El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará. Jesús envía a sus discípulos a predicar la buena noticia del Evangelio, la alegría de saber que el Reino de Dios está entre nosotros, que ha venido para quedarse y para hacernos también a nosotros hijos de Dios y herederos de todas sus promesas, la más grande de todas, a saber, alcanzar la Vida Eterna junto a Él en el paraíso. Que este Reino, no es otro, que Jesús entre los hombres, el solamente lo puede dar, y ello por ser él mismo, Dios, y porque para eso ha venido al mundo. Ahora bien, para acceder a él, se deben dar dos requisitos: primero hay que creer en Jesús identificándose con él en todo; es decir aceptar su Palabra y sus mandatos en su integridad. Y la segunda condición, dejarse bautizar mediante la unción que trae el Espíritu Santo, el cual nos capacita para que nuestro esfuerzo no sea en vano (a consecuencia de nuestra naturaleza caída) y que, además, pueda dar frutos. Jesús añade que los signos que nos acompañarán, serán algunos de los que él mismo tiene en su omnipotencía.
Oración: Señor ante ti me presento un día más con esperanza y alegría, sabiendo que me he quedado con la mejor parte, por pura misericordia tuya. Te doy gracias por tu llamado, por haberte conocido y reconocido tal cual eres: por haber puesto palabras de vida en mí corazón y en mí entendimiento. Sé Papá que mi fe aún es muy débil, pero tú eres compasivo y paciente del mismo modo que lo fuiste con tus apóstoles y, además, conoces los secretos de mi corazón. Es por ello que no se te ocultan mis intenciones, las cuales no son otras que seguirte y servirte tal y como tú me pides. Papá aumenta mi fe, trae un nuevo Pentecostés para mí y para mis hermanos, y así, mediante la unción del Espíritu Santo, podamos dar todos frutos de amor con esas señales que nos confiarás, para que el mundo crea en ti. Señor también te pido fortaleza para confesar mi fe; e integridad para hacerla vida en mí ¡tú conoces mi debilidad…! ¡Te amo Padre, en ti he puesto mi confianza, acompaña mis pasos en el día de hoy y que tus ángeles me recuerden en todo momento que tú vienes conmigo!
*Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios.* En el evangelio de hoy vemos nuevamente como los fariseos siguen buscando un pretexto, una escusa para acusar a Jesús de algo y de esta manera eliminar un testigo de cargo que no les ponga un espejo delante ante el cual quede al descubierto su doblez de corazón, su conciencia. La Palabra de verdad y de vida de Jesús, junto a sus obras muestran una evidencia; cuando menos, que Dios está en él y que está habitado por El Espíritu Santo, por eso dice también en Juan 10, 38: *aunque a mí no me creáis, creed las obras; para que sepáis y entendáis que el Padre está en mí y yo en el Padre* De esta manera Jesús les dice a los fariseos que lo estaban acusando de que su poder venía del diablo, que ese pecado era imperdonable, porque era como negar directamente la acción del Espíritu Santo en él, y atribuir en cambio, torticéramente, un poder al Diablo que no tiene, porque su pensamiento solo radica en oponerse a Dios y destruir al hombre con obras de maldad.
*Enseñanza:* hoy con este evangelio Jesús nos está llamando a la sinceridad de corazón, a reconocer su acción en los hombres que él santifica, en su misma Palabra y en las obras de su creación, y a no buscar, por el contrario, argumentos que nieguen la evidencia de su acción y lo que es peor aún, que atribuya estos a intereses que contradigan su bondad. De este modo, es mejor ante Dios reconocer nuestra pobreza espiritual, nuestras debilidad para obrar el bien, e incluso nuestras dudas, que llamar a lo que procede del Diablo bueno, y a lo que procede de Dios malo, como sucede en la cultura actual.
*Oración:* Señor te doy gracias por un día más de vida y por tu amor por mí, no quiero ser yo, a causa de mi pecado, el que niegue la bondad de tu corazón, de tu Palabra, de tu Sabiduría; y la obra del Espíritu Santo en muchos de mis hermanos. De esta manera, que yo como el ladrón ante la cruz, reconozca mi delito y tú poder; mi imposibilidad de caminar hacia mi encuentro contigo sin la asistencia de tu Santo Espíritu. Por eso hoy Jesús yo te reconozco y declaró por tu obrar en mí, que eres Dios verdadero; el Dios que necesita el mundo y el hombre, para caminar no en sombra de tristeza y muerte, sino de salvación, poder, sabiduría y bondad. Señor, yo como el ciego del camino y como la mujer pecadora, se que me has abierto los ojos y me has devuelto a la vida. ¡Bendito y alabado seas por siempre mi Señor Jesucristo, a tí toda la gloria la honra, la sabiduría y el poder, porque tú ya has vencido!
Mientras se erigen en occidente monumentos a Satanás y Buda, los talibanes de la ideología laicista quitan y destruyen los símbolos cristianos de su civilización.
Lectura del santo evangelio según san Marcos (3,20-21):
*En aquel tiempo, Jesús fue a casa con sus discipulos y se juntó de nuevo tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque decían que no estaba en sus cabales*
*Comentario*: con esta lectura tan cortita, el Evangelio nos quiere poner de manifiesto lo que ya dice en otros versículos, y es que, ningún profeta es bien recibido en su tierra. Así y de este modo a sucedido en todos los tiempos y en todo lugar hasta ahora por varias razones, una de ellas es la envidia, nos resulta chocante que alguien cercano a nosotros tenga unos dones que lo hacen brillar con luz propia y, para más inri, si esté no es de familia notable o tiene grandes estudios. Después porque el profeta se convierte en un personaje incómodo, su misión es la de poner, entre otras cosas, de manifiesto para denunciarla, la injusticia, la corrupción y la inmoralidad del pueblo y sus dirigentes. En el caso de Jesús, dicha incomodidad se eleva a la enésima potencia, puesto que rompe con todos los esquemas culturales del momento, no por rebeldía sino por amor al hombre y obediencia a Dios, y lo hacía con sabiduría y poder, lo cual los dejaba aún más descolocados; sin argumentos para defender su statu quo, y seguir obrando el mal al margen de Dios. De un Dios que se ha revelado a sí mismo, desde tiempos inmemoriales con grandes prodigios, por ser Él, el único Dios verdadero.
Hoy también la Iglesia, es la única que denuncia la inmoralidad y la corrupción, sin señalar y demonizar al pecador, en la plaza pública, la única capaz de defender la vida desde su concepción hasta la muerte, la única capaz de defender la verdad, ante las leyes ideológicas de género. Y, además, lo hace como Jesús, implicándose con esas personas que por diversas circunstancias han sido dañadas hasta el punto de despreciar la vida o a sí mismas.
*Oración*: hoy vengo de nuevo ante ti Señor, te doy gracias por un día más de vida, de amor, de esperanza, de consolación. Saber que estás aquí presente me reconforta, saber que crees en mí inflama mi corazón, saber que tu has triunfado y sigues triunfado me llena de alegra, saber que tus promesas se van cumpliendo en mí igualmente. ¡Gracias Padre mío, Dios mío! Papá te pido valor y coraje, para afrontar el rechazo cuando venga, porque dice tu Palabra que *no es más el discípulo que el maestro, ni el siervo que su señor*, para añadir en otro momento: *Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo* (Mt 5, 10 -12).
Jesús sube a la montaña a ese lugar que en muchas ocasiones sirvió de encuentro con Dios como ya pasara con el Patriarca Moisés. Lugar que, por otro lado, representa también la cercanía con Dios, porque Dios se había manifestado al pueblo Judío muchas veces desde los cielos. Desde la montaña llama a doce de sus discípulos que estaban cerca aguardado que Jesús descendiera, después que este se hubiese retirado a orar, como en otras ocasiones, a las alturas. Con este pasaje bíblico que se detiene en la elección de doce de sus discípulos y el cambio de nombre de algunos, el Evangelio nos señala la importancia de este acontecimiento y su simbolismo, que entronca con las doce tribus del pueblo hebraico dónde el mismo afianzó su identidad, como ahora y partir de Jesús, la Iglesia fundada por Él, (el nuevo pueblo nacido de su sacrificio en la cruz, ya no basado en los lazos de la sangre, sino del Espíritu Santo) lo fija en el cimiento de los doce apóstoles llamados para la tarea de predicar y expulsar demonios.
Enseñanzas: en este Evangelio sé nos muestra, que es Jesús el que llama para la misión encomendada, que la tarea de predicar y de poder sobre los demonios viene de Él y de lo alto donde el Padre «habita». Que este llamado, a su vez, es de libre elección, porque es el apóstol que aguarda a Jesús en la lejanía, él que finalmente se acerca donde Jesús después de haber sido convocado.Y por último, que seguir a Jesús involucra un cambio de vida, el cual implica a todo el ser, ya que cambiar el nombre a una persona es como hacerla nacer de nuevo, a una vida nueva, que fija su mirada en Dios para seguir luego la tarea encomendada.
Oración: Señor te doy gracias por tu invitación a seguirte: muchas gracias he recibido con esa llamada, mucho entendimiento para comprender que todo lo has hecho bien y por amor al hombre. Es impensable que tú dueño y señor de todo lo creado te hayas fijado en mi, siendo tan mío cómo he sido, y tan pecador. De cualquier modo tú eres la Libertad Absoluta, y hay cosas que aún se me escapan y que sólo entenderé en la otra vida junto a ti. Gracias una vez más Señor por tanto como he recibido de tí, y por tu llamado a la santidad. ¡Señor dame la gracia de tu Espíritu, hasta alcanzar la meta!
Todos los que padecían algún mal se arrojaban sobre él para tocarlo
A Jesús lo seguía una gran multitud buscando sanación; dice la Palabra que incluso se arrojaban a él para tocarlo. Hoy también tenemos nuestros ídolos, se buscan en redes sociales, conciertos, simposios, seminarios de iniciación que nos prometen el conocimiento (como en el paraíso) del bien y del mal; el mismo truco de Satanás para este tiempo, pero como sabemos el hombre es el único animal que tropieza hasta tres veces en la misma piedra. El hombre busca salida a su crisis existencial e incluso a sus enfermedades por todos lados menos en la fe de sus antepasados. No obstante, nadie puede dar lo que no tiene: nadie tiene el don de la Vida, porque nadie se ha dado la vida a si mismo; de Dios procede todo, el da y quita, y si poseemos algo es por delegación de Díos, fuera de él -cualquier cosa que brille y que no acepte la revelación de Dios que culmina en Jesús con todo lo que dice- se convierte en un reclamo engañoso que nos deja siempre vacíos. Aunque la gente no quiera admitir que es infeliz, y se tome multitud de selfies para demostrarnos lo contrario, la Palabra de Dios es bien clara respecto ha esto; solo en el podemos encontrar la Vida y por eso dice en otra parte: «el que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama». Puede que tengamos por gracia de Dios algún don desde que fuimos engendrado en el vientre de nuestra madre, pero lo estaremos mal gastando, si no es para mayor gloria de Dios, porque con él nos podemos condenar.
Jesús ha resucitado, está vivo y además se ha querido quedar entre nosotros, él es el mismo que sanaba en Galilea, porque Dios es inmutable y no cambia; por tanto, Él es también hoy, nuestro refugio, nuestra sanación, nuestra luz, nuestra esperanza, la fuerza poderosa que nos acompaña. De este modo, entonces, arrojémonos a sus pies, en el sagrario, para declarar al igual que hacían los demonios que Jesús, es el hijo de Dios, pero que adiferencía también de los demonios, solo Él puede devolvernos la salud, el amor, la belleza y el bien como imagen suya que somos y ahora por su sangre derramada en la cruz, también sus hijos.
*Oración*: hoy Señor me postró ante ti, para declarar que tú eres el hijo de Dios, él único Señor y Salvador de mi vida y de mi alma. Te declaro mi amor y mi fidelidad incondicionalmente, sé que tengo la tentación de hacer de cualquier cosa y de cualquier persona un «ídolo» que, sin darme cuenta, me separe poco a poco de tí. Te pido que tus ángeles me guíen por el camino de la Vida, y me aparten de la tentación y de las trampas que me tiende el enemigo. Señor nuevamente pido que me des la luz del Espíritu Santo para no dejarme seducir por aquellos que prometen algo que solo tú puedes dar. ¡Papá confieso que sin ti nada puedo, tócame, pronuncia una palabra y quedaré sano! ¡Señor en ti he puesto mi confianza, ábreme el entendimiento y no quedaré defraudado! ¡Amén, Aleluya!
Muchas veces los poderes del mundo se confabulan para apartar al justo del medio, incluso en ocasiones para darle muerte. Así sucede en el Evangelio de hoy, fariseos y herodianos rivales en su concepción política y religiosa de la sociedad hebrea, se unen y urden trampas para acusar a Jesús por cualquier motivo, incluso si lo que está haciendo es para la salud espiritual y física de alguien. Jesús viendo el modo de proceder de ellos, en su naturaleza humana, se siente indignado por su dureza de corazón, de su falta de compasión por aquel hombre tullido al que desea curar. En las antípodas de los intereses personales y sectarios de fariseos y herodianos, como vemos, está el corazón compasivo de Jesús que en cuanto entra en la Sinagoga se fija en aquel hombre para sanarlo, pero no solo se sitúa Jesús en las antípodas por su compasión por la persona sufriente y disminuida, sino porque al mismo tiempo, está libre de ataduras para hacer lo justo y obrar el bien, no antepone su comodidad, salvar su vida, o evitar un enfrentamiento para hacer lo correcto. Herodianos y fariseos no solo tenían endurecido su corazón a causa de sus intereses temporales, sino también su entendimiento, porque Dios mismo se había encargado de dar al pueblo por medio de su antecesor y Patriarca Moisés, una ley (dado el caso de que el hombre tuviese embotada su conciencia y por ende perdido el sentido de lo que es justo) que estaba por encima de guardar el sábado; es decir lo que para nosotros es ahora santificar la fiesta o el domingo. Dicho mandato o mandamientos eran, como ya podemos imaginarnos, «amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo», a los cuales quedarían sometidos todos los demás.
Enseñanza: El Señor con este evangelio, con su ejemplo, nos está llamando a purificar nuestras intenciones, a revisar que motivos están detrás de mi forma de pensar y actuar, ¿hay pureza de corazón tras ellos, o por el contrario hay otras motivaciones ocultas? De dediquemos un tiempo a esta reflexión cada cierto tiempo.
Oración: Señor ante ti me presento un día más, un día más para agradecerte esta nueva oportunidad de conversión y, al mismo tiempo, agradecer también por tanta hermosura que has dejado en la creación: está mañana radiante de luz, de sonidos, de críos bulliciosos y despreocupados camino al cole; a esos padres y madres afanados en sus tareas, esperanzados, luchadores, preocupados tal vez por el futuro, todo en rededor está lleno de vida, de trinos de aves, de brisa fresca, de aroma a leña y combustión; todo está vivo y en ebullición, gracias Señor por tanta belleza, gracias. Señor, algo más quiero decirte, concédeme el don del Espíritu Santo para discernir y purificar las intenciones de mi corazón, dame un corazón de niño alegre, confiado y bien intencionado. ¡Te quiero Señor tú eres toda mi vida, tómame y poséeme! ¡guardame Señor para la Eternidad y, así gozar de tu presencia y compañía en el paraíso! https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-01-19
Cap. V. NUEVOS E INÉDITOS HORIZONTES. Continuación y fin de este capítulo
9. LIBERACIÓN Y CADENAS: la primera experiencia sexual con un varón
Con este epígrafe, terminaré de relatar lo que ya esbocé en capítulos anteriores. Así, pues, desde el día que opté por aceptarme en mi atracción hacia las personas del mismo sexo se produjeron dos fenómenos paralelos: uno positivo, con el cual la depresión se esfumó como el rocío al calor de los primeros rayos del sol; y, otro negativo, la claudicación y sus consecuencias; es decir, el aceptar finalmente la personalidad que otros habían ido modelando en mí, con el paso de los años, a través del insulto, la calumnia y demás infortunios que ya expuse. De algún modo asumí, interioricé e integré con dicha aceptación, también, en mi subconsciente, los sentimientos, la idiosincrasia y la conducta que la sociedad atribuía por entonces (no sé si ahora también) a los homosexuales: entre esos roles destacaría la etiqueta que los señalaba por su debilidad de carácter; que sería el que, a la postre, más daño me causaría a la hora de relacionarme con las personas. Un engaño más de los muchos a los que nos tienen acostumbrados los estereotipos, puesto que posteriormente, pude comprobar en mi trato, diario, con otros hombres, que muchos de ellos, presumiendo de varoniles, dejan mucho que desear. Si en realidad son todo lo hombres que proclaman de sí mismos, lo serán exclusivamente en cuanto a sementales y a dar golpes sobre la mesa; pero esta característica no es, precisamente, la que más los diferenciaría en su realidad varonil del resto de la fauna animal.
Este carácter débil y timorato que se les atribuía a las personas con AMS, no era nuevo en mí, venía ya de largo; prácticamente desde que sufrí el encontronazo con el superior en el seminario, al descubrirme a mí mismo sin salidas (y de eso hacía ya siete años). Lo que ahora empezaba a asimilar, erróneamente, en mi psiquis y de modo inconsciente, era que esas etiquetas que iban ligadas al homosexualismo, me acompañarían, a modo de defecto congénito, para el resto de la vida al asumir la atracción por las personas de mí mismo sexo. En aquel momento no encontré otro horizonte para encauzar dicha atracción: no conocía grupos o personas que ayudasen, como hay ahora, a sanar las heridas interiores para no tomar la única salida que por entonces conocía. Tampoco se dio otro escenario posible, quiero decir una amistad profunda y espontánea con una chica que me complementase y pusiese en alza mi masculinidad. De hecho, al tiempo, cuando mantuve relaciones con hombres, mi modo de expresar la sexual cambiaba de modo inconsciente dependiendo de que estos viniesen envueltos en un rol más o menos afeminado.
Fue así como, a falta de recursos, perspectiva o un cauce para encontrarme con mi yo real, elegí el camino de la rendición; el camino que me había impuesto la sociedad por un lado y la cultura del momento por otro: un modo de ser −gay− que para nada tenía que ver con mi naturaleza masculina; la misma que experimenté durante mi infancia y juventud.
La vocación primera a la que está llamado todo hombre o mujer, por el hecho de serlo, es encontrar su yo real y restaurar, si así lo cree conveniente, el Ser en Origen, que subyace en él, anterior a que este fuese expuesto con el paso del tiempo, al deterioro en las relaciones con sus semejantes, y quien sabe si a otras influencias, no determinantes, hormonales y emocionales, en el proceso de gestación. De este modo tendríamos que preguntarnos ¿Cómo puedo decir que soy libre cuando desconozco lo que soy, prescindo de mi capacidad analítica, me encierro en una sola visión de la realidad, y me someto a lo que otros hayan decidido por mí como un borrego? ¿de qué modo podemos saber hacia dónde caminamos, sino sabemos, antes, quiénes somos y quiénes o qué circunstancias nos modelaron? Cuán lejos ha quedado, pues, la cultura de nuestro tiempo de aquel aforismo griego que dice: “conócete a ti mismo”. Si en verdad tenemos que ser lo que sentimos pues que los depresivos cultiven su tristeza hasta el suicidio, los violentos su ira hasta asesinar, los narcisistas su ego, los tiranos el exterminio de sus opositores y de su pueblo, los resentidos su odio, los anoréxicos su gordura y los avaros que se queden con el mundo. Francis Bacon dijo: «Quien no quiere pensar es un fanático; quien no puede pensar, es un idiota; quien no osa pensar es un cobarde».Yo iría aún más lejos, no se trata sólo de pensar (porque en el pensar también va el autoengaño), sino de contrastar opiniones, cuestionarlas y analizarlas a la luz de todos los medios y herramientas que tengamos disponibles (la ciencia, la lógica, la realidad empírica, la conciencia, la historia, la revelación y la propia experiencia). Como diría Chesterton: El hombre está hecho para dudar de sí mismo, no para dudar de la verdad; y hoy se han invertido los términos”.
Una vez asumida la homosexualidad, y decidido a tener relaciones sexuales, ni siquiera salí en busca de esa primera experiencia, dado que −como se suele decir− me la brindaron en bandeja. Sucedió aproximadamente a la edad de veintinueve años en una discoteca: allí me encontraba solo y alicaído, embuchado en un sofá, ahogando la soledad y la tristeza con un cubata. En dicha situación, apunto ya de marcharme, se me acercó un chico algo más joven que yo, un tanto demacrado, aunque de cuerpo atlético, para soltarme, a continuación, una sarta de cuentos con fin a seducirme. De buen grado acepté su proposición movido antes, por mi deseo de experimentar en ese terreno que por su elocuencia seductora.
Con toda sinceridad he de expresar, pues, de lo contrario no estaría escribiendo esta autobiografía, que esa primera vez fue la única que disfruté de un encuentro sexual con otro hombre casi al completo; posiblemente a consecuencia del agotamiento mental al que me había conducido el estar por tantos años intentando derribar las murallas de un castillo, sin más herramientas que mis propias manos. Y para que así ocurriese se unieron tres factores: primero, porque al fin rompía con mis deseos reprimidos por muchos años y porque, además, dejaba de nadar contracorriente, ya que, desde todos las tribunas, me aseguraban que ese era el mejor camino; segundo, porque no provenía de un acto forzado contra mi voluntad, y tercero porque pensé que con dicha experiencia acababa de abrir una puerta para el amor y, al mismo tiempo, para relacionarme con personas a las cuales no tendría que fingir una atracción sexual que hacía tiempo había dejado de seducirme.
En esta introspección, lejana ya en el tiempo, ha habido algo que me ha sorprendido y que hasta ahora se me había pasado por alto, y es el haber caído en la cuenta, de que casi todas las relaciones entre personas del mismo sexo, al menos en el mundo masculino, que es el que yo conozco, empiezan, ya, desde un primer momento, acompañadas de sexo.
A partir de mi aceptación orienté mi vida en atajar las flechas que cupido quisiera dirigirme: tarea que después hallé infructuosa durante los años que deambulé en ambientes gay; precisamente como consecuencia de lo que ya vengo comentando, del ego inflado, la falta de compromiso y la búsqueda del placer por el placer en la gran mayoría de colegas. Falta de compromiso y de entrega, que se ha trasladado en estos últimos tiempos también al mundo heterosexual según voy observando, por la cultura nihilista del relativismo (con el hedonismo como una de sus máximas expresiones), entre otros motivos por la inconmensurable predica que se ha dado, desde la tribuna pública, a favor del deseo y el goce sin límite de los sentidos, en detrimento del Ser, de la sociedad y de los valores universales traídos por el cristianismo; los cuales la misma conciencia reconoce como propios, verdaderos y edificantes para el género humano.
De este modo, pues, nos han vendido la burra de que el amor se termina cuando se apaga la llama de la atracción sexual o del deseo, ocultando, en cambio, que el verdadero amor es aquel que permanece en los buenos tiempos y en los malos, en la salud y en la enfermedad, en la bonanza y en la escasez; aquel que, ante los retos, no se achica ni se desmorona, sino que se crece; porque el amor se construye, se empeña y se trabaja cada día desde la voluntad y desde el esfuerzo con la palabra empeñada. El amor, es aquel que, apagada la llama del deseo, se trasciende en cariño hacia la pareja, en favor de los hijos, de la comunidad, de la sociedad y, por encima de todo, de Dios.
Más allá de la disertación filosófica y moral, yo, por mi parte, al inicio de adentrarme en la práctica homosexual no podía entender el sexo desligado del amor. Si me había aceptado con mis sentimientos homosexuales no iba, ahora, a seguir llevando una doble vida para sacrificar una relación de pareja: esto siempre y cuando Cupido me brindase esa oportunidad. Creía que la “autorrealización” −palabra que estaba muy en boga por entonces− me vendría por llevar a la práctica lo que estaba latente en mis sentimientos: así lo enseñaban los voceros y gurús de la época. Vocablo (autorrealización) que, dicho sea de paso, no deja de ser una falacia; unas de las mayores mentiras del siglo XX, pregonada desde la psicología y la literatura de la época. Sin embargo, en muy poco tiempo pasé de la euforia a la decepción por la superficialidad, la falta de compromiso y la clandestinidad en la que confluyen, por lo general, la mayoría de las relaciones homosexuales. De este modo, cuando comprobé que el joven que me sedujo, en mi primera experiencia homosexual, solamente buscaba −de tarde en tarde− un desahogo para descargar su apetito sexual en mis carnes, tomé la decisión de cortar esa relación y esperar tiempos mejores. Al sentirme defraudado en esta primera experiencia, no hice nada por buscar otra relación precipitadamente. Aunque ahora la depresión, eso sí, se había esfumado al creer lo que, mayoritariamente, se estaba pregonado desde todos los medios; es decir, que la homosexualidad era una condición irreversible e incluso plausible.
Por lo demás, con la aceptación de la AMS asumí inconscientemente, como ya dije, los clichés que identifican la homosexualidad con un estilo de vida; con un modo de ser y actuar, que me llevaron a distanciarme de los heterosexuales, para adentrarme por una pendiente que se deslizó, posteriormente, hacia un abismo de difícil retorno.
Quiero matizar, a esta altura de la autobiografía, que mi experiencia no la hago extensible a todos los hombres con AMS, aunque si alguno se siente identificado con la misma, bien venido sea al club y sino, antes de emitir un juicio, que indague a fondo desde todas las fuentes, sin excluir ninguna y decida libremente.
10 EL TALISMÁN DE LA AUTORREALIZACIÓN Y LA AUTOESTIMA
Abro este nuevo apartado para no pasar por alto, puesto que ha salido la palabra autorrealización, en el anterior, para desentrañar el significado engañoso que encierra, así como la que le acompaña en el epígrafe, la autoestima: sólo hay que echar una mirada por encima, en la propia naturaleza, para constatar que el hombre, de entre todos los animales, es uno de los más dependientes y necesitados del resto de sus semejantes para sobrevivir. Tal necesidad tiene el hombre de interactuar y entrar en relación con otros, que muy pocas personas, aunque sea de modo virtual, podrían pasar hoy sin un ordenador, un móvil o cualquier otro medio de comunicación. Todos, sin excepción, sentimos la necesidad de apoyarnos en la familia, en un grupo, o en un amigo; del mismo modo que necesitamos, continuamente, intercambiar ideas, bienes de consumo y herramientas de conocimiento y de trabajo. Ya en su misma corporeidad y comportamiento, tanto hombre como mujer, manifiestan rasgos diferenciales muy definidos, que hacen que se busquen mutuamente para complementar sus polaridades. Los jóvenes, sin ir más lejos, cuanto más libres e independientes se creen, más buscan el grupo de amigos para afirmar, contradictoriamente, su independencia; buena muestra de ello la tenemos también, en su adhesión incondicional a la moda, a un estilo musical, o a un líder. Suele pasar, igualmente, con los matrimonios y parejas que se rompen, que no bien se han separado, cuando ya están buscando uno de los cónyuges, si no los dos, a otra persona para unirse a ella casi a la desesperada. Queda claro pues, que las personas por su condición limitada y apego afectivo nunca seremos lo necesariamente autosuficientes para retroalimentarnos y poder decir, de este modo, que somos el producto de nosotros mismos.
Solamente Dios, por ser nuestro creador puede completar esa sed de relación y felicidad que todos buscamos, ya que hemos sido formados a su imagen y semejanza, como nos describe el Génesis. Y es por esto mismo, que cuanto más huye el hombre de la relación con Dios, el Infinito del que procede, más infeliz se encuentra sin conocer la causa de su insatisfacción. Sin embargo, el hombre posmoderno, perplejo en su misma sabiduría por el avance de la ciencia y la tecnología, se olvidó que es menos que una mota de polvo suspendida en el universo de Dios. Esta seguridad le viene, en parte, por el cambiado de hábitat (ya no depende exclusivamente de la climatología y de la caza para la supervivencia); ahora no se ve débil o amenazado en la fragilidad de una tienda y expuesto a las embestidas y depredación de animales salvajes como lo estuvieron sus antepasados. Por otro lado, los víveres para alimentarse los tiene en cualquier momento al alcance de su mano y desconoce, así, la relación que estos guardan con la tierra, el trabajo del hombre y la climatología. De la misma manera, por vivir al resguardo de bloques de ladrillos y hormigón, han perdido la verdadera dimensión de su frágil corporeidad con respecto al espacio cósmico que ocupa. Este hombre autocomplaciente y encerrado en sus fantasías, pocas veces, tal vez ninguna, se ha encontrado solo y desamparado ante los fenómenos incontrolables que la naturaleza despliega. Solamente un tsunami, un gran terremoto o la fuerza de un potente huracán le recordará, mientras la noticia permanece en los informativos, que el hombre no tiene el control de su vida y, por consiguiente, lo dependiente que es de sus congéneres y del Dios que creó ese mismo universo. (Mateo 8, 25-26)Llegándose a Él, lo despertaron, diciendo: “¡Señor, sálvanos, que perecemos!” Jesús les dijo: ¿A qué viene ese miedo? ¿Por qué es tan débil vuestra fe? Entonces se levantó, increpó a los vientos y al lago y todo quedó en calma.
De lo ya comentado me surge en este momento una pregunta ¿cómo puede autorrealizarse una persona cuando ya desde su nacimiento hasta su muerte necesita del concurso de sus semejantes y de unas condiciones, lo suficientemente favorables, para seguir con vida y llevar a cabo sus proyectos?
La «autoestima» fue otra de las palabras de moda por los ochenta. Lo que pasó con esta palabra es que se la apropió todo el mundo como coartada, en su propio beneficio, haciendo de ella un talismán. Y si bien todos tenemos que tener una estima suficiente o un amor suficiente hacia nosotros mismos, los psicólogos no deberían olvidar, nunca, para que las relaciones sean fructíferas, que tan importante como el Yo es su antónimo, el Tú. No solo por lo dependiente que es el hombre del resto de sus congéneres en sus necesidades básicas, sino porque está vinculado a los otros, igualmente, a través de los afectos, de los sentimientos y de las emociones. Así pues, nada hay tan nefasto para la humanidad como una persona que, con la excusa de amarse a sí misma, olvide el espacio propio de cada cual, sus sentimientos y, además, el común de todos (tal vez incluso más importante que el de uno mismo). El ego es una bomba, oculta, en el corazón de cada persona, que ha activado y puesto en movimiento todas las guerras que en el mundo han sido y están por venir. El día que el hombre se ponga como meta desterrar de sí su egocentrismo y, por otro lado, acepte a Aquel que está en el control de todo (el mismo que creó el universo y dio su vida para que el hombre viva en plenitud y alcance la eternidad) Jesucristo: ese día −como dijera el prolijo escritor y fundador de los T V O, el P. Ignacio Larrañaga− callarán todos sus clamores y la paz reinará finalmente en los corazones.
11. LA JUVENTUD CON SUS RIESGOS, A SALVO DE UNOS PANDILLEROS
Mientras esperaba, sosegadamente, acontecimientos más acordes con mi modo de entender la atracción por los hombres (sin desligar sexo de amor), seguía con las amistades habituales y ¡cómo no…! cometiendo pecados de juventud; en mí caso, aquellos que tenían que ver especialmente con ejercicios de riesgos. Empero, estos juegos no dejaban de enmascarar, sin yo saberlo, las muchas insatisfacciones y los grandes vacíos existenciales que albergaba mi corazón. En esa búsqueda por llenar mis vacíos, intentando atraer sobre mí la atención de los otros, y buscando un subidón de adrenalina que me hiciese sentir vivo, forcé los límites de lo razonable: unas veces, adentrándome a nado más allá de lo aconsejable en el mar y, otras, atravesando, a brazadas, el ancho de uno de los pantanos en mi tierra; también, con el mismo afán, hice equilibrios andando sobres muros de castillos semiderruidos, con la bicicleta de montaña bajadas por pendientes a toda velocidad, y con el automóvil carreras en las autovías.
Por lo demás, mi vida después de la primera experiencia sexual, entró en una monotonía que no fue alterada, ni tan siquiera, por las olimpiadas del noventa y dos; debido principalmente a mi prolongada jornada laboral. Por entonces tenía un contrato de trabajo indefinido, la depresión se había diluido, aunque no así el insomnio, la baja autoestima, la tristeza y los miedos paralizantes ante las personas y los retos.
Mi modo de proceder, a pesar de aceptarme, no había cambiado mucho, mis amigos seguían siendo heterosexuales, por lo que aún guardaba en secreto mi inclinación sexual (entendiendo que ésta pertenecía al ámbito de mi privacidad exclusivamente). No obstante, ya estaba lo suficientemente maduro para no avergonzarme de ello, o al menos eso creía, en el supuesto que tuviese que enfrentar esa cuestión públicamente más adelante. Por otro lado, mis días en Cataluña estaban llegando al final de su recorrido pues, cuando no lo esperaba, me ofrecieron un trabajo más apetecible en mi pueblo, al menos en teoría, que el que llevaba en la cocina del restaurante.
Antes de dejar esas tierras parece que la mano de Dios, una vez más, se ponía de mi lado. Sucedió en fin de semana. Por lo general siempre iba a una de las discotecas que solían frecuentar mis amigos. Como el horario de hostelería va en función de la clientela que haya y de lo que se espacien, por otro lado, los clientes en la comida; aquella noche, por las razones que acabo de señalar, mi jornada laboral concluyó más tarde de lo acostumbrado. Al llegar a la discoteca en la que solía encontrar a mi mejor amigo, una de las camareras me llamó la atención para hacerme saber, que a Martín lo habían asaltado unos pandilleros dejándolo mal herido y con múltiples contusiones a la salida del local. Lamentablemente no estuve allí para ayudarlo, aunque de poco le hubiese servido, pues, por lo que me comentó semanas más tarde, fueron unos siete chicos los que, con saña, se emplearon a patadas y puñetazos en su contra.
De este modo Dios me iba protegiendo y conduciendo a su destino a pesar de que, en más de una ocasión, no encontré a los amigos y, por lo mismo, me vi solo por las discotecas de la zona; alguna de ellas, incluso, de mala prensa. De hecho, tuve más suerte que Martín, porque en una de esas salidas nocturnas, yendo solo, se me acercó un chaval rodeado de su pandilla buscando pelea. Al final, la sangre no llegó al río puesto que, haciendo uso de psicología, pude reconducir la situación: lo persuadí con palabras y gestos de que era mejor continuar la fiesta que salir a puntapiés expulsados por la seguridad privada del local. El mal entendido vino porque los chavales pensaron, por mi modo de bailar, frenético, que pretendía impresionar a sus chicas para ligar con alguna de ellas. Como se puede inferir por el relato, una situación nada original en la que el instinto animal (no sé si de macho alfa) iba un paso por delante de su capacidad de diálogo y razonamiento. Después de salvar con un poco de pericia el entuerto, caí bien al grupo, por mi desinhibición en el baile, y terminé haciendo un corro con ellos, cogido por los hombros, dando brincos y patadas al aire, al impulso de la música techno que el disc-jockey tenía pinchada en ese momento. Antes de pasar a describir la nueva etapa que viviría con mi vuelta al pueblo de nacimiento, tengo que decir que mi estancia en Cataluña, en términos generales, la calificaría de positiva; puesto que fue un periodo que me ayudó a emanciparme de todos los mundos cerrados y protectores que había tenido hasta entonces; a saber, la familia, el seminario, la pandilla del pueblo y hasta el mismo servicio militar.
¡Mira! ¿Por qué hacen en sábado lo que no está permitido?». Así, con estás palabras señalaban y acusaban a Jesús de no ser observante de los preceptos de la ley de Moisés a causa de sus discípulos. Ya lo vimos en el Evangelio de ayer, en el cual también acusaban a Jesús de ser poco rigorista con sus discípulos; a lo cual él respondo, eufemísticamente, que no era necesario; especialmente porque él representa el vino nuevo (un nuevo tiempo) que a su vez requiere odres nuevos (un pensamiento renovado). En realidad el fondo de la cuestión para los fariseos en este caso como en otros, no estaba tanto en cumplir la ley para agradar a Dios, sino en cuanto que la misma sirviera de coartada para quitarse a alguien de encima que representara un peligro para sus intereses de clase (por decirlo en lenguaje actual), así como ya veremos más adelante en otros pasajes bíblicos, una escusa también, ante Dios, para lavar sus conciencias de otros preceptos o mandamientos que debían estar por encima de normas superficiales de conveniencia social. Jesús a esas palabras acusatorias de los fariseos, como conocía su corazón embotado y cerrado para recibir la novedad del Evangelio, en lugar de darles una catequesis o un sermón, les responde con un hecho histórico que recogen la Escrituras, donde su líder histórico por excelencia, el rey David, también se saltó la ley; remarcando a demás: «que el sábado o la Ley, se hizo en beneficio del hombre, y no para que esta lo aplastara», como sucede en este caso donde los discípulos de Jesús, sintiendo hambre, entraron en un sembrado a comer espigas.
Enseñanza: Tanto hoy como ayer, muchas veces buscamos la norma, los estatutos o el consenso social, para acusar a alguien, a una persona que nos incómoda. Convertimos a dicha persona en enemigo, porque a nuestro parecer o bien viene a quitarnos protagonismo o, cuando no, por su modo de proceder y actuar, hace que yo me cuestione ciertas cosas de mi vida que debería cambiar, y a las cuales no estoy dispuesto a renunciar; es decir, se convierte en un testigo de cargo para mí conciencia.
Oración: hoy vengo ante ti Señor a pedirte perdón, por todas las veces que por envidia o inseguridad en mi mismo, me convertí en acusador de mi hermano señalando y criticando con cualquier pretexto; incluso yo mismo, en ocasiones, me ponía de modelo de integridad para resaltar su falta. De esta manera te digo Papá que me hago el propósito desde hoy, ante ti, de no ser nunca más motivo de escándalo y tropiezo para otros; de guardar con silencio sus faltas, y de corregirlo en privado sopesando al mismo tiempo, con sumo cuidado mis palabras para que, después de dicha corrección, se sienta más que un gusano un príncipe y un hijo muy amado tuyo. Señor, líbrame de la envidia, ayudame a reconocer el mérito y el trabajo de los hermanos y al mismo tiempo dame el valor para verme tal y como soy -para aceptarme- y de este modo no presentar a los otros como escusa para esconder mis propios defectos.
Jesús en el Evangelio de hoy, comparándose con un esposo, nos está dando a entender que Él es la fiesta y el regocijo del hombre, Él es el amigo del alma y a esta le es suficiente estar con él: ella, en su compañía, encuentra el amigo fiel, entregado y omnipotente que siempre había estado buscando. Jesús, además, nos deja otra enseñanza hoy, y es que con su llegada al mundo, inaugura un tiempo nuevo, atrás queda el tiempo de la ley, por la ley; del cumplimiento, de lo externo, para ganarse el favor de Dios. Jesús viene a dar una vuelta de tuerca a la prescripción, a la ley; de ahí lo de ¡A vino nuevo, odres nuevos! Con lo cual nos da a entender que lo verdaderamente importante es Él, que quiere hacer de sus discípulos y por extensión de todos sus seguidores, un hombre nuevo con una mente y un corazón nuevo, donde el fondo este por encima de las formas, donde lo que importa es adentrase en las profundidades de su Evangelio para vivirlo en espíritu y verdad, y que las obras sin un corazón convertido, no alcanza para la salvación. Podremos engañar a los hombres, con las prácticas externas, pero no así a Dios que conoce muy bien que alberga nuestro corazón. El ayuno es importante, siempre y cuando entendamos que no nos podemos separar de las fuentes de la Gracia, sin apartarnos, como nos señala en otra parte las escrituras «ni a izquierda ni a derecha»; es decir, todo lo que queda al margen de la Revelación, lo aprovecha el diablo, con su astucia, para sacarnos del camino disfrazado de espíritu de bien, en ocasiones hasta dentro de la misma iglesia. ——>>https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-01-17
«No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores». Con estas palabras Jesús se dirige en el evangelio de hoy a los fariseos cuando es Juzgado por sentarse a la mesa de un publicano; es decir, de alguien que se ponía al servicio del Imperio Romano para recaudar impuestos sin importar quedarse al margen de la fe que profesaran los suyos.
De esas palabras de Jesús podemos inferir tres lecciones: Primero que para él nadie está excluido de su Reino, que nos llama antes incluso de que nosotros vayamos a él. En segundo lugar, que viene al excluido y al pecador -y pecadores somos todos- para rescatarlo de esa situación que nos separa de Dios y nos enferma, pero para ello, así como en el plano natural en el espíritual, se tienen que dar dos condiciones: que la persona esté dispuesta a reconocer su enfermedad -sus pecados y sus torcidas intenciones, y por otro que quiera salir de ahí, ya que no basta con solo reconocer nuestra situación de partida y, luego, presentar justificaciones para seguir haciendo lo mismo de siempre. Pues, como sabemos también por propia experiencia, el médico, sin la colaboración del paciente, no puede hacer nada contra la voluntad del mismo por muy claro que sea el diagnóstico. Y en tercer lugar, la enseñanza que nos deja, es que no excluyamos a nadie; que no lo juzguemos por muy bajo que haya caído, ya que solamente a Dios le pertenece juzgar los corazones. Y es Él, por otro lado, el que llama, pudiendo servirse de nosotros, para dar a esa persona, a ese hermano, una vida nueva de gracia y poder.
Oración: Señor hoy quiero decirte que no soy digno de tu llamado y de estar en tú presencia, por cuánto me he alejado de tí y de tan bajo como caí. Reconozco que aún me cuesta distanciarme de mi atracción hacia la oscuridad cayendo así en lo más abyecto, y ello a pesar del amor conque me atraes hacia ti. Pero por otro lado también reconozco que sólo tú eres el médico de mi alma, que solo tú tienes Palabras de Vida qué, poniéndolas en práctica y con tú ayuda, me sanarán y me darán el impulso suficiente para poder pasar de esas tinieblas a la luz; para cambiar lo que está muerto en mí por las obras del pecado. Señor cuanto anhelo palpitar al ritmo de tu corazón y con sus mismos sentimientos, me duele la sequedad de este mí corazón endurecido por el pecado. Gracias Señor por tan alto precio que has pagado por mi vida, gracias por ser tú el médico que me estás sanando y que vienes en mi auxilio cada día.
Jesús regresa a la ciudad de Cafarnaún, desde donde había salido, después de haber predicado la Palabra en otros pueblos y aldeas, pués, como nos decía en otro Evangelio anteriormente, para eso había salido, para mostrar a los hombres mediante su Palabra, todos los misterios escondidos en Dios hasta entonces.
En el Evangelio de hoy se nos muestra también como ejemplo, la fe de los sencillos, una fe que limpia de los pecados pero que también puede dar la salud corporal. Una fe que rompe todas las barreras y límites humanos para alcanzar el favor de Dios, y que deja en evidencia la falta de esta, en aquellos que esperan más de sí mismo, de sus conocimientos y de su estatus social, que de Dios. Y es así que los fariseos, aún siendo grandes conocedores de las Escrituras, tenían embotado su conocimiento: sus ojos estaban cerrados para poder reconocer al Mesías en su presencia, a Jesús el hijo de Dios.
Enseñanza: Hoy Jesús, con esta palabra nos esta llamando a creer y confiar en él. Él mismo nos reveló que es Dios, y que como tal ha venido a mostramos el camino a seguir y a sanar nuestras heridas; no hay pecado que no pueda perdonar, salvo el de la incredulidad, pues la persona incrédula, ella misma, se cierra a recibir la gracia de Dios por caminar de espaldas a la luz de Jesucristo, su Salvador.
Oración: hoy Jesús, Señor y Dios mío, vengo a tu presencia, para decirte que creo, pero sé y reconozco que no lo suficiente para recibir todo aquello que tienes reservado para mí, sobre todo el amor, la ternura, la conformidad, la compasión, la paz y la dicha que sólo tú puedes otorgar. Señor hazme caer de mi altura: de mi orgullo y vanidad, para saber que mi única tabla de salvación está en tí y que yo solo soy el nido donde tú quieres detenerte y reposar. Gracias Papá por escuchar mi oración, me acerco a ti para sentir tu abrazo paternal, y para agradecerte cuanto bien me has hecho por darme a conocer a tú hijo, a ti mismo y al Espíritu Santo; gracias, gracias por este Don recibido de tí y que como pecador no merezco.
El evangelio de hoy nos muestra la sensibilidad de Jesús ante las miserias físicas y espirituales del hombre, no es un mago o un curandero al estilo humano que cura por dinero o prestigio. Así, ante el leproso de este pasaje bíblico se nos dice que Jesús sintió compasión de él y que además lo tocó, algo impensable en aquella época, donde el leproso era apartado socialmente; condenado a vivir en soledad fuera de la ciudad y sin poder tener contacto con nadie. A demás, lo manda al templo a presentar la ofrenda de Moisés en el templo porque es una manera también de expiar sus pecados, y quedar totalmente limpio y, al mismo tiempo, de dar testimonio ya que la enfermedad directa o indirectamente, está asociada a nuestra naturaleza caída, al pecado. Así sabemos, que de no haber pecado nuestros primeros padres, ni ninguno de sus descendientes, el hombre conservaría su estado de gracia primero, libre de enfermedad, de muerte y sufrimiento. Es por esto mismo que Jesús en otras de sus curaciones le dice al enfermo que no peque más para no volver a un estado aún peor al que tenía antes de su sanación, ya que desperdiciaría, de este modo, las gracias vertidas en él, por su encuentro con Jesús. También, por Santo Tomás de Aquino, uno de los mayores teólogo de la iglesia, sabemos que el hombre es una unidad sustancial indivisible de alma y cuerpo, por lo cual se infiere, que aquello que hagas con tu cuerpo afecta a tu psiquis, a tu alma, y lo que hagas con alma a tu cuerpo, esto no quiere decir que la enfermedad vaya asociada al pecado personal siempre, pero si como, decía antes, a esta naturaleza nuestra caída, y a la interrelación del hombre con la naturaleza y sus semejantes, a más pecado más nos dañamos a nosotros mismos y más hacemos sufrir a los que están a nuestro alrededor: perdemos la gracia de Dios (luz y tinieblas no pueden cohabitar) y la protección asociada a la misma.
Oración: Señor me pongo en tu presencia, para pedirte perdón, una vez más, por mis pecados, porque te ofendí gravemente atentando contra mi propia naturaleza, contra mis hermanos, la creación y especialmente contra ti. Hazme consciente del daño que causo al cuerpo místico de la iglesia, para no pecar en adelante, y de las gracias que desparramó, especialmente por tu sacrificio en la cruz, quedando a merced del enemigo y sus insidias. Dame también Señor tu misma sensibilidad y compasión por las personas que sufren ¡Son tantas y están tan cerca…! Quiero que me prestes tus oídos para escucharlas, tu mirada para penetrarlas, tu corazón para sanarlas, y tú sabiduría para aconsejarlas. Del mismo modo, deseo Señor, hacer expiación por mis pecados para reparar, en la medida de lo posible, con tu compasión y misericordia el daño causado en mis hermanos: que borres toda huella de dolor, de resentimiento y de desconfianza que dejé en ellos, y por eso haré este o estos sacrificio ….. Gracias Papá por escuchar mi oración, te doy un fuerte abrazo, y te pido tu bendición en el nombre de tu hijo Jesús, y en atención a sus llagas y tormentos. ¡Gracias! ¡Gracias!
Miércoles de la 1ª semana del Tiempo Ordinario. Evangelio del día
El les dice: «Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido.» De esta manera, casi, concluye el evangelio de hoy, y no es por casualidad, sino que como todo en la palabra de Dios, viene a dejarnos una enseñanza. Como vemos, y a pesar de que algunos no quieren creer en los demonios, se diferencia muy bien en este evangelio, entre enfermos y endemoniados, un ciego, un sordo un epiléptico, por mucho que este último tenga algún síntoma parecido al endemoniado no puede conocer que Jesús es Dios o el Mesías, si no actúa en él, un poder sobrenatural, en el caso que nos ocupa, un espíritu demoníaco que, como tal, traspasa el puro conocimiento racional del hombre.
Lo que quería decir, antes de introducir este punto y aparte, es que Jesús está mostrándonos ya desde principio, que no viene ha proclamarse como rey temporal, un rey al modo humano para liberar al pueblo del dominio del Imperio romano, que seguramente lo deseaba (no el cetro terrenal sino la libertad para su pueblo) pero sabe que lo primero o primordial es liberar a los Judíos y, por extensión a la humanidad, de la cárcel de su alma, de su egocentrismo; en definitiva de su pecado y su ceguera espiritual para entender, que volviendo su corazón a Dios, se darán las demás condiciones para que otras ataduras externas al hombre se enderezan; pues así mismo lo dice en otra parte de las escrituras: Busca primero el Reino de Dios y su Justicia y lo demás se dará por añadidura. Era este el motivo por el que Jesús no dejaba hablar a los endemoniados, para que estos no diesen a conocer que él era el Hijo de Dios, el Mesías anunciado, y así, por tanto, el pueblo no lo atosigase para proclamarlo Rey. De este modo Jesús lo deja claro (después de orar y entrar en intimidad con el Padre) al decir a sus discípulos: «para eso he salido, para predicar». Jesús, pues, con su palabra, viene a mostrarnos el camino que hemos de seguir para liberarnos de todo aquello que nos oprime, cuya cárcel más grande es el haber sacado a Dios de nuestras vida, perdiendo así la visión del bien y del mal, ya que él, como Dios y creador que es, es el único que la posee y nos la puede dar.
Oración: Jesús hoy vengo a estar contigo como tú lo hacías con el Padre (a él también me dirijo) para reconocer tu soberanía sobre mí, para pedir que me fortalezcas, pero sobre todo para que, por medio del Espíritu Santo, me des una visión clara de donde estoy errando en mi relación contigo y con los hombres, sé y reconozco que la mayoría de las veces es por falta de autocrítica y por no darte el primer lugar, se que aún hay fortalezas humanas en mi que no logro vencer, las mismas, que por otro lado me llevan al fracaso una y otra vez. Reconozco Señor que sin ti, nada puedo, que para avanzar necesito que sanes mis heridas; mucha determinación por mi parte; y esa luz del Espíritu para discernir tu voluntad de mis intereses y mis miedos.
El Evangelio de hoy nos señala que Jesús enseñaba como aquel que posee autoridad, es decir como aquella persona que por su rango, o su sabiduría se sabe que ocupa un lugar prominente y aquello que dice o hace se va a obedecer y cumplir, lo cual no podía ser menos en la persona de Jesús cuyo poder era ilimitado por ser, él, Dios mismo. Un poder que no tenían los escribas y fariseos, a pesar del gran conocimiento que poseían de las escrituras; poder que hacía que hasta los demonios (la criatura más ingeniosa para engañar y pasar desapercibida) quedasen al descubierto en la presencia de Jesús; ante Aquel que tenía autoridad y poder para destruirlos. Frente a Jesús esos demonios quedaban perturbados y desarmados confesando la divinidad de éste e incluso, como aparece en otros pasajes bíblicos, le imploraran clemencia.
Enseñanza: hoy observamos, como Jesús viene con otra forma muy diferente de enseñar y actuar a la humana, llena esta última de incertidumbre e impotencia: lo hace con conocimiento, poder y sabiduría ilimitados que nos señalan, hasta incluso por boca de los Demonios, el rango de Dios ante la precariedad de su criatura y ante el cual lo mejor es doblegarse siguiendo sus enseñanzas para propio bien del hombre, porque este, a diferencia de los demonios, mientras estemos en el mundo, sabemos que aún tenemos una oportunidad de ser rescatados y redimidos de una condenación eterna; es decir de la separación definitiva del Bien Sumo, de la Verdad y la Belleza, que es Dios, que en una dimensión espiritual solo puede causar dolor, ya que fuera de este mundo presente, la vida carnal, en su dimensión material, no tendrá lugar y, por ende necesidad de ser satisfecha; de darnos, por lo mismo, cierta satisfacción momentánea.
Oración: Señor si hasta los demonios tiemblan ante ti, conocedores de quién eres, y de tu poder, hazme igualmente consciente de quién soy frente a ti; de que sostienes mi vida en la palma de tu mano y de que cada día es una nueva oportunidad que me das para amarte y conocerte como tú deseas que lo haga. Hoy ante tu presencia, te pido que me libres de ofenderte gravemente, conocedor de los sacrificios que llevaste a cabo por mi salvación. Así del mismo modo que tú orabas al Padre te digo: Aquí estoy Señor para hacer tú Voluntad ¡Alabado seas por siempre Señor, mío y Dios mi, mi sumo Bien, bondad infinita que se me da, sin medida!
Cap. V. NUEVOS E INÉDITOS HORIZONTES. Continuación 5,6,7,8
5. MI PRIMERA VIVIENDA
Al presentarme en casa a altas horas de la madrugada, escoltado por dos compañeros de trabajo y con la camisa rasgada por la lluvia de cristales que me cayó encima, mi tía quedó impactada y pocos días después del accidente me insinuó la posibilidad de salir de su vivienda. Sin embargo, antes de su invitación, me sugirió buscar alojamiento en una especie de albergue que alquilaban para inmigrantes extranjeros. Después de meditar todas las opciones posibles, finalmente opté, con los ahorros que tenía y un préstamo del banco, por comprar una vivienda en una pedanía a escasos kilómetros del pueblo de mis tíos. La casa, aunque pequeña, tenía un buen salón con chimenea y disponía de un solar para huerto y jardín. La urbanización estaba formada por una población flotante de barceloneses que se acercaban por allí especialmente en vacaciones y fines de semana. En su mayoría eran personas sencillas, inmigrantes de otras regiones de España que, con el transcurso de los años, a fuerza de ahorrar, habían juntado el dinero suficiente para levantar su segunda vivienda.
Así pues, a falta de vecinos, me hice de un cachorro de pastor alemán con tal de mitigar la soledad; el mismo que, para mi sorpresa, fue creciendo hasta convertirse con el paso de los meses en un adulto fiero e indómito al que tenía que pasear en todo momento con bozal. A esa fiereza contribuyó el hecho de que tenía que dejarlo solo, por razón de mi trabajo, durante demasiadas horas expuesto al hostigamiento de los críos del vecindario que, cuando pasaban junto a la casa, aprovechaban para provocarlo arrojándole piedras.
En cierta ocasión alguien me comentó que los perros terminan pareciéndose a sus amos, desconozco si aquel infeliz se parecía a mí, aunque no creo, puesto que yo nunca he mordido, en todo caso he aullado de rabia y de dolor. Bromas aparte, lo que sí es cierto es que compartió, por el acoso de los críos, mi misma suerte. Tan tocado quedó del ala, en su lid con los chavales, que no se andaba con rodeos para atacar a la mínima que lo provocaban o se sentía amenazado. Debido a ese carácter (si se puede decir así) recuerdo que una tarde en la que procedí a quitarle el bozal para que cogiese aire mientras lo paseaba por los alrededores de la urbanización, no me dio tiempo a reaccionar cuando en pispás cazó a un chiguagua, por el lomo, con su mandíbula, mientras éste se le acercaba por detrás incomodándolo con ladridos. Mi primera reacción fue la de gritarle, pidiendo que soltase al pequeño buscapleitos de sus colmillos; pero viendo que mis órdenes se las pasaba por allí… pasé de las palabras y me tiré al suelo, como otro contendiente más entre ellos, hasta que pude abrir su mandíbula, entre una densa nube de polvo, levantada en el rifirrafe por la disputa del cachorro. Finalmente, cuando logré que mi perro soltara su presa, a diferencia de la nube que se forma en las peleas de los dibujos animados (los de mi infancia, ahora no sé), en la que todos terminaban indemnes, en esta hubo sangre, aunque no sé si duelo. El chihuahua, una vez liberado de las fauces de mi pastor alemán, salió corriendo a toda velocidad desangrándose, para ir a refugiarse en el chalé de su dueño. Yo por mi parte, después de observarlo en retirada, hice tres cuartos de lo mismo, en dirección a mi casa, para no entrar en litigio con su amo.
Al enterarse mi madre que quería comprar una vivienda en Cataluña no dudó, tan voluntariosa como siempre, en venir en mí ayuda para prestarse como avalista, por si hiciese falta, en el banco. Entre mi tía, mi madre y yo, fuimos rodando de banco en banco y de Caixa en Caixa hasta dar, por fin, con una entidad de ámbito estatal que hizo confianza en mí. Una vez conseguido el préstamo, mi madre se trasladó conmigo a la que iba a ser mi primera vivienda en propiedad, acompañados, también, de mí primer chucho. Perro y casa a un mismo tiempo, ¡curioso! porque a pesar de lo mucho que me gustaban los canes, dado que mi madre era reacia a entrar animales en el hogar, nunca pude tener uno en la infancia. Aún conservo ese aprecio por ellos, tan es así, que cuando salgo a hacer deporte por el polígono industrial del pueblo en el que resido ahora, detengo mi paso, sobre todo los fines de semana que están solos, para transmitirles un poco de cariño; no importa que sean perros guardianes, con el tiempo he conseguido amansar a alguna de esas fieras; hasta el punto que ahora, uno de ellos, cuando no detengo mi marcha para rascar su lomo por detrás de la verja que nos separa, me llama la atención con sus ladridos.
Fue mi madre la que se encargó de poner nombre a mi perro, lo bautizó con el nombre de Trotski sin darme explicación de la elección de nombre tan significativo: que yo sepa mi madre no era comunista. Mi mamá permaneció en mi casa por tres o cuatro meses, hasta que le entró nostalgia del pueblo y del resto de la familia. Después de la marcha de mi madre, mi perro se quedó solo; aunque yo, por mi parte, me quedé solo también con mi perro.
6. LUCES ROSAS MÁS ALLÁ DE LA CARRETERA
Lo que voy a relatar a continuación sucedió antes de que mi mamá regresara al pueblo. Después de dejar la pandilla de mi prima, conocí a un chico divorciado con el que quedaba para salir los fines de semanas; un chico humilde y bonachón, hoy ya difunto (tal vez antes de tiempo a consecuencia de la soledad sufrida por el abandono de su mujer, de su hija y de parte de su familia natural). Su fatalidad la ahogaba en prostíbulos donde mitigaba su dolor y apaciguaba sus deseos. No obstante, a pesar de esos desahogos, no estaba exento de sensatez, por lo que calificaba el sexo con prostitutas (a pesar de que le sacaron todo el capital que tenía) como una agresión hacia la mujer; en concreto decía que le parecía una violación.
Lo cierto es que pocas cosas enganchan tanto como el sexo y el anhelo de compañía, de lo contrario −según información recogida por Europa Press en el 2015 de fuentes oficiales− no habría unos 1400 locales de prostitución en España controlados por mafias, y según fuentes no oficiales hasta unos 4000, esto sin contar los pisos de cita. El mismo informe concluye que el perfil del usuario ha cambiado muchísimo en los últimos años, con un aumento vertiginoso del número de jóvenes que se acercan a comprar los placeres de la carne o, dicho de otro modo, más explícito, el cuerpo de la mujer. No me cabe la menor duda de que esta degradante conducta es una consecuencia de la frivolidad con que se ha tratado el asunto de la prostitución en nuestra cultura desde tiempo inmemoriales. En cuanto a su aumento exponencial, en la actualidad, hay que decir que se debe a dos fenómenos recientes: en primer lugar, el fácil acceso de la juventud a las múltiples ofertas de sexo y pornografía que se ofertan desde internet y, después, por el endiosamiento que se ha dado, en las últimas décadas, desde los medios de comunicación de masa, a todo lo relacionado con la sexualidad y el realce inconmensurable a la anatomía humana como objeto de deseo. Sin embargo, la raíz profunda de esta visualización, constante, en los medios de comunicación y tecnológicos, de todo lo relacionado con la sexualidad (con los problemas que arrastra de adicciones, enfermedades y trata de mujeres; últimamente también de hombres), se debe a las cifras millonarias que mueve. Capital del que se nutren varios estamentos sociales entre los cuales se encuentran, por un lado, la industria del ocio y del cine; por otro, los medios de comunicación, unas veces haciendo de intermediarios y otras de propagandistas. Luego estarían, a parte de los ya citados, las consabidas mafias que trafican con las personas para explotarlas sexualmente y siempre, como responsables últimos, los gobiernos que, en unos casos porque dicha actividad representa una entrada de divisas para el país y, en otros, porque ayuda a rebajar las cifras de déficit (sumando esta actividad a la contabilidad de PIB) se lavan las manos como Pilato.
Pasando de nuevo al relato autobiográfico, mi deseo por esas fechas era agotar todos los recursos hacia un posible reencuentro con mi masculinidad perdida y, con ese propósito, aproveché la amistad con mi amigo el divorciado para que me llevase a uno de los clubs de alterne que él mismo frecuentaba: quería probar de esta manera, sobre terreno abonado, si podría volver a sentir atracción por las mujeres, puesto que, hasta entonces, nunca había tenido trato carnal con ninguna de ellas. Así quedamos, tras acordar una fecha, para hacer la visita a uno de esos locales, cuando recién había cumplido los veinte ocho años.
El día fijado llegó y, una vez salimos a carretera, tras dejar atrás Vilafranca del Penedés, nos apartamos −en una noche desapacible de penetrado invierno− hacia un camino que se iba dibujando en tierra a medida que los potentes faros de su coche lo iban alumbrando. Más allá de los haces de luz que emitían los focos del vehículo, sólo se vislumbraba, en el suspendido horizonte carnal, unas cuantas luces de neón, titilantes, de un rosa pálido desgastado por la ininterrumpida oferta horaria del burdel: la concupiscencia por lo que sé, y he experimentado en propia carne, no tiene horario; al menos en los varones.
Poco tiempo después de adentrarnos, lentamente, por el camino pedregoso, aterricé −un tanto encogido por el miedo del neófito− en el local con mi colega. Al traspasar la puerta del prostíbulo tuve la misma sensación temblorosa que sentí en las piernas, a la edad de diecisiete años, cuando tomé un par de cervezas por primera vez. Una vez dentro del local, avanzamos hasta la barra del burdel donde mi amigo entabló conversación con el camarero, mientras que yo asentía a sus palabras sin saber muy bien dónde dirigir la mirada. Me coloqué de perfil e intenté no moverme mucho con tal de pasar inadvertido. Aun así, la estrategia no me funcionó, pues como dicen en Cataluña el «negoci es el negoci» y las chicas andaban atentas a todo lo que se movía, especialmente a lo que estaba por estrenar para aumentar su clientela.
En aquel estado de inseguridad, no bien habían pasado cinco minutos, cuando se me acercó una de las meretrices con el pretexto de que la invitase a una copa. Trago que me costó, por cierto, casi tanto como el resto del servicio: en este tipo de negocio más que en ningún otro, como pude comprobar, luego, la cartera va por delante. La señorita que se acercó a mí era una chica entrada en años, con demasiados kilos de sobrepeso, por la que no sentí ningún deseo carnal en principio; máxime teniendo en cuenta que siempre me habían atraído sexualmente personas jóvenes y compensadas en lo físico. No obstante, me pareció que sería hacerle un desaire rechazar su ofrecimiento a consecuencia de su obesidad. Por cierto, no sé qué me llevó a pensar de este modo si tenía que pagar por el experimento. ¡Bueno, en realidad sí lo sé! fue debido a mis convicciones morales: no quería hacerla de menos. Parece de chiste, pero hasta en los burdeles se pueden tener convicciones: sería por eso mismo, por lo que Jesús afirmó que algunas rameras nos llevarían a los demás la delantera en el Reino de los Cielos. Y debe ser así, porque no hay historia personal, ni oficio bajo, sin aristas sangrantes.
Después de subir por una escalera conducido por la chica y yendo ésta unos peldaños por delante de mí (creo que apropósito) haciendo gala de su orondo trasero, embutida en unos shorts ajustados; entramos en la habitación donde, mutuamente, nos lavamos nuestras partes íntimas, por indicación de la misma concubina. A decir verdad, la sensación me agradó sorprendentemente, algo que no sucedió, en cambio, cuando pasé a copular con ella. Creo que al fiasco contribuyó lo cortado que me sentía por ser aquella mi primera vez; aunque no sólo eso, otro de los motivos tuvo que ver con la situación calculada y fría de llevar a término el acto sexual sin ningún tipo de afecto de por medio; máxime en este caso que lo utilicé como un experimento cuasi de laboratorio.
Me sinceré con la chica y después de contarle el motivo que me llevó allí, consumé el acto sexual sin ningún problema. No obstante, por lo expresado anteriormente, la experiencia, aunque consumada, no supuso para mí mucho más que una masturbación a solas. Nuevamente me equivoqué al poner ciertas expectativas en esta tentativa, sobre todo tratándose, a fin de cuentas, de un intercambio mercantil. Así pues, no había culminado bien la tarea cuando la chica, aceleradamente, ya me estaba exigiendo el pago por la venta de su cuerpo: supongo que para salir corriendo en busca de otro cliente que fuese al grano y no la entretuviese con historias personales.
La jornada aún me depararía otra situación comprometida, puesto que, al llegar a casa, me encontré a mi madre desvelada, con el ceño fruncido, para reprocharme, nada más entrar por la puerta y sin apenas mirarme a la cara, el hecho haber ido a lugar tan repulsivo. No quise indagar en esa ocasión, tratándose de lo que se trataba, como pudo intuir el sitio del que procedía sin ni siquiera observarme detenidamente. Años después descubrí, cuando estaba rozando la ancianidad, que podía leer mi pensamiento con total nitidez; la explicación que me dio por entonces, al preguntarle por su penetración mental, fue que las visiones le venían a través de los sueños. Lo cierto es que, por mi parte, siempre tuve la sensación de que el cordón umbilical nunca se cortó de todo con ella.
Con este enésimo intento para aclarar mi tendencia sexual, se iban agotando todas las salidas para aceptar lo obvio: la homosexualidad se había adherido a mi persona, con la misma fuerza y contundencia que, en mi más tierna infancia y juventud había vivido varonilmente desde mi condición masculina. Curiosamente en mí, al contrario de lo que dicen otros hombres, nunca me sentí bisexual, es decir, nunca sentí atracción por hombres y mujeres al mismo tiempo, sino que cuando aparecieron los deseos homosexuales quedaron enterrados los heterosexuales. Tampoco es que haya tenido muchas experiencias con chicas, el hecho es que, en un momento dado, me cansé de esperar dicha oportunidad y terminé claudicando.
7. SER, POSEER Y APARENTAR
Ese desajuste en la sexualidad propia, que ha colocado a muchos hombres y mujeres ante una encrucijada de difícil retorno como a mí, se corresponde, en la mayoría de los casos, con la racionalización que se ha dado de todo lo que tiene que ver con la sexualidad en occidente. La causa, principal, se debe al hecho de haber desligado la sexualidad de su fin; es decir, de la procreación y haberla centrado, obsesiva y enfermizamente, en la satisfacción personal y el placer que se desprende del mismo acto. Una persona no puede remitir su identidad a un solo área de su vida porque se mutila a sí mismo y se empobrece: yo soy mucho más que mi pulsión sexual, mi profesión, mi paternidad, mi imagen, mi ideología, o mi nacionalidad, cada una de ellas por separado. Es por esto que hay gente que pierde su equilibrio emocional, cayendo en una profunda crisis, cuando pierden una de esas áreas con las que identifican todo su ser. Les pasas a algunas personas cuando se jubilan; también a otros en el momento en que pierden a su pareja o a un ser querido; así mismo a las madres, toda vez que sus hijos salen de casa para emanciparse (síndrome de nido vacío). Sin exagerar, puedo decir que he visto, debido a la profesión que ejercí durante muchos años, a personas morir o abandonarse al poco tiempo de fallarles una de esas facetas donde habían puesto toda su existencia. Por lo comentado se deduce, pues, que no podemos convertir una faceta de nuestra vida, o a una persona, en el fin único por el que vivir o nuestra misma razón de ser: primero porque nos anulamos en caso de que esa faceta o ese algo nos falle, y segundo porque nos limitamos y empobrecemos como personas.
Sin embargo, hay personas con horizontes más amplios, que reaccionan de modo diferente. Todos conocemos por diferentes vías de comunicación, e incluso de primera mano, que hay parejas estériles que sin poder engendrar hijos han encontrado la felicidad; padres que han perdonado al asesino de su hijo; parados y viudas que han rehecho sus vidas ayudando a otros en actividades sociales y caritativas; parejas que se son fieles aún a pesar de que una de ellas haya quedado impedida para mantener sexo; también de muchas otras, que optaron por vivir el celibato, para entregar su vida a una causa noble o a un ideal. No te dejes engañar, tu identidad y tu felicidad no está en tu actividad, en el rol con el que te has identificado, en tus logros o en la imagen que proyectes ante los demás de ti mismo, sino en tu actitud interior para afrontar la vida sabiendo que todo lo que tenemos y hemos alcanzado ha sido un regalo, en demasiadas ocasiones temporal, que no nos pertenece. Así, pues, lo verdaderamente importante es alcanzar la libertad, fuera de todo apego terrenal, que nos impida seguir avanzando para plasmar la imagen de Dios en nosotros, porque de Él venimos y hacia Él nos proyectamos para alcanzar la plenitud y la perfección en cuanto seres creados. El modelo a seguir Jesucristo, puesto que él mismo, por su obediencia, logró adecuarse a su Ser de hijo y a su misión salvadora. Alcanzando luego el premio de la Eternidad, junto al Padre, con la resurrección.
La misma biblia nos remarca (1 Samuel 2, 6) que Dios es el dueño de la vida y de la muerte. Por consiguiente, todo lo que construimos o destruimos es porque el Señor lo permite; lo cual quiere decir, que desde el primer segundo del alba hasta el último minuto del anochecer le pertenece. La vida es un regalo con todo lo que conlleva, por eso, como se nos da, se nos puede arrebatar, no caprichosamente, porque Dios no se mueve con las mismas categorías mentales del hombre, sino por las mismas leyes que Él puso en la naturaleza, aunque también, en la mayoría de las ocasiones, porque el hombre mismo, con sus decisiones egoístas, propicia esas pérdidas.
Por lo ya expresado abramos nuestra mente y vivamos, no de cosas externas o superficiales que nos roban la paz, sino de lo profundo de Dios, poniendo en juego los talentos que hemos recibimos gratuitamente de Él, porque de lo contrario, o bien se pierden sin ser aprovechados de nadie, o se acaban convirtiendo, por otro lado, en la causa de nuestra propia destrucción por identificarnos con ellos al apropiárnoslo: como si por encima de esos dones no hubiese una causa superior de la que emanaron, libre para obrar de nuevo en nosotros, desde el amor.
Tenemos, pues, que tener una mente analítica muy bien formada para no caer en tantísima trampa como nos tiende el ego, por una parte, y la psicología y el pensamiento de moda, por otra; los cuales, con su poder persuasivo, tratan de identificarnos con aquello que nos venden, anulando así nuestra capacidad de elección; por tanto, nuestra libertad y, de paso, nuestro yo auténtico. Unos nos venden paraísos terrenales inexistentes; otros, placeres ilimitados; otros, loterías y apuestas que nos quitan del trabajo; están los que nos venden lujos y bienes de consumo imprescindibles, etc. Faltan, en cambio, los maestros al estilo de Jesús, que nos muestren la realidad tal cual es, y nos hagan atravesar por ella, en ocasiones a través de la cruz (sujetando el deseo), para llevarnos a la libertad del dominio propio, al amor desinteresado y al encuentro con Dios.
8. LA MENTE ¿CONDUCTORA O CONDUCIDA?
Llegado a ese límite, en el que había agotado todos los recursos para reencontrarme con mi sexualidad innata, no tuve otra opción que la de aceptar mis deseos secundarios de atracción por los varones, por muy doloroso que me resultara. No fue fácil sabiendo que habían torcido mi trayectoria vital, lo cual me condujo a una situación a la que, con toda probabilidad, no hubiese llegado, jamás, a iniciativa propia.
El aceptarme con la AMS me llevó a dos situaciones diametralmente opuestas: una positiva, por haber vivido, durante años, en un rechazo continuo hacia esta nueva inclinación sexual, también porque desde los medios se venía inculcando hacía ya varias décadas, que vivir según tus preferencias sexuales era algo parecido al bálsamo de Fierabrás (y como la tele era ahora el nuevo Dios… había que bebérselo para ser feliz) y además imprescindible. La negativa, en cambio, la realidad: el vacío existencial al que me llevó colocarme de ese otro lado (lo explicaré más adelante) y la marginalidad a la que me arrojó; pero, muy especialmente, el control que ejercería dicha decisión, tiempo después, sobre mi mente y mi libertad, cuando decidí llevar a la práctica mis sentimientos.
Al aceptarme con esta inclinación del yo, con la AMS, puesto que como ya he explicado en la infancia y adolescencia fue otra bien distinta, se puede entender con ello, también, la maleabilidad o plasticidad de la mente humana. De este modo no se debería confundir nunca los términos “ser” con “realidad”, ya que el primero es inmutable, lo posee todo hombre o mujer en su propia naturaleza humana, y correspondería al modelo en origen; mientras que el segundo, realidad, son los añadidos que se van adhiriendo al modelo en origen, como consecuencia de las influencias posteriores, bien en el momento de la concepción o, luego, por las influencias del entorno; es decir, la familia, la cultura, los amigos, los medios, etc., (las circunstancias que diría Ortega y Gasset). Lo importante sería entonces, tener claro, que corresponde al Ser y que a las influencias que el Ser o el Yo recoge, posteriormente, para que el primero no quede catapultado por el segundo, conformando una realidad totalmente ajena al propio modelo original. Hablando en términos médicos (aunque los ejemplos siempre sean odiosos) diríamos que las influencias y las circunstancias son al Yo, como los parásitos a los seres vivos. Así, pues, por debajo de todas las imágenes que nos apropiamos para identificándonos con ellas, y sin las cuales parece que no podríamos vivir, subyace el Yo real, el Ser original. De este modo cuando decimos Yo siento, Yo leo, Yo soy empresario, Yo soy médico, Yo soy homosexual; es el Yo (el Ser, lo genuino) el que subyace y prevalece por debajo de todas esas identidades, que proyectamos de nosotros mismos, con las cuales nos identificamos. Apropiaciones de las que podemos prescindir si logramos desentrañar qué hay de yuxtapuesto sobre nuestro propio Ser. De hecho, hay profesores que no ejercen su carrera y no dejan por ello de existir, de perpetuarse, de trascenderse y de ser, y lo que comento de los profesores sirve, igualmente, para cualquier otra imagen personal o profesional con la que nos identifiquemos por encima del Ser. De esta manera, independientemente del modo en que yo me perciba y me muestre a los demás, existe una realidad superior, un Yo no cambiante, que, en no pocas ocasiones, se apropia de una imagen con la que se identifica para sentirse aceptado, reconocido o seguro: unas veces por la sociedad y el entorno y otras por un grupo determinado. Una imagen que se sobrepone al propio Yo (sin que el individuo sea consciente de ello) y por lo mismo lo mengua, lo limita y hasta lo domina.
De esta manera, la mente, la psiquis, asume, al igual que una esponja, lo que le llega del exterior para identificarse y apropiarse, luego, con una o varias de esas apropiaciones; en el caso que nos ocupa identidades o roles. Suplementos que, en verdad, no dejan de ser polvo del camino del que se puede prescindir con voluntad, introspección y deseo de cambio. Tarea difícil porque todo cambio entraña, sinceridad para con uno mismo, desaprendizaje y esfuerzo; es decir, morir a cuantas seguridades y defensas hemos creado en torno nuestro a lo largo de la vida, desapegándonos de ellas: complejos de inferioridad o superioridad, imagen distorsionada del yo, fobias paralizantes, filias alienantes, etc.
Haciendo una analogía en el terreno de la medicina corporal, para liberar la psiquis de la realidad yuxtapuesta al yo, sería como extraer una incrustación extraña de nuestro cuerpo bajo la piel: primero habría que localizar el cuerpo extraño; después aislar y esterilizar la zona para no extender la infección, luego sajar la piel si fuese necesario y, finalmente, extraer la incrustación vigilando por un tiempo la herida para que cicatrice adecuadamente y no vuelva a infectarse. Por ende, se trataría de un proceso minucioso y doloroso, con resultado feliz. En cuanto a la psiquis habría que preguntarse e investigar, igualmente (aunque solo fuese por un ejercicio de higiene mental o de autoconocimiento), la causa que opera detrás de las imágenes con las que me he identificado, tratando de contrarrestar mi vació existencial, mis inseguridades, mis traumas y mis miedos; en definitiva, el vacío de Dios que, como creador del alma humana, tiene todas las respuestas y puede sanar, por otro lado, mis heridas y carencias. Dar por sentado que la percepción que tenemos de nosotros mismos nos viene dada, o tiene control sobre nosotros mismos, sin que se pueda cambiar o al menos conocer, sería como entregarse al fatalismo, en términos filosóficos diríamos al determinismo.
De modo parecido sucede si trasladamos lo individual a lo social, miremos sino en el pasado, en la historia del hombre, para comprobar de este modo la inconsistencia de su pensamiento a través de las diferentes culturas que lo han ido conformando. Es decir, de qué manera el ser humano ha ido abriéndose a nuevos paradigmas, muchos de ellos sin base real, fruto de la más pura especulación, por los cuales se ha ido “transformando” la sociedad y no siempre para bien. Así vemos, por poner solo un ejemplo, que las personas mayores, en pocas décadas, han sido relegadas del primer lugar que ocupaban en la sociedad, donde estas regían los destinos familiares, para pasar a ser ignoradas o, en el mejor de los casos, a hacer de niñeras de sus nietos.
No solo se ha relegado a los mayores, sino que ahora se está yendo aún más lejos, poniendo en entredicho la patria potestad, para que el estado decida, por encima del derecho de los padres, el modo en que han de ser educados los niños. Del mismo modo los gobiernos se han abrogado el derecho para legislar sobre todas las áreas de la persona, convirtiéndose, así, en un Dios omnipresente, que no sólo vela por los derechos y obligaciones fundamentales del ciudadano −que es lo que procedería− sino que ha ido más allá colocándose por encima de la ley natural, la moral, la tradición y la familia, reinterpretando, omnímodamente, los derechos de la persona o inventándose otros nuevos, para imponer después al resto de la sociedad, sin contar con ella, su propio modelo o ideario. Todo esto previa reeducación del ciudadano a través de la maquinaria del estado; a destacar, entre otros, la propaganda institucional con la complicidad de los medios de comunicación públicos y privados. Como dijo G. K. Chesterton: para corromper a un individuo basta con enseñarle a llamar “derechos” a sus anhelos personales y “abusos” a los derechos de los demás.
Con este procedimiento, por parte de los gobiernos, se ha ido introduciendo, poco a poco, la tiranía del pensamiento único, para que no se cuestionen sus dictámenes, no en base a buscar el bien común o la verdad, sino en orden a intereses económicos e ideológicos de unas minorías (grupos de presión), en connivencia con los poderes establecidos para salvaguardar, los primeros el sillón y los privilegios que otorga el poder, y los otros sus intereses económicos y personales a costa de la mayoría. De esta manera, descartando la realidad empírica, la propia biología, la historia, la ciencia, la fenomenología, la religión, etc., se establece como dogma irrefutable a la razón subjetiva −a aquella que se le conoce popularmente por la loca de la casa− como guía y maestra que ha de conducirnos al nirvana permanente.
Sin embargo, a pesar de tan sibilino encantamiento de masas, que hace de cada individuo el centro del universo, se llenaron las consultas de los psicólogos y de los psiquiatras, de personas sin un norte y un horizonte donde encontrar el sentido a sus vidas, para llenar su vacío existencial; o lo que es lo mismo, su ansia de Verdad, de Ser, de Asidero, de belleza y de Eternidad. El hombre perdió su equilibrio psíquico, porque pensó (otra vez la razón subjetiva) que sociedad e individuo pueden ir por separado, y que, por otra parte, alma y cuerpo, o mente y cuerpo, pueden ir, igualmente, cada uno por su lado; es decir, creyó, desconociendo su propio ser, que aquello que cada cual haga con su cuerpo no tiene porqué incidir en su mente y viceversa. Algo que desmiente, como ya he dicho en otra parte, la somatización que hacemos de los problemas, tratándose del binomio psiquis-cuerpo. Si nos referimos, en cambio, a la relación individuo-sociedad, solo hay que mirar en la Historia Universal para hacernos conscientes del cambio que han dado, en algunas ocasiones, la cultura o la civilización de un pueblo, por la influencia del pensamiento o las decisiones de un solo hombre.
Parece obvio que, con las premisas del pensamiento moderno, cualquiera, sobre todo los políticos, a falta de un asidero inmutable que apele a su conciencia, hayan convertido aquello que no llega a categoría de media verdad, como verdad absoluta. Y no solo eso, sino que se sirvan, incluso, de la diferencia (divide y vencerás), para conquistar votos y dividir a las personas en razón de la edad, del sexo, de la posición social, la raza, la nacionalidad, e incluso de la percepción que cada cual tenga de sí mismo. En este estado de intereses personales, por un lado, y de colectivismo, por otro, no es difícil que terminemos consumidos por el odio de todos contra todos. Decía Robert Luis Stevenson que «la política es quizá la única profesión para la que no se considera necesaria preparación alguna»; de hecho, en España, ha habido ministros que ni siquiera llegaron a cursar estudios superiores.
Una vez instaurada la falsedad (con apariencia de bondad, de ahí tanto fraude), tomada como verdad por el ciudadano ¿quién le dice a este que ha sido utilizado como rata de laboratorio, para ganar votos y, de paso, adeptos incondicionales? En este deslizamiento hacia la nada, en el que todo vale, porque ahora no disponemos de valores trascendentes al individuo, de unos valores inmutables e iguales para todos, ni tan siquiera como punto de referencia. Entre las fisuras del sistema democrático se nos pueda colar un iluminado, y no sería el primer caso en la historia, que, teniendo todo el poder para legislar a su conveniencia, nos lleve a una esquizofrenia colectiva y a un régimen tan siniestro como el que sustentó Adolf Hitler, Stalin o Videla. Cuando hablo de políticos los señalo por su responsabilidad, en cuanto legisladores y “hacedores del bien común”. De todos modos, sé y me consta que muchos están ahí de buena voluntad, aunque la buena voluntad no siempre es suficiente, lo importante es que se sepan distinguir los límites que hay entre servirse a sí mismos, al partido y a los poderes que diseñan la política mundial, o servir al bien común desde la verdad, algo que difícilmente puede suceder ya, cuando lo bueno y lo malo lo determina, ahora, el individuo, en su visión particular, y los grupo de presión, cada uno de ellos atendiendo a su propio ombligo.
Por lo ya comentado, sería muy deseable que tuviésemos gran esmero por cribar aquello con lo cual van pertrechando nuestra mente desde la política y los medios de comunicación, pues como diría Mark Twain: “es más fácil engañar a la gente, que convencerlos de que han sido engañados”. También aprovecharía, aquí, una de las máximas lanzada por Albert Einstein en este sentido: “es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”; en el caso que nos ocupa, los prejuicios son, en este momento, los dogmatismos culturales del modernismo que considera anatema a toda persona que se posicione frente a sus consignas ideológicas, hasta la desfachatez de llegar a criminalizarlos. Se podría decir en una especie de trabalenguas que, el Relativismo no deja de ser otro fundamentalismo más, porque relativiza todo, excepto los argumentos (y, con los mismos, a las personas que los sostienen) que relativizan al Relativismo y sus axiomas. Debemos tener sumo cuidado, entonces, en quién o en que ponemos nuestros sentidos, y a quien confiamos nuestra voluntad y nuestro intelecto, dado que el cerebro es como una especie de agujero negro que engulle y asimila, al igual que pasa con el cuerpo, todo lo que cae a su alcance, haciendo de su comida su sustancia. Sin embargo, aun teniendo muchos esta comprensión (una cosa es la teoría y otra la práctica), hay gente que se alimenta de comida basura, literatura negra y filosofías muertas; y bien estaría si su accionar se quedase solamente en ellos, el problema es que todo el mundo intenta hacer prosélitos.
Sucede, entonces, que cuando las personas descartan las leyes naturales, o al mismo Dios revelado con sus leyes universales: que como hacedor del universo y por ende del hombre, conoce que le conviene, el hombre empieza a perder el sentido de la realidad, para abrazar las teorías y las prácticas más inhumanas. Así sucede, incluso, con el tema de la pederastia, ya que no todos los psiquiatras se ponen de acuerdo a la hora de catalogar la misma. Entre ellos hay quienes califican este trastorno como una tendencia más en la persona; el problema estriba en que por detrás de la etiqueta de tendencia podemos meter todo tipo de comportamiento humano como el robo, la necrofilia, el suicidio, el asesinato, el incesto, la xenofobia, la homofobia, el racismo, la eutanasia, el animalismo, etc. Con esta postura, lo que en realidad se está promoviendo, aunque sea inconscientemente, es que el pederasta acepte y justifique su actuar en aras a un determinismo dado por la genética; hecho que, por otro lado, en ningún caso ha sido científicamente testado. Sin embargo, lo que se omite es un análisis más profundo de este trastorno en la persona, el cual no es otro que certificar que detrás de una tendencia, por lo general, se esconde un hábito; tras un hábito una relajación o dejación de la conciencia y la moral; y tras esa relajación una educación nefasta, un trauma, o una fijación mental por una incorrecta canalización de la sexualidad a través de la pornografía y las influencias culturales, que, por otro lado, no escapan de la sugestión, el mimetismo y la curiosidad con que la mente humana es atraída hacia la autodestrucción. Sin duda alguna, todo lo que se ve y se oye se copia; no existen límites para la degradación humana, así como para que la razón encuentre, siempre, un cauce para justificar sus abominaciones. Sea como fuere, no debemos olvidar que debe ser nuestra razón la que dirija y controle nuestra mente y nuestro cuerpo, y no al contrario, impulsos sexuales los tenemos todos a diario, a veces muy fuertes, y no por eso dejamos de respetar el statu quo de cada persona y su libertad.
Después de lo comentado yo me pregunto: ¿quién puede trazar una línea entre lo natural y lo adquirido? ¿acaso se puede radiografiar el alma humana en el seno materno? Aun así, no todo lo que se da en la naturaleza, por el hecho de estar ahí, es bueno o saludable y, por eso mismo, hay personas que se dedican a investigar tratando de corregir esos déficits o desvíos; de este modo sucede con determinados tipos de obesidad, dermatitis, diabetes etc., y también con enfermedades mentales; tengan o no tengan, las mismas, origen genético. La naturaleza es criatura como el hombre, por tanto, limitada como él; o como dice el proverbio: “la naturaleza es nuestra hermana no nuestra madre”. Por otro lado, hay que decir que, si bien la genética influye en el comportamiento, sucede también, a la inversa, que nuestra capacidad de raciocinio, nuestra voluntad, y nuestros actos pueden modificar nuestro cerebro y, por consiguiente, nuestras tendencias en el caso que así suceda.
Lunes de la 1ª semana del tiempo ordinario El Evangelio del día
“El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia». Con estás palabras comienza su Ministerio público Jesús, llamando a la conversión porque el Reino de Dios esta cerca, y si está cerca del hombre este ya no tiene escusas para caminar en oscuridad, en sus tinieblas. En realidad estaba tan cerca, que camina entré los hombres y mujeres que habitaban los pueblos y ciudades de Galilea, y era Jesús mismo, que venía a implantar su Reino entre los hombres. Un Reino Imperecedero, Eterno, de amor, paz y justicia, que comienza a ser factible cuando decidimos dejar atrás el hombre de pecado, para levantar el Nuevo Hombre, a imagen de Jesús, que guiado por el Espíritu Santo, acepta a Jesús en todo -con sus mandamientos- no solo de oídas, sino en verdad, con toda su alma y su corazón, trabajando en sí mismo, para dar, de este modo, frutos que glorifiquen a Dios y lleven a otros hermanos a gozar y disfrutar, también, de su Reino. A continuación el mismo Evangelio, nos muestra un ejemplo concreto de cómo acercarse al Reino de Dios (base fundamental para entrar en Él), y lo presenta por medio de los que pasarán, seguidamente, a ser sus discípulos. Jesús invita a Simón, Andrés, Santiago y Juan a seguirle y estos, sin presentar excusas y alegaciones, dejan su vida anterior, para dejarse modelar y transformar por el Maestro.
Enseñanza: Jesucristo hoy también pasa a nuestro lado, con su Palabra, pertenecemos a su Reino mediante el bautismo, pero este Reino no se hará vida en nosotros, mientras que no estemos receptivos, con toda disponibilidad -como los apóstoles- a dejar la vida mundana que llevamos, despojandonos de todo aquello que nos esté impidiendo cambiar.
Oración: Señor hoy venimos ante ti, en nuestra debilidad, a pedirte perdón, por posponer muchas veces ese cambio de corazón que me pides, se que para ello tengo que soltar muchas cosas que me encadenan, aveces una y otras varias, como pueden ser, amistades, aficiones, familia, tal vez algún vicio que escondo, o al que le quitó importancia para no admitir que soy esclavo del mismo. Soltar, Señor, se me hace duro y difícil, pero te prometo que, a partir de hoy no lo voy a posponer más, me pongo a trabajar junto contigo en ello.Te doy gracias Padre porque en el Nombre de Tu Hijo Jesús, por los méritos de su pasión y muerte, con tu ayuda, sé que se hará realidad en mí, para mayor gloria tuya, bien de mis hermanos y de mi mismo, porque sé que tú eres mi Fortaleza, en tí confío. ¡Alabado seas por Siempre Señor y Dios de la Vida! ——-> https://evangeliodeldia.org/SP/gospel
Dios te hizo libre, suelta. Su amor es suficiente ¿cómo volarás al Cielo sino?
Hoy el evangelio nos comenta el episodio de la multiplicación de los panes y los peces. En primer lugar nos habla del corazón del hijo de Dios, nos dice que se compadece de una gran muchedumbre que lo sigue y que está desorientada, y añade como ovejas sin pastor, lo cual le motiva a enseñarlos por largas oras para saciar su vacío existencial; para que tengan un motivo por el que vivir y luchar, una esperanza que los oriente a una meta donde reciban la corona de Gloria que el tiene para compartirnos. Pero, Jesús no solo se compadece en saciar el vacío espiritual que tiene esta muchedumbre en sus almas -la búsqueda de absoluto que todos llevamos por estar hechos a imagen de Él- sino que también, se compadece de sus necesidades perentorias, saciar el hambre y aliviarlos del cansancio físico que llevaba está multitud de personas, después de haber recorridos muchos quilómetros a pié. De está manera Jesús pasa a la acción y pide a sus discípulos que le den de comer, seguramente para ponerlos a prueba, por la obviedad de que era algo imposible para ellos en esa circunstancia. En cualquier caso Jesús se sirve de lo poco que tienen sus discípulos a mano para saciar el hambre de esa pobre gente, y de este modo puedan tener la energía suficiente para regresar al hogar de sus casas para contar, con alegría y ánimo, la experiencia que han tenido junto a Aquel de quien todo el mundo habla como el salvador que esperan.
Enseñanza: hoy por un lado, el evangelio nos dice que Jesús es un Dios compasivo, que antes incluso de que le pidamos algo, él ya sabe de nuestras necesidades; la principal, llenar de sentido nuestra vida, pero también conoce que tenemos otras necesidades primarias sin las cuales difícilmente podemos realizar todo aquello para lo que hemos sido creados y destinados: multiplicarnos, dominar la tierra y vivir en obediencia a Dios y en amor y armonía con el hermano. No obstante Jesús, nos está diciendo, implícitamente, que aunque la tarea es ardua y nuestro esfuerzo no sea suficiente para afrontar tamaña empresa, el estará ahí para suplir nuestras carencias, y de este modo multiplicar todos los dones que haya puesto en nuestras manos.
Oración: te pido Señor que me des la paz y la iluminación suficiente para saciar este anhelo de Eternidad que llevo conmigo, tal vez sea suficiente con no querer tener ya, en este momento, lo que me tienes reservado para más adelante. Señor, tú conoces muy bien, que nadie puede dar lo que no tiene, por eso hoy me presento ante ti, con lo poco que soy y lo poco que tengo. Todo lo pongo a tu disposición, para que lo multipliques según creas conveniente, yo por mi parte me conformo con dar y repartir lo tuyo y nada más. Un abrazo mi querido hermano, mi Jesús, mi Señor y Maestro.
Jesús comienza a predicar, en lo que se podría entender, la periferia del estado de Israel, y dónde ya estaba predicho por el profeta, para de este modo darnos a entender que la palabra de Dios se cumple y, al mismo tiempo, la relevancia de la venida de Jesús al mundo. Las palabras que siguen a esta introducción son las siguientes: El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz. Palabras muy significativas que vienen a decirnos que Jesús disipa las tinieblas en las que el hombre vive, como dice a continuación, sombras de muerte. Muerte espiritual que en muchas ocasiones hacen enfermar al cuerpo precipitando, también, a la muerte corporal. El pueblo de Israel se había alejado de Dios, tanto… que adoptó su vista a las tinieblas; con el tiempo ni siquiera percibía que caminaba a ralentí, a gatas, y al borde de un precipicio. Pero la Luz vino a ellos, una luz que no los cegaba sino que vino a disipar las tinieblas en las que vivían, esa Luz era Jesús y su palabra que los invitaba a la conversión, porque así tendrían preparada su vista (su corazón) para la llegada del Reino de Dios, que ya había llegado al mundo con Jesús pero que se haría realidad en el hombre con la muerte y resurrección del mismo y el envío del Espíritu Santo a todos los bautizados que aceptan al Mesías, como su Luz y su Salvador.
Enseñanza: Jesús y su Palabra, siguen siendo actual cielo y tierra pasarán pero mis palabras no pasarán. De esté modo, hoy como ayer, sigue invitándonos a la conversión, a la Luz. Sin embargo, como ya comenté anteriormente hay quien dice: si yo ya soy bueno, no hace falta ir a la iglesia, ni rezar tanto; no hay que ser beatos. Y de este modo prefieren seguir en las tinieblas, porque una cosa es lo que yo crea que es ser bueno, o como yo me vea, y otra cosa es como me ve Dios y como es verse uno a sí mismo cuando se acerca a la fuente de la Luz, a Jesús, la Bondad Suma. De está guisa, recuerdo a muchos que, después de convertirse, entre ellos Marino Restrepo, dicen lo mismo: yo pensaba que era bueno, hacia obras de caridad, era educado, no mataba… Pero hasta que Jesús no llegó a mi vida, me acerque a Él y empecé a conocerlo, no me di cuenta de las tinieblas que habitaban mi vida.
Oración: te pedimos Señor valor para acercanos cada día más a la Luz, a Ti, y a las fuentes de la Gracia: a Tú Palabra, a tu Iglesia, a los Sacramentos, con un corazón dispuesto a dejarse iluminar para cambiar todo lo que de oscuridad y, por tanto, de muerte hay en mí. Señor, no quiero vivir ya más tiempo a medias, no quiero vivir ya más tiempo a gatas y de rodillas, quiero ser Tuyo, no quiero ser esclavo de mis pasiones, del mundo, ni del mal.
Buenos días, feliz viernes, no lo olvidemos, con Jesús siempre ganamos.
Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén y preguntaron: «¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo». Al enterarse, el rey Herodes quedó desconcertado y con él toda Jerusalén. Entonces reunió a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, para preguntarles en qué lugar debía nacer el Mesías. «En Belén de Judea, le respondieron, porque así está escrito por el Profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, ciertamente no eres la menor entre las principales ciudades de Judá, porque de ti surgirá un jefe que será el Pastor de mi pueblo, Israel». Herodes mandó llamar secretamente a los magos y después de averiguar con precisión la fecha en que había aparecido la estrella, los envió a Belén, diciéndoles: «Vayan e infórmense cuidadosamente acerca del niño, y cuando lo hayan encontrado, avísenme para que yo también vaya a rendirle homenaje». Después de oír al rey, ellos partieron.La estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño. Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría, y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra. Y como recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino.
En este día donde la sabiduría humana, la de los magos estudiosos de los astros, cohetaneos de Jesús, dan culto y homenaje a la Sabiduría Divina, encarnada en un niño, he preferido dar paso a otro tipo de sabiduría, la que proviene del Espíritu Santo y que este comunica a sus fieles como un don para edificación de su Iglesia.
Comentario del Evangelio por Guillermo de San Teodorico (c. 1085-1148) monje benedictino y después cisterciense
Oro, incienso y mirra. Los magos, guiados por la estrella llegaron desde Oriente hasta Belén y entraron en la casa en la que la bienaventurada Virgen María estaba con el hijo; abriendo sus tesoros, le ofrecieron tres dones al Señor: oro, incienso y mirra con los cuales le reconocieron como verdadero Dios, verdadero hombre y verdadero rey.
Son estos los dones que la santa Iglesia ofrece constantemente a Dios su Salvador. Le ofrece el incienso cuando confiesa y cree en él como verdadero Señor, creador del universo; le ofrece la mirra cuando afirma que él tomó la sustancia de nuestra carne con la que quiso sufrir y morir por nuestra salvación; le ofrece el oro cuando no duda en proclamar que él reina eternamente con el Padre y el Espíritu Santo... Esta ofrenda puede también tener otro sentido místico. Según Salomón el oro significa la sabiduría celestial: «El tesoro más deseable se encuentra en la boca del sabio» (cf Pr 21,20)... Según el salmista el incienso es símbolo de la oración pura: «Suba mi oración como incienso en tu presencia» (Sl 140,2). Porque si nuestra oración es pura hace que llegue a Dios un perfume más puro que el aroma del incienso; y de la misma manera que este aroma sube hasta el cielo, así también nuestra oración llega hasta Dios. La mirra simboliza la mortificación de nuestra carne. Así pues, ofrecemos oro al Señor cuando resplandecemos ante él por la luz de la sabiduría celestial. Le ofrecemos el incienso cuando le dirigimos una oración pura. Y la mirra, por la abstinencia «cuando crucificamos nuestra carne con sus pasiones y deseos» (Ga 5,24), y llevamos la cruz siguiendo a Jesús.
Oración: Hoy Padre de amor eterno, tu que traspasas mi corazón y me colmas de regalos de amor, vengo ante tu altar, y te pido de rodillas, que al igual que los magos de oriente -esos sabios que conocían que las leyes del universo no están ahí por azar- pongas en mi ánimo la misma determinación que ellos tuvieron para no abandonar nunca la estrella y el camino que me conduce, a la salvación, la sabiduría y la libertad. La única estrella que alumbra con luz propia, tú Hijo Jesús, camino, verdad y vida.