caso del hombre con la misma identidad de Cristo: por eso muchos santos hasta recibieron los estigmas de cristo, e incluso la incorruptibilidad de su cuerpo o parte de él.
     Oración: Señor que no olvidemos nunca que el protagonista de la historia eres tú, y que el hombre, por sus propios medios, olvidando tu imagen y su destino, es lo que es (egoísmo)y vuelve a donde lo tomaste antes de darle tu aliento de vida: al polvo de la tierra.
      Y tomando la palabra Jesús, les enseñaba diciendo:
Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados.Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa.Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.

Pd. El cardenal, Van Thuan, hoy en proceso de beatificación,  no se sintió indigno por su encarcelamiento injusto durante 13 años, sino más bien, todo lo contrario, dignificó su persona aceptando la situación por la que Dios había permitido que pasara derrochando amor a sus carceleros y no renegando de Dios. https://es.aleteia.org/2017/05/04/el-cardenal-van-thuan-mas-cerca-de-los-altares/ 

 

Cómo salir de la adicción sin autoengaños

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Uno de los principios más importantes que te ayudarán a salir de tu adicción se puede identificar con estas alegorías: quitarse la máscara, dejar el traje, arrancar de raíz, soltar por la borda, enterrar el cadáver.
Me explico: sabemos que todas las adicciones o la mayoría de ellas van ligadas en buena medida a una huida de la realidad, a un trauma, a una carencia afectiva o a una mimetización de un rol familiar.
También es conocido, que hasta los 13 o 14 años son pocas las personas que se han iniciado en el consumo de sustancias adictivas. Lo cual quiere decir, que si hasta los trece o catorce años hemos podido vivir sin ellas y enfrentar muchas contrariedades, pataletas, desencuentros y que, a su vez, hay muchas personas que siguen enfrentando los problemas (la gran mayoría), después de esa edad, sin necesidad de agarrarse a la muleta del alcohol, de las drogas, del juego, y de otras prácticas igualmente adictivas, …del mismo modo también, la persona que deja la adicción podrá afrontar los problemas y vivir la vida con las capacidades naturales que Dios le otorgó, principalmente la inteligencia, además de la familia -pilar fundamental- y los verdaderos amigos que, como todos sabemos, son contados pero que siempre están ahí para apoyarnos. Sin olvidar que la terapia en la mayoría de los casos resulta de gran ayuda, como otros apoyos para el proceso de desintoxicación, especialmente los medicamentos. De este modo pues, si hubo vida antes de ser adicto hay vida después de serlo, la misma, solo que ahora eres dueño y señor para decidir en cada momento lo que te apetece hacer.
En todo ese proceso de dejar las adicciones, por lo general, se da un autoengaño en el individuo -unas veces inconscientemente y otras solapadamente- que consiste en dejar la adicción, pero sin radicalidad; es decir, postergando la vuelta a la bebida, al tabaco, al sexo compulsivo, a la cocaína, al juego, etc., mientras intenta recuperar lo que las mismas drogas o los malos hábitos le robaron en su día: a unos la familia, a otros la salud, a otros el trabajo, a otros la libertad para dedicarse a tareas más nobles, a otros la pareja, etc.

El problema estriba, entonces, en que muchos adictos no son conscientes de que, por encima de su creencia de poder controlar su adicción -ahora que se sienten fuertes al haber recuperado su posición inicial después de un tiempo de abstinencia- está la huella que su conducta aditiva dejó en su cuerpo y en su cerebro; en el cuerpo, en todas sus células que reconocen la sustancia y no necesitan adaptarse a la misma -poco a poco- como cuando se comenzó a consumir o a «disfrutar», y en el cerebro porque aquel hábito de conducta se memorizó en sus neuronas y se activa con la asociación de situaciones y circunstancias medioambientales que acompañaban a la conducta aditiva, por ejemplo: un olor, un sonido, un problema, un relax, una amistad, unas imágenes, un recuerdo, un conflicto, un lugar, etc., etc.
¿Cómo prepararse, pues, para no recaer en la adicción con la trampa del autoengaño diciéndose reiteradamente a uno mí mismo: hasta que esté mejor, hasta que recupere mi trabajo, a mi familia, a mis amistades, etc,? Tengo que decir, a mi pesar, que hay muy pocos caminos, uno de ellos consiste en cortar de raíz, que también se dice de otra manera cortar por lo sano, como se hace con la mala hierba para que no vuelva a desarrollarse, o como se hace con un tumor para que no se extienda por todo el cuerpo es decir: tengo que mentalizarme en dejar de por vida (para siempre) la sustancia o la conducta que me doblega (y no, hasta que… o voy a dejarlo por un tiempo, a ver que pasa) así sea que el mundo se me venga encima como, por otra parte, le puede pasar a cualquier persona que no es adicta. No tengo otra solución que cortar de raíz, o cortar el tronco con el hacha, desde su nacimiento -sin autoengaños- aquel habito que me esclaviza por mucho que me duela.

Poniendo un ejemplo aún más gráfico diremos, que hay que soltar y soltar para siempre algo de lo que me he apropiado como si fuese yo mismo. El alcohol, la droga, el juego, el sexo, como cualquier otra sustancia o habito, lo podemos comparar con una máscara, un traje, un amuleto (aunque como dice el refrán los ejemplos son siempre odiosos) el cual decidí probarme un día y con el cual, días después me identifiqué, como si fuese parte de mi mismo -como una coraza- para no tener que afrontar mis propias carencias, complejos o vacíos afectivos.

No obstante, el adicto tiene la gran suerte y posibilidad de soltar y dejar esa sustancia con la cual no nació, que le esclaviza y que además disminuye sus capacidades: una máscara, un traje, un amuleto de quita y pon que lo anula.
Imprescindible para la vida es el corazón, el cerebro y las cualidades morales y actitudes físicas que me definen como ser único y genuino dentro del universo de la creación. Ahora bien, hay dos maneras de soltar la máscara o el traje de la adicción: una, la de dejar el traje en el armario, con lo cual cabe la posibilidad de retomarlo en un momento de debilidad (es más, el subconsciente sabe que cuenta con él y me crea ansiedad porque lo tengo a mi alcance) (hasta que… o para recuperar lo perdido); y la otra posibilidad es la de tirarlo a la basura como lo que es; algo que no forma parte de mí, que me estorba, que me esclaviza, que no me identifica como persona, que me aísla; y que visto con cierto distanciamiento, observo que en si mismo, independientemente de las circunstancias que me rodeen -ya sea millonario o no tenga compromiso de vida con nadie- anula otras capacidades de mi personalidad al estar siempre ocupado en dar satisfacción a mi cuerpo o conducta adictiva.

De lo ya comentado se infiere que debo desprenderme de ese lastre, de esa máscara, de ese traje, para no tocarlo más, sin posibilidad de retorno; es decir, sabiendo que lo he dejado para siempre. Y lo que se suelta para siempre trae paz a mi vida, porque lo saco del pensamiento como algo que ya no me pertenece y no forma parte de mí.

La biblia, para la persona creyente lo de soltar o dejar, lo define de una manera muy gráfica, llamativa e incluso más radical. Lo define con estas palabras: «si tu ojo te escandaliza, sácatelo, si tu mano te escandaliza córtatela», lo cual quiere decir que no se puede ser condescendiente con las ataduras, y los vicios, sino que hay que cortarlos de raíz. No literalmente tal y como describe la Escritura -sacándote el ojo- pero sí con firme decisión, porque de lo contrario pasa igual que con aquella persona que se acerca al perro encadenado, que de tanto acercarse para burlar al animal, confiando en la cadena y en sus posibilidades propias para huir, termina siendo devorado. A demás, has de ser consciente en que esa decisión firme de para siempre- nadie la puede tomar por ti, o te salvas tu mismo, o te condenas tu mismo, el mundo ofrece muchas posibilidades, no te dejes llevar por la corriente que te lleva al precipicio: el que te matas eres tú, no busques otros culpables fuera de ti.
¿Que cuesta? ¡pues claro…! como todo lo valioso, hay personas que dedican buena parte de su vida a sacarse una carrera, unas oposiciones, a lograr unas metas deportivas. Del mismo modo, dejar la adicción para siempre es sacrificado en principio, pero no lleva tanto tiempo y a cambio te reporta el beneficio más valioso de todos, el control de tu vida; tu libertad, tu salud física y mental; la vida misma.
Esa determinación o decisión, de para siempre, consistirá en algunos casos en soltar amistades, otras dejar de frecuentar ciertas zonas, puede que sea necesario hasta que tengas que cambiar de ciudad o de trabajo, pero benditos cambios o desprendimientos si con ellos salvas tu vida y la de las personas que te importan.

Para reforzar la enseñanza ver el siguiente enlace:

Marta vs María, la gran polémica.

Tratando de dar una explicación a las palabras de Jesús entre la reverencia de María echada a los pies del Señor y el trabajo denodado de Marta por tener todo bien dispuesto a la hora de servir la comida.

marc3ada-y-martaLo mismo que hizo Marta para el Señor: tener todo listo para que se sintiese bien atendido Jesús y sus discípulos, se suele hacer con cualquier otra persona, un amigo, un familiar, un invitado, etc.
Cierto es que el Señor no menosprecia el trabajo y la dedicación de Marta, no le dice que esté haciendo mal, sino que su hermana a elegido la mejor parte. ¿Y porque le dice esto Jesús a Marta? porque Él sabe delante de quien está postrada María; delante del hijo de Dios creador de todo cuanto existe y, por tanto, al que se le debe todo el honor, la honra y la gloria. Es muy digna y encomiable la tarea de Marta, enmarcada dentro de una cultura, como la semita, de acoger al forastero o al que está de paso, pero la cultura atiende, por lo general, las realidades terrenas y pasajeras, porque este mundo -si realmente creemos en la palabra de Dios- pasará y detrás de él se inaugurará un cielo nuevo y una tierra nueva. Con estas palabras lo que Jesús da a entender a la humanidad (ya que la palabra de Dios es hoy tan actual y viva como en su momento) es que el Reino de Dios que viene a traernos a la tierra, parte de Él y se dirige a Él como principio y fin. Ese Reino de paz y Justicia; de vida, amor (fraternidad) y verdad, que nos muestra con sus palabras y con su ejemplo, y que busca la dignidad del hombre, no se debe a los méritos del hombre o a una dignidad que el hombre se haya dado a sí mismo, sino que esta dignidad le viene de Dios. De ahí que el salmo ocho en el versículo seis proclame, loando a Dios, en referencia al hombre: «Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos, todo lo sometiste bajo sus pies». Por tanto, el Reino de Dios lo trae Jesús con su persona, lo proclama Jesús con sus palabras (con todas); lo certifica con la nueva alianza sellada con su sangre, por la que se nos perdonan nuestros pecados; lo dirige Jesús por la obra del Espíritu Santo, y lo concluye el Padre, cuando determine la segunda venida de su Hijo; de la cual, ni siquiera el mismo Jesús conoce el día ni la hora. Por tanto, hemos de bajarnos del caballo o de la burra, para tener bien presente, que nosotros somos colaboradores en construir el Reino de Dios, que el Reino de Dios existe desde siempre y para siempre -en el hombre, en su corazón porque somos templos del Espíritu Santo- y en la concreción de las realidades temporales dejándonos guiar por el Espíritu Santo para colaborar en la economía de la salvación, porque de lo contrario construiremos cualquier cosa menos el Reino De Dios; por lo general, nuestro propio paraíso aquí en la tierra. El hombre no puede dar lo que no tiene y si primero no transforma su corazón -no nace de nuevo- tal y como le dice Jesús a Nicodemo, no podrá afectar la vida de los demás. ¿Y como nace uno de nuevo? Siendo siervo, siervo de Dios como María (he aquí la esclava del Señor hágase en mi según tu palabra) siervo como Jesús (no he venido a cumplir mi voluntad, si no la de mi Padre que está en los cielos), renunciando, por tanto, a uno mismo para entrar en la voluntad de Dios, porque en esa renuncia encontramos la paz interior y la liberación de todas nuestras servidumbres y ataduras. Aunque lo ideal seria que esa renuncia fuese por amor y no por interés, y no es para menos después de que Jesús diese la vida por nosotros con dolores de espanto, y con temores y angustias insondables, por las que llegó a sentirse abandonado hasta de su mismísimo Padre. ¡A precio de Sangre nos compró para hacernos herederos de su Reino!
P.D. Tener caridad, ser justo, buscar la fraternidad, todo esto lo puede hacer un ateo, pero traer el Reino de Dios a la tierra, sólo lo puede hacer el Espíritu Santo en nosotros y con nosotros.

¿Quién como Dios? YO

Hoy como ayer uno de los mayores pecados del hombre es el orgullo y la vanidad, creer que tiene el conocimiento de Dios y situarse por encima incluso de la revelación traída por Jesús. En nombre de Dios mataron a Jesucristo aquellos que pensaban tenían el don de interpretar las escrituras, en nombre de Dios, se levantaron muchas herejías a lo largo de la historia de la iglesia, en nombre de Jesucristo y de los mismos apóstoles nos revela San Pablo, que algunos cristianos, ya en la Iglesia primitiva, enseñaban doctrinas falsas; y en nombre de Dios, igualmente, este mismo apóstol profetiza, que habrá quienes asesinen a los seguidores de Cristo; algo que, por cierto, ya está sucediendo. En nombre de Dios, de la investigación y del estudio, algunos, también en nuestro tiempo, siguen tergiversando las escrituras o adulterando, para sorpresa del rebaño de Dios, el mismo mensaje de Jesús: unas veces extrapolando el modo de razonar del hombre al de Dios, y otras, en aras a una concepción de Dios, una ideología religiosa, una teología, una estrategia psicológica, un sentirse identificado con un grupo para no quedar aislado, y en ocasiones, también, como un modo de autoengaño para justificar las propias tendencias de la carne, enseñando medias verdades y ocultando otras al más puro estilo de los políticos de nuestro tiempo. Como vemos, el hombre es un producto de su época y los cristianos con los consagrados a la cabeza, que no deberían ser del mundo tal y como enseña su maestro, hemos sido igualmente contaminados de la cultura de nuestro tiempo, para no ser menos que la mayoría o, como hemos señalado antes, por otros muy diversos motivos. Esta influencia, en el caso de los consagrados y de los catequistas es, aún, más grave porque no se representan a sí mismos si no a la Iglesia; no a la iglesia que les gustaría en su ideario imaginario, sino con aquella que confiesan en el credo y que conocían ya antes de que se comprometiesen unos y consagrasen e hiciesen profesión de votos otros. En ocasiones, me temo que ni siquiera esta relación íntima con Dios es suficiente, para que salgan de esa dicotomía, a la que nos están llevando también a la feligresía, entre la revelación dada por Jesucristo y acogida por la Iglesia -que se sitúa en muchas ocasiones más allá de la lógica humana; en el misterio y en lo sobre natural- y la búsqueda insaciable, a veces rayana en el absurdo, por dar una explicación materialista (cientificista) y racional a algo tan inconmensurable como es el mundo espiritual y sus manifestaciones. Búsqueda, por otra parte, frontalmente opuesta a la vida del creyente, con Abrahán a la cabeza, que siempre ha caminado más por fe, que por demostraciones veladas del misterio y de las promesas. Sí hermano, el hombre es, por lo general, el producto de la cultura de su tiempo (a diferencia de la palabra de Dios que es inmutable) y por eso muchos, también en la Iglesia, en mayor o menor grado, nos hemos contaminado con el relativismo, el buenismo y lo correctamente político para no herir sensibilidades y no entrar en conflicto con el mundo y con la propia conciencia. Pero tal renuncia y deriva de la fuente doctrinal y de las escrituras hacia el relativismo moral, no puede salirnos gratuita (del mismo modo que sucede con todo aquello que se aparta de la voluntad de Dios) tras él hemos sido arrojados, al igual que Jean Paul Sartre, a la nada y al vacío más absoluto. Así pasa, porque en el todo vale copiado del mundo, al final lo que no vale es nada: cuando todo se mueve (todos los fundamentos y dogmas del cristianismo son ahora cuestionados) al final sin suelo firme donde apoyarte, o te caes o desiste de andar el Camino, para aferrarte a otros itinerarios que ofrece el mundo más seductores, tal y como pueden ser el materialismo o, bien, los totalitarismos con sus afirmaciones inmutables pseudoreligiosas. Para reseñar algunos dogmas cuestionados, sin entrar en todos y sin analizar en detalle, diremos que es el mismo evangelio que enseña Jesús el que se pone en entredicho: el demonio es poco menos que una figura literaria, los ángeles tampoco existen con identidad propia porque son una representación de Dios, el infierno si existe llega a ser menos que el purgatorio ¡vamos, como un tostarse, a pleno sol, dos días de playa!, los demonios que Jesús expulsaba eran locos (locos que reconocían al hijo de Dios, ¿qué extraño no?), el sacramento de la confesión denostado y un paripé para los más incautos, ya que se da la comunión, a sabiendas y consentidamente (no todos), a personas que viven en pecado públicamente; la Gracia un regalo sin propósito que no debe mover la voluntad del hombre a la conversión, ya que de lo contrario no sería regalo (mezclando don, con la percepción que tenemos de regalo humano); en definitiva que Jesús era masoquista y se puso a ocupar el lugar nuestro en una cruz, pagando por nuestros pecados, para que cada uno se quedase como está, el fornicario fornicando, el ladrón robando, el calumniador calumniando, etc, etc. Dirán que soy un exagerado, pero he escuchado un predicador (y hay muchos que se identifican con este sentir, no voy a dar nombres) en la que se nos decía a los feligreses, en plena cuaresma, que él no venía a hablarnos de conversión -que hasta ahí puede ser razonable siempre que tuviese algo nuevo y provechoso que comunicarnos- para continuar, y esta fue mi sorpresa, diciendo una y otra vez hasta la saciedad, que Dios no nos pide nada (quedémonos pues, si Dios no nos pide nada, contemplando el cielo a ver si nos cae algo de lo alto). No sé como se puede interpretar así la biblia cuando las primeras palabras que el evangelista Marcos pone en boca de Jesús de forma imperativa, ya incluso al comienzo de su Evangelio, son las siguientes: (Marcos 1, 15) «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos (otros traductores sustituyen por: Renuncien a su mal camino) y creed la Buena Noticia. También en Marcos 2, 17 podemos encontrar: Jesús los oyó y les dijo: «No es la gente sana la que necesita médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores. Es tan obvio que Dios llama a un movimiento de nuestra voluntad, que me apena tener que hacer esta reflexión; sin embargo, estas cosas están sucediendo y hay que darlas a conocer a pesar de que se digan con buena intención, pero ya conocemos lo que dice el refrán a cerca de los bien intencionados. Dios, por tanto, no usa una varita mágica, a especie de Ada Madrina, para cambiar al hombre sin que este ponga de su parte y colabore con la gracia de Dios para que esta produzca su efecto en el caminar diario. ¿Qué sucedería entonces, si no caminasen en fe y obediencia, con todas aquellas personas que no han sido arrebatados de modo espectacular por el Espíritu Santo o no han tenido un encuentro profundo con Dios?

Creo que me he desviado un poco del tema con el que inicié esta reflexión, pero en cualquier caso lo que quería expresar es que no podemos encerrar a Dios en nuestros esquemas mentales y parámetros psicológicos, porque de hacerlo corremos el gran peligro de fabricar un Dios a nuestra medida, un ídolo falso, que a través de la imagen que ha creado de Dios, se de culto a sí mismo. Tal postura dicta mucho de la humildad y obediencia de los santos y del mismo Jesús, que nos revela, entre otras cosas, que ha venido a cumplir la voluntad del Padre la cual, como sabemos, no siempre llegó a coincidir con la suya. Por otro lado, atendiendo a las mismas escrituras deducimos, que el conocimiento de Dios no es alcanzable por el esfuerzo del hombre, aunque este pueda, eso sí, mover la voluntad de Dios; de hecho, hay personas que han leído la biblia o se han puesto a estudiarla y no llegan más allá de ver en esta una obra puramente literaria. Para confirmar lo anterior miremos en (Isaías 55, 8-9) donde se nos revela que el pensamiento del hombre no es el pensamiento de Dios, y (Mt 11, 27) por otra parte, que “nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiere revelárselo”; por lo general a aquellos que se hacen como niños, que aceptan el misterio de Dios, como la Virgen María, escape éste o no de su condicionado y finito entendimiento. Ahora vemos como a través de un espejo decía S. Pablo, y eso ¡ojo! que tuvo revelaciones directas de Dios; y San Juan de la Cruz en su libro “Subida al Monte Carmelo”: “Solo empiezan a tener sabiduría de Dios, quienes dan de mano a su saber, como si fuesen niños ignorantes, y sirven a Dios con amor”. Pues sí hermanitos, hoy se cuestionan muchos dogmas de la Iglesia y enseñanzas bíblicas, mientras que son los ateos, los que ponen un poco de luz, paradójicamente, a lo que perdimos por el camino. Sin más os dejo este enlace para que lo confirméis: La lucida teología del ateo

Pd. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (lucas 18, 8). Puedo aseverar, que cuando me vino este versículo al pensamiento anoche y lo agregué al articulo editado y publicado horas antes, aún no sabía que coincidía con el final del evangelio de hoy 17/11/2018. !Las cosas del Espíritu…¡

 

¿Es igual temor de Dios que temer a Dios?

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No es lo mismo temor de Dios que temer a Dios. Hay muchas personas que temen a Dios, pero no tienen temor de Dios. De este modo viven un cristianismo mediocre y tibio que rehuye del compromiso, porque piensan que Dios es un tirano y les va a coartar su libertad y el disfrute de los placeres de la vida. Han malinterpretado el mensaje, concibiendo más bien a Dios como un aguafiestas, un ser despiadado, que los oprime, antes que como a un libertador que los sana y rompe las cadenas que les impiden realizar el proyecto para el que fueron concebidos. Se han quedado en el Dios del NO, no hagas esto, no hagas lo otro, etc. Sin embargo, el Dios que nos revela Jesús, es el Dios del sí: si puedes cantar, si puedes bailar (como David), si puedes gozar de tus sentidos: de una bruma suspendida en el horizonte, de un sol crepuscular sobre el océano, de una buena charla de sobremesa con la familia, de la sonrisa de un niño, de la caricia de un anciano, de la lectura de un buen libro, de la complicidad y carcajada con un amigo.

Nuestro Dios (el único que existe) no es el Dios de la negación, aquel que te lee la cartilla a cada tropiezo, sino el Dios que te da la mano para levantarte, el que te señala y alumbra el camino para que no te desvíes por la vereda que desemboca en el lodazal; el que te dice que sí, que puedes, porque no cuentas con tus solas fuerzas, sino con las suyas: Yo Soy, un Dios de poder, él único que existe, el Dios que está por encima de la enfermedad, del pecado y de la muerte. No soy un Dios teoría, soy tu hermano, tu papá, tu fortaleza (es hora de que te lo creas y no de que lo repitas como una lección aprendida de memoria, sin más), porque hoy como ayer yo cumplo mis promesas; estoy aquí para darte vida, curar tus heridas y restaurar lo que hay roto dentro de ti; para sacarte de tu ceguera espiritual, tus miedos, tus hábitos nocivos; para darte luz en la lucha con el tentador, con el seductor, con el engañador, con el padre de la mentira, con el que te dice a cada instante: no, tú no puedes; eres débil, cobarde, un fracasado, estás solo; Dios es una ficción, no hay otra vida, aquí se acaba todo; el fracaso es tu meta, y el placer tu destino y tu Dios. A lo único que puedes aspirar es a vengarte, son todos iguales: ladrones, mentirosos, lujuriosos ¿para que luchar contra corriente si solo intentan quitarte lo que es tuyo? haz tú lo mismo, la santidad es para meapilas, el mundo no tiene remedio. Y así, mentira tras mentira, el engañador, el diablo, te va debilitando, quiere que pierdas la fe, que no alcances la vida eterna, que seas como él, un fracasado. El más grande de los fracasados, porque teniéndolo todo, lo perdió todo por vanidad, por vileza, por creerse más que Dios, por rebeldía y por poder. ¡Sí, despierta! el enemigo del alma y de la vida, no quiere que salgas de tu pecado, que cantes ¡Victoria al Rey de Reyes! que tu jubilo sea gritar por las plazas ¡El Señor, el Dios de Abrahán, el Dios de Jacob y de Moisés; el Dios de Israel y de la Iglesia; es el mismo que ha cortado las cadenas que me ataban al pecado, y me esclavizaban, arrastrándome día y noche por el lodo!

El mentiroso quiere, por tanto, que sigas de rodillas ante tus miedos, tus vicios y flaquezas. Prefiere verte prisionero como él; condenado para siempre, sin salida; cercado por el fuego que no se puede atravesar.

Jesucristo, sin embargo, es la salida, El me cura, me sana; abre un horizonte donde la esperanza, la paz, el amor y la eternidad están presentes en una mesa inagotable. Miles de hombres, millones, así lo han experimentado a lo largo de la historia (muchos de ellos lo han contado). Él es, alcohol que cauteriza, pero al mismo tiempo bálsamo que regenera: estás ante el Dios de la Creación para el cual nada es imposible, el Dios que hizo caminar sobre el agua a Pedro; un Dios personal, real y resucitado. Te dice, estoy contigo y para siempre, mis noes son síes: si a la vida, al amor, a la misericordia, a la verdad, al compartir y repartir, a la libertad de anteponer el Amor a la tiranía del cuerpo y a las insidias del que busca tu perdición. No estas solo, te repite otra vez: Yo me voy al Padre pero os dejo otro Consolador, el Espíritu Santo que realizará la obra en ti, cuando tú, desde tu libertad confíes en mí y renuncies al pecado. Ahora es el momento de que pases de tener miedo a Dios, al temor de Dios, que es vislumbrar su grandeza y anonadarse ante ella, sabiendo que quien dirige el mundo es El, y no tú. Lo cual quiere decir, que Dios puede suspender en cualquier momento las leyes de la naturaleza, porque Jesús ya venció al pecado al que estaba sometida la naturaleza por entero. Y de este modo la higuera dará su fruto fuera de tiempo, el meteorito será desviado si sus hijos se lo piden y confían; el fuego, desolador, apagado por la lluvia del creador, la enfermedad no tiene la última palabra, ni la muerte. Dios así ya lo ha confirmado en la vida de multitud de personas que han decidido seguirle a lo largo de los siglos. Milagro hay todos los días, y el mayor de ellos es que sigamos vivos a pesar de nuestra incredulidad y ceguera para no ver a Dios en la creación y en la buena noticia que nos trajo Jesús y no sigue regalando con su Palabra: que estamos salvados y redimidos en Él, si renunciamos a satanás y al pecado y aceptamos, al mismo tiempo, que Jesús es el camino y la puerta de la vida, de la libertad, de la única salvación posible. Temor de Dios es saber reconocer que frente a Él, al poder infinito de Dios, su bondad y su sabiduría, somos polvo y nada.

¡Bendito sea el Dios que me Salva! ¡Gloria a su nombre Santo!

 

Lecciones para la vida

Dos breves reflexiones -en este caso, por cierto, no son mías- que nos pueden guiar como pautas de vida: 1.- Los ríos no beben su propia agua; los árboles no comen sus propios frutos. El sol no brilla para sí mismo; y las flores no esparcen su fragancia para si mismas. Vivir para los otros es una regla de la naturaleza.
La vida es buena cuando tú estás feliz; pero la vida es mucho mejor cuando los otros son felices por causa tuya»!!!
2.- Una joven conducía junto con su padre y se toparon con una tormenta. La joven le preguntó a su padre: ¿Qué debo hacer?
Su Padre le contestó: «Sigue conduciendo».
Los carros empezaron a orillarse, la tormenta estaba empeorando.
Qué debo hacer papá? -«Sigue conduciendo», respondió su Padre.
Más adelante, un trailer también se estaba orillando.
Ella le dijo: «Papá, debo detenerme? Es terrible y todo el mundo se está deteniendo!»
Su Padre le dijo: «¡No, sigue conduciendo!»
Ahora la tormenta era más fuerte, pero ella obedeció a su papá, y pronto pudo ver un claro más adelante. Después de un par de kilómetros volvió a estar en una zona tranquila, calmada y con sol.
Su padre le dijo: «Ahora puedes parar y salir.»
Ella dijo: «¿Pero por qué ahora?»
Él le dijo: «Cuando salgas, mira atrás, todas las personas que se rindieron todavía están en la tormenta, tú no te rendiste y tu tormenta ha quedado atrás.
Si estás pasando por «tiempos difíciles», recuerda que -aunque todos los demás, incluso los más fuertes, se detengan o se den por vencidos- debes seguir adelante, porque pronto tu tormenta terminará y el Sol brillará y resplandecerá sobre ti de nuevo.
Isaías 60, 1-3: ¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz y la gloria del Señor brilla sobre ti!. Porque las tinieblas cubren la tierra y una densa oscuridad, a las naciones, pero sobre ti brillará el Señor y su gloria aparecerá sobre ti. Las naciones caminarán a tu luz y los reyes, al esplendor de tu aurora.

En resumen: 1. –El hombre, junto al resto de la naturaleza, fue concebido y creado para salir de sí y donar su ser a semejanza de Dios que, sin hacerle falta nada, quiso hacernos partícipes, en parte, de su propia esencia, al momento de comunicarnos la vida (la existencia). Por tanto,tu alma no descansará, hasta que este principio no se haga realidad en tu vida. Hoy, es el mejor momento para empezar, el mañana no existe, porque el mañana solo le pertenece a Dios. 2.- El logro y la gloria está en vencer los obstáculos del camino y en llegar a la meta. Tenemos un gran enemigo que desea que no se cumplan los planes de Dios en nosotros. Ese enemigo se llama Satanás, y se sirve de las personas, de los elementos y de nuestra mente (con gran capacidad de autoengaño) para que desistas en el propósito.

Conclusión: ¡Nunca te rindas! porque el sol brilla con más luz después de cada tormenta. Y, sobre todo, porque tenemos un garante que nos cuida en medio de las tinieblas y las piedras del camino: Jesús ya venció, al miedo, a la enfermedad y a la muerte. Él vela por ti, como también lo hacen sus ángeles. La fórmula no secreta; que así lo creas.

Más les valdría no haber nacido.

Ni una tilde

NI UNA TILDE

¡Ay de aquellos que dicen servir a Dios y reinan con su propio criterio por encima de su palabra (de la palabra de Dios) y sus dictados! ¡Más les valdría no haber nacido! Aún estáis a tiempo, clamad a Dios para que os aumente la fe (nos) y así poder vivir de su gracia. Deja que Dios sea Dios. Tú eres el rey poderoso que ama la justicia, tú has establecido lo que es recto.

Abrir el enlace para confirmar la Palabra.

http://www.vatican.va/archive/ESL0506/__PIW.HTM

El Señor nos guarde y nos bendiga. Buenas noches hermanos.

 

La promesa está asegurada ¡adivina cómo…!

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En ocasiones me pregunto Padre Eterno, porque no se cumplen en mí las promesas que espero de ti, cierto es papá que ya me has agasajado con grandes bendiciones incluso más de lo que podía esperar en principio, sin embargo, hace tiempo que espero otras de ti, y no acaban de realizarse o van por un camino demasiado lento. Así te pido, en numerosas ocasiones, que me saques de esta sequedad espiritual y que me des la llenura del Espíritu, que acabes de arrojar lejos de mí ciertos miedos o que me permitas conocer con más nitidez hacia donde he de dirigirme en tu seguimiento. Hoy por fin, como otras tantas veces, me has hablado por medio de tu palabra, abriendo la biblia al azar, y me has susurrado que antes de pedir la promesa (el Espíritu Santo) he de pedir fe y perseverar, porque Dios no falta a su juramento (Hebreos 6, 12) «Así, en lugar de dejarse estar perezosamente, imitarán el ejemplo de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas… Y por su paciencia, Abraham vio la realización de esta promesa».

Así es, sabemos por la biblia que Abraham primero creyó la promesa y se puso a los 75 años rumbo a un mundo desconocido (FE) y con 100 alcanzó la promesa del hijo, que Dios dijo le daría por medio de su esposa que, como sabemos, era estéril (perseverancia). Luego Señor, me revelas en el mismo capítulo, que tú no faltas a tus promesas, que las cumples siempre, cuando se dan los requisitos ya señalados, aunque en otras ocasiones sea, según tu inerrante parecer, de modo inmediato. (Hebreos 17-19) «Por eso Dios, queriendo dar a los herederos de la promesa una prueba más clara de que su decisión era irrevocable, la garantizó con un juramento. De esa manera, hay dos realidades irrevocables –la promesa y el juramento– en las que Dios no puede engañarnos. Y gracias a ellas, nosotros, los que acudimos a él, nos sentimos poderosamente estimulados para aferrarnos a la esperanza que se nos ofrece. Esta esperanza que nosotros tenemos, es como un ancla del alma, sólida y firme, que penetra más allá del velo».

Ahora Padre mío quedo tranquilo ya que es un consuelo saber que la promesa llegará  porque tu amor permanece inalterable para siempre, como me has demostrado en tantas ocasiones y lo acabas de hacer en este momento. ¡Bendita sea tu Santísima Trinidad! con el regalo del Espíritu Santo que viene siempre a aleccionarnos y a confortarnos. ¡A ti toda la gloria Señor ahora y por siempre!

Dios, con este modo de hacer suyo, nos va puliendo; no se trata de que quiera probarnos, al estilo humano, para ver cómo reaccionamos cuando no nos dá lo que le pedimos: Dios es omnisciente y conoce el fondo de nuestro corazón; y, por esto mismo, sabe que es lo que nos conviene para perfeccionarnos; para hacernos cada día más semejantes a Él.  De lo contrario ¿qué sería de nosotros si alcanzásemos todas las promesas al momento? ¿pensaríamos que son dones de Dios? seguramente nos inflaríamos, como pavos reales, de orgullo creyendo que aún, pecadores y miserables, nos las merecemos o que incluso nos pertenecen.

Buenas noches Padre amado, buenas noches hermanos, Dios bendiga vuestras vidas.

P. D. Según algunos estudiosos de la biblia, dicen que esta contiene hasta 3000 promesas de Dios.

 

Tal vez tenga que ver conmigo…

42182175_2194924190537455_9166498603907153920_nUna mujer le preguntó: «¿A cuánto estás vendiendo los huevos?»
El viejo vendedor respondió: a 1 peso el huevo, señora».
Ella le dijo: «Tomaré 6 huevos por 5 pesos o me iré».

El anciano vendedor respondió: «Esta bien señora, llévelos al precio que usted quiera». Puede ser, que este sea un buen comienzo, porque hoy no he podido vender ni un solo huevo.

Ella tomó los huevos y se fue sintiendo que había ganado. Se subió a su automóvil y se fue a un elegante restaurante con una amiga.

Allí, ella y su amiga, ordenaron de la carta, lo que mas les gustaba. Comieron un poco y dejaron mucho de lo que ordenaron. Luego ella fue a pagar la cuenta. La cuenta le salió $380.00 Ella dio $400.00 y le pidió al dueño del restaurante que se quedara con el cambio.

Este incidente podría haber parecido bastante normal para el propietario pero, muy doloroso para el pobre y anciano vendedor de huevos.

La cuestión es:
¿Por qué siempre demostramos que tenemos el poder cuando compramos a los necesitados? ¿Y por qué somos tan generosos con aquellos que ni siquiera necesitan nuestra generosidad? ¿Por qué nos gusta tanto vivir de las apariencias?

«Mi padre solía comprar productos simples a los pobres a precios altos, aunque no los necesitaba. A veces solía pagarles más.
Me preocupé por este acto y le pregunté por qué lo hacía. Entonces mi padre respondió: «Es una caridad envuelta en dignidad, hijo mío»

Si sienten que la gente necesita ver esto, difundanlo. Bendiciones.

Autor desconocido.

El amor que se retiene es un cadaver que te lastima y deja mal olor.

 Señor estamos saturados de oír hablar de amor y de misericordia, pero qué difícil me resulta amar como tú amas; sin intereses de por medio. No solamente no pongo la otra mejilla, sino que, incluso, me cuesta no devolver mal por mal. Si, Padre, que fácil me es, ser amable con aquel que es amable conmigo, ser cariñoso con el me brinda su amistad; guardar respeto a aquellos que respetan mi privacidad y mi espacio. Qué fácil, por otra parte, Señor, me resulta ejercer la misericordia con el dinero que me sobra, con la ropa que ya no me pongo, y de compartir el tiempo que igualmente me sobra. Pero qué difícil me resulta, en cambio, compartir aquello a lo que estoy apegado (sobre todo a mí mismo) que otros necesitan urgentemente ¡Y eso que el juicio del que soy examinado todos los días, también el final, sólo versa sobre el amor que he retenido; aquel que me he guardado. ¡Señor, qué difícil me resulta, no dejarme llevar por el rencor cuando me critican; qué cuesta arriba, no rechazar a quién me envidia, qué arduo no hacer el vacío al que me incomoda, que dificultoso no contestar a aquel que desea humillarme en público, qué quemazón no reaccionar con irá ante aquel que solo me busca para acusarme de los fallos y nunca pone en alza mis virtudes! ¡Cuánto de tu amor Señor, en definitiva, dejó de entregar cada día…! Por eso vengo a confesarme en público y ante ti, que lo ves todo, de que no amo, de que práctico la misericordia con cuentagotas, de que siempre perdono fuera de tiempo, de que me no me quedo callado, practicando la humildad, recogiendo en silencio como tú madre María, las espadas hirientes que laceran mi alma ante las traiciones que nos depara la insignificancia humana en los otros. ¡Cuántos años llevan hablándonos de misericordia y qué pocas veces me examino de ella cuando llega la noche! ¡Cuántas me han hablado de caridad y he hablado de la misma! y cuantas veces he ultrajando tus enseñanzas Jesús mio con críticas al prójimo y juicios temerarios.
Sin embargo, tú Señor y Dios mío, me has declarado puro, entregando tu sangre a cambio de la mía en la cruz, porque ves mis deseos sinceros de cambio. Por ello, cómo respuestas a tu inmenso amor, te suplico de rodillas, que me hagas sensible a tus palabras para ponerlas luego en práctica; que las escuché y que las acoja en mí como buena tierra arada. O mejor como lo hacia tu propia madre, guardándolas y examinándolas en el corazón, sin pasar por ellas de largo. Señor hazme fuerte como Cirineo para cargar con las cruces que los demás no quieren cargar, sus propias cruces; hazme sensible para ayudar en tiempo propicio al que lo necesita. Señor, por último, quiero pedirte que sanes mi historia de dolor, pero que me libres, ante todo de mis egoísmos, de mis miedos y de mis dudas.

Tiempos dificiles.

Tiempos dificiles para la Iglesia de Jesucristo. En cierta ocasión escuché una profecía que hablaba de que llegaría un tiempo (el tiempo ya se ha cumplido) en que los católicos se parecerían a los protestantes y los protestantes a los católicos. Así es porque en este presente para algunos teólogos católicos, todo, prácticamente todo lo que está en las Sagradas Escrituras, hasta lo que está meridianamente claro, es reinterpretable. Del mismo modo que se realza hasta la sublimación ciertos aspectos de las enseñanzas de Jesucristo para obviar otras o pasar de puntillas por ellas. Al Papado, por otra parte, se le pretende desposeer de su principio de autoridad para dárselo a las iglesias particulares o, cuando no, al sentir individual de cada persona. Si esto es así ¿porqué he de obedecer a mi obispo, si da igual que obedezca al Papa? o ¿porqué debo atender a la interpretación de unos teólogos y no a la de otros, o a la que la propia Iglesia ha ido marcando durante XXI siglos de existencia? Si las escrituras sólo se escribieron para los teólogos y entendidos (es decir para los que pueden reinterpretar lo que está claro como el agua) que sentido tienen las palabras de Jesús cuando dice (Lucas 10, 21): En aquella misma hora Él se regocijó mucho en el Espíritu Santo, y dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios y a inteligentes, y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así fue de tu agrado. De lo dicho anteriormente se desprende que el principio de autoridad (bien entendido, claro está) se está dinamitando desde dentro de la propia Iglesia, cuando en otras épocas los disidentes dieron la cara enfrentándose frontalmente a la Iglesia o se salieron de ella para constituir una nueva. Por otra parte, tampoco es algo que nos caiga por sorpresa, ya que estos tiempos fueron anunciados en los evangelios (Mateo 24:24), por el apóstol Pablo y también por el Papa Pablo VI (al que dentro de muy poco se va a canonizar) cuando dijo que “el humo de satanás ha entrado en la iglesia”. A los protestantes al menos les queda la autoriadad de la Biblia, porque la nuestra, últimamente, igualmente vale para inferir todo lo contrario de lo que en ella está escrito. Al hilo de lo que acabo de comentar aprovecho para pasar este video de un profeta de nuestro tiempo, dotado de ciencia infusa por una experiencia mística, que cuenta con una fundación, Peregrinos del Amor -con el visto bueno de su obispado- el mismo que recorre el mundo, incasablemente, dando conferencias de todo cuanto le quedó infuso por el Espíritu Santo en dicha experiencia.

EL PESO DE LA CULPA

pornografia-pecado-mortal-afecta-vidaTodos sabemos que Jesús murió por nuestros pecados, es decir para conmutarnos la pena por cada uno de nuestros pecados. Y no solo eso, sino que Jesús nos dice que aquel que confiese su pecado será purificado de toda maldad (1 Juan 1, 9). Esto es así de sencillo y de claro, aunque no terminamos de creerlo de todo, atendiendo a nuestro modo de actuar. Así es, puesto que pensamos que nos salvamos en virtud del cumplimiento de la ley de Dios (de nuestro merito), sin tener en cuenta que es la misma ley la que nos condena porque nadie está libre de pecado. La ley se interpone entre nosotros y la gracia de Jesucristo que es superior a nuestras tendencias e inclinaciones: la ley nos condena porque nadie ha sido capaz de vivir según la ley, sino Jesucristo el único Justo ante Dios Padre. Es la fe en Cristo entonces, vivir bajo sus promesas, tal y como ABRAHAM creyó en la promesa de Dios la que nos da Vida en Cristo, con él cual formamos un solo cuerpo, al haber sido revestidos de Cristo por el bautismo. Y si formamos un solo cuerpo con él, también hemos recibido su mismo Espíritu, el cual nos conducirá a causa de nuestra fe a la meta de la santidad y la Vida eterna, imposible por otro lado bajo el imperio de la ley que solo sirve para señalar nuestro pecado ante Dios.
Me diréis a qué viene todo esto, pues tiene una simple explicación, estaba yo muy apesadumbrado esta tarde por haber pecado. ¡Y como no…! ahí intervino el Diablo para persuadirme de no seguir en el seguimiento de Cristo, de que no tenia remedio, como si fuese yo por mis méritos y no por los méritos de Cristo en la cruz, que perdono ese pecado y todos los anteriores, el que me dio una nueva vida hace años atrás y me abrió las puertas del cielo. Pero Dios que comenzó su obra en mi desde el vientre de mi madre no me dejó tirado en medio de mi miseria. De este modo le pedí una palabra de aliento en las Escrituras, como otras tantas veces, para salir adelante en la acusación que me hacia el diablo para desistir, para abandonar en mi fragilidad. Y esa palabra vino a mí por el Espíritu Santo, que me mostró, a través de la carta a los Galastas cap 3 y de 1 de Juan 1, 9-10, lo que anteriormente he querido comunicarles, que es Cristo que se ha hecho uno con nosotros por el bautismo, el que nos purifica de todo pecado, nos da una nueva vida de hijos, y él que puede vencer la tendencia del pecado en nosotros, como ya lo hizo en su misma persona, por medio de su Espíritu, que obra en nosotros la Santidad. El que cree esto se salvará, porque ha creído en la promesa de Jesús y ha asumido su propia debilidad para confesar su pecado, su incapacidad para salvarse por sí mismo. Dios te bendiga hoy y siempre en el nombre todo poderoso de Jesucristo.

No estás solo, no temas

NO ESTÁS SOLO, NO TEMAS  (Isaías 41:10)
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No temas, porque yo estoy contigo;

no te desalientes, porque yo soy tu Dios.

Te fortaleceré, ciertamente te ayudaré,

sí, te sostendré con la diestra de mi justicia.

Ciertamente, como he escuchado muchas veces, una cosa es oír la palabra de Dios y otra, bien diferente, experimentarla en el corazón.

Ayer fui testigo de ello -como otras veces- que el Señor me ha dado a conocer que, efectivamente, Él es fiel y cumple su palabra cuando lo tienes por meta, vida y fin de tu existir.

Todos sabéis que estos días, especialmente para las personas mayores, son un poco tristes porque recordamos a familiares ya fallecidos; también porque es tiempo de revisión debido a que se acerca el nuevo año y, mirado hacia atrás, vemos que no todos nuestros proyectos se han podido realizar.

Que importante es fiarse de Dios. Sin fe, se nos dice en la Escritura, es imposible agradar a Dios, por eso debemos pedirle constantemente que aumente nuestra fe. Así es y así fue como lo experimenté ayer en la soledad en mi hogar. Las personas hacen verdaderas locuras para no experimentar la soledad en su vida y su vacío existencial, también hubo un tiempo en el cual yo mismo actué descerebradamente para no sentir ese abismo de soledad.

No hay nada más que mirar en nuestros pensamientos -¿qué tal si salieran a la luz y fuesen conocidos de todos?- también nuestras acciones, para que todos se diesen cuenta de lo que somos en realidad, nada: vacío, necesidad, temores, insatisfacciones, etc. Pues bien, ningún otro vacío, es decir ninguna otra cosa creada, ningún otro hombre o mujer, puede dar lo que no tiene. ¿Quién puede llenar, entonces, esa vasija de barro inconsistente y quebradiza que soy yo? Sólo Aquel que está lleno, Aquel que hizo la vasija y la puede reparar cada vez que se rompe. Dios es mi alfarero, pero también el agua que da contenido a mi vasija y el sentido de mi existencia: ¿de qué vale una vasija vacía, sin el agua o el contenido que cubra toda su necesidad de ser llenada? Pues bien, así me sentí yo ayer, llenado de Dios en mi soledad (muy al contrario que cuando actué a mi modo, buscando donde no hay) y además viendo una película, típica de la navidad, lacrimosa donde chico y chica, aparentemente, encuentran a la persona ideal que andaban buscando en medio de su soledad.

Anoche experimenté, en esa situación que invitaba a entristecerse, por la propia soledad de no estar acompañado de otra persona, que había elegido la mejor compañía, que no necesitaba buscar a la desesperada calor humano, ni reconocimiento como otras veces, que sólo me sentia atado a la necesidad de Dios y que esa compañía estaba colmando ese otro vacío de compañía humana, que sólo Dios puede completar totalmente. El gozo me inundaba anoche, en esa experiencia de Dios, llenando mi vacío existencial y me sentía afortunado de tenerle y de ir conociendo que, una vez más, Dios, por medio de su hijo Jesucristo, cumple sus promesas y no te deja sólo, a pesar de que experimentes tu pobreza y la aceptes, porque esa pobreza es tu realidad y la mía; mientras la de Dios es, la plenitud Infinita.

Decálogo de un humilde ladrón

 ladron1.- Nunca es tarde para arrepentirse, pero no dejes para mañana lo que Dios te pide para hoy.
2.- Nunca te rindas, ni siquiera en la situación más difícil y extrema: La salida está a tu alcance, solo es cuestión de mirar con ojos limpios.
3.- Dios te escucha en tu necesidad, solo quiere oír de tus labios que estas necesitado de Él y que confías en su poder y en sus promesas:
(lc 23, 42) Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino.
4.- La esperanza es lo último que se pierde, la desesperación empeora la salida, porque la venganza y la ira ofuscan la mente y no dejan fluir a la razón y al espíritu. (lucas 23, 40) ¿Ni siquieras estando en la condena temes a Dios?
5.- La cruz en Cristo es el paso a la resurrección y a la vida en plenitud, por ello no hay que temer a la muerte física, ya que el alma perdura en la eternidad. (Lc 23, 43) Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso 
6.- La cruz es el único modelo a seguir para no avasallar al prójimo en unos casos y, en otros, para redimir al hombre de sus heridas y sus demonios. Pero sobre todo un camino que te hace madurar y entender las cruces de los otros.
7.- Si ofrecemos nuestra cruz a Dios imitamos a Cristo, en obediencia, ofreciéndonos como víctima al Padre en propiciación por los pecados propios y ajenos. 
8.- Huir de la cruz, queriendo evadirse de la misma, te llevará, tarde o temprano, a la muerte espiritual, a la enfermedad y a la destrucción de tu cuerpo con daños colaterales, especialmente en el Cuerpo Místico de Cristo. Depresión, droga, sexo, juego y alcohol son un claro ejemplo de ello.
9.- La cruz, en ocasiones es pasajera, otras, en cambio, compañera permanente en el viaje de la vida; en cualquier caso es una realidad que se nos impone siempre, y por esto lo mejor es aprender a convivir con ella para no terminar siendo aplastados por la misma.
10.-
Pelearse con la cruz es, de alguna manera, no aceptar nuestra propia naturaleza caduca, finita y vulnerable.
Pero no te entristezcas hermano, porque Jesús dice: (Mateo 11, 29-30) “Cargad con mi yugo y aprended de mi que soy manso y humilde de corazón y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.”  Ten fe en ello, porque el Señor, siempre, cumple sus promesas. Ponte en oración y empieza a disfrutar ya de tu descanso con las alas de la cruz.                                                                                    
¡Bendito sea el Dios que me dio la vida y la esperanza de encontrarme con Él, no a mucho tardar, cara a cara en la Eternidad! ¡Aleluya, aleluya! a Él sea toda la gloria por siempre. ¡Magnífico, Sabio y Poderoso es mi Dios! ¡En Ti todo lo puedo!
 
https://www.lasantabiblia.com.ar/sanlucas/23.html
                     

Sectarismo: ahora más que nunca

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Hace ya tiempo que me vengo preguntando a que se debe que nuevamente proliferen en el panorama español y mundial los fundamentalismos y totalitaristas. Esta misma pregunta le hacia el otro día a un amigo estudiante de psicología, el cual me ponía una metáfora para que entendiese este resurgimiento (desconozco si extraída de sus mismos estudios). DE la misma se infería que cada persona se identifica con un grupo humano, en su lucha por la supervivencia. En concreto los que gozan de privilegios se identificarían entre sí, para que no accedan a ellos, otro grupo carente de los mismos, y a su vez estos, los que no disponen de recursos, se sentirían afines entre ellos, por intentar hacerse con el medio de su pervivencia de los privilegiados. El ejemplo grafico que me proponía para que lo entendiese mejor consistía en visualizar un espacio en el que se hallaba una hoguera ‒no demasiado grande, por cierto‒ en el cual las personas que estaban en primera fila, intentaban conservar su posición en detrimento de los que estaban en segunda, los cuales no podían calentarse; y, por supuesto, estos últimos pujando por arrebatar, a su vez, la posición a los primeros. De ahí, según él, nacía la necesidad de identificarse con un grupo y el fanatismo por eliminar a aquellos por los que se siente amenazado. Esta respuesta, si bien explicaba en parte mi pregunta, no daba aún una contestación eficaz y global al comportamiento de algunas personas en la sociedad, en su modo de interactuar con los que no pertenecen a su grupo; atendiendo, especialmente, a que no se avienen a razones y siempre te argumentan con el patrón diseñado por su ideología o su jefe de fila. De hecho, este fenómeno se da individualmente hasta en colectivos humanos que no están catalogados como sectarios como, sucede con ideologías o grupos que ya, en si mismos, son de pensamiento acabado y no admiten discusión y mucho menos oposición. De este modo, la metáfora del fuego tendría sentido si todos los humanos tuviesen esta actitud de clase, de casta, en la que se forman anillos cerrados e infranqueables, que deben eliminarse unos a otros para sobrevivir: sin embargo, todos conocemos la existencia, desde tiempos inmemoriales, del proverbio que preconiza que la unión hace la fuerza. Hay grupos humanos y personas que han abierto el paso a otros, caso de la transición española, sin necesidad de eliminar al que supuestamente tenía el fuego en ese momento o al que no lo tenía, según identificación. Entonces, por lo ya comentado, se deduce que, bajo el modo de interactuar de las personas, se encuentran patrones de conducta comunes. Así los fanáticos se dejarían guiar, unas veces, por los sentimientos de afecto e identificación y, otras por miedo e instinto; mientras que los segundos, las personas libres, lo harían, en cambio, por saberse manejar en una relación natural y no predeterminada entre razón, intuición y constatación, a la vez, de las pruebas que arrojan los hechos, la naturaleza de las cosas y la historia. En resumidas cuentas, las personas se dejan llevar, bien, por el instinto y por los sentimientos de pertenencia a un grupo o, bien, por su capacidad de utilizar, libremente, su propia capacidad de raciocinio. De este modo, para que una filosofía o ideologia totalitaria arraigue en una persona, y le incapacite para ejercer su propia libertad con posibilidad de mantener un dialogo razonable con su oponente y salir de su círculo viciado y endogámico, se esconde una personalidad, en unos casos insegura, por lo cual necesita una base sólida donde afianzarse para dominar al resto; y, en otros, una personalidad sometida, a la que se le ha ganado para la causa grupal o gremial, anteriormente, por lazos afectivos muy fuertes, tales como, por ejemplo, vínculos familiares, amistades fuertemente enraizadas, o lazos de dependencia como pueden ser los trato de favor.

Así, pues, no pierdas el tiempo, dialogando con quien te responde con frases hechas, con slogans, con evasivas, con conceptos preconcebidos o con su sujetivismo, sin atender a la logica, a la historia, a la naturaleza de las cosas, sin poder argumentar no desde lo que creo, espero y deseo, sino desde lo que me muestra, tanto mi razón y mi mundo interior, como lo que existe fuera de ellos.

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Yo tambien estuve a punto de hacerlo

Tan-cerca-del-precipicio

Yo también estuve a punto de hacerlo.

Sí, yo también estuve a punto de arrojar la toalla, en un combate a vida o muerte entre seguir la oscuridad (hacerle caso a mi vacío y amargura interior) o seguir la luz de Cristo.

Y créeme que la línea que separa el abismo de la cima es tan delgada como el filo de una navaja. Ya sabes que el abismo atrae más que la cima, cuando estás al borde del precipicio. Así estuve yo y no salté por pura misericordia de Dios, porque lo había conocido con anterioridad y sabía que me ofrecía una salida. Pero resulta evidente, que arrojar la toalla, abandonarse, cuando todo está en oscuridad es más fácil que luchar y poner rumbo a la esperanza y a las promesas de Cristo. Desde luego que a esta situación no se llega, como piensan algunos, por mala suerte, porque el destino ha sido cruel contigo, o porque tus enemigos andarán al acecho. Ha esta situación se llega, por tu vida de pecado y por la mía, porque confiaste; es decir confié más en mí y en las mentiras del mundo que en Dios; porque amar cuesta, no es fácil si se trata del verdadero amor; de dar tu vida por los hermanos especialmente por Aquél que, antes, la ha dado por ti y por mí para que vivamos eternamente en su paz. Me produce estupor que algunas madres y padres crean que lo mejor para sus hijos es que conozcan a Cristo cuando estos lleguen a la mayoría de edad, cuando ni siquiera ellos mismos creen que Jesucristo sea la solución para sus vidas, sino la del gurú de moda del momento. Cuando esos padres le han robado el lugar a Dios, se han erigido a si mismos en la única autoridad de sus hijos ¿quién calmará el deseo de venganza, de lujuria y de acaparar de sus hijos después de que los padres fallezcan, estén lejos, o descubran que sus mismos padres se condujeron con mentiras, y antepusieron su ego, a lo verdaderamente justo, noble, valioso y al verdadero amor?  Tiempos difíciles nos esperan si no reconducimos la situación, si no nos convertimos, porque hasta esos mismos padres salpicará el despropósito de sus hijos, si es que no les está salpicando ya, de algún modo, sin que ellos se enteren al andar en tiniebla.

Juan (8, 10-12):                                                                                                                          Incorporándose, le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado?». Ella le respondió: «Nadie, Señor». «Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante». Jesús les dirigió una vez más la palabra, diciendo: «Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida.