Mi Padre no juzga a nadie

El evangelio de hoy no requiere de mucho comentario ya que es el mismo Jesús -quien por ser uno con el Padre, por proceder de él y guardar una relación perfecta con él- el que nos explicará ciertos aspectos de esta unidad perfecta, de como interactúan el uno con el otro y que misión o tarea, a su vez, ejercen con respecto al hombre: criatura hecha, nos dice el Génesis por otro lado, a su imagen y semejanza.

Por eso lo mejor es pasar directamente a escuhar y meditar lo que Jesús tiene que contarnos conforme a lo que él conoce directamente del Padre sin intermediarios, por ser él mismo, Dios. Puntualizar solamente que la palabra muerto unas veces se utiliza con sentido de muerte natural y otra espiritual. Recordemos como Jesús cuando alguien le pide permiso para ir a enterrar aún pariente le dice: Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú ve y anuncia el Reino de Dios». 

Evangelio según San Juan 5,17-30.

Jesús dijo a los judíos:
«Mi Padre trabaja siempre, y yo también trabajo».
Pero para los judíos esta era una razón más para matarlo, porque no sólo violaba el sábado, sino que se hacía igual a Dios, llamándolo su propio Padre.
Entonces Jesús tomó la palabra diciendo: «Les aseguro que el Hijo no puede hacer nada por sí mismo sino solamente lo que ve hacer al Padre; lo que hace el Padre, lo hace igualmente el Hijo.
Porque el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que hace. Y le mostrará obras más grandes aún, para que ustedes queden maravillados.
Así como el Padre resucita a los muertos y les da vida, del mismo modo el Hijo da vida al que él quiere.
Porque el Padre no juzga a nadie: él ha puesto todo juicio en manos de su Hijo,
para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió.
Les aseguro que el que escucha mi palabra y cree en aquel que me ha enviado, tiene Vida eterna y no está sometido al juicio, sino que ya ha pasado de la muerte a la Vida.
Les aseguro que la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oigan, vivirán.
Así como el Padre dispone de la Vida, del mismo modo ha concedido a su Hijo disponer de ella,
y le dio autoridad para juzgar porque él es el Hijo del hombre.
No se asombren: se acerca la hora en que todos los que están en las tumbas oirán su voz
y saldrán de ellas: los que hayan hecho el bien, resucitarán para la Vida; los que hayan hecho el mal, resucitarán para el juicio.
Nada puedo hacer por mí mismo. Yo juzgo de acuerdo con lo que oigo, y mi juicio es justo, porque lo que yo busco no es hacer mi voluntad, sino la de aquel que me envió.

No tengo a nadie que me sumerja en la piscina

Del Evangelio de hoy, que relata la curación de un paralítico por Jesús, se pueden extraer varías lecciones, la primera de ellas -no siendo la primera vez que aparece en las escrituras- es que hay una correlación extrecha, causa efecto, entre el pecado y los males que padecemos, visión que dista mucho de la del mundo moderno que todo lo atribuye a la mala suerte, a las instituciones y al prójimo, que son siempre los causantes de sus males. En cambio hoy Jesús, le advierte personalmente al paralítico que acaba de curar, de que en adelante no vuelva a pecar, porque de lo contrario le ocurrirán peores cosas todavía.

La segunda lección que advertimos, en una sociedad como la Judía, religiosa, que tenía ya cierto grado de conocimiento por la ley y los profetas del bien y del mal, es su indiferencia frente a la injusticia, en el caso que nos ocupa, la de un paralítico al que durante treinta y ocho años nadie ayudo para meterlo en una piscina de aguas curativas. Jesús es el único, que pone el punto y aparte, se compadece de este hombre, lo sana y no cae en la indiferencia (en términos cristianos llamado también pecado de omisión) de pasar por delante del enfermo -de largo- como antes lo habían hecho cientos de sus mismos paisanos. Por eso deberíamos preguntarnos muy amenudo frente a las injusticias, ante las necesidades del prójimo ¿Que haría Jesús en mi lugar?
No hay que buscar justificaciones para hacer el bien, porque el bien se explica por sí mismo y es el fin para el que fuimos creados; ni siquiera el pecado social nos exime de obrar en justicia, de obrar el bien.

Y la tercera lección que aprendemos, cuando le preguntan al paralítico -ya sanado por Jesús- porqué porta su camilla en sábado, día festivo para los Judíos en el que no se permitia trabajar ni llevar cargas, como es en el caso de este evangelio, …es que la ley fue formulada para obrar el bien, nunca para omitirlo, nunca para aplastar a la persona y dejarla tirada sin darle una salida.

Oración: Buenos días Señor, ayúdame a ser siempre agradecido, ante lo bueno y lo malo, porque de tí siempre procede el bien y de nosotros la maldad. Te necesito Señor para obrar siempre en justicia, para no ser indiferente ante las necesidades ajenas, para discernir los límites entre la ley y el bien, entre la ley y la persona herida por su pecado o el ajeno que aún no te ha conocido. Ayúdame, Padre, en el nombre de tu hijo Jesús, a tener tus mismas entrañas de misericordia y saber establecer los límites entre lo que edifica para tu Reino y lo que aleja de él a mi prójimo, a tus hijos. Seguramente, y sin duda, el mejor camino para ello es vivir en gracia, no pecando, como le recomiendas al paralítico de hoy.
https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-03-29

Buenas días feliz martes, que el Señor con sus ángeles te proteja, te colme de bienes y te de su luz en el Espíritu Santo.

Creer para ver, mejor que ver para creer

«Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen».

Hoy Jesús con estas palabras adviertió a sus paisanos de su dureza de corazón para creer. También lo hace con nosotros ya que su mensaje es intemporal y es único para todos los hombres de todas las épocas. Que difícil nos resulta interiorizar que Jesús tiene palabras de esperanza, de vida abundante y de paz; definitivamente no le hacemos caso y consideramos que la salvación está en nosotros mismos y que el mensaje de Jesús está a nuestro servicio (cuando coincide con nuestros proyectos o modo de interpretar la realidad) y no al contrario. Le llamamos Señor y en realidad al único señor que servimos, atrapados en el bullicio del materialismo y de las redes sociales con sus consigas dogmáticas e incuestionables, es a nosotros mismos. De esta manera, arrastrados por el torbellino de la corriente del mundo que va arrasando a su paso con todo, nosotros -como ciegos- no nos damos cuenta de la destrucción que lleva mientras giramos y giramos dentro de él sin cuestionar la desolación que deja a su paso.
Así, pues, como los más allegados de Jesús, solo se nos quita la venda de los ojos cuando esa misma desolación, envuelta en papel celofán y lacito, llama a la puerta de nuestra casa y caemos en cuenta que sin Dios somos menos que nada, que nuestro proyectos fracasan o que, como mucho, solo dan una satisfacción temporal, que, finalmente, nos deja vacíos y desorientados igualmente.

Necesitamos signos, milagros, de Dios, buscamos desesperados aquí y allá, en cosas externas, aún dentro de la misma iglesia: que algo llegue de fuera nos toque con su varita mágica y nos cambie de repente. Que confundidos estamos, cada segundo de vida es un milagro, cuantos elementos, no hay numeros que puedan contarlos, intervienen en cada latido de nuestro corazón, en el desarrollo de una planta, en el vuelo de un ave… y seguimos pidiendo un milagro para creer, tenemos el milagro más grande de todos que es la palabra de Dios, la misma Palabra que Jesús había pronunciado en su vida terrena, es la que, una vez resucitado, iba contando en el camino hacia la aldea de Emaús a dos de sus discípulos. Esa palabra que encendió el ardor de su corazón, pero que necesito, una vez más del milagro; es decir, darse cuenta que era el mismo Jesús, ahora Resucitado, el que minutos antes les hablaba por el camino, para poder convertir su luto en alegría, su derrota, en entusiasmo y acción, su falta de visión en luz y discernimiento.
Sí hermanos, seguimos buscando signos y milagros, para cambiar, para creer, y ya los tenemos, la vida creada por Dios, nuestros hermanos, el universo son un milagro de Dios inconmensurable, pero el mayor milagro de todos es aquel que los creó, Jesucristo, y si queremos obtener ese milagro pongámonos a escuchar su palabra, a profundizar en ella, abrazarla, a acogerla y meditarla como María en el corazón: en silencio, sin prisas, en actitud de verdaderos orantes y siervos como ella misma; ya que Dios es el único y verdadero Señor autor de la Vida. El milagro no viene de fuera el milagro está en la escucha receptiva, el milagro es tu actitud frente a la Palabra.
¿Cual es mi actitud, pues, frente a ella? Tal vez, pasar al siguiente wassap, hasta que el torbellino nos saque fuera de él, nos lance por los aires y tengamos que pedir a Dios socorro por el colpe y los huesos quebrantados en la caída… ¿hasta cuando…? Perdón Señor, perdón…

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-03-28

Sólo puede sanar, el que reconoce su enfermedad


Hoy el Señor mediante una parábola, como en otras ocasiones, nos invita a la humildad, a reconocer nuestras debilidades y nuestros pecados ante él, ya que como nos dice en otra parte del Evangelio, Jesús ha venido a rescatar a los enfermos, es decir a los pecadores, o a aquellos que desde la sinceridad de su corazón, son capaces de mirarse en el espejo de su conciencia y reconocer lo que hay en ella de oscuridad y de muerte: de pecado.
Sólo así desde la sinceridad con Dios -que lo penetra y conoce todo de mí, incluso mejor que yo mismo- es la única manera de que Jesús pueda actuar en mí interior y cambiar mi dolor y mi oscuridad en alegría y en vida. Por eso,  como decía ayer Santa Catalina, que Dios respeta nuestra libertad, si yo no reconozco que mi alma necesita ser sanada ante Él; es decir, que me asaltan los malos pensamientos, que los juicios y los prejuicios hacia los demás me acompañan, que la crítica tampoco me falta, que la mirada se me va donde no debe, que predico paz, tolerancia, unidad, anticlericalismo y mis acciones son todo lo contrario …Si no reconozco, como decía, que estoy enfermo, no iré al médico del alma, a Dios, el cual no me va a inyectar su medicina -su Santo Espíritu- para devolverme a la verdadera vida: al gozo y a la luz de los que han lavado sus manchas en la sangre del Cordero humilde y humillado Jesucristo.

*Oración:* Señor que yo como el publicano del Evangelio, en lugar de compararme con los otros,  tratando de minimizar o esconder mis faltas, que desee con toda la fuerza y entrega de mi corazón en un acto de sinceridad y necesidad, mostrarte las mías para que tú me ayudes a cambiar. Reconozco Padre, ante tú divina misericordia que no soy mejor que los demás: tal vez no tenga sus mismos pecados, pero tengo los míos y cualquier pecado a tu vista es un rechazo para que la gracia del Espíritu Santo habite en  mí y pueda dar frutos para de amor, paz y justicia para tu Reino, y para que yo, a mi vez, pueda disfrutar de esa paz que sólo tú dejas.
Sí, mí Señor, confieso en tu divina presencia que necesito parar el carro de mi actividad, explorar mi alma, como el enfermo hace con su cuerpo y después de ver cuáles y donde están mis defectos y debilidades,  presentártelos para decirte humildemente, de corazón a corazón, que dejo atrás mi pecado y así tú puedas sanar mi alma, que solo deseo seguir humildemente tus mismas pisadas para amarte, dejarme amar por tí, y que pongas tu corazón en el mío, para amar al prójimo como tú me amás.
https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-03-26

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-03-26

A su imagen los hizo, libres y con capacidad de razocínio.

Hoy celebra la Iglesia la Anunciación del Señor, por eso el Papa ha elegido está solemnidad para consagrar a Ucrania y a Rusia al corazón de María.

Evangelio según San Lucas 1,26-38.

El Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.
El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo».
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.
Pero el Ángel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido.
Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin».
María dijo al Ángel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?».
El Ángel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios.
También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios».
María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho». Y el Ángel se alejó.

Comentario: Santa Catalina de Siena (1347-1380)
terciaria dominica, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa

María, tierra fecunda
¡Dios llama a la puerta de tu libertad!
María, en ti aparece hoy la fuerza y la libertad de Dios. Después de la deliberación del Consejo divino, tan grave y grandioso, el ángel es enviado a ti para revelar el misterio de ese Consejo y pedir tu adhesión. El Verbo sólo desciende en tu seno cuando has dado tu consentimiento. Espera a la puerta de tu voluntad, que quieras abrir al que desea venir en ti. No habría jamás entrado si no le hubieras abierto con tu respuesta: “Yo soy la servidora del Señor. Que se cumpla en mí lo que has dicho” (Lc 1,38).

¡Prueba evidente de la fuerza de la libertad de nuestra voluntad! Sin ella no se puede producir ni mal ni bien. Tampoco existe demonio o criatura que la coaccione al pecado, si ella no quiere. Nada la puede forzar a realizar el bien si ella lo rechaza. Si, la voluntad humana es libre y nada la puede reducir al mal o llevar al bien sin su consentimiento. María, el Dios eterno llamó a la puerta de tu voluntad y si no hubieras querido abrir, no se hubiera encarnado en ti.

Ruborízate alma mía, viendo hoy a Dios mismo emparentarse a ti en María. Hoy puedes ver que aunque fuiste creada sin haberlo pedido, sólo serás salvada si lo consientes. Dios llama a la puerta, espera que María consienta en abrir.

El demonio divide, pero él es uno solo

«pero si viene otro más fuerte que él y lo domina, le quita el arma en la que confiaba y reparte sus bienes.»

Jesús en el El evangelio de hoy, por boca de los fariseos, nos muestra la mezquindad de nuestra alma, la cual se niega a reconocer la evidencia, los hechos y la verdad cuando Jesús le devuelve el habla a un mudo. Así sucede en unos casos por envidia y en otros cuando confiando en nuestra sabiduría y fortaleza nos anclamos en el egoísmo y en nuestra área de confort, cuando no en el pecado.

Pero Jesús hoy, con un argumento aplastante, les hace ver a los fariseos que su poder no puede venir del demonio, porque éste, en su maldad y por principio, no puede hacer obras buenas ya que se destruiría a sí mismo.

Finalmente Jesús nos advierte que solo en Dios estamos a salvos del mal, que de nada sirve confiar en nuestro conocimiento y fortaleza porqué por debajo de Él, siempre habrá alguien u alguna otra fuerza del mal que nos arrebate aquello que nosotros creíamos tener a buen resguardo, ya sean bienes temporales o inmateriales como la estabilidad emocional y psíquica.

Oración: buenos días mi querido Jesús, gracias por esta mañana en la que sigues confiando en nosotros y nos ves, un día más, con ojos de misericordia. Te pedimos fe y fortaleza para no defraudar las expectativas, que como buena madre, paciente y confiada, sigues depositando sobre nosotros, para que actuemos en la voluntad de tú Padre amado. Te pedimos al mismo tiempo sinceridad de corazón y la suficiente humildad para reconocer lo vulnerables que somos: aún acompañados. Lo sabemos bien por las últimas tragedias que nos están asolando en los últimos años y todavía así nos resistimos a tu Palabra a cambiar; a reconocer que solo en tí está la Vida.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-03-24

Amar desde lo concreto

Hoy Jesús nos advierte en su Palabra que los preceptos dados a Moisés, sus mandamientos, y las enseñanzas recibidas por medio de sus elegidos y enviados los profetas estarán en vigor hasta el fin de los tiempos, y no solo eso, sino que él mismo, en su persona y aún siendo Dios, ha venido a dar cumplimiento de ellos.
Dicho esto, y sabiendo lo traicionero que es el corazón del hombre, como nos recuerda uno de dichos profetas: «más que todas las cosas» (cf Isaías 17, 9) Jesús, se adelanta, como podemos observar, en el tiempo a los falsos discípulos que vendrían Después de él, para confirmar que está palabra también se cumpliría.
Hoy, por tanto, en medio de tanta confusión y perversión moral, donde llamamos derechos de las personas y amor a cualquier cosa que nos señalan ideólogos traicionados por su arrogancia, por su lujuria, cuando no, por un análisis erróneo de la realidad al obviar la Palabra de Dios, se convierte en más necesario que nunca, leer a los antiguos profetas y tener presente los mandamientos de la ley de Dios dados a Moisés; una manera muy clara para concretar sobre el terreno de las realidades y relaciones cotidianas, en qué consiste amar a Dios y amar al prójimo.
Amor que elevado a su máxima excelencia nos llevaría a dar la vida, si fuera necesario, por el prójimo, como Jesús nos da a entender en su último mandamiento: «Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros; que como yo os he amado, así también os améis los unos a los otros.»

Oración: Señor hoy quiero pedirte, que tú amor nos perfecciones para acoger tus enseñanzas en el corazón; que tú amor no se canse hasta que, como San Pablo -hombre de principios y buena voluntad-, tengamos una visión de cómo somos traicionados por nuestro corazón desde los principios y las buenas intenciones. ¡Gracias Jesús por tu amor incondicional y por un día más para amarte y servirte!

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-03-23

El amor y el odio no se pueden enmascarar

«Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos».

El Evangelio de hoy nos da una lección frente a las ofensas que recibimos de los demás mediante una parábola en la que un rey condona una deuda inmensa a su siervo, mientras que este último no actúa del mismo con un compañero que le debía menos, metiéndolo a la cárcel.
El rey cuando se enteró, indignado por no haber actuado con misericordia como él, lo mandó llamar para hacerle pagar también a él con la cárcel todo lo que anteriormente le había perdonado.
Sin duda que Dios actúa así con nosotros, nos ha perdonado todos nuestros delitos y pecados ¡y de que manera…! a precio de su sangre, con su vida. Por eso también nos pide que nosotros actuemos de igual modo con los que nos han lastimado, y no solo eso, sino cuántas veces sea necesario, puntualizando, a demás, que ese perdón sea de corazón; es decir verdadero y no una componenda de cara a la galería o por intereses personales. Y esto, porque el amor y el rencor son sentimientos que no se pueden enmascarar todo el tiempo, lo cual hace que ese falso perdón sirva de poco o de nada, ya que sigue dañando tanto al ofensor, que detecta que todo está igual, como al ofendido puesto que su sentimiento de rencor le deja una huella de amargura en su interior que le roba la paz.
Por coherencia, pues, no podemos buscar de Dios, lo que nosotros, por otro lado, no estamos dispuestos a dar, y aunque no sea fácil perdonar también debemos entender las debilidades de los demás que son las nuestras propias.

Oración: buenos días Dios y Señor mío, gracias por este nuevo amanecer y por esta nueva oportunidad que nos ofreces de perdonar de corazón. Haz que nunca nos cansemos de amar como tú lo haces; se tú nuestra medicina y arranca de nuestro interior las heridas y las huellas del pecado que otros dejaron en nostros y que hacen que pongamos un cerrojo en nuestro corazón para dar amor. Yo a mí vez pido perdón y te pido perdón, por cuántas veces herí a mis hermanos, tus hijos, y actúe desde la ira y el resentimiento. ¡Gracias Señor por tanto! Solo Tú, sanas mis heridas.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-03-22

Ser profeta encomienda de alto riesgo

Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino.

Jesús triunfante se levanta en medio de la tentación; sortea las seducciones del mundo, de la carne y de Satanás. Jesús pasa por enmedio del dolor y de la muerte, la enfrenta y la vence porque Dios es un Dios de vida; el único que la posee en sí mismo y por si mismo. Jesús hoy, también, se levanta y pasa triunfante por enmedio de todos los que intentan acallar la voz de su enviado, de los verdaderos profetas, porque el verdadero profeta, como su Maestro, es signo de contradicción para el mundo, para sus vecinos, para sus conocidos. El profeta pasa como su Maestro por enmedio de las tentaciones y seducciones del mal, y aunque caiga no se entrega a él; reconoce la Verdad y no trata de buscar justificaciones y atajos intentando engañarse a si mismo y a Dios; el profeta desnuda las intenciones de los corazones y por eso no es bien recibido entre los suyos que desean seguir enmascarando sus vergüenzas y sus fracasos, los cuales siempre achacan a los demás o a las circunstancias. El profeta se abre camino en medio de la mentira, del mal, de las críticas y persecuciones, porque su fuerza le viene de lo alto, de Dios; de él se alimenta, porque como ya se dijo sólo y exclusivamente en él reside la verdad, la vida y el bien. De esta manera, nadie que deja a Dios por mentiroso puede ser hijo de la Luz y de la Verdad y el engaño destruirá su alma el alimento de su cuerpo.

Oración: Señor buenas días, en primer lugar quiero alabar tu nombre, dando gracias por esta lluvia que nos regalas generosamente; por la vida también, ya que cada aliento, cada suspiro, cada movimiento es una obra maravillosa y perfecta de tu creación y no nos damos cuenta de ello porque nos sale gratuito, gracias por un día más de vida, por tu amor, ojalá no tiremos por la borda tanto bien.. Señor hoy te pido por todos tus enviados, para que enmedio de la persecución sientan muy cercano tu amor, tu compañía y como Elias no se detengan después de haber visto y vivido tus grandes prodigios obrar en ellos, y por medio de ellos.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-03-21

Dar frutos es la tarea.

«Cuando vuelva el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?».

Sin duda alguna la parábola de los codiciosos viñadores se refiere a los fariseos, pero también a los hombres y mujeres que vinieron después de Jesús, los cuales escucharon la Palabra por medio de los enviados de Dios, los profetas, los sacerdotes, los predicadores, etc., y del mismo modo que los viñadores se negaron a dar al dueño de la viña el fruto de su cosecha, así nosotros nos negamos a dar el fruto que la Palabra de Dios, como semilla, fue sembrada en nosotros. Los primeros, los fariseos, finalmente terminaron no solo asesinando a los profetas, sino que hicieron lo mismo con el hijo de Dios, los que vinieron después, y los hombres de este tiempo lo hacen cuando rechazan frontalmente a Jesús, su Palabra; y otros, en cambio, cuando habiéndola escuchado y después de reconocer en su interior que ella es Verdad y Vida para el hombre, se quedan o nos quedamos, igualmente, tibios, casi indiferentes, sin hacer que la Palabra de los frutos para los cuales fue destinada: que el Reino de Dios crezca en nuestro corazón y por expansión en el mundo entero. De no ser así ya sabemos las consecuencias, esa viña que es el Reino de Dios, se nos será arrebatada y entregada a otros que sean receptivos a escuchar y a hacer crecer la simiente de la Palabra en ellos y en los demás dando frutos.

Oración: buenos días Padre mío y Señor de mi vida. Gracias por este nuevo día y por esta oportunidad de amar que nos das de nuevo. Te pido fortaleza para no dejarme llevar de la pereza, el miedo, la apatía, etc. Que por amor hacia ti, me levanté siempre con deseos renovados de seguir, dándome, de hacer crecer la semilla de tu palabra en mí, con los frutos del Espíritu Santo que son doce, a saber: Caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fe, modestia, continencia, y castidad.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-03-18

Buenos días feliz viernes, otro pequeño esfuerzo y avanzando. A sí se alimenta el caracol, avanzando de, a poco, como dirían por algunos países hispanoamericanos.

La muerte del corazón, la indiferencia.

«Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, aunque resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convencerán»

Hoy Jesús nos relata las consecuencias de nuestras acciones más allá de esta vida mortal, acciones que responden a nuestra falta de amor, en definitiva a nuestra indiferencia con respecto a la llamada a la conversión que Jesús nos pide constantemente. Y lo hace por medio, como él suele, de una parábola que muchos ya conocemos, la del Rico Epulón y el pobre Lázaro. De este modo, mientras el rico se consumía en un lugar de tormento por no atender en vida la necesidad del pobre Lázaro, este último gozaba en el Seno de Abraham del bienestar que no pudo tener en este mundo (lugar donde descansaban los justos antes que Jesús con su sacrificio nos abriera de nuevo las puertas del cielo).
El toque de atención de este Evangelio viene, especialmente, en la segunda parte del mismo, ya que a pesar de las advertencias de Jesús, muchos no han cambiado ni un milímetro su posición y siguen con el corazón cerrado a las necesidades de aquellos que por un motivo u otro han caído en desgracia: los descartados en palabras del Papa Francisco.
Jesús puntualiza, a demás, en esta lectura (debería ser significativo para los que predican hoy lo contrario) que una vez en la otra vida hay una barrera infranqueable entre los que obraron bien y los que no, una barrera o un abismo que nadie puede atravesar para mejorar su condición.

Así pues, vemos, en este mensaje que nos lanza hoy Jesús, que el amor, la compasión por los demás se nos puede enfriar tanto, que a pesar de que un muerto venga a advertirnos de aquello que nos aguarda en la otra vida a consecuencia de nuestras acciones, no le haríamos caso.

Oración: buenos días Jesús mío y Dios mío, hoy en primer lugar quiero pedirte perdón por mis pecados, y por esta oportunidad que me otorgas de cambiar, de no pasar de largo o de puntillas por encima de las necesidades de tus hijos mis hermanos. De esta manera te pido, que tus palabras prevalezcan en mí, por encima de los desengaños, frustraciones, caídas y traiciones.
Señor ante tí, hoy reconozco mis miedos, mis limitaciones y mis debilidades, reconozco que sin tu amor y tú gracia ese corazón se me cierra y se muere. Hoy Señor con tu ayuda prometo renovar mi vida haciendo caso a tu Palabra. ¡Gracias Jesús por tu Vida, que sería de mí, si no te tuviese…!

El primero estará a la cola

«Ustedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad.»

Jesús nos enseña con el evangelio de hoy la diferencia entre cómo funcionan las cosas en su Reino en contraposición al modelo que sigue el mundo. Y nos muestra dicha diferencia, por medio de la petición que hace a Jesús la madre de dos de sus discípulos, la cual no escapa a la mentalidad pagana o mundana de su tiempo que, en definitiva, es la misma de todas las épocas desde que el hombre fue afectado por su pecado.

La Madre de los zebedeos pide para sus hijos ocupar los primeros lugares en el Reino de Jesús, en el Reino terrenal que los Judíos (al modo del Rey David) esperaban que les traería el Mesías.

Jesús, en cambio, que lo que pretende instaurar es un Reino espiritual (Reino que solo él puede dar como único y verdadero Dios existente en la Trinidad) y no al modo humano, de fuerza y dominio de los gobernantes sobre sus súbditos y de los poderosos sobre los débiles (mundo en el que todos tengan y encuentren su sitio, en una igualdad real, que no de palabras) les dice que el que quiera ser el primero en su Reino se haga el servidor de todos, porque los que pretendan ser los primeros en él serán los últimos. Y así será, no para la otra vida después de la muerte, como dicen algunos, sino que también en el presente veremos los frutos de este Reino que Jesús inauguró después de su resurrección. Así es, porque tanto su Reino como Él mismo, no están sujetos al tiempo ni al espacio; atendiendo de este modo y según sus promesas las necesidades de todos los que les son fieles y están en obediencia.

Oración: buenos días mi querido Jesús, gracias por este nuevo día de amor y paz que nos das, paz y amor muy diferente a la que dan los poderosos, que, por lo general, solo está sujeta a su ganancia personal.
Que diferente, Padre Eterno, le hubiese ido a este mundo, si todos hubiésemos atendido, empezando por mí, las palabras de tu amadísimo hijo: cuántas guerras entre naciones se hubiesen evitado, cuántas guerras fraticidas, cuántas familiares, cuántas en cualquier ámbito social, ya sea laboral, vecinal, gremial y, hasta, eclesial por esa herida del pecado que nos lleva a buscar el protagonismo, cuando no imponer nuestro criterio personal -a cualquier precio- por encima de ponernos a la cola, como tú nos pides hoy, simplemente a servir.

Gracias Jesús por tus enseñanzas, te amo, aunque no lo suficiente, y te pido que me hagas consciente de cuántas veces me busque a mi mismo por encima de buscar tu Reino, que es el bien de todos.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-03-16

Yo el rey

«Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros»

Este es uno de los mensajes que Jesús nos lanza en el Evangelio de este día, muy contrario como podemos observar a la mentalidad del mundo, donde solo nombrar esa palabra, servir, echa a muchos para atrás. Pero es el mismo Jesús, siendo Dios, el que nos da él ejemplo arrodillándose ante sus discípulos para lavarle los pies y hacerles recordar que con esa actitud de servicio y humildad, en las tareas de cada día, es como funciona el Reino de Dios con todo el bien que éste nos depara.

En definitiva este mensaje nos recuerda a otro de días atrás en el que se nos pide que tratemos a los demás, como nos gustaría que ellos lo hicieran con nosotros.

La primera lectura de hoy, es una llamada a la conversión propia de este tiempo litúrgico, a través de ella vemos la protección de Dios al pueblo Judío, y las desgracias que le acontecían cuando el mismo optaba por vivir en desobediencia. Esta manera de interpretar los acontecimientos y desgracias en el mundo posmoderno ha desaparecido y todo lo que acontece, en cambio, sucede porque si, por azar, mala suerte, o a lo sumo, porque unos son los buenos de la película y otros los malos malísimos, quedando el resto de los mortales exentos de culpa.

Hace unos días, de charla con un amigo, me daba una explicación parecida a la de esta lectura bíblica de hoy. Me decía que el malo malísimo o los malos malísimos, solo son el peón a través del cual se encauza todo el desorden que, por nuestro alejamiento de Dios, hemos traído al mundo. Como todos sabemos, a poco que no tengamos la conciencia adormecida, ahora a lo bueno se le llama malo y a lo malo bueno. De esta manera alguien observó, que en México en la misma medida que crecía el aborto, crecían los asesinatos, tal vez deberíamos investigar si hay una proporción parecida en España, entre el aborto y los suicidios, mal que se ha disparado en las últimas décadas; o si las guerras y otras catástrofes a nivel mundial, son la consecuencia de la ambición y el culto al cuerpo con desordenes sexuales tan ascendentes y perversos como la pederastia.

Oración: buenos días mi querido Jesús, hoy he aprendido, que con mis acciones contribuyó a cambiar el rumbo de la historia -para bien y para mal- aunque solo sea una gota en el océano de la multitud, pero también sé que una sola gota abre camino a muchas otras para hacer germinar la vida de un campo.

Señor ten piedad de todos tus hijos, de todos los hombres de buena voluntad, para que no sean presa de las mentiras disfrazadas de este mundo y de Satanás, donde solo el brillo, aunque el mismo sea superficial, es lo que cuenta.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-03-15

¿Qué hacer para ganar?

«Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante».

Hoy Jesús nos hace una promesa, una promesa de abundancia, porque su corazón misericordioso aún sobrepasa sus manos llenas a rebosar.
Pero esta promesa viene condicionada, no porque Jesús nos quiera hacer sufrir, sino todo lo contrario porque sabe que nuestro bienestar y felicidad también depende de los demás, de los que están lejos, pero especialmente de los más cercanos, por eso junto a esta promesa de abundancia y misericordia, también nos invita a hacer, en reciprocidad, nosotros tus hijos lo mismo con los demás.

Algo que a demás tenemos que tener en consideración también hoy, es que si Dios es un Dios fiel que cumple su palabra, como no puede ser de otro modo tratándose de Dios, de igual modo que da, abundantemente y sin medida, puede retener sus dones y beneficios con aquellos que sean mezquinos (en todos los sentidos) con sus semejantes.

Lección para hoy: cuando pidamos a Dios si deseamos recibir de él, revisemos, antes, como está nuestra misericordia y generosidad con los otros: generosidad en perdón, en tiempo, en caridad, en agradar y en agradecimiento, en ayuda, en paciencia y humildad, etc.

Oración: buenos días Señor Jesús, gracias por esta mañana en la que nos regalas un nuevo amanecer y, junto a él, la lluvia que tanta falta nos hace ¡Bendecido y alabado seas por ello Padre!
Hoy te pedimos fortaleza para ejercer con los hermanos la misma misericordia que tú has tenido con nosotros; que no se nos desdibuje del rostro una sonrisa, un gesto amable, y un corazón condescendiente a pesar de los defectos que veamos en los otros, o a pesar, también, de nuestro propio cansancio y suspicacias.

Gracias Señor por tus promesas y perdón por todas las veces que mi comportamiento ha sido piedra de tropiezo y malestar para tus hijos, mis hermanos.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-03-14

Jesús pone la diferencia

En el evangelio de hoy Jesús nos invita a hacer la diferencia con los paganos, los que ahora se autodenominan ateos y agnósticos. Diferencia que no nace de sentirse, clase o élite; es decir de la vanidad y el orgullo, hijos de la rebeldía, de la autosuficiencia y, para algunos, en última instancia de la ceguera espiritual.
La diferencia a la que estamos llamados es a ser perfectos en el amor, así como lo es nuestro Padre celestial, que hace salir el sol, y caer la lluvia sobre buenos y malos. Y si esto hace nuestro Padre con nosotros que somos pecadores, cuanto más aún estamos llamados nosotros, como nos pide Jesús, a devolver bien por mal; en sus palabras de hoy, en amar y pedir a Dios por los que nos ponen la zancadilla o nos hacen la guerra. De esta manera, la diferencia está en imitar, como Jesús nos pide hoy, el amor perfecto de Dios; amor que no se encuentra en la compensación personal, sino en buscar la paz, que da lugar al bien de todos.

Oración: buenos días mi Señor gracias por este espléndido día, por tú amor y por tus enseñanzas, que nos hacen salir de nosotros mismos para que todos podamos ganar; ganar en el amor, porque es la única manera de encontrar esa felicidad tan añorada que buscamos y pedimos. Señor cambia nuestro corazón egoísta, por un corazón generoso, capaz de ponerse en el lugar del hermano. Líbranos Señor, de los celos, la envidia y del rencor: se que no es fácil pero dedicaré un hueco cada día, para pedir por aquellos que maquinan contra mi, o simplemente no me caen bien. En tu amor de Padre y Madre los abrazaré aunque de momento sea mentalmente.


https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-03-12

“Ve primero a reconciliarte con tu hermano”

En el Evangelio de hoy Jesús vuelve a insistir en la importancia de vivir en paz y reconciliados con el hermano, ya que si queremos alcanzar la justicia de Dios, su misericordia y su perdón, no se puede esperar menos de nosotros, sus hijos, cuando un hermano nos ofende. Si un padre natural sufre cuando ve a sus hijos enfrentados, cuanto más nuestro Padre Celestial que nos hizo con el propósito de amar con el mismo amor que él nos ama, el cual no solo nos ha dado la vida, sino que incluso entregó la suya propia para salvarnos de una condena Eterna. No basta con decir, yo no mato, como nos recuerda el mismo Jesús, sabiendo la escusa que pondrían muchos de los que vendrían detrás de Él, para vivir en otros aspectos a su modo y a su libre albedrío sin tener en cuenta sus enseñanzas. De esta manera Jesús nos recuerda, que cualquier desprecio, insulto o desconsideración que tengamos hacia el hermano, por pequeño que este sea, si no lo zanjamos pidiendo perdón, tampoco nosotros esperemos el favor de Dios y su perdón.
Donde no hay amor hay amargura, rencor y egoísmo, de tal manera, que incluso por nuestro propio equilibrio psicológico es saludable buscar la paz, aunque más importante es aún agradar a Dios que siendo el mejor de los padres también desea lo mejor para nosotros, entre otras cosas que vivamos amando y en paz los unos con los otros.

Oración: buenos días mi querido Jesús, mi hermano, mi maestro, mi Señor, mi Dios y mi amigo. Te doy gracias un día más por este regalo que es la vida y por esta llamada de atención para que vivamos felices, que de eso se trata. Realmente te debe resultar contradictorio que pidamos por el cese de la guerra cuando entre nosotros y aún, muchas veces, dentro de las mismas familias mantenemos en alto la espada de la venganza, del rencor, de la envidia y hasta de las sospechas infundadas. ¿Quién soy yo para reclamar justicia divina, si como nos dices en otra parte, yo mismo soy incapaz de quitar primero la viga de mi ojo…?
Te pido perdón Jesús, por cuántas veces mi orgullo y vanidad, se ha interpuesto para llevar acabó tu voluntad, que es mi bien.

Hoy quiero darte gracias, al mismo tiempo mi querido Jesús, porque a pesar de nuestras miserias, nos traes el regalo de la lluvia que tanta falta nos hace. ¡Señor te amo! pero sé que prácticamente nada en relación de lo que tú me amas. ¡A tí sea dada toda la gloria, porque en tí está la Vida!

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-03-11

Buscar para encontrar, pedir para recibir, llamar para entrar

«Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos»

Jesús al final de este evangelio nos dice que toda la ley y las enseñanzas de los profetas consiste en hacer por los demás lo que nosotros de seríamos que hiciesen por nosotros.
De esta manera, esos mandamientos que Dios da a través de Moisés, es el diseño perfecto -aunque se nos hagan a veces cuesta arriba- para recibir de los hermanos el tratamiento y el amor que en muchas ocasiones, como mendigos, buscamos.
Así, pués, que lo mejor es lanzarnos primero nosotros a amar, como nos propone la lectura de hoy, y como Dios mismo lo ha hecho, cuando sin ningún merecimiento de nuestra parte, envió a su hijo a dar la vida por nosotros, y como aún, en el presente lo sigue haciendo, invitándonos cada día a participar en el trono de su gloria. Es más hoy nos invita también a pedirle con toda confianza como si de nuestro padre natural se tratase, es decir, sin miedo, abundantemente y con insistencia; porque si un padre siendo malo sabe dar cosas buenas a sus hijos, cuanto más nos dará Él que es suma bondad.

El profeta Isaías compara ese amor de Dios también, con la ternura de una madre hacía su bebé, y nos lo muestra con estas palabras: Sión decía: «Me ha abandonado el Señor,
mi dueño me ha olvidado».
¿Puede una madre olvidar al niño que amamanta,
no tener compasión del hijo de sus entrañas?
Pues, aunque ella se olvidara, yo no te olvidaré.

Conmueven estás palabras, pero más aún si volvemos atrás en la lectura del profeta y sustituimos el nombre de Sión por el nuestro propio.

No nos cansemos pués de amar, ni de pedir, como Dios tampoco se cansa de buscarnos y de amarnos. Hagámoslo así hermanos mientras estemos a tiempo, el amor echa fuera el miedo, y no esperemos, como se desprende de la lectura, que sean los otros los que den el primer paso.

Oración: Gracias Padre amado, por un día más de vida, por ese amor que no se gasta y no se cansa de amar y que espera con infinita paciencia, casi con fe ciega -al igual que una madre- esa misma fidelidad y respuesta de amor por nuestra parte en algún momento. Gracias Padre, hoy te pido por el cese de todas las guerras, también las que libramos con nosotros mismos y el entorno más cercano, que la compasión y tú amor sean nuestra guía y nuestro aliento, pero sobre todo te pido porque nos aumentes la fe, y busquemos la santidad como tu deseas para nuestro propio bien.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-03-10

Busco signos, cuando ya lo tengo, él es una persona

En el evangelio de hoy Jesús se muestra airado, contra la multitud (nunca mejor dicho) que se apretujaba entorno a él buscando los signos de un
prestidigitador pero que, sin embargo, hacia oídos sordos a sus palabras, a pesar de que las mismas fuesen palabras de Vida, porque venían de Dios.
Todo cambio implica, incluso en lo material, un sacrificio. Así lo vemos cuando cambiamos de piso, ciudad o hábitos de alimentación, por poner algunos ejemplos, lo mismo sucede en el aspecto espiritual, el único cambio que no implica renuncia y sacrificio es dejarse arrastrar por la corriente de las pasiones, los deseos, del mundo y la comodidad.
Las palabras de Jesús al contrario de la de los hombres no cambian de un día para otro, él mismo lo dice: cielo y tierra pasarán más mis palabras no pasaran. De esta manera, al igual que a sus coetáneos, hoy nos está pidiendo que abramos nuestro corazón a la verdad: sus palabras son verdad porque son válidas en todo tiempo y para cualquier generación; son vida, porque el espíritu reconoce que alientan el corazón en cualquier circunstancia y momento, y porque no hay engaño en ellas.
Hoy Jesús, al contrario que los falsos profetas de este tiempo, no edulcora sus palabras, nos dice que no busquemos signos en Él, si antes no tenemos el corazón abierto a sus enseñanzas, las cuales implican a su vez, un cambio de vida. Y que, de no ser así (el que avisa no es traidor, dice el refrán) nos aguarda un juicio de condena.

Oración: Señor aquí estoy ante tú presencia un día más, reconozco que renunciar al pecado y a Satanás, no es fácil, que la tentación nos acecha en cada esquina e incluso sin salir de casa, yo sé que tú tienes palabras de Vida y que si todos te aceptamos de corazón el mundo no estaría condenado a muerte, y las guerras, por consiguiente, tampoco tendrían lugar.
El mundo se muere y nosotros con él, solo tú Señor eres la esperanza y mientras que no estemos dispuestos a reconocerlo y a cambiar no se detendrá el dolor y el sufrimiento de todos.
Hoy mi Dios y Señor te prometo renunciar al pecado y a todo lo que no sea conforme a tu voluntad, sólo te pido lucidez en esos momentos de debilidad y fortaleza para vencer la tentación, porque ya renuncie a todo lo que no viene de ti.

¡Gracias un día más por la vida y por tus enseñanzas y por tu amor! ¡Glorificado sea tú nombre, con paz y bien para todos los hombres y mujeres de buena voluntad!

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-03-09

Padre Nuestro…

En el evangelio de hoy Jesús enseña a sus discípulos como deben rezar, y lo hace con la oración del Padre Nuestro, no sin advertirles antes, que son necesarias pocas palabras para comunicarnos con Dios, ya que Él conoce todas nuestras necesidades de antemano. Es más, en ocasiones puede que esa oración la empleemos, en nuestra forma de conocer limitada (limitada por el espacio, el tiempo, la materia, y nuestros propios sentimientos y emociones), en cosas que no nos conviene pedir o que, incluso, la utilicemos como una manera de lavar nuestra conciencia para justificarnos ante Dios.

Jesús les enseña una oración sencilla, que hasta un niño de corta edad puede aprender, pero que a su vez es perfecta, porque viene de Dios y, si se hace con fervor, toca el corazón de Dios.

Desmenuzándola un poco, Jesús nos acerca a Dios tratándolo y nombrándolo como Padre (algo que hasta entonces ni siquiera el pueblo Israelita se había atrevido). Seguidamente Jesús nos pide que Santifiquemos su Nombre, y sabemos por la palabra de Dios que la mejor manera de santificarlo es con adoración, alabanzas, himnos, acción de gracias, y con las buenas obras que él nos pide. Después Jesús se dirige al Padre diciendo que venga sobre nosotros su Reino, y lo hace en plural porque todos, en Jesucristo, formamos una familia cuya cabeza es él mismo; de esta manera con un solo corazón le invocamos que venga sobre nosotros el Reino de paz, amor y Justicia que el quiere para nosotros, un amor, una paz y una Justicia diferente, como nos dice en otra parte, a la que enseña el mundo. Sigue Jesús pidiendo al Padre que se haga su voluntad, porque Él sí que conoce, por ser Dios y porque no tiene limitaciones, que es aquello que nos conviene; y que se cumpla ésta tanto en la tierra como en el cielo, lo cual desmiente a todos aquellos que dicen que el cielo y la tierra están aquí. El pan nuestro de cada día danos hoy, prosigue, sólo tenemos este día, porque sólo Dios sabe si vamos a vivir mañana, por eso debemos estar preparados y pedir el pan de hoy, tan necesario para llevar acabo nuestra actividad cotidiana. Ya casi concluyendo la oración Jesús dice: Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido, y aunque no hay comparación entre ofender a Dios y ofender a un hermano porque la criatura no está en el mismo rango -digamos de «honorabilidad» por emplear alguna palabra- que su creador; aún así Jesús nos invita a pedir al Padre que tenga en consideración todas esas veces que enterramos nuestro orgullo y pedimos perdón a un hermano cuando lo ofendemos. Finalmente Jesús finaliza la oración, pidiendo al Padre que no nos deje caer en la tentación y que nos libre del mal, que importante es que Jesús concluya con esta petición ¿Por qué cuantas veces al día, estamos expuestos, y más hoy con los medios de comunicación, a caer en la tentación y dejarnos arrastrar por nuestros instintos y deseos, así como también, por las instigaciones del enemigo del alma? ¿Y cuantas otras veces expuestos, igualmente, al mal por el infortunio de los elementos, o por malas decisiones propias y ajenas?

Tan importante es para Dios que vivamos reconciliados, que Jesús nos advierte, concluyendo este Evangelio, de que si no perdonamos a los demás, en otra parte dice que también a los enemigos, tampoco el Padre que está en el Cielo nos perdonará

Oración:

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-03-08