¿Dios castiga?

IMG_20150831_081818Una de las cosas que recuerdo de mi mamá es que, cuando hacía cosas que ya la sacaban de sí, me solía recordar: “mirá que Dios castiga sin mostrar la vara…”. No sé si le hice caso alguna vez luego de que su reto terminara de esa manera… pero creo que es un refrán interesante para que reflexionar sobre este tema. Y, a pesar de su simplicidad, tiene varias aristas que nos ayudarán.

Comencemos por la negativa: la imagen de Dios que te deja esta expresión. Parecería que nuestro Señor es alguien celoso y malicioso, que está esperando que pises el palito para caerte con todo el poder de su fuerza. Y es la imagen que solemos tener cuando frente a alguna calamidad, nos preguntamos: “¿qué hice para que Dios me castigara de esta manera?”. Pero nuestro Dios no es Alguien que está atento a nuestras faltas… para destrozarnos. Al contrario, es el Misericordioso Padre que entregó a su Hijo para que, desde el amor crucificado, nos regalara la presencia viva del Espíritu Santo (Jn 3,17).

Una respuesta…

Entonces… ¿debemos afirmar rotundamente que Dios no castiga y se olvida de todo? Sí y no.

Sí, en el sentido que en su misericordia está atento a perdonar a quién reconoce su falta y desea convertirse (a esto le decimos sacramento de la confesión).

Pero también debemos decir que no a esa pregunta si a partir de ella pensamos que a Él le da igual la bondad que la maldad. Dios se toma todo en serio, y su seriedad llega hasta la sangre derramada (como ya dijimos). Por eso nos ha enseñado un camino de vida para que encontremos la plenitud y la felicidad: y ese camino es ley que debemos cumplir.

Ahora bien, Dios no necesita intervenir “directamente” para que llegue a nosotros su “castigo” en este mundo. Simplemente nos llega como consecuencia del incumplimiento de sus leyes. No tenemos mucho espacio para explayarnos, así que simplemente nos quedamos con un ejemplo. El creador ha puesto su ley en el orden del universo. Cuando hacemos destrozos en el medioambiente… se recalienta el planeta, vienen sequías o inundaciones… Y si… tenía razón mi mamá al firmar que Dios no necesitaba mostrar su vara para hacernos dar cuenta de las cosas malas que desataban nuestras malas acciones.

Más complejo es el tema de nuestras maldades y vicios, pero el resultado es siempre el mismo: con el correr del tiempo la maldad que desatamos en esta vida se vuelve contra nosotros mismos.

¿Eso es todo?

No. No olvidemos que Dios es misericordioso, lento a la ira y presto a perdonar… mientras dura nuestra existencia en la tierra. Cuando la muerte nos llame al encuentro, entonces su misericordia toma el nombre de justicia. San Pablo nos advierte que vendrán las consecuencias:

“por tu obstinación en no querer arrepentirte, vas acumulando ira para el día de la ira, cuando se manifiesten los justos juicios de Dios” (Rom 2,5).

Y si, aunque parece estar “pasado de moda” hablar sobre él, no debemos olvidar que el infierno existe. Eso sí, el infierno no es un “castigo” de Dios… es simplemente la consecuencia de no vivir de acuerdo a sus leyes: yo lo elijo y me lo gano.

Sacado del  blog del Padre Fabián. http://padrefabian.com.ar/dios-castiga/

ORACIÓN SACERDOTAL; 2ª parte

images (1)

Oración sacerdotal:
1 Así habló Jesús, y alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti.
2 Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado.
3 Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo.
4 Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar.
5 Ahora, Padre, glorifícale tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese.

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Sí quiero

imagesApocalipsis 21,9b-14.
Luego se acercó uno de los siete Angeles que tenían las siete copas llenas de las siete últimas plagas, y me dijo: «Ven que te mostraré a la novia, a la esposa del Cordero».
Me llevó en espíritu a una montaña de enorme altura, y me mostró la Ciudad santa, Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios.
La gloria de Dios estaba en ella y resplandecía como la más preciosa de las perlas, como una piedra de jaspe cristalino.
Estaba rodeada por una muralla de gran altura que tenía doce puertas: sobre ellas había doce ángeles y estaban escritos los nombres de las doce tribus de Israel.
Tres puertas miraban al este, otras tres al norte, tres al sur, y tres al oeste.
La muralla de la Ciudad se asentaba sobre doce cimientos, y cada uno de ellos tenía el nombre de uno de los doce Apóstoles del Cordero.

Salmo 145(144),10-11.12-13ab.17-18.
-Que todas tus obras te den gracias, Señor,
y tus fieles te bendigan;
que anuncien la gloria de tu reino
y proclamen tu poder.
-Así manifestarán a los hombres tu fuerza
y el glorioso esplendor de tu reino:
tu reino es un reino eterno,
y tu dominio permanece para siempre.
-El Señor es justo en todos sus caminos
y bondadoso en todas sus acciones;
está cerca de aquellos que lo invocan,
de aquellos que lo invocan de verdad.

Evangelio según San Juan 1,45-51.
Felipe encontró a Natanael y le dijo: «Hemos hallado a aquel de quien se habla en la Ley de Moisés y en los Profetas. Es Jesús, el hijo de José de Nazaret».
Natanael le preguntó: «¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?». «Ven y verás», le dijo Felipe.
Al ver llegar a Natanael, Jesús dijo: «Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez».
«¿De dónde me conoces?», le preguntó Natanael. Jesús le respondió: «Yo te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera».
Natanael le respondió: «Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».
Jesús continuó: «Porque te dije: ‘Te vi debajo de la higuera’, crees . Verás cosas más grandes todavía».
Y agregó: «Les aseguro que verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»

Comentario:Ayer como hoy nos hablan las lecturas, acerca de la Iglesia -que somos todos los cristianos- como la esposa del Cordero de Cristo. Jesús se hace uno con nosotros cuando asimilamos su carne en nuestra carne a través de la eucaristía y se hace espíritu con nosotros cuando nos desvela quien es (su amor) en su Palabra. Pero para que esta unión sea completa la novia la Iglesia, es decir cada uno de los bautizados en particular, le debemos dar un «si quiero» a Jesús por respuesta. Este sí, conlleva que por nuestra parte como novia desposada estemos dispuestos a ser uno con Él, es decir identificarnos con Él en pensamientos y obras: guardando su palabra, asimilándola, y finalmente haciéndola vida en nosotros. ¿Estas dispuesto en el día de hoy a ponerle la alianza a Cristo sellando con Él, el sí de formar una sola carne en espíritu y verdad? Él, ya, la selló con nosotros en la cruz para la eternidad.

¿Exiges los que no das o das lo que no pides?

11951120_10207261316280098_5952298251646657531_nDon Miguel vivía en la ciudad y tenía un almacén. Don Justino vivía en una finca y elaboraba una harina de mandioca muy apreciada. Un día los dos se pusieron de acuerdo para intercambiar sus productos. Justino proveería de harina a Miguel, mientras que Miguel le daría sal a cambio.
Así sería el acuerdo: un kilo de harina por un kilo de sal. Todo fue bien durante algún tiempo. Un día al comerciante empezó a desconfiar: será verdad que esta harina pesa un kilo? Tiene volumen, pero peso, yo no sé. Para salir de dudas, puso la harina en la balanza. De hecho, la balanza (verificada por el inspector pocos días antes)
Apenas marcaba 800 gramos. No lo pensó dos veces. Corrió hasta el comisario. Al día siguiente, el campesino fue llamado a presentarse en la delegación para explicar el caso. Un poco avergonzado, habló: Señor comisario, nunca he tenido intención de engañar a nadie, ni siquiera a un tonto. Dios lo sabe. Nuestro trato era cambiar un kilo de harina por un kilo de sal, pero yo no tengo balanza en mi casa. Por eso inventé una balanza de tipo casero. En esa balanza campesina, el contrapeso de la harina era el mismo paquete de sal que me mandaba el comerciante…. Porque yo pensaba que la sal pesaba un kilo completo.
El comisario se volvió hacia el comerciante y le dijo: Ahora saque usted mismo sus conclusiones. Yo ya saqué las mías…
Autor Desconocido.

Seamos coherentes, si pedimos amor, comprensión, afecto, solidaridad, escucha, perdón, tolerancia, atención, consideración, libertad, compañía, etc; demos lo mismo. Y si somos incapaces de dar, al menos guardemos silencio para no romper la armonía.
De cualquier modo, si deseas hacer lo correcto, da sin pedir, porque amar consiste en eso; lo demás es un intercambio de intereses.
Este cuento o relato se puede aplicar a todas las parcelas en las que interactúa el ser humano; la familia, el trabajo, la amistad, la fe, e incluso la política: No puedo exigir justicia si yo no la practico.

SALMO 127: Canto de peregrinación. De Salomón.
01_ Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los albañiles; si el Señor no custodia la ciudad en vano vigila el centinela.
02_ Es inútil que ustedes madruguen; es inútil que velen hasta muy tarde y se desvivan por ganar el pan: ¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
03_ Los hijos son un regalo del Señor, el fruto del vientre es una recompensa;
04_ como flechas en la mano de un guerrero son los hijos de la juventud.
05_ ¡Feliz el hombre que llena con ellos su aljaba! No será humillado al discutir con sus enemigos en la puerta de la ciudad.

¡Oh muerte, cómo nos engañas!

212331-300x200¿Dónde está oh muerte, dónde tu victoria? ¿Esta en la droga que ofusca la conciencia? ¿En el alcohol, liquido elemento nocivo para el cuerpo? ¿Acaso en el deleite sensual, que te va encadenando poco a poco en placeres efímeros y primarios, por el que muchos hombres han puesto en juego su familia, su fortuna y otros llegaron incluso al asesinato o la apostasía? ¿Tal vez ¡oh muerte oh pecado! está tu victoria en el dinero? vil metal, nunca mejor dicho, por el que muchos explotan a sus hermanos, contaminan el medio ambiente, prostituyen a sus mujeres y a sus hijas, extorsionan y esclavizan a sus ancianos, desatienden a los hijos, hacen saltar por los aires su corazón en un infarto o defraudan el futuro de su país escondiendo sus riquezas? ¿Dónde ¡oh muerte oh pecado! proclamas tu victoriosa? ¿Quizás en el poder? ¿tan insegura eres muerte, que necesitas dominar para sentirte alguien, para que no te dejen sola, para esconder tu verdadera personalidad, débil e insegura de ser amada por ti misma? ¿Puede muerte que tu victoria esté en consultar los arcanos, en la brujearía, en el tarot, en técnicas ocultistas de sanación, por las que muchos han sido engañadas, dirigidos, manipulados, empobrecidos y finalmente poseídos? ¿Por qué ¡oh muerte! no dejas que Dios sea Dios, que gobierne él? ¿está en la venganza, gusano que corroe el alma y no la deja en paz porque se alimenta de si misma? ¿Esta, tu victoria, en los juegos de azar?¿Donde oh muerte, oh pecado, has ganado alguna batalla? Creo que, únicamente, en la guerra. Allá te jactabas de haber encontrado lo que buscabas: sangre, llanto, estupor, miedo, y sobretodo a ti misma; más muerte. ¡Hombre despierta! Que la muerte siempre viene disfrazada cual seductora sirena: brillante y voluptuosa en principio; vacía, vengativa, ruinosa y sanguinaria, poco tiempo después. Muerte o pecado, definitivamente, estás al desnudo y sin otra recompensa, que tu verdadera morada: la tumba abierta.
Pensamiento para hoy: «Un hombre no es totalmente libre hasta que deja de odiar a su enemigo, entonces es cuando, éste, dejará de haber significado algo importante en su vida».

¿hace tiempo que no lo haces?

SanRafaelArnaiz

Si hace tiempo que no lo haces te invito a orar:
Señor haz que yo sepa apreciar tu misericordia y tu bondad todos los días de mi vida, que pueda ver en los acontecimientos, diarios, como extiendes tu protección, tu amor y tu bondad sobre mi y mis hermanos. Que recuerde siempre cual fue la mano que me saco de la esclavitud del pecado y de la red donde me tenían atrapado mis enemigos, que recuerde el abismo a donde fuiste a rescatarme y no me olvide que me llevaste a tierra firme a precio de sangre, de la tuya. Señor hazme uno contigo, estoy llamando a tu puerta, la arena del desierto se me ha pegado por todas partes y me pesa como una losa; la sequedad a la que fue expuesta mi alma me impide derramar lágrimas por ti y mis hermanos. Quiero llorar por ti, morir de vergüenza por mi dureza de corazón y la de mis hermanos, permítemelo Señor. Enternece y ablanda mi corazón: podría estar llorando el resto de mi mida y aún así no pagar todo el bien que me has hecho. Déjame pasar a tu morada para que el corazón vuelva a circular al ardor de tu presencia. Hazme no estar pendiente del milagro para darte gracias en todo momento; para alabarte y reconocerte, también, en los momentos de agitación y contrariedad. ¡Oh Padre eterno! envía luz y entrañas de misericordia, sobre todos los que tenemos el corazón encallecido, para que seamos signo de ti entre los incrédulos y, especialmente, sobre los despreciados del mundo; tus predilectos: haz que sus llantos sean los míos, sus angustias las mías y sus pobrezas mis desvelos. ¿Señor que será de tu cruz, sino me hago uno contigo? ¿dónde quedará tanta vigilia por los montes, dónde tamaño desprecio, dónde tanta soledad, dónde tanto dolor, dónde inconmensurable traición; y, luego, donde perdón tan sublime y misericordia tan infinita? Acaba ya para siempre con mi afán de ser estimado por todos, mi orgullo, mi ira, mis miedos. Y hazme, a cambio, gozar por un instante con las delicias de tu amor en tu presencia, para de esta manera poder ver al hermano como tú lo ves, en su anchura y profundidad, y no bajo el prisma y el tamiz de mis propias debilidades; hazme puro para que saque lo mejor de cada cual y de cada situación. ¡Dios mio cuanto te anhelo!

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Tengan un mismo pensamiento.

8755539-un-monton-de-piedras-un-solo-corazon-posicionada-sobre-un-fondo-blanco1-300x199A causa de los medios de comunicación laicistas que contaminan y envenenan el alma del hombre, en unas ocasiones y, en otras, a causa de los ataques, directos, de los enemigos de la religión para imponer sus propios criterios –siempre fundamentados en su ínfima ciencia, en su filosofía, en su teología o en satisfacer sus apetitos carnales-; muchos de los miembros de la iglesia han sucumbido y han optado por los valores del mundo: unas veces por que ellos mismos están sometidos a la tiranía del pecado y, otras, a causa de una caridad mal entendida. Se juega a ser padrecitos, cuando en realidad la paternidad requiere: compasión y misericordia, sí; pero, también, autoridad y límites. A estas alturas deberíamos tener, todos, las ideas bastantes claras. Y para el que no las tenga, intentaré en la medida de lo posible clarificarlas:
A los laicos decirles que con Dios no se mercadea. No podemos comprar la voluntad de Dios, con velas al santo, con novenas, con el rezo de una estampilla, con una oración en cadena. Ni tan siquiera, podemos comprarlo rezando el rosario o yendo a misa una vez a la semana, si vivimos, luego, el resto de la misma con criterios no evangélicos, es decir, desentendiéndonos de las obligaciones para con la sociedad, para con los hermanos y, finalmente, escondiendo a Dios en la cartera hasta que pase el monaguillo el cepillo en la misa el día de guardar.
¿Qué buscas, hermano, cuando te acercas a la casa del Señor? Haz por una vez en tu vida un acto de sinceridad contigo mismo, tengamos el suficiente temor de Dios para hacerlo, no por su celo o ira, sino por su magnanimidad: ¿Te acercas a la Casa del Señor buscando amistades para mitigar tu soledad? ¿Te acercas a la casa del señor para adquirir conocimientos acerca de Dios y luego pavonearte de ello ante los demás, engordando tu ego? ¿Te acercas a la casa del Señor en busca del amuleto que te salve de todos tus males? ¿Te acercas a la casa del señor para alcanzar reconocimiento social? ¿Te diriges a la casa del señor para ocultar tu doble moral o, tal vez, para servirte de su buena imagen? ¿No será por este cura, en concreto, al que idolatras, por lo que te mantienes en la casa de Dios? ¿O te diriges, finalmente, a la Casa del Señor, para conocer la voluntad de Dios y con humildad, tal y como hizo María, decirle: “He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra”. Es decir, hágase en mí conforme a tu deseo, tu voluntad, tu pensamiento, tu conocimiento; no en una actitud de escucha pasiva, sino de obediencia que me lleva a la acción.
Hermano Dios es un dios «celoso», que no admite competidores Dice la Biblia; como, también, nos dice que no admite medias tintas: «porque no eres ni frío ni caliente te vomito». Ni tan siquiera, Dios, da respuestas siempre a los que siguen su voluntad; porque bien dice la Palabra que “sus caminos no son nuestros caminos y sus pensamientos, igualmente, tampoco coinciden con los nuestros». Por tanto Dios nos hablará, de una forma u otra, cuando estemos lo suficientemente preparados para poder dar credibilidad a lo que nos esté diciendo; y nos ayudará, igualmente, en la medida de nuestra fe. Pero, del mismo modo, bajo su criterio que puede no coincidir con el nuestro. Queridos hermanos, en resumen, a Dios no se le compra. Ha sido Él, por el contrario, el que nos ha comprado a precio de sangre para que podamos ser otro Cristo, no como Él, sino en Él.
Hermanos, que no seamos como el pueblo de Israelita, que anduvo cuarenta años, perdido, dando vueltas por el desierto sin encontrar la tierra prometida a la que, muchos, ni siquiera pudieron entrar porque dudaron de la palabra de Dios. No seamos como ese pueblo que tenía a Dios de su parte pero al que no pudieron conocer debido a que confiaron más en su propia fuerza y sabiduría; cuando no, en otros ídolos hechos del mismo barro que ellos. Y aunque hayas buscado a Dios de forma interesada, no importa, hasta de eso se vale Dios, para darse a conocer, lo importante es que salgas de ti mismo, para dejarte transformar por su Palabra, por la buena nueva del evangelio.
A los pastores, lo que ya decía anteriormente: dejad de ser padrecitos para ser pastores, la gente no es tonta y sabe lo que va buscando, y no siempre se acercan a la iglesia, como dije anteriormente, para buscar a Dios, porque si así fuese, los que estamos dentro de ella, ya, habríamos puesto el mundo del revés, como lo hicieron los doce apóstoles en su día, puesto que el Espíritu Santo es el mismo entonces que ahora ¿o piensan que ya no es el mismo? Tenemos, hermanos, obligación de acoger a todo el mundo en la Iglesia, pero no tenemos necesidad de llenar las iglesias, a cualquier precio, para satisfacer los egos de cada cual (entre otros, el reconocimiento público de sus errores o elección de vida personal) a costa de menoscabar la Palabra de Dios y la unidad de la Iglesia, «representante de Cristo en la tierra» ¿o lo dudan?
De siempre, por otra parte, ha habido en los templos personas -incluso de misa diaria- que no han tomado la comunión y nadie las ha señalado o las ha discriminado por eso. No es necesario llenar las iglesias a cualquier costo, para echar el sermón, quedar muy mono, porque me ha escuchado mucha gente, y si te vi no me acuerdo, hasta la semana que viene. Querido pastor, querido hermano, enséñennos, más bien, que la salvación consiste en la comunión de espíritu, es decir, en hacerse uno con Cristo en pensar, en sentir y en obrar. Y, entonces, Dios mismo morará en nosotros:
1 Corintios 3, 16 ¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él, porque el templo de Dios es santo, y eso es lo que vosotros sois”. Parece que en Europa se ha dejado de pecar: a pocos sacerdotes se les ve en el confesionario y no pocas personas se acercan, en cambio, a comulgar. Yo me pregunto ¿no estarán o estaremos comiendo nuestra propia condenación como se nos dice en 1 Corintios 11:27-29? No mis queridos pastores, no os dejéis engañar por vuestros conocimientos filosóficos y teológicos, vosotros deberíais saber mejor que nadie que esto, de la salvación y de la gracia, no va de conceptos y palabras, sino de corazón, de entrega y de echar horas ante el sagrario. Conceptos y palabras, por otra parte, por las que se nos cuelan los demonios ¿o es que se exterminaron todos los que existían, cuando Jesucristo los precipitó por un acantilado dentro de una manada de cerdos? Palabras, por otro lado, con las que justifican que unidad y uniformidad no es lo mismo ¡pues claro que no es lo mismo! no todos son consagrados, no todos sanan, no todos profetizan, no todos hablan en lenguas. Pero sí que la Palabra de Dios -¿o dudan que sea palabra de Dios?- nos insta a la unidad de pensamiento y no a la diversidad o «des-uniformidad» ¿o no fue este acaso el motivo, el de guardar y preservar la unidad, por el que nacieron los concilios y el magisterio de la iglesia?
Sí, si veo muy bien que se recoja el pensar del pueblo, y se exponga allí donde proceda ¿o se han olvidado, ya, que la iglesia es jerárquica y no un patio de recreo? ¿No sabíais todas estas cosas al poco de entrar en el seminario? ¿O es que, acaso, no fuisteis libres a la hora de profesar los votos?: «Ustedes deben considerar ansiosamente una y otra vez qué clase de carga es esta que están tomando sobre ustedes por su propia voluntad. Hasta aquí ustedes son libres. Aún pueden, si lo desean, regresar a las metas y deseos del mundo”.
¿Qué es eso, entonces, de opinar en público o en privado? No en boca de pocos, de ustedes, consagrados, he oído estas palabras: “la iglesia dice, pero yo opino”. Te guste o no, tú no puedes opinar por tu cuenta, hiciste un voto de obediencia, y tu sitio para dar tu opinión es el obispado o en los cauces que la misma iglesia tiene al uso para ello.
Otra cosa bien distinta es que el pastor en su oficio de guía espiritual y bajo la dirección de las Escrituras y la iluminación de la Iglesia y a través de la obra del Espíritu Santo en su misma persona, ante un caso particular de una persona concreta, intente gradualmente -sin que la letra mate al espíritu y la vida que hay en ella- mostrar la Verdad Evangélica a la persona, una Verdad que no es relativa, porque entonces dejaría de ser Verdad; Mateo 24, 35: “Cielo y tierra pasará más mi palabra no pasara”.
¿Qué es fuerte lo que digo? Más fuerte eran las palabras de Jesús a sus contemporáneos cuando los tildaba de sepulcros blanqueados o cuando le dijo a su discípulo Pedro: “Apártate de mí satanás”. Siendo qué, Pedro, buscaba, aunque fuese con criterios del mundo, el bien de Jesús, al que sin duda alguna amaba.
Seguro que pensareis que yo no soy Jesús para hablar de este modo. Y así es, pero como ocultar esto que corroe mis entrañas, esto que siento necesidad de decir porque es una verdad que no es mía; una verdad que yo mismo aprendí de ustedes, pastores, en mi casa que es la vuestra, la Iglesia.
Por cierto, no hace mucho escuché una premonición -no digo profecía porque esto más bien corresponde a la iglesia dilucidarlo- en la que se decía, que los protestantes terminarían adoptando los criterios católicos y los católicos los protestantes. Por lo que he ido observando y escuchando en algunos sacerdotes católicos de un tiempo a esta parte; esto es ya, en el presente, una realidad en su pensamiento. El relativismo en el que nada el mundo, parece que también ha tomado asiento en, no pocos, miembros de la Iglesia.
Después de esta disertación, hermanos, no me cabe otra cosa que decirles, y lo digo con el corazón por delante, que me considero el más pecador de entre todos los que puedan leer este artículo; pero por esto mismo, le pido al Señor, que, por más grave que sea mi pecado, me dé la valentía suficiente de reconocerlo ante Él y no justificarme arrastrando a otros tras de mí. Porque, solamente, el que reconoce su enfermedad puede curarse; solo el que reconoce su pecado y no justifica su delito puede alcanzar el perdón y la misericordia de Dios; solo el que reconoce, finalmente, que nada es y nada puede sin la Gracia del Espíritu Santo, puede comenzar una vida nueva en Él.

Filipenses 2, 1-21
1. Si la exhortación en nombre de Cristo tiene algún valor, si algo vale el consuelo que brota del amor o la comunión en el Espíritu, o la ternura y la compasión,
2. les ruego que hagan perfecta mi alegría, permaneciendo bien unidos. Tengan un mismo amor, un mismo corazón un mismo pensamiento.
No hagan nada por rivalidad o vanagloria, y que la humildad los lleve a estimar a los otros como superiores a ustedes mismos.
4. Que cada uno busque no solamente su propio interés, sino también el de los demás.
5. Tengan entre ustedes los mismos sentimientos de Cristo Jesús.
6. Él, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente:
7. al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz.
9. Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre,
10. para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos,
11. y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: «Jesucristo es el Señor».
12. Por eso, queridos míos, ustedes que siempre me han obedecido: trabajen por su salvación con temor y temblor, no solamente cuando estoy entre ustedes, sino mucho más ahora que estoy ausente.
13. Porque Dios es el que produce en ustedes el querer y el hacer, conforme a su designio de amor.
14. Procedan en todo sin murmuraciones ni discusiones
15. así serán irreprochables y puros, hijos de Dios sin mancha, en medio de una generación extraviada y pervertida, dentro de la cual ustedes brillan como haces de luz en el mundo,
16. mostrándole la Palabra de Vida. De esa manera, el Día de Cristo yo podré gloriarme de no haber trabajado ni sufrido en vano.
17. Y aunque mi sangre debiera derramarse como libación sobre el sacrificio y la ofrenda sagrada, que es la fe de ustedes, yo me siento dichoso y comparto su alegría.
18. También ustedes siéntanse dichosos y alégrense conmigo.
19. Espero, con la ayuda del Señor Jesús, enviarles muy pronto a Timoteo para tener noticias de ustedes y experimentar yo mismo un alivio.
20. Porque no encuentro a otro, que tome tan a pecho como él los asuntos de ustedes.
21. Todos los demás buscan sus propios intereses y no los de Cristo Jesús.

 

Como campana hueca ¿solo llevo ruido?

descargaRecuerdo un día, antes de entrar a la catequesis de los niños, que hubo uno de ellos, que se anticipó al resto llegando antes de hora. Momento que aproveché, solo como estaba, para hacerle esta reflexión; máxime  siendo, como era el crío, un tanto díscolo. Mirándole a los ojos le dije: ¿sabes que al final de tu vida solo te van a examinar de una cosa? No recuerdo si me contestó o no, solamente conservo la imagen del chaval con sus ojos abiertos, de par en par, y su cuerpo, ligeramente inclinado, en posición receptiva como tierra reseca esperando agua de otoño. Seguidamente le espeté: sí, exclusivamente, te van a poner un examen, el examen del amor. En el que te dirán ¿has amado mucho a todas las personas que pasaron por tu lado o, solamente, estuvieron ahí para aprovecharte de ellas?. Si amigito, le dije, si apruebas ese examen gozaras en la eternidad y estarás junto al Señor. Del mismo modo que, hora, si apruebas las asignaturas del cole, te servirá para ganar el sustento cuando un día te hagas hombre y te independices de tus padres.
Este preámbulo viene a colación de una lectura Bíblica, que minutos antes hacia, en la que S. Pablo nos comenta, que la más excelsa de todas las virtudes es la caridad, entendida esta como amor.  Ahora yo me pregunto ¿entendemos realmente que es  Amar? Amar, no es tan fácil como pueda parecer a primera vista, ya que la mayoría de las veces que creemos amar a los semejantes, solo nos amamos a nosotros mismos a nuestro egoísmo camuflado de bondad. Ya que amar para que te amen, es buscarse a uno mismo; amar por la recompensa es, igualmente, buscar una satisfacción de si mismo para resarcirse del sacrificio anterior, a mar para que te vean y te elogien, es vanidad. Tampoco es amar, dar una limosna para limpiar la conciencia, cuando no te privas de nada y cerca de ti hay personas que no tiene para comer. Por eso dice S. Pablo, que si no tenemos amor -amor que brota del del corazón- sin esperar, por ello, recompensa alguna, somos como campana hueca: ruidosa y vacía por dentro. Y sigue diciéndonos el apóstol: «Podemos hablar lenguas, poseer todos los conocimientos del mundo, e incluso el don de curar, sanar y hacer milagros; y aún así, de nada nos valdría si no tenemos amor».
¿Que es amar por tanto? Amar es dar sin esperar, regar para que alguien pueda apagar su sed, creer sin ver, otorgar confianza para que el otro pueda confiar en si mismo, alentar para que todos lleguen a su meta; amar es, también, hacerse creíble por las obras, honrar a los padres, saber callar a tiempo, amar es compadecerse y escuchar, amar es devolver bien por mal, amar es no escandalizar a pesar que creamos que nos asiste la razón; amar son muchas cosas, todas en una, que se resumen en obediencia a aquel que es Amor, Dios mismo, que sabe que nos conviene.
Aunque si de verdad deseamos aprender a amar, miremos a Cristo, clavado en la cruz, ocupando el lugar que nosotros hubiésemos merecidos a causa de nuestros pecados. Y como Dios es justo y alguien tenia que pagar por ello, lo hizo aquel que únicamente podía detener su ira y ponerse a la altura de semejante ofensa, su propio hijo. Al que muriendo por ti y por mí para que tú y yo podamos vivir eternamente, se le otorgo vida junto al Padre después de su muerte.

 

Una noche tenebrosa una noche de luz

imagesEsta noche tuve un sueño con el que Dios parecía quererme comunicar algo y, de hecho, me comunicaba algo; porque a fin de cuentas, todo lo que acontece, es porque él lo permite y muy pocas o ninguna porque se decida a coartar nuestra libertad o a vengarse de  nuestros enemigos. El Padre que se nos muestra en el evangelio es aquél que permite a Judas, en el ejercicio de su libre voluntad, que traicione a su hijo. Del mismo modo que es el Padre Eterno, él que deja caer la lluvia sobre justos e injustos o brillar el sol sobre malos y buenos, como nos lo revela Jesucristo con su predicación en Mateo 5, 45. Así de consecuente es Dios con sus propias leyes: Él es, por antonomasia, el Dios de la PALABRA que cumple su PALABRA.
En el sueño aparecía, el que suscribe, duchándose para salir de casa a altas horas de la noche; cuando de repente hubo un apagón que dejó a  oscuras toda la estancia. Como pude, a tientas, terminé de ducharme y fui encontrando, poco a poco, la indumentaria para poder salir a la calle, aún, a pesar que ya me había percatado que el apagón era general y  la noche profunda y oscura: noche de luna nueva. Obstinado, no obstante, en mi idea de salir -para finiquitar unos asuntos pendientes y sin contar con luz en el móvil, al que se le había acabado la batería- no tardé mucho tiempo en atravesar el umbral de la puerta. Medio a tientas, flanquee algunas calles, con ayuda de algunas velas que desde los ventanales, parpadeaban cual antorchas; pero que se fueron difuminando a medida que los vecinos, poco a poco, se iban entregando al confort  de sus lechos. De esta guisa, casi sin darme cuenta -noche que era cerrada también en nubes- me quedé por completo a oscuras, desorientado y completamente perdido; aunque no, por ello, dejaba de andar; por momentos, hasta a gatas.
El sueño, como la mayoría de ellos, quedó inconcluso; aunque, pronto, pude encontrar su significado; que, por cierto, estaba relacionado con la charla que mantuvimos, por la tarde, un grupo de amigos, correligionarios, en un café.
Vienen días en la vida del cristiano oscuros, de apagón de todos los interruptores, donde te sientes un naufrago a la deriva que no avanzas; donde el mundo te ve un extraño, un paria; un rebelde sin causa, al que su propio Dios parece haber soltado de de la mano. No obstante -y ante la ceguera espiritual de no poder ver en esos momentos, el mucho amor que Dios tuvo para conmigo cuando era un muerto en vida consumido por el pecado- y a pesar de la seguridad que te brinda la casa del Padre, aún a oscuras, decides arrojarte a la calle buscando tu propia luz: una luz hecha de un Dios a tu medida, de la luz inconsistente y frágil, que desprenden velas efímeras, que no tardarán mucho en apagarse: las velas de los otros.
Eso era lo que me estaba diciendo el sueño: Dios y los acontecimientos, en ocasiones, nos ponen a prueba, porque necesitamos madurar y avanzar en nuestra fe. Pero como niños pataleamos, porque deseamos estar, continuamente, en los brazos que nos da la seguridad de nuestro padre o nuestra madre: no queremos estar solos en ningún momento; no queremos tropezar, por consiguiente, no podemos aprender a andar, madurar y ser responsables, de este modo, de nuestra propia historia.
Oración: Padre Celestial, haznos conscientes, por el poder de tu Santo Espíritu, de aceptar el fracaso y las contrariedades de la vida; danos templanza para no castigarnos, a nosotros mismos, aceptando luces de muerte: la lujuria, el placer, la compañía interesada y egoísta de los otros, la inhibición a la responsabilidad de tomar la rienda de nuestra vida y, especialmente, de los falsos maestros, que disfrazados de corderos mansos, nos prometen paraísos terrenales. ¡Bendito seas Padre Eterno, porque has estado y sigues estando -aunque en muchas ocasiones no te sienta cercano- grande y poderoso para conmigo¡ ¡Alabado seas mi Señor¡ ¡Hazme, Dios mio, por tu S. Espíritu humilde y confiado como la Virgen María¡

Cuando pensamos que restar es sumar

Quitar la famaDice el Papa Francisco que menguar al hermano no le hace a uno ser mejor de lo que es. Hay personas que por sus conocimientos causan admiración en los demás, y otras, en cambio, causan rechazo; ya que, a causa de su baja autoestima, tratan de demostrar su valía menoscabando la imagen de los otros. Esto, como bien dice el Papa, no te hace mejor ante los ojos de Dios, sino que es causa, por otro lado, de rechazo: es decir lo contrario de lo que buscas. Y, lo peor de todo, es que crea malestar en la comunión de los santos y deteriora el cuerpo místico de Jesús, que es su Iglesia, por dañar la imagen del prójimo y sembrar conflicto. Menoscabar el prestigio de los otros, es una practica habitual, entre miembros de grupos humanos muy diversos, cuya causa reside, unas veces, en los celos y la envidia y, otras, en el afán de dominio, en la vanidad e incluso en la baja autoestima. Aspectos, todos, de la personalidad que, aunque difíciles de controlar, pueden mejorar con una buena dosis de autocrítica diaria, más una conciencia, plena, de saberse necesario pero no imprescindible: hay un dicho que nos recuerda, qué, «de imprescindibles está el cementerio lleno». Esto anterior, sumado a una autoestima suficiente -solo alcanzable en la consciencia de que el valor de la persona reside en ella misma (por ser imagen de Dios), y no en sus añadidos, a saber: dinero, fama, conocimientos, poder, prestigio, posición- darán como fruto una convivencia en paz y harmoniosa, para que muchas empresas y grupos humanos, de cualquier índole, no se vean abocados al fracaso.
Para concluir te haré reflexionar con estas preguntas: A que profesor recuerdas con especial agrado ¿al que te hizo avanzar en tus estudios o al que más conocimientos poseía? y de entre todos tus amigos ¿al que te protegió y estuvo contigo en un momento difícil, o al fanfarrón de turno, que escurría el bulto ante las dificultades?
La verdadera sabiduría consiste: primero en analizarte colocándote frente a tu propio espejo sin máscaras; segundo aceptar esa realidad que tu eres con tu pasado y con tus limitaciones; tercero intentar mejorar lo que puedas de tu personalidad sin violencias y castigos a ti mismo, esto solo empeora tu carácter y las relaciones con los otros; cuarto adécuate a la realidad que te ha tocado vivir, siempre y cuando no se pueda mejorar o no haya otra salida: lamentarse sólo crea desasosiego en tu alma y rechazo por parte de los que conviven contigo. Por último, aprecia y explora al máximo las virtudes y dones que tienes (no importa si son muchos o pocos, no olvides nunca que eres un pequeño engranaje, en la rueda del mundo, de suma importancia), ello te hará valioso ante Dios y, también, ante los hombres; aunque estos, unas veces por orgullo y otras por timidez, no quieran o no puedan poner en alza tu trabajo y dedicación.
Citando a Santa Teresa de Jesús, en su quinto centenario, recordaré unos de sus dichos más celebres: «también entre los pucheros anda el Señor». Muy pronto se dio cuenta Teresa, que, lo importante no es la capacidad, sino la entrega, es decir, hacer las cosas desde el corazón, amando; destino, fin y meta para el que fuimos creados.  

                                        

COMO CIEGOS

descargaVivimos, Señor, dispersos en medio del mundo, perdidos en un torbellino de prisas y quehaceres. Nos hemos impuestos, por lo general y de modo inconsciente, cadenas que nos aprisionan más que nunca: aquellas que se nos proponen desde la sociedad de consumo a través de los medios de comunicación, sin pararnos, ni por un instante, a cuestionar si esos modelos merecen la pena: ¿merece la pena que te críen los hijos otras personas, por el simple hecho de tener más? ¿merece la pena que otros decidan por ti, que valores necesitan en la vida? ¿El amor y dedicación de otros, hacia ellos, estará al mismo nivel que el tuyo que eres su padre? ¿Piensas, realmente, que los caprichos que le das van a compensar tu falta de dedicación? ¿no seria mejor que aprendieran a valorar el trabajo de los adultos colaborando en las tareas del hogar o buscando algún trabajo en vacaciones para que se sientan responsables y al mismo tiempo conozcan sus capacidades y sus limites ? ¿Te dejas arrastrar por la corriente de moda, o eres agente de tu propia historia? ¿Vives prisionero por alcanzar el reconocimiento personal o lo haces por aportar a la sociedad un lugar más fácil y próspero donde todos tengan su sitio? ¿Al final del día te detienes a ver qué falla en tu vida y como puedes mejorar las relaciones conflictivas con los otros? ¿Crees que postergar tus conflictos personales es la mejor solución? has de saber que un parásito, es decir, tu problema cuanto más lo demoras más engorda y, por tanto, más te debilita. Pocas cosas hay que no tengan solución y es locura que detengas tu reloj por su causa; entre ellas se encuentran estas cuatro: modificar el pasado, predecir el futuro, esquivar la muerte y cambiar aquello que depende de la libertad de otros, a no ser que secuestres su voluntad y su conciencia. ¿Sufres porque piensas que los demás son mejores que tú o, por el contrario, te alegras porque los ves inferiores? Las diferencias solo se crean para adueñarse de lo ajeno, o para acaparar privilegios. El hombre se ve tan insignificante en medio del universo que necesita machacar a sus semejantes para no sentir el vértigo de su, propia, nadería. Por lo demás, todos nos complementamos y nadie subsistiría, por mucho tiempo aislado sin el afecto y los recursos que le aporta el resto de la sociedad. ¿Te dejas llevar por las apariencias, dispuesto a sacrificar el mundo que has forjado con mucho sacrificio, por otro creado exclusivamente a base de fantasía? ¿Te comparas con los otros y sufres por no ser igual que ellos? nunca podrás ser como ellos porque entonces dejarías de ser tu mismo. A demás, ten en cuenta que ellos, a su vez, sufren por no tener esa cualidad, esa don que tú posees por insignificante que te parezca.
No lo dudes, este es el pan nuestro de cada día: vivimos como ciegos guiados por otros ciegos, porque el pensar y el razonar, solamente, lo hemos dejado para engordar la cuenta de resultados económicos  y no para vivir en el espíritu; que es, a la postre, él que nos puede llevar del sufrimiento a la paz interior y, finalmente, a encontrar nuestro propio destino. Destino, por otro lado, que llevas marcado dentro de ti; ya que eres el ser más acabado de la creación, un ser imagen de Dios mismo, hecho para amar y destinado a sacar fuera de ti aquello,tan hermoso y peculiar que tienes para regalar a los otros.

BAJANDO LOS SANTOS DEL PEDESTAL

FrayEscobaYo bajaría a todos los santos de los altares, porque ellos nunca buscaron un altar, o un sitio destacado para llamar la atención de sus coetáneos; nunca buscaron protagonismo personal, sino que se lo cedieron al verdadero protagonista que les cambió su vida, a Dios en la persona de su hijo, Jesús. Cogería a todos, es decir, a las representaciones que hay de ellos en las iglesias y los pondría; sentado o de píe, dependiendo como se encuentren las articulaciones  de sus miembros, en los bancos junto a los feligreses. Los sacaría de su pedestal, les quitaría su corona, la orla, sus pinturas doradas y sus ojos de cordero degollado. Y les volvería, en cambio, a sus orígenes: les calzaría sus sandalias de pescadores de hombres -desgastadas por las piedras de caminos y veredas por las que transitaron- de las cuales se sirvieron para llevar el espíritu de Dios a todos aquellos que tuviesen corazón de acogida, capacidad de sorpresa y confianza de niño. Les pintaría una sonrisa de oreja a oreja, ya que su Dios no les amargo la vida, sino que se la endulzó con su amor de Padre; los vestiría con su sotana raída; con su traje de labrador cosido a remiendos; con su cara enjuta por los ayunos voluntarios e involuntarios que hicieron, unos, como ofrenda y otros, para darle de comer a sus indigentes. A algunos de ellos lo ubicaría, arrodillados, ante el sagrario donde pasaron, largas horas, pidiendo por la conversión de todos los que rechazaban el mensaje de Jesucristo. Les colocaría una mirada ávida y, a su vez, acogedora, pero no meliflua y bobalicona como tienen ahora; ya que fueron gladiadores en medio de leones, tanto en el sentido literal de la palabra, como figurado. Los que tuviesen brazos articulados, se los colocaría en posición de abrazar a todo aquel que quisiese envolverse dentro de los mismos; y, de este modo, recibir amor, acogida, animo y consuelo en las luchas y afanes de cada día. Por último, colocaría a un santo dando la mano a un niño, con la inscripción (Mt 18, 6-7): «Pero al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar». 
La santidad en el cristiano no es un ideal inalcanzable, no es para super-hombres, ya que no existen esos tales; la santidad, por consiguiente, es un llamado para el destino conque todo hombre fue creado. Y lo confirma el apóstol con estas palabras (1 Pedro 2:9): «Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable». Por tanto, no dice Pedro que tengamos que ser santos; no es un imperativo, es una confirmación de lo que somos, de nuestra genética espiritual, algo irrenunciable para todo aquel bautizado que se auto-afirma seguidor de Jesucristo.
Es hora de despertar, entonces, es necesario, hermano cofrade, cargar la cruz de Cristo, pero aquella que llevamos a diario: la de la familia, el trabajo, nuestras propias cruces y seguir la voluntad de Dios (sus mandamientos) que es la que nos hace verdaderos hombres y verdaderos cristianos. Mateo 10, 38: «El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí». 

 

Homenaje a la madre

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HOMENAJE A MI MADRE
Ya sé que no hiciste una gran carrera…Ni falta que te hacía.
Ya sé que no te dieron ningún premio…Ni falta que te hacía.
Ya sé que no fuiste la más guapa, ni la más resuelta…Ni falta que te hacía.
Sin embargo quiero hacer un homenaje en tu memoria, por tu generosidad y entrega a los tuyos, aunque del mismo modo, a todos aquellos que te necesitaron en un momento dado.
Yo te reconozco porque llenabas el plato de tus hijos aunque al tuyo llegase apenas nada.
Yo te amo, porque siempre arrimaste el hombro para enfrentarte al mundo con tal de que tu prole saliese adelante; sin temer a los más doctos o encumbrados.
Yo alabo, igualmente, tu presteza pora tener siempre a punto un plato caliente y un rincón en tu casa para dar cobijo a los que vinian de fuera a visitarte. Y tu ingenio en sacar un lecho en los sitios más insospechados para que todos descansasen como en su propia casa.
Yo aprecio tu disponibilidad para estar siempre atenta en mantener contentos a todos. ¡De qué forma los escuchabas en sus problemas y les dabas consejos sabios, que sorprendian viniendo de una persona no ilustrada. Y, especialmente, como los atendías en sus dolencias y necesidades económicas, para que sus expectativas se cumpliesen! También admiro tu respeto y asentimiento para aceptar el camino que tomé en la vida. Sabias de antemano que la herencia más grande que los padres pueden dejar a sus hijos son la educación y las alas, alas para emprender su propio vuelo.
Admiro tu sencillez: nunca quisiste aparentar lo que no tenías, y por ello nunca viviste por encima de tus posibilidades.
Del mismo modo, como madurabas, al igual que aprendiz disciplimado, con el paso de los años estando siempre atenta a las lecciones que te daba el libro de la vida y tu gran capacidad de adaptación.
Por otro lado, me rindo ante tu gran abnegación frente al dolor y tu gran resistencia ante los contratiempos y desdichas del devenir cotidiano.
Recuerdo como todos nos apoyábamos en ti. En cambio tú apenas si te quejabas de tus pesadumbres.
También sé de tu generosidad por boca de un vecino tuyo en el fatídico y conocido, en España, año del hambre. Y, por otro lado, tu mediación entre disputas y chismorreos vecinales para guardar la armonía y la paz en el barrio.
Y por último resaltar tu ejemplo de madurez llevada con dignidad. Tan es así, que a una señora le hiciste perder el miedo a envejecer y por eso te dedico una hermosa poesía; ésta fue, tú amiga Paqui, ¿recuerdas?

Ya me despido, y aunque se que hay algún «pero» que objetar ¿quién está libre de culpa…?
Sin embargo estoy agradecido de que Dios me pusiese en tu regazo, me diese tu cobijo, tu sombra, tu aliento, tus entrañas de madre, tu paciencia para con mis equivocaciones y tu aceptación de mí ser sin condiciones.
Un beso madre, y sigue cuidando de todos ahí arriba… Te necesitamos.

Dios nos hizo a su semejanza, por eso el amor de los padres, puede ser el más parecido al amor de Dios. En este pasaje bíblico, se describe así.

Estaba yo en el vientre y el Señor me llamó; en las entrañas maternas y pronunció mi nombre y me dijo: tú eres mi servidor de quien estoy orgulloso.
Mientras yo pensaba: en vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis días; en realidad mi derecho lo defendía el Señor, mi salario lo tenía mi Dios. Tanto me honró el Señor y mi Dios fue mi fuerza.
Así dice el Señor: “te hago luz para que mi mensaje alcance por donde vayas; en tiempo de gracia te he respondido, en día propicio te he defendido”. Porque el Señor consuela y se compadece… Decía yo: me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado…” ¿Puede una madre olvidarse de su criatura, dejar de querer al hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella te olvide, yo no te olvidaré. Mira, en mis palmas te llevo tatuado, tu figura está siempre ante mí, Yo, el Señor, no defraudo a los seres que esperan en mí y sabrá todo el mundo que yo soy tu salvador…”

CÓMO ELUDIR AL PADRE DE LA MENTIRA.

images--Me preguntaba ayer Javi, qué, cómo detectar al diablo: No siempre es fácil, por eso se le denomina el padre de la mentira, nos va separando de Dios, en muchas ocasiones, seduciéndonos con pequeños placeres, aparentemente, sin importancia; pero que cada vez nos encadenan más y más, es como una pelota que se desliza por una pendiente, a medida que avanza se aleja más y más, de su lugar de salida, y con mayor velocidad: nosotros de Dios. Otra manera de tentarnos el Diablo y separarnos de Dios, es por medio de aquellos movimientos o personas que nos prometen la felicidad a cambio de nada, y puede ser qué, en principio, nos den algo de eso, pero a costa de anular nuestros sentidos, de hacernos como las plantas, insensibles a la alegría y al dolor propio, o al sufrimiento del hermano. Pero nosotros, los cristianos, sabemos por el evangelio que nuestra meta no es este mundo, se trata de ser lo más felices posibles, sí. Pero ¡ojo! Jesús no nos engaña, nos habla de cruz, de tribulaciones: “El que no coja su cruz y me siga no es digno de mí”; “mi yugo es llevadero y mi carga ligera”. San Pablo, también, nos habla de que sufría con alegría a causa de llevar la BUENA NOTICIA de CRISTO JESÚS, a las comunidades que evangelizaba, y de tener un aguijón (un dolor) pegado a su carne; todo, esto, sin olvidar al mismo Jesús, que siendo modelo de santidad, sufrió y se entregó por nosotros, en obediencia al Padre, y por nuestra salvación. Dicho todo lo anterior ¿cómo podemos, entonces, eludir al tentador, al diablo? Lo recogemos también en las escrituras, el modelo es el mismo Cristo:
1. Conociendo la palabra de Dios. Jesús conocía las escrituras, y de ello nos dan muestras varios pasajes del evangelio, uno de ellos es este, cuando el Diablo le tentó en el desierto: Mas él (Jesús) respondió: «Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.»
Se está refiriendo a lo que dice el Antiguo Testamento en Deuteronomio 8; 3
2. Orando. Lo primero que hacia Jesús, antes de salir al mundo a anunciar la llegada del Reino, la Buena Noticia del evangelio a los oprimidos; era entrar en contacto con su Padre, con nuestro Padre Eterno. De ahí salía fortalecido para poder enfrentarse a los ataques de los sabios, o los que creían saberlo todo: los saduceos, los fariseos, los sacerdotes de su tiempo.
3. No distraerse con cosas del mundo que nos prometen la felicidad. En el AT se nos habla de no apartarnos a derecha ni a izquierda; Deuteronomio 5, 32: “Y cuidad de hacer tal como el SEÑOR vuestro Dios os ha mandado; no os desviéis a la derecha ni a la izquierda”. Jesús, no se apartó de su misión a pesar de ser seducido por los placeres de este mundo, no solo por el Diablo, sino, también, por el pueblo que lo buscaba para proclamarle rey: no por sus palabras y por los signos que había realizado, sino para llenar sus estómagos; cf. Juan 6, 26. ¿Nosotros buscamos a Jesús, por Él mismo, por su Palabra de Vida y Verdad, para cumplir su voluntad; o, solamente, le buscamos para que arregle nuestros problemas, a modo de jefe de mantenimiento de un colegio, una fábrica, etc?
4. Cumplir la voluntad de Dios: Jesús sabía cuál era la voluntad del Padre sobre Él, y le fue fiel hasta el final, sin evitar las piedras del camino y su muerte en cruz. Nosotros sabemos cuál es la voluntad de Cristo sobre nosotros: Juan 13, 34 “Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros; que como yo os he amado, así también os améis los unos a los otros”. Todo esto sin abolir la ley antigua (los 10 mandamientos) y los profetas. Mateo: 5, 17-37: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido abolirlos, sino a darles plenitud. Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley.
5. Vivir en Comunión: vivir en comunión con Cristo, frecuentando los sacramentos y profundizando en su significado, y finalmente vivir en comunión con Su Iglesia;`primero en humildad, obedeciendo a la jerarquía, y segundo cuidando la fraternidad y la caridad con los hermanos.

Hasta aquí es todo, espero poder haber aclarado la duda en lo, más, posible.   Un abrazo a todo el grupo; nos vemos el miércoles Dios mediante.

Jesucristo Salvador, pero también Señor.

índiceEL CUERPO PERECE, EL AFÁN TIENE FECHA DE CADUCIDAD, NUESTROS DÍAS CONTADOS ESTÁN. HOMBRE INSIGNIFICANTE ¿CUANDO TE DARÁS CUENTA DE QUE TODO, ABSOLUTAMENTE TODO, ESTÁ EN MANOS DE DIOS? ¿NO TE DICE NADA EL UNIVERSO EN SU INMENSIDAD, NI LA DIVERSIDAD DE SUS CRIATURAS, NI LA GRANDEZA DE CADA HOMBRE TAN IGUALES Y TAN DISTINTOS ENTRE ELLOS? ¿NO TE DICE NADA LA SONRISA DE UN NIÑO, UN AMANECER, UNA FLOR, EL MIMETISMO DE UN PAJARITO EN SU ENTORNO O EL ALBOROZO DE LAS AGUAS AL FLUIR ENTRE LAS PIEDRAS DE UN RIACHUELO?


Lucas 10, 38-42
: Yendo ellos de camino, entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Al fin, se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude.» Le respondió el Señor: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada.

En esta lectura se nos da a entender que de nada vale afanarse mucho por las cosas de la vida, si, por el contrario, antes, no hemos constituido a Dios, en el Señor de nuestra vida. Nos suele pasar generalmente a los cristianos, que vemos a Jesús como nuestro salvador, y está muy bien, pero hemos olvidado constituirle como el SEÑOR de nuestra vida dándole poder para hacer y deshacer en nosotros. Por esto hemos de presentarnos ante Él para decirle: sabes Papá de que mimbre estoy hecho, haz de mi absolutamente lo que quieras, soy tu servidor, estos son mis proyectos pero puede que no coincidan con los tuyos, a nadie más adoraré, apartaré de mi vida los ídolos de barro: el afán de dinero, de dominio, de notoriedad. No me someteré, por otro lado, a esos otros ídolos carnales, la concupiscencia, la glotonería, la pereza, el lujo… Dios mío, aquí está tu siervo, sé Tú el motor y el Señor de mi vida; pero aparta lejos de mi todo obstáculo del que no sea consciente, para que tu voluntad salga siempre triunfadora en mí.
Dios no necesita de nuestras alabanzas; como un padre tampoco necesita que su hijo le diga que le ama, para que el padre esté totalmente volcado en ese hijo. ¿Pero, acaso, hay algún padre que no se le haya quebrado, un poco, el corazón cuando su hijo le dice?:¡cuánto te quiero, papi! Dios mío, no quiero ser un hijo desagradecido, por eso yo proclamo ante el mundo tu grandeza, tu misericordia, tu lealtad, tu paciencia, tu benevolencia y tu ternura para conmigo. Yo te proclamo bendito, te adoro y me entrego a ti sin condición. Gracias porque tu luz, hoy como ayer, brilla sobre aquellos que el mundo rechaza, sobre los que no cuentan. ¡Quién como tu Padre, que haces reverdecer pastizales en el desierto! ¡Gloria a ti por siempre Señor!

 

QUIEN NO VIVE PARA SERVIR, NO SIRVE PARA VIVIR.

El ratón y la granja

La seguridad es la muerte del hombre.

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Hay políticos que nos están regalando una vaca (un subsidio) pero la vaca tiene trampa: la trampa-dependencia. Hace poco pasó por esta región un político, que no prometía crear trabajo, sino ampliar los subsidios. Mientras él hacía estas declaraciones varios jóvenes estaban haciendo las maletas para buscar trabajo fuera de la región. Varios que se convierten en centenares a lo largo del año.

El siguiente cuento nos hace reflexionar sobre este asunto de asegurar por miedo a crecer y prosperar:

Un maestro paseaba con su discípulo cuando, de repente, vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre y decidió visitarlo.Durante la caminata le comentó a su discípulo que era muy importante realizar visitas, conocer personas y aprovechar las oportunidades de aprendizaje que te brinda la vida.

Llegando al lugar constató la pobreza del sitio. Allí vivían una pareja y sus tres hijos. La casa era de madera, todos iban descalzos y sus ropas estaban sucias y rasgadas.

Entonces se aproximó al padre de familia y le preguntó:

«En este lugar no existen posibilidades de trabajo ni comercio posible. ¿Cómo hacen usted y su familia para sobrevivir aquí?»

El señor respondió:

«Amigo mío, nosotros tenemos una vaca que nos da varios litros de leche todos los días. Una parte de la leche la vendemos o cambiamos por otros alimentos en la ciudad vecina. Con la otra parte hacemos queso, yogur y demás para nuestro consumo. Así es como sobrevivimos».

El maestro agradeció la información y contempló el lugar por un momento. Luego se despidió y se fue.

En medio del camino, se dirigió a su discípulo y le ordenó:

«Coge la vaca de esta familia, llévala a aquel precipicio y empújala al barranco»

El discípulo se quedó perplejo y le preguntó al maestro el motivo de tan drástica decisión, pues esa vaca era el único medio de subsistencia de aquella familia. El maestro no pronunció una palabra, por lo que el discípulo fue a cumplir la orden.

De esta forma, empujó a la vaca por el precipicio y la vio morir. Aquella escena quedó grabada en la memoria del discípulo durante años…

Un día, el discípulo, agobiado por la culpa de haber matado a la vaca, decidió visitar a aquella pobre familia para contarles todo lo sucedido, pedirles perdón y ayudarles en lo posible. Así lo hizo.  A medida que se aproximaba al lugar veía todo muy cambiado, ya no se veía un atisbo de pobreza. Todo lo contrario, pues los árboles estaban floridos, todo estaba muy limpio,… Ya no había una vieja casa de madera, sino una enorme casa de piedra, con todo tipo de lujos. Incluso los niños, que antes estaban tristes y vestían ropas sucias y rotas, ahora estaban alegres y llevaban finas prendas.

El discípulo se sintió triste y desesperado imaginando que aquella humilde familia tuviese que vender el terreno para sobrevivir, por lo que aceleró el paso. Al llegar a su destino, fue recibido por un señor muy simpático.

El discípulo preguntó por la familia que vivía allí hacía unos 3 o 4 años. El señor respondió que seguían viviendo allí. Espantado, el discípulo entró corriendo en la casa y confirmó que era la misma familia que visitó años atrás con su maestro.

Elogió el lugar y le preguntó al señor (el dueño de la vaca):

«¿Qué hizo para mejorar este lugar y cambiar su vida de una manera tan increíble?»

El señor, entusiasmado, le respondió:

«Nosotros teníamos una vaca que se cayó por el precipicio y murió. De ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos. Así alcanzamos el éxito que usted puede ver ahora mismo»

Moraleja: Muchas veces nos conformamos con tener algo seguro, aunque nos sume en la miseria, antes que apostar por la prosperidad poniéndonos en movimiento para ser «autónomos». Esto que sucede en el ámbito material, también sucede en el espiritual, cuando no enfrentamos nuestros miedos o a las personas que nos están haciendo daño.

Todos tenemos un talento oculto por descubrir, expresar y compartir. Si lo encontramos y nos atrevemos a llevarlo a la ACCIÓN, entonces encontraremos nuestra prosperidad.

Debemos ser valientes y tener confianza en nosotros mismos.

No te autolimites. No permitas que nadie te límite.

No creas que puedes. Lleva tus pensamientos a la acción.

El colibrí

colibrideoroCuentan los guaraníes que un día hubo un enorme incendio en la selva.
Todos los animales huían despavoridos, pues era un fuego terrible.
De pronto, el jaguar vio pasar sobre su cabeza al colibrí… en dirección contraria, es decir, hacia el fuego.
Le extrañó sobremanera, pero no quiso detenerse.
Al instante, lo vio pasar de nuevo, esta vez en su misma dirección.
Pudo observar este ir y venir repetidas veces, hasta que decidió preguntar al pajarillo, pues le parecía un comportamiento harto estrafalario:
¿Qué haces colibrí?, le preguntó.
Voy al lago -respondió el ave- tomo agua con el pico y la echo en el fuego para apagar el incendio.
El jaguar se sonrió.
¿Estás loco?- le dijo. ¿Crees que vas a conseguir apagarlo con tu pequeño pico tú solo?
Bueno- respondió, el colibrí- yo hago mi parte…
Y tras decir esto, se marchó a por más agua al lago.
Autor desconocido.

TU ERES EL PROTAGONISTA DE TU HISTORIA: LA ADVERSIDAD NO ES PARA RENDIRSE, SINO PARA CAMBIAR EL CURSO DE LOS ACONTECIMIENTOS O PARA TRANSFORMARLOS EN OFRENDA DE AMOR AL DIOS QUE NOS SALVA.